La cúrcuma longa es una de las especias con más propiedades e indicaciones medicinales
conocidas. Originaria de la India, China, Sri Lanka, Filipinas y Taiwán actualmente
se cultiva también en Liberia, Nigeria, Pakistán, Perú, Jamaica, Costa Rica y
Guatemala, entre otros países. En el caso de las naciones asiáticas está documentado
que se usa desde hace más de 2.500 años como medicina pero también para teñir
las túnicas de los monjes budistas y los ropajes de la alta sociedad. También
se ha empleado desde tiempos inmemoriales como ingrediente principal del curry
-sustancia omnipresente en la cocina tradicional hindú- así como para elaborar
remedios terapéuticos y de belleza. De hecho la cúrcuma forma parte desde hace
siglos de la farmacopea ayurvédica y hoy se emplea en diversos sistemas públicos
asiáticos donde básicamente se prescribe para tratar problemas gastrointestinales,
dolores articulares, dolencias hepáticas y falta de energía pero también para
frenar el crecimiento del vello corporal, dar color dorado al cutis y revitalizar
la piel además de usarse como coadyuvante en la cicatrización de heridas. Cabe
añadir, por último, que la referencia escrita más antigua de esta planta procede
de un herbario asirio del año 600 a.C. en el que ya se mencionan sus cualidades
terapéuticas aunque posteriormente tanto
Dioscórides como
Marco Polo
la citaron en sus escritos.
Lo singular es que a pesar de su eficacia los
investigadores occidentales no se decidieron a analizar sus componentes activos
para saber la razón de sus propiedades hasta hace treinta años. Siendo así como
se sabría que su principal ingrediente activo -responsable de la mayor parte de
su actividad biológica- es la
curcumina, sustancia cuya estructura se había
determinado ya en 1910 y que es capaz tanto de inhibir la replicación del VIH
-o virus del Sida- como de inducir la apoptosis de las células cancerosas además
de prevenir el cáncer y ayudar en las enfermedades neurodegenerativas... entre
otras propiedades que veremos a continuación. Y todo ello sin efectos secundarios
cuando se ingiere en la dosis adecuada.
En suma, se trata de otro de esos
"milagros" naturales que ayudan a mantener o recuperar la salud sin perjudicar
paralelamente al organismo como ocurre con la gran mayoría de los fármacos elaborados
por la industria del medicamento sintético.
LA CÚRCUMA
LONGA La palabra española cúrcuma procede del término árabe
kourkoum
que significa
azafrán. Y es que los árabes pensaban que la
cúrcuma
era una variante del azafrán quizás porque ambas especias tiñen los alimentos
de un tono amarillo intenso muy similar. Por eso se conoce a la cúrcuma como
"el
azafrán de las Indias" aunque no tenga su perfume sutil y aromático. De ahí
que en la Unión Europea esté hoy aprobado su uso como colorante alimentario bajo
el código E-100.
Pero, ¿de dónde se extrae la
cúrcuma? Pues del rizoma,
es decir, del tallo horizontal y subterráneo de la planta arbustiva
Curcuma
Longa -perteneciente a la familia de las
Zingiberáceas- que se caracteriza
por poseer unas hojas elípticas de hasta un metro de largo y cuyas flores son
amarillas y en forma de espigas. De él se extraen las sustancias biológicamente
activas que le confieren sus conocidas propiedades medicinales y que en forma
de extracto pulverizado posee un sabor dulzón si bien con un toque ligeramente
amargo y/o picante.
En cuanto a su composición los estudios llevados a cabo
en los últimos años han revelado que entre el 45 y el 55% del rizoma es un almidón
gelatinizado compuesto de polisacáridos inmunológicamente activos del tipo
arabinogalactanos
que actúan en la activación de la fagocitosis y son los que la confieren sus propiedades
como antiagregante plaquetario. Entre el 3 y el 7% es un aceite esencial compuesto
por
sesquiterpenos monocíclicos (alfa y beta-turmerones, ar-turmerones, alfa-curcumenos
y zingibereno) y cantidades menores de
cetonas sesquiterpénicas (llamadas
turmeronas) y
monoterpenos (como el
cineol). Igualmente contiene
entre un 3 y un 5% de unos pigmentos polifenólicos llamados
curcuminoides,
fundamentalmente
curcumina (o
diferuloilmetano) -sustancia a la
que debe sus principales propiedades terapéuticas-,
demetoxicurcumina, bis-demetoxicurcumina
y
ciclocurcumina. También contiene un péptido soluble en agua llamado
turmerina
-que ha demostrado tener efectos antioxidantes, proteger el ADN y una clara acción
antimutagénica- y cantidades variables de vitamina C, carotenos y minerales como
el calcio, el hierro y el sodio.
Añadiremos que el estómago y el intestino
delgado absorben sólo un 65% de la cúrcuma ingerida siendo el resto excretado
por la bilis, las heces y la orina a las 48 horas de la ingesta.
En cuanto
a sus posibilidades terapéuticas procede decir que la
cúrcuma se emplea
en Asia desde hace más de 2.500 años para tratar procesos infecciosos en general
-y, por tanto, resfriados, gripes, enfermedades de la piel, úlceras...- ya que
es antibacteriana, antivírica -incluso en el caso del VIH o virus del Sida-, fungicida
y antiparasitaria pero también es útil en procesos inflamatorios y dolorosos.
Y además es hepatoprotectora, hipolipidemiante, carminativa -elimina los gases-
e inmunomoduladora. Es más, la
Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce
su utilidad en casos de dispepsias hiper o hiposecretoras. Además está constatada
su eficacia para tratar afecciones de la piel como la psoriasis y el eczema así
como para prevenir las dolencias cardiovasculares y el cáncer.
En suma,
puede
afirmarse que la cúrcuma:
Es
antimicrobiana.
Un grupo de expertos del Departamento de Bioquímica
y Biología Molecular del
Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos
de Granada (España) publicó el año 2000 en
Ars Pharmaceutica un artículo
en el que se recogían datos de numerosos estudios llevados a cabo en todo el mundo
con la cúrcuma o alguno de sus principios activos. Y en él se explicaba que en
1974 se había constatado in vitro que el extracto alcohólico de la
curcumina
y sus aceites esenciales eran eficaces a la hora de combatir las bacterias gram-positivas.
Y en 1978 que poseían actividad antifúngica. Y, posteriormente, que lo mismo ocurre
ante la
salmonella. Asimismo se destacaba su eficacia como antiparasitario.
Aún más: se decía que en 1993 se había contrastado que la
curcumina inhibe
"la replicación final de la expresión genética del virus VIH-1 sin causar un efecto
significativo en las células", que sólo dos años más tarde se demostraría
"el efecto inhibidor de la curcumina sobre la integrasa del VIH-1, esencial
para la integración del ARN viral en la doble cadena de ADN cromosómico antes
de la replicación del virus" y, posteriormente, que
"inhibe la transactivación
de la proteína Tat segregada por el VIH-1, la cual podría estar implicada en la
patogénesis del Sida".
A pesar de lo cual los médicos -como en el caso
del
Bio-Bac y del
Viusid, productos ambos de notable eficacia en
casos de Sida- no recomiendan su consumo a las personas contagiadas por el VIH.
Es
un potente antioxidante. La
cúrcuma neutraliza en el
organismo el efecto de los radicales libres, principales responsables de la peroxidación
de los lípidos celulares y del desencadenamiento de procesos que llevan a enfermedades
graves. De ahí que su ingesta ayude igualmente a prevenir numerosas dolencias.
Entre ellas, el
Alzheimer. Así lo afirmaría por ejemplo un grupo de investigadores
de la
Universidad de California (Los Ángeles, EEUU) en un artículo publicado
en
Proceedings of the National Academy of Science según el cual uno de
los principios activos de la cúrcuma -la
bisdemetoxicurcumina- previene
la acumulación de proteínas beta amiloides en el cerebro -que son las que terminan
formando placas y llevando a la muerte de las neuronas- al estimular la actividad
de las células macrófagas para que las eliminen. El director de esa investigación,
Milan Fiala, afirmaría que
"es factible la administración por infusión
de este compuesto de la cúrcuma en pacientes de Alzheimer para paliar esta letal
y, de momento, incurable dolencia. Aunque no se sabe en qué dosis una ingesta
normal de la especia puede ser capaz de lograr esa eficacia". Aseveración
que luego corroboraría un grupo de expertos del Instituto Linus Pauling de la
Universidad de Oregón (EEUU) explicando que ello se debe a la acción de los
curcuminoides (los pigmentos que dan color a la
cúrcuma).
Otros
estudios han establecido además que la cúrcuma protege el ADN celular de los daños
que provocan los radicales libres de mejor forma incluso que las vitaminas A y
E (hay investigadores que aseveran que la cúrcuma es un antioxidante 300 veces
más potente que cualquiera de ambas vitaminas).
Previene
la peroxidación lipídica. La
peroxidación lipídica es
el proceso que termina llevando en buena medida a la aparición y progresión de
las dolencias hepáticas, renales, cardiovasculares y neurodegenerativas así como
a la diabetes y a las cataratas. Para entenderlo cabe explicar que se denomina
así a la degradación de los ácidos grasos poliinsaturados, moléculas biológicas
muy vulnerables al estrés oxidativo. La peroxidación es pues el efecto más importante
de los radicales libres sobre la célula ya que la degradación o destrucción de
esos ácidos grasos supone la pérdida de permeabilidad de la membrana celular y
su posterior muerte. Bueno, pues según algunos estudios una suplementación oral
con cúrcuma reduce la
peroxidación lipídica e incrementa los ácidos grasos
esenciales en los microsomas de hígado, riñón, bazo y cerebro lo que indica que
la especia protege esos órganos de las alteraciones que podrían inducir en sus
membranas los radicales libres. Y si tenemos en cuenta que el hígado es el órgano
con mayor índice de estrés oxidativo comprenderemos en parte por qué se le atribuyen
también -como luego explicaremos- propiedades hepatoprotectoras. Asimismo se ha
comprobado que la
curcumina protege de la aparición de cataratas originadas
por
peroxidación lipídica en el ojo.
Es
anticancerígena. La
cúrcuma es eficaz en el tratamiento
del cáncer. No sólo previene su aparición gracias a su riqueza en sustancias antiinflamatorias
y antioxidantes sino que además se ha demostrado que induce la apoptosis o suicidio
de las células cancerosas.
La verdad es que durante siglos la Medicina Oriental
conoció -y aprovechó- sus propiedades antiinflamatorias pero el mecanismo de acción
de la
curcumina no se identificó hasta que en 1995 el doctor
Bharat
Aggarwal, jefe del laboratorio de investigación del Departamento de Terapéutica
Experimental del M.D. Anderson Cancer Center en la
Universidad de Texas (Houston,
Estados Unidos) demostró -tras décadas de estudio de las actividades biológicas
y farmacológicas de esta especia- que dicha sustancia desactiva el factor nuclear
kappa B (NF-kB) implicado en la regulación de la inflamación y de otros
procesos, incluido el cáncer. Al bloquear la actividad de esa especie de "interruptor
maestro" la
curcumina interferiría con el proceso del cáncer en su inicio
impidiendo su desarrollo por varias vías: reduciendo la respuesta inflamatoria,
inhibiendo tanto la proliferación de las células tumorales como la transformación
de células normales en cancerosas, induciendo su autodestrucción y frenando el
crecimiento de los vasos sanguíneos que alimentan los tumores. Y ni que decir
tiene que esos procesos reducen el tamaño de los tumores e inhiben la metástasis.
Además la desactivación del
NF-kB permitiría que los fármacos quimioterápicos
destruyeran con más eficacia las células cancerosas.
Luego, tras ese hallazgo
fundamental, otros muchos estudios de laboratorio realizados por el propio doctor
Aggarwal y la doctora
Razelle Kurzrock demostrarían que la
curcumina
es biológicamente activa frente a muchos tipos de células cancerosas -mieloma,
cáncer de mama, de vesícula biliar, cerebral, pancreático y de ovario, por nombrar
algunos- y además de lo ya dicho induce la apoptosis de las células tumorales
aunque aún no se sepa cómo lo hace.
"Lo cierto es que en el laboratorio no
hemos encontrado ningún tipo de cáncer - llegaría a afirmar el doctor Aggarwal-
frente al que no muestre actividad". Posteriormente otras investigaciones
-realizadas en el ya citado Instituto Linus Pauling de la
Universidad de Oregón
(EEUU)- establecerían una relación inequívoca entre la toma de cúrcuma y el descenso
del riesgo de padecer cáncer en humanos. Y en la misma línea se situarían los
resultados de las averiguaciones hechas en el Departamento de Oncología de la
Universidad de Leicester (Reino Unido) gracias a las cuales se comprobó
que la cúrcuma resulta un eficaz supresor natural de diferentes tumores ya que
además de inducir la apoptosis de las células cancerosas -sin producir efectos
citotóxicos en las sanas- ayuda al cuerpo a generar antioxidantes fundamentales
como el
glutation. Asimismo, un grupo de investigadores de la
Universidad
de Rutgers (Nueva Jersey, EEUU) comprobaría que la cúrcuma es eficaz en el
tratamiento del cáncer de próstata. Y otros obtendrían los mismos resultados en
cánceres de mama, pulmón, piel e intestino. A lo que hay que añadir que un equipo
de investigadores chinos logró también establecer su eficacia terapéutica en casos
de cáncer uterino.
Es
un excelente antiinflamatorio natural, especialmente de las vías respiratoria
y urinaria así como de las articulaciones).
Desde hace siglos
las distintas medicinas herbarias tradicionales de los países asiáticos han considerado
la cúrcuma un remedio eficaz para el tratamiento de la inflamación y el dolor
provocados por la artritis, los problemas reumáticos y las dolencias respiratorias
que cursan con inflamación como el asma bronquial. Pues bien, a raíz de los hallazgos
del ya mencionado doctor Aggarwal se puso en marcha una intensa labor de investigación
-en universidades y centros investigadores de la India y otros países- para intentar
desentrañar los mecanismos por los que esta especia logra reducir la inflamación.
Lo primero que se comprobaría así es que la actividad antiinflamatoria de la cúrcuma
se debe a los
curcuminoides en general y, más concretamente, a la
curcumina.
Y ello porque logra modular el metabolismo del
ácido araquidónico e inhibir
tanto la vía inflamatoria
cicloxigenasa -que da lugar a la formación de
prostaglandinas y tromboxanos- como la vía
lipoxigenasa -que activa la
formación de leucotrienos implicados en dolencias como el asma bronquial- evitando
así el desarrollo de los procesos inflamatorios y la agregación plaquetaria. A
este respecto, en 1994, los investigadores
B. Joe y
B. R. Lokesh
demostraron que la
curcumina "inhibe la incorporación del ácido araquidónico
a las membranas lipídicas evitando la liberación de eicosanoides mediadores de
la inflamación, prostaglandina E2, leucotrieno B4
y leucotrieno C4
así como de enzimas hidrolíticas -colagenasa, elastasa e hialuronidasa- secretadas
por los macrófagos". Estudios posteriores -es el caso de los llevados
a cabo en la
Universidad de Arizona (Tucson, EEUU)- corroborarían la capacidad
de esta especia para prevenir la artritis -tanto aguda como crónica- y para disminuir
la degeneración ósea. Los expertos de la mencionada universidad comprobarían que
la
curcumina evita la destrucción de las articulaciones al inhibir la proteína
NF que controla la expresión genética de sustancias que producen una respuesta
inflamatoria. Según se recoge en los resultados publicados en
Arthitis & Reumatism
la cúrcuma altera la expresión de cientos de genes que intervienen en la inflamación
y destrucción de las articulaciones y evita un aumento de las células que descomponen
el hueso en las articulaciones.
Otras investigaciones lograrían demostrar
que la
curcumina es un buen tratamiento -por sí misma o como coadyuvante-
en numerosas dolencias diferentes que tienen en común la inflamación. Son los
casos de la artritis, la enfermedad inflamatoria intestinal, el Alzheimer, la
diabetes, las enfermedades cardiovasculares y autoinmunes.... Descubrimientos
a raíz de los cuales el número de estudios clínicos con
curcumina se incrementaría
considerablemente en los últimos años. Bien, pues uno de ellos compararía la acción
de los
curcuminoides con la de algunos fármacos antiinflamatorios -tanto
esteroideos como no esteroideos- demostrando que su eficacia es similar a la hora
de reducir la inflamación y el dolor. Con la diferencia -importante- de que los
curcuminoides no provocan los frecuentes y graves efectos secundarios de
los antinflamatorios sintéticos. A este respecto se cree que los principios activos
de la
cúrcuma pueden disminuir la inflamación reduciendo los niveles de
histamina y, posiblemente, aumentando la producción de la cortisona natural en
las glándulas suprarrenales sin producir irritación gástrica ni afectar al sistema
nervioso central.
Es
hepatoprotectora. Esta cualidad es, sin duda, una de las principales
-y más reconocidas- propiedades de la
cúrcuma. Y es que no sólo resulta
beneficiosa en caso de problemas hepáticos o biliares sino que además favorece
el buen funcionamiento del hígado protegiéndolo del estrés oxidativo provocado
por los radicales libres y también de la acción de toxinas y parásitos. Es significativo
en ese sentido el estudio llevado a cabo con animales por el doctor
Juan de
Jesús García Marín -miembro del
Instituto Superior de Ciencias Médicas
de La Habana (Cuba)- en los que la
cúrcuma logró reducir las lesiones hepáticas
provocadas por la
aflatoxina del
aspergillus parasiticus, una de
las más potentes toxinas hepáticas conocidas. Asimismo, esta especia disminuye
los niveles de colesterol "malo", ayuda a que la bilis sea más fluida y aumente
su flujo y, en algunos casos, contribuye al tratamiento de las hepatitis A, B
y C. Por otro lado, la
curcumina induce la contracción de la vesícula biliar,
previene la formación de piedras de colesterol en la bilis (al menos en ratones)
y contribuye a la regresión de las ya formadas.
Mejora
la salud gastrointestinal.
Otra de las indicaciones de la
cúrcuma
-reconocida incluso por la
Organización Mundial de la Salud, como ya hemos
comentado- es el tratamiento de la dispepsia, término amplio que incluye una serie
de problemas digestivos como malestar estomacal, gases, distensión, eructos, pérdida
de apetito y náusea. Y es que diferentes estudios clínicos han logrado demostrar
que la cúrcuma ayuda a evitar los gases estomacales, mejora la digestión, es un
buen tónico para el estómago, estimula la producción de jugos gástricos, a dosis
normales tiene actividad antiulcerosa (inhibe la producción de la
interleucina-8,
citocina proinflamatoria inducida por la bacteria
helicobacter pylori)
y protege la mucosa gastrointestinal. Capacidad de protección que se extiende
-como se constató en diferentes estudios- a la prevención de tumores de estómago
y a la inhibición de la proliferación de células cancerosas en el colon.
Previene
las patologías cardiovasculares. Así lo aseguran científicos
-como los del mencionado
M.D. Anderson de Houston (Texas, EEUU) o los citados
por los expertos del
Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de
Granada (España)- quienes, tras varios estudios, establecerían que los componentes
activos de esta especia mejoran la circulación sanguínea y previenen la formación
de coágulos en la sangre al limitar la agregación plaquetaria. Por lo que todo
indica que podría ser útil para prevenir la arteriosclerosis, los infartos, los
trombos, etc. Y además tiene efecto hipotensor.
Regula
los niveles de grasas en el organismo.
La cúrcuma reduce los
niveles en sangre del llamado colesterol "malo" y aumenta los del "bueno". También
reduce los niveles de triglicéridos y fosfolípidos. Además se ha observado que
bajo los efectos de la
curcumina se produce una reducción similar de colesterol
en hígado y riñón por una más rápida catabolización de ese lípido. Y no se debe
olvidar que esta especia logra inhibir la peroxidación lipídica y proteger los
ácidos grasos poliinsaturados -tan necesarios para el organismo- de los radicales
libres.
Tiene
actividad inmunomoduladora. Además de coadyuvar en casos de
inmunodeficiencia se ha comprobado que provoca un incremento de la actividad fagocítica
de los macrófagos.
Evita
la concepción. Expertos de la
Universidad de Filipinas
han comprobado que el extracto del rizoma de la
cúrcuma impide la ovulación,
tal como hacen los anticonceptivos. Además regula la menstruación y alivia los
molestos síntomas premenstruales.
Ayuda
a cicatrizar y revitalizar la piel.
Los médicos chinos aplican
extractos de
cúrcuma directamente sobre la piel para ayudar a la cicatrización
de heridas ya que se sabe que tiene propiedades beneficiosas sobre los procesos
de inflamación, granulación y remodelación de tejidos. Asimismo, diversos autores
han constatado que esta especia puede ser útil para el tratamiento de alteraciones
de la piel tales como la psoriasis, aquellas provocadas por infecciones bacterianas
o virales y hasta el cáncer de piel. También tiene utilidad, empleada de forma
tópica, para revitalizar y mejorar el aspecto de la epidermis.
Y por si todo
eso fuera poco ayuda a mantener las encías saludables, favorece la eliminación
de toxinas, disminuye las lesiones renales que se producen en personas con diabetes
y fortalece la energía total del cuerpo.
ESO SÍ, ¡OJO
CON LAS DOSIS! Terminaremos añadiendo que además de por las propiedades
mencionadas la
cúrcuma es muy apreciada en toda Asia -y cada vez más en
Occidente- porque no se conocen efectos secundarios graves tras su ingesta. Sólo
se han recogido testimonios de malestar estomacal moderado y pasajero. De hecho,
las investigaciones del ya citado
M. D. Anderson Cancer Center de Houston
(Estados Unidos) afirman que la
curcumina es tolerable e inocua incluso
a elevadas dosis orales. A pesar de lo cual algunos expertos señalan que se deben
tener en cuenta una serie de consideraciones antes de tomarla. Por ejemplo, quienes
consuman
cúrcuma en dosis altas deberán evitar exponerse al sol durante
periodos prolongados ya que los principios activos de esta especia parecen aumentar
la sensibilidad a las radiaciones solares. También deberán evitar su consumo en
exceso o durante periodos largos de tiempo aquellas personas que padezcan úlcera
gastroduodenal. Y a las personas que sufran cálculos biliares se les aconseja
consultar con un profesional de la salud antes de empezar a tomarla. Asimismo,
algunos tratados de herbolaria recomiendan no tomar dosis elevadas durante el
embarazo ya que puede causar contracciones uterinas. Por tanto, se puede decir
que -como en muchos otros casos- de la cúrcuma se puede hacer uso pero no abuso.
De ahí que no sea difícil encontrarla en herbolarios y tiendas especializadas
en forma de polvo, en extracto o en cápsulas. Lo más adecuado es que la dosis
y la posología se las indique un profesional de la salud pero la
Organización
Mundial de la Salud dice que lo recomendable es tomar medio gramo tres veces
al día. Sabiendo que la
curcumina es más efectiva cuando se toma con el
estómago vacío y de ahí que la recomendación sea ingerirla antes de las comidas.
Por nuestra parte lo que le sugerimos es que la use como condimento en las comidas
en forma de polvo. Una última sugerencia: si compra
cúrcuma en forma de
raíz seca o en polvo guárdela en un tarro hermético de cristal opaco y colóquelo
en un lugar fresco, seco y sin luz. Así se conservará mejor manteniendo por más
tiempo sus extraordinarias propiedades terapéuticas.
Laura Jimeno
La cúrcuma es:

Analgésica.

Antibacteriana.

Anticancerígena.

Anticoagulante.

Antihistamínica.

Antiinflamatoria.

Antioxidante.

Antiparasitaria.

Antiséptica.

Antivírica.

Carminativa.

Cicatrizante.

Colagoga (facilita
el vaciado de la vesícula biliar).

Colerética
(favorece la producción de bilis).

Diurética.

Estimulante de
las secreciones biliares.

Expectorante.

Fungicida.

Hepatoprotectora.

Hipocolesterolemiante.

Tonificante.
La cúrcuma es útil, entre otras dolencias, en casos de:

Alzheimer.

Amenorrea.

Arteriosclerosis.

Artritis.

Asma
bronquial.

Cáncer.

Cataratas.

Dermatitis.

Desgarros musculares.

Diabetes.

Diarrea.

Dismenorrea.

Dispepsias hiper
o hiposecretoras.

Dolor
menstrual.

Dolores
musculares y articulares.

Eczema.

Enfermedad inflamatoria
intestinal.

Enfermedades
autoinmunes.

Enfermedades
cardiovasculares.

Esguinces.

Gastritis crónica.

Gripe.

Hepatitis
A, B y C.

Heridas.

Hongos.

Infecciones
en general.

Malas
digestiones.

Meteorismo
y flatulencia.

Osteoartritis.

Problemas hepáticos
o biliares.

Prostatitis.
-Psoriasis.

Resfriados.

Tendinitis.

Úlceras pépticas.

Uveitis ocular.