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| CÓMO
TRATAR LA OBESIDAD CON LA ALIMENTACIÓN |
Hace 25 años científicos norteamericanos
desarrollaron una investigación para medir cuál
era el nivel de azúcar en la sangre de las personas
tras haber comido diferentes alimentos. Nacía
así lo que vendría a denominarse Índice Glucémico
o I. G., clasificándose los alimentos en función
de cómo afecta cada uno al nivel de azúcar en
la sangre. Es decir, que un I. G. elevado en un
alimento indica que el mismo provoca una presencia
rápida y excesiva de glucosa en la sangre. Desde
entonces el I. G es ampliamente utilizado en el
control de la diabetes pero también en el del
peso. Porque hoy se sabe que consumir alimentos
con un I. G. alto puede provocar cambios hormonales
y metabólicos que lleven a comer demasiado a los
individuos obesos.
Pues bien, la profesora Jennie Brand Miller,
coautora del libro The Glucose Revolution
y que ha pasado largo tiempo investigando el índice
I. G., afirma que los hidratos de carbono son
supresores naturales del apetito (si bien los
refinados lo hacen sólo temporalmente y pueden
producir posteriormente crisis de hambre) y que,
de todos los carbohidratos, los de I. G. bajo
sacian más el apetito y previenen los "ataques
de hambre".
Además añade que la insulina no sólo regula el
nivel de azúcar en la sangre sino que tiene que
ver en cómo el cuerpo almacena las grasas. Bien,
pues según Brand, regulando los niveles de insulina
con alimentos de bajo I. G. se ayuda al cuerpo
a quemar la grasa más eficazmente. Su investigación
muestra que, incluso si la ingesta de kilocalorías
es la misma, la gente que come alimentos bajos
en I. G. pierde más peso que aquellos que comen
alimentos altos en I. G.
En su libro muestra la evidencia de un estudio
en el que los participantes fueron divididos en
2 grupos: los que comían alimentos bajos en I.
G. y los que comían alimentos altos en I. G. La
cantidad de grasas, calorías, proteínas, carbohidratos
y fibra fue la misma para ambos; la única diferencia
fue el factor I. G. de sus dietas. Después de
12 semanas los participantes del grupo bajo en
I. G. habían perdido entre 9 y 12 kilos más que
los del grupo alto en I. G.
En general, los alimentos que contienen carbohidratos
que producen una alta respuesta glucémica (alto
I. G.) son:
-Los productos refinados (pan, pastelería, bollería...).
-El azúcar y la miel.
-Los refrescos.
-Los zumos edulcorados.
-El abuso de frutas.
Por el contrario, los alimentos con bajo
I.G. son:
-Los cereales integrales (arroz, quinoa, cebada,
avena, trigo..) y, especialmente, el mijo y el mijo
sarraceno.
-La pasta integral.
-Las verduras.
-Las legumbres.
-El pan integral.
En definitiva, incorporar alimentos con bajo I.
G. a la dieta se asocia con una reducción de glucosa
en sangre y un menor nivel de insulina y grasa lo
que permite controlar la tendencia a la obesidad.
CUANDO LA OBESIDAD SE DEBE AL EXCESO DE TOXINAS
Hay ocasiones en que la obesidad
puede ser la respuesta al exceso de toxinas acumuladas
en el cuerpo, muchas de las cuales -las más dañinas,
como los pesticidas y los metales pesados- son absorbidas
y almacenadas en la grasa corporal. Y es que como
al cuerpo no le gusta dejar que la concentración
de sustancias potencialmente peligrosas sea muy
alta, una manera de controlarlas y mantenerlas fuera
de la circulación es almacenarlas con la grasa.
Ello implica que cualquier régimen para perder peso
deba incluir medidas para ayudar al cuerpo a eliminar
esas toxinas. Algo a lo que podemos contribuir bebiendo
más cantidad de agua, caldos de verdura y algas
-como Wakame y/o Kombu- así como ingerir fibra y
micronutrientes antioxidantes como el beta-caroteno,
las vitaminas C y E, y minerales como el selenio
y el zinc.
Otro potente desintoxicante es la pasta de soja
fermentada llamada miso, de gran capacidad
depurativa y de la que debe diluirse una cucharadita
de té en una taza de sopa.
Cabe comentar, finalmente, que otro método con el
que el cuerpo intenta diluir las toxinas es mediante
la acumulación de agua por lo que las personas con
retención de líquido también se pueden beneficiar
con un programa de desintoxicación.
LEGUMBRES CONTRA EL COLESTEROL
Las personas con el colesterol
alto que añadan a su dieta media taza diaria de
legumbres (lentejas, judías arriñonadas -como alubias-,
garbanzos, habitas y otras) tienen una media de
bajada en los niveles de colesterol del 20% a las
3 semanas de incluirlas en la dieta.
Las legumbres, para su correcta digestión, deben
estar muy bien cocinadas y se pueden acompañar de
verduras y especias carminativas como la zanahoria,
el puerro, la cebolla, el laurel, el cardomomo,
el ajo o el cilantro.
También deben evitarse comerse con pan y/o grasas
de origen animal siendo recomendable su acompañamiento
con arroz o pasta (mejor integrales).
Existen recetas muy ricas elaboradas con legumbres.
Un ejemplo podría ser éste:
Lentejas con verduritas:
-1 taza de lentejas (de 2 a 2
tazas y media de agua mineral por taza de lentejas).
-1 taza de cebolla cortada en dados.
-½ taza de apio cortado en dados.
-1 taza de zanahoria cortada en dados.
-¼ de cucharadita de postre de sal o ½ cucharadita
de postre de salsa de soja -perejil
Lave las lentejas. Ponga luego los dados de cebolla,
apio y zanahoria en un cazo, deposite las lentejas
encima y añada el agua. Espere entonces a que el
agua hierva, baje el fuego, tape el cazo y cueza
todo a fuego lento durante 40 o 45 minutos. Añada
la sal o la salsa de soja y espere entre 10 y 15
minutos más. Sírvalo a continuación en un bol grande
y esparza el perejil por encima. Por último, sírvalo.
Jorge
Pérez Calvo
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