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| EL
PESCADO AZUL Y LA PREVENCIÓN CARDIOVASCULAR |
También en
la Medicina tradicional, como en todos los aspectos
de la vida, hay modas. Así, hasta hace poco más de treinta
años se consideraba a los pescados azules como excesivamente
grasos y, en general, malos para la salud. Hoy, sin
embargo, el pescado azul está de moda y todo el mundo
conoce sus innegables beneficios como protector vascular
y regulador de la tensión arterial.
La "moda" del pescado azul empezaría en 1973 cuando
dos científicos -Bang y Dyerberg- se preguntaron
por qué los esquimales apenas padecían problemas cardiovasculares
y acabaron llegando a la conclusión de que se debía
a su dieta, casi exclusivamente a base de pescado. Posteriores
estudios en la población japonesa -que también se alimenta
preferentemente de pescado- confirmarían su valor cardiosaludable.
Luego, otros estudios -en la misma línea- acabarían
estableciendo finalmente que bastaba tomar unos 30 gramos
diarios (el equivalente a dos platos de pescado a la
semana) para que se redujera hasta un 50% la posibilidad
de contraer enfermedades cardiovasculares.
LOS OMEGA 3
Los famosos ácidos Omega
3 -derivados n-3 del ácido linoléico, que es la base
de las necesidades grasas de la alimentación humana-
se han puesto últimamente de moda merced a las campañas
publicitarias que lo ofrecen como la panacea frente
al aumento de colesterol en la sangre. Y, ciertamente,
esos ácidos grasos tienen un efecto comprobado en la
adhesión o agregación de las plaquetas de nuestra sangre,
en la disminución de algunos factores de inflamación
a nivel celular de los leucocitos, en la liberación
de factores de crecimiento celular y en la mejora del
tono vascular. Todo lo cual, traducido a un lenguaje
práctico, significa que ayudan a controlar algunos de
los factores responsables de la enfermedad vascular
crónica -es decir, del infarto y de la mala circulación
cerebral a largo plazo- así como efectos positivos en
enfermedades inflamatorias crónicas como la artritis
reumatoide.
EL BUEN PESCADO AZUL
Como todas las carnes, el
consumo de pescado implica fundamentalmente un aporte
de proteínas y grasas. Es decir, nos proporciona elementos
plásticos (las proteínas) y la energía que quema nuestro
organismo en forma de grasas. Pero la ventaja del pescado
azul estriba en su riqueza en grasas -especialmente
de ácidos grasos poliinsaturados- que compiten con el
colesterol "malo" de nuestro organismo y aportan la
energía necesaria sin los peligrosos efectos secundarios
de su depósito en las arterias, como sucede con la mayor
parte de las grasas animales.
Por otro lado, el pescado azul se digiere mucho mejor
que la carne y es una buena ayuda en las dietas de reducción
de peso. Y, además, es sabroso. En suma, tiene las ventajas
de la carne y ninguno de sus inconvenientes.
PRINCIPALES PESCADOS AZULES
Salmónidos, anacántidos y
acantopterigios. Bajo estos nombres se esconden gran
parte de las delicias nutricionales y gastronómicas
que nos brindan el mar y los ríos. Hablemos pues de
algunos de ellos, del salmón y de la trucha entre los
salmónidos, de los anacántidos -bacalao, bacaladilla,
abadejo, etc.- y de los acantopterigios -atún, bonito,
caballa, sardina, anchoa, boquerón, jurel, etc.-. Y
como quiera que estos últimos forman el grupo más numeroso
de pescados azules, centrémonos primero en ellos.
EL ATÚN Y EL BONITO
El atún puede llegar
a tener más de tres metros de longitud y entre 300 y
400 kilos de peso. Su carne es más rica en proteínas
que la de la vaca y tiene además un tesoro escondido:
el aceite. Contiene hasta un 15% de ácidos grasos poliinsaturados
-eicosapentaenoico y docosahexanoico- así como un alto
porcentaje de los famosos n-3. Todas estas grasas tienen
la ventaja de que el organismo humano -concretamente
las células de la parte interior de las arterias (el
endotelio)- puede interconvertirlos y ponerlos nuevamente
en circulación por la sangre evitando el temido depósito
arterial y reduciendo los riesgos de arteriosclerosis.
Su temporada abarca de junio a octubre y se captura
en lugares muy distantes de las costas españolas aunque
el atún blanco o albacora -llamado también
bonito- se pesca en el golfo de Vizcaya. Existen
también el atún claro o yelowfinn -el
más apreciado para conservas- y el atún rojo,
más oscuro y grasiento. Su carne resulta excelente a
la plancha, asada, en escabeche, con salsa de tomate,
pisto, patatas o mechada con tocino o jamón.
La caballa, la melva y su pariente pobre,
el jurel o chicharro, se consumen menos
-posiblemente, como la sardina- por ser más baratos-
y, además, porque su temporada de pesca es corta. Y,
sin embargo, su carne es delicada y admite una gran
cantidad de preparaciones gastronómicas, algunas de
ellas tan exquisitas como la caballa a la sal.
LA SARDINA Y SUS PARIENTES
El "problema" de la sardina
es que es barata. Y lo barato, en esta sociedad de consumo,
no se valora. Sin embargo, este sabroso clupeido sigue
siendo una de las pocas cosas que aún puede comprarse
a bajo precio y posiblemente por eso no tiene la fama
gastronómica de otros pescados azules (el salmón, por
ejemplo). Pero la humilde sardina constituye
uno de los mejores aportes de proteínas y grasas que
existen por unidad de peso, compartiendo con los demás
pescados azules sus características cardiosaludables.
Pero eso es casi lo de menos; lo importante es que,
excepto la C, contiene todas las vitaminas siendo especialmente
rica en D, K y vitaminas del grupo B. Y ello la hace
no solo recomendable sino casi insustituible en la dieta
de los niños en crecimiento, a la hora de la menopausia
y en la alimentación del anciano.
Y no es todo: su carne es rica en calcio, fósforo, hierro
y cobre además de una larga serie de oligoelementos
como el magnesio por lo que es útil como complemento
en los tratamientos de artrosis, enfermedades hepáticas
y desintoxicaciones. Y muchas más cosas.
Desde el punto de vista gastronómico su carne es delicada,
de tal forma que hasta se consume cruda -como la de
su pequeño pariente el boquerón-, macerada en vinagre,
ajo y perejil.
La anchoa o boquerón, en cambio, una vez
salada y conservada en aceite es cara pero sus cualidades
gastronómicas y saludables son prácticamente las mismas.
El arenque es muy parecido a la sardina. No se
captura en las costas de España, así que se suele consumir
ahumado, en salazón o en conserva.
EL SALMÓN Y LA TRUCHA
Los salmónidos viven tanto
en mares como en ríos y su característica carne anaranjada
es familiar en todas las mesas españolas. Comparten
con el resto de los pescados azules sus valores cardiosaludables
y, además, son mucho más apreciados gastronómicamente.
Como el pollo, el salmón, la trucha o el black-bass
han dejado hace mucho tiempo de ser un alimento de lujo
para ricos. Especialmente desde que estos sabrosos teleósteos
empezaron a criarse industrialmente en viveros por lo
que en la actualidad pueden encontrarse -a precios ciertamente
asequibles- en casi cualquier lugar del mundo.
Mención parte merece la trucha de mar o reo,
de carne mucho más firme y sabrosa que su congénere
fluvial y que admite las mismas preparaciones que el
salmón y la trucha o el black-bass.
EL BACALAO
Los anacántidos viven en
mar abierto y tradicionalmente se consumen salados.
El bacalao fresco se considera pescado blanco pero en
el proceso de salazón aumenta su concentración de grasas
siendo entonces considerado pescado azul. El bacalao
fresco -su principal representante- tiene una gran riqueza
de vitaminas, especialmente de la A, que se concentra
en su hígado. Hoy ya no se toma (afortunadamente para
las nuevas generaciones) el aceite de hígado de bacalao
pero, ahumado y conservado en aceite, además de barato
mantiene sus cualidades alimentarias y es un auténtico
manjar.
EL SALMONETE
Su carne es suculenta cuando
pertenece a la variedad de roca. Se distingue por la
piel de color rojo, que presenta rayas transversales
oscuras y vientre amarillo. El salmonete de fango muestra
un color más claro, sin tonos amarillos ni rayas transversales
oscuras; su carne es más suave y con un ligero sabor
a cieno. La mejor cocina del salmonete es la más sencilla:
a la plancha, al horno o frito y con la compañía de
hierbas aromáticas.
LA ANGUILA Y EL CONGRIO
La anguila es un pescado
azul parecido a una culebra que se desarrolla en agua
dulce y que cuando madura nada hasta el mar de los Sargazos
para desovar; los huevos dan origen a los alevines,
que inician el regreso a los mismos ríos en que nacieron.
Cuando llegan a las desembocaduras de los ríos miden
unos 7 cms. y se han convertido ya en las preciadas
angulas. Éstas se toman tradicionalmente
con aceite, guindilla y ajos así como en revueltos,
ensaladas o sobre tostadas. Las anguilas se preparan
con ajo y pimiento, en salsa, fritas o en arroces.
En cuanto al congrio, su forma es parecida a
la de la anguila pero más grueso. Y aunque pertenecen
a la misma especie, el congrio gris vive en el limo
y el negro en las rocas. La temporada va de noviembre
a junio. Su carne es firme y sabrosa pero tiene el inconveniente
de un exceso de espinas, menos abundantes en la parte
abierta. Se suele guisar en salsa verde con guisantes
o con salsa de azafrán, ajo y cebolla. Proporciona un
sabor excelente a los caldos de pescado.
EL CAZÓN
Este pescado azul pertenece
a la familia de los tiburones y se encuentra en el mercado
todo el año. Su carne agradece los adobos previos a
la fritura y los guisos marineros con patatas y verduras.
Es famosa su preparación en amarillo.
EL PEZ ESPADA O EMPERADOR
Pariente del tiburón, se
vende en filetes que se preparan a la plancha y, en
general, admite las mismas recetas que el atún.
LA LAMPREA
De cuerpo cilíndrico, viscoso
y terminado en una boca redonda en forma de ventosa,
cuando llega la época de desovar se dirige a los ríos,
a veces adherida a los salmones aprovechando su viaje.
Antes de guisarla hay que proceder a su desangrado en
vivo mediante un corte en la cola. La sangre se recoge
en un cuenco porque en la mayoría de los casos se utiliza
para el guiso, excepto en la rica empanada gallega de
lamprea.
EL LENGUADO
Se reconoce fácilmente porque
tiene la boca torcida y los ojos en el mismo lado, el
más oscuro. La piel del vientre es blanca ya que durante
el día permanece apoyado en el fondo marino y sólo sube
a la superficie por la noche para alimentarse. La textura
de su carne puede ser gelatinosa y suave o compacta
y consistente, según se pesque en aguas tranquilas o
templadas (en el sur de la península ibérica) o en mares
más fríos y bravos (costa cantábrica).
LA LUBINA
De cuerpo fino y estilizado,
tiene el lomo gris azulado, los flancos plateados y
la escama muy menuda. Está presente en los mercados
durante todo el año. La lubina al horno, asada a la
pimienta, hervida o al vapor constituye un auténtico
manjar, sobre todo si se acompaña con salsas de mantequilla
como la holandesa o una mayonesa suave.
MÚJOL, MÚJEL O LISA
PSu variedad más apreciada
tiene una mancha grande y dorada al terminar la cabeza
y es pariente cercano de la lubina. Puede estar riquísimo
o ser incomible, según se pesque en mar abierta o en
los contaminados puertos. Los mejores vienen del delta
del Ebro y de los estuarios de Cádiz. Si es de buena
calidad admite las mismas recetas de la lubina. Sus
huevas son muy apreciadas constituyendo un sustituto
del clásico caviar.
LA PALOMETA
Su piel puede ser blanca,
negra o roja. La primera es de un blanco azulado brillante,
parece un atún aplastado y se encuentra en las aguas
del Mediterráneo y del Atlántico andaluz. La negra es
más habitual en los mercados españoles, con cabeza redonda
y boca diminuta. Se prepara como el atún o a la parrilla,
previamente adobada.
La palometa rosa, también llamada rey,
es un pescado semigraso cuya temporada va de octubre
a mayo. Puede guisarse como el besugo o la dorada.
EL RODABALLO
Pescado muy graso de cuerpo
plano con forma romboidal redondeada, bordeado de una
aleta como el lenguado y el gallo. El auténtico es de
tamaño mucho mayor que el remol, que es el que
se encuentra generalmente en las pescaderías. La piel
va del gris al castaño con manchas oscuras y no tiene
escamas. Su delicado sabor requiere preparaciones sencillas:
hervido, al vapor o a la parrilla con salsas de mantequilla
o nata.
Receta
ROLLOS DE ATÚN
Receta tradicional de pescadores,
sobre todo del Norte. Se pica a cuchillo medio kilo
de atún y se le ralla una cebolla mediana. Se añade
la clara de un huevo (si se es purista y se quiere hacer
un plato con ausencia de colesterol ya que el poco colesterol
del huevo está en la yema), sal y pimienta para conseguir
una pasta medianamente firme amasando bien todo el conjunto.
Se confeccionan luego un par de albóndigas alargadas
y después se fríe con un dedo de aceite a fuego medio
para que se haga despacio y forma homogénea, o se asan
al horno previamente calentado a 250º durante 6 minutos.
Se deja enfriar al menos dos horas y se sirve con salsa
de tomate, mayonesa o, simplemente, cortado en rodajas
como un fiambre cualquiera.
Además de bajar el colesterol, la cebolla aporta todas
sus vitaminas y la acción antiséptica y depurativa general
de esa rica umbilífera.
Receta
ESQUEIXADA
Una de las formas más simples,
sanas y sabrosas de preparar este rico anacántido es
la tradicional ensalada catalana de bacalao. La he tomado
de decenas de maneras distintas pero todas tienen una
base común: el bacalao y el tomate. Lo que quiere decir
que, en su actual forma, la esqueixada es posterior
al siglo XVII -que es cuando empezó a utilizarse ese
primer emigrante a Europa que es el tomate- aunque posiblemente
mucho antes se tomara simplemente con ajo y cebolla.
La receta más simple -y para mí más sabrosa- consiste
en frotar bien el interior de la ensaladera con un diente
o dos de ajo partidos por la mitad y poner en el recipiente
el tomate cortado en trozos pequeños, con cebolla muy
picada y una buena cantidad de bacalao sin desalar migado
en fibras. Se adereza con jugo de limón y aceite de
oliva de buena clase (nunca sal, que bastante lleva
su componente principal) y se deja reposar al menos
un par de horas para que se mezclen bien los sabores.
Además de los aportes proteicos y de colesterol "bueno",
la cebolla le presta al plato sus conocidos efectos
antisépticos, vitamínicos y minerales y el tomate todas
sus ricas propiedades, especialmente su alto contenido
en vitamina C. Y, sobre todo, está exquisito.
Receta
SALMÓN CON VERDURAS EN PAPILLOTE DE HOJA DE ALUMINIO
Sobre una hoja de aluminio
doméstico se pone una buena rodaja de salmón fresco,
una fina rueda de cebolla, zanahoria, nabo y una hoja
de lechuga. Se sazona con sal, pimienta y estragón,
seco, fresco o en polvo y se envuelve bien.
Media hora de horno a 200º y ya está. El salmón preparado
de esta manera resulta ligero, sin la pesadez de la
grasa que adquiere cuando se cocina a la plancha.
Las verduras que le acompañan pueden ser las anteriores
o cualquiera que la fantasía o la disponibilidad de
momento aconseje y el salmón puede sustituirse por cualquier
pescado azul, desde la humilde sardina a la casi aristocrática
trucha.
Receta
SARDINAS RELLENAS
Se limpian, descabezan y
desespinan las sardinas, dejándolas, de momento, a un
lado.
Se rehoga la parte verde de un kilo de acelgas, con
un par de dientes de ajo en dos cucharadas de aceite
y se pican finamente. Optativamente puede añadirse un
poco de jamón serrano picado que -para mí, al menos-
mejora el sabor del conjunto.
Se sofríe una cebolla hasta que esté dorada y se le
añade en ese momento un vaso de vino y las acelgas con
el ajo, sazonando con sal, pimienta y un poco de nuez
moscada.
Una vez hecho esto se pone la mitad en la parte de abajo
de una fuente de horno y con el resto se rellenan las
sardinas abiertas, poniendo una cucharada de la mezcla
en cada una y se enrollan empezando por la cabeza. Se
ordenan después sobre la fuente de gratinar, sobre el
lecho de acelgas y se espolvorean con pan rallado. Alrededor
de las sardinas se parten, en mitades, cuatro o cinco
tomates pequeños maduros, se espolvorean con ajo y perejil
y se cubren con un par de cucharadas de aceite de oliva.
Se mete en el horno previamente caliente durante unos
quince a veinte minutos y se sirven calientes. Pueden
acompañarse de patatas al vapor y un buen vino tinto
joven de la Ribera del Duero. Les aseguro que no "saben
a sardina" y se van a chupar los dedos.
Ingredientes para seis personas. De quince a
veinte sardinas (de kilo a kilo y medio, según tamaño).
Un kilo de acelgas. Medio vaso de vino blanco. Cinco
dientes de ajo. Cincuenta gramos de jamón serrano a
tacos (optativo). Una cebolla. Cinco o seis tomates
medianos. Sal, pimienta, nuez moscada, pan rallado y
perejil.
Andres
Rodriguez-Alarcón
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