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| CONVIERTA
EN UN PLACER EL DESAYUNO |
Todo el mundo
habla de la delicia de un buen desayuno pero muy pocos
desayunan de la forma adecuada. Sin embargo, un buen
almuerzo, a la antigua y a primera hora de la mañana,
es la garantía de un día activo y agradable y lo mejor
del mundo para mantener el peso y ayudar a reducir los
kilos que sobran.
La sabiduría popular, que todo el mundo conoce y
cita pero que muy pocos aplican, nos dice cosas tan
profundas como "almuerza bien, come más, cena poco
y vivirás". O eso tan bonito de que se debe desayunar
como un rey, comer como un príncipe y cenar como un
mendigo. Y lo mejor es que, como casi siempre, la tradición
tiene razón.
EL MÁGICO RELOJ BIOLÓGICO
Los seres humanos somos animales
diurnos. Eso quiere decir que nuestro complejo organismo
está diseñado para funcionar de día y reposar por la
noche. Pero el ritmo de vigilia-sueño no sólo condiciona
nuestra actividad sino que también nos impone una serie
de ritmos biológicos (los conocidos biorritmos o ritmos
circadianos) que regulan las funciones internas de nuestro
cuerpo para poder llevar a cabo nuestra actividad diurna
y el adecuado reposo nocturno.
Con la salida del sol, nuestro organismo cambia su ritmo:
la temperatura corporal se eleva, el corazón aumenta
el número de latidos, sube la presión arterial y nuestro
cuerpo se pone en condiciones para funcionar de manera
activa.
EL RITMO DEL CORTISOL
Precisamente el ritmo circadiano
más estudiado es el de secreción de cortisol, una hormona
que produce la cápsula suprarrenal y que tiene una importancia
máxima en la forma de asimilar los alimentos por parte
de nuestro organismo.
El primer efecto de la hormona es aumentar la cantidad
de azúcar en la sangre, lo que consigue ayudando a transformar
las proteínas y grasas del hígado en glucosa, algo que
se conoce como proceso de gluconeogénesis y es básico
para la movilización de las grasas y utilización de
las reservas de energía. También actúa disminuyendo
la cantidad de proteínas en los tejidos, aumentando
en cambio los aminoácidos -sus componentes- en la sangre.
En definitiva, el cortisol prepara al cuerpo para funcionar
con su máxima actividad y hace que lo que comamos por
las mañanas lo utilicemos para funcionar de manera activa.
Pero el ritmo de producción de cortisol va descendiendo
a lo largo del día hasta hacerse mínimo a la caída del
sol y estabilizarse por la noche.
Esto viene a querer decir que lo que comamos por las
mañanas lo vamos a gastar y lo que comamos por las noches
lo vamos a guardar en nuestras reservas, es decir, en
el panículo adiposo. Por tanto, como dice la sabiduría
popular, hay que comer fuerte por la mañana y muy poco
o nada por las noches para mantenerse equilibrado y
sano.
Aparte de este ritmo de excreción de cortisol, nuestro
organismo, claro está, tiene otros muchos mecanismos
de regulación que, en definitiva, complementan todo
el complejo sistema de trasformación de los nutrientes
y la utilización de la energía de reserva.
LAS NECESIDADES MATUTINAS
Para ayudar al organismo
a funcionar bien nuestro desayuno debe llevar hidratos
de carbono de utilización rápida y lenta, alguna grasa
-especialmente de las llamadas poliinsaturadas- de origen
vegetal, fibra indigerible natural, líquidos abundantes
y alguna proteína. Por tanto, el desayuno básico debe
ser, como toda nuestra alimentación, equilibrado en
composición y energía. Y contener básicamente lo siguiente:
-Cereales. Ideales
para el desayuno ya que son ricos en féculas y aminoácidos
-especialmente el trigo- por lo que constituyen uno
de los alimentos más completos que nos brinda la naturaleza.
-Galletas. Preferiblemente
las de bajo contenido graso que se elaboran combinadas
con cereales y están enriquecidas con vitaminas.
-Margarina. Rica
en ácido linoleico puede aportar la pequeña cantidad
de grasas poliinsaturadas que nuestro cuerpo precisa
para facilitar la compleja labor del hígado.
-Huevo. Su clara es pura proteína (albúmina
pura) y, por tanto, un perfecto aporte del material
plástico que significan las proteínas.
-Leche y yogur
(su composición bioquímica es la misma). Ambos son buenos
complementos para ese equilibrio nutricional que demos
buscar siempre.
-Fruta. En zumo
y, especialmente, entera, aporta la fibra necesaria
para mantener el ritmo intestinal.
Y con todo ello tenemos la base de un perfecto desayuno
cuyas infinitas variantes, además de sanas y adecuadas,
pueden llegar a ser divertidas. Porque el problema es
que, en general, estamos muy mal educados.
LA MALA EDUCACIÓN
Una de las pegas del mundo
en que vivimos es la prisa. Nos levantamos pronto, una
ducha rápida, un café y poco más... y a la calle. Hay
que entrar temprano a trabajar; o al colegio; o a cualquier
otra actividad. Y lo malo es que esa forma de hacer
las cosas ha llegado a ser norma y es la manera en que
funciona nuestra sociedad.
Ciertamente, el aumento de azúcar que el ritmo de cortisol
nos proporciona permite que nuestra actividad diurna
sea alta pero, como todo en la vida, pagando precios.
Y los precios son una sobrecarga de esa gran fábrica
bioquímica que es nuestro hígado, sobre todo si compensamos
el desayuno escaso con una buena cena porque obliga
a los sistemas bioquímicos a forzar también el ritmo
de trabajo por las noches a fin de aumentar sus reservas
de grasa. El resultado final es el temido aumento de
peso y, lo que es aún más grave, un progresivo deterioro
del hígado.
Y, sin embargo, no hace falta mucho tiempo para preparar
y consumir un buen desayuno que llene nuestras necesidades.
Procurando no tomar bollería industrial ya que, como
sabe, suele elaborarse con grasas animales saturadas.
Es más, si el problema es de falta de tiempo puede dejarse
todo preparado la noche anterior: la cafetera puesta,
la leche sobre la cocina, el pan en la tostadora. Así,
mientras tomamos esa ducha rápida el desayuno se prepara
prácticamente solo. Pero, además, el desayuno no tiene
que ser siempre igual, como pasa con las comidas de
mediodía y noche. Y es conveniente variarlo no sólo
para hacerlo más atractivo sino también para conseguir
más variedad en el aporte de minerales, oligoelementos
y vitaminas que tanta importancia tienen en la dieta
equilibrada.
Lo más importante, pues, es adquirir el hábito. Y eso
puede hacerse con un mínimo de convencimiento.
LOS MÚLTIPLES DESAYUNOS
El desayuno no tiene por
qué ocupar mucho tiempo de preparación; ni siquiera
para tomarlo. Aunque es preferible, como en todas
las comidas, evitar las prisas para evitar sobrecargar
al estómago. Merece la pena pues levantarse un cuarto
de hora antes y desayunar a gusto. Pruébelo y verá
como el resto del día es más equilibrado.
EL DESAYUNO TRADICIONAL
Rápido y sencillo: un huevo
duro preparado la noche anterior; tostadas con mantequilla
o margarina y mermelada: zumo de cítricos (naranja,
mandarina, pomelo y/o limón) y fruta fresca. Una de
las mejores frutas que pueden tomarse por las mañanas
es la papaya, rica en fibra y en un enzima -la papaína-
que está presente en nuestro sistema digestivo y ayuda
a hacer más fácil la digestión del resto de los alimentos.
Además es riquísima.
Por otro lado, el zumo fresco es conveniente tomarlo
un rato antes del desayuno. El mejor momento es antes
de la ducha.
EL DESAYUNO ENERGÉTICO
Va muy bien para niños
en edad escolar y a todas las edades en gente activa.
Un buen tazón de leche (o yogur tibio, que está muy
bueno) con cereales más o menos chocolateados o muesli.
El muesli (cereales con frutos secos) aporta no solo
azúcar de frutas y glucosa -que es energía de utilización
inmediata- sino también las grasas vegetales que nuestro
cuerpo necesita por las mañanas. Por supuesto, el
complemento de zumo de frutas y fruta fresca es imprescindible.
Otra buena opción es tomar las galletas elaboradas
con cereales y enriquecidas con vitaminas que actualmente
se comercializan.
EL DESAYUNO VEGETARIANO
Para los vegetarianos estrictos
-y para cualquier persona en cualquier momento-, un
buen desayuno a base de cereales o muesli mezclado
con zumo de frutas o leche de soja y una buena ensalada
de frutas, además de proporcionar la energía necesaria
para la mañana aportan una gran cantidad de fibra
natural que ayuda a regular el ritmo intestinal.
EL DESAYUNO GOURMET
De vez en cuando conviene
darse un gusto. No todos los días pero sí algún fin
de semana. Porque es delicioso empezar el día con
una tortilla de naranja preparada con huevo, azúcar,
un poco de leche y ralladuras de cáscara de naranja
que se echan en la sartén con una pizca de margarina.
Puede acompañarse con un poco de pan tostado, zumo
de la misma naranja y después una buena ensalada de
frutas.
Y que aproveche.
Andrés
Rodríguez Alarcón
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