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| EL
ARTE DE BEBER EN VERANO |
Con el calor
cambian nuestras necesidades alimenticias. La llegada
del verano hace que yo no sea necesario un aporte energético
extraordinario para compensar la adaptación al frío
pero nuestro organismo, en cambio, precisa más agua
para reponer la pérdida de líquidos que produce la sudoración.
Por eso hay que adaptarse y además de cambiar de ropa
y de actividad hacerlo también de hábitos dietéticos.
La base de la salud es una alimentación equilibrada.
Claro que ese equilibrio depende no sólo de las cantidades
de hidratos de carbono, féculas y grasas que ingerimos
sino también de las necesidades que el organismo tiene
en cada momento. Así, no es lo mismo equilibrar la alimentación
de una persona que realiza trabajo físico pesado que
la de un anciano o una madre gestante. Ni son las mismas
las necesidades en invierno que en verano.
Cuando el cuerpo necesita adaptarse al frío requiere
mayor consumo de energía y ésta se extrae fundamentalmente
de las grasas, que tienen muchas más calorías por gramo
que las proteínas y las féculas. Por eso la alimentación
de la gente que vive en el círculo polar -como los esquimales-
es grasa casi en su totalidad mientras que los habitantes
de los desiertos tropicales se alimentan básicamente
de hidratos de carbono, con menor aporte calórico pero
más rápida disponibilidad energética.
En nuestra zona templada, sin embargo, las estaciones
marcan unos cambios cíclicos en los hábitos de alimentación
que hemos ido adoptando prácticamente sin darnos cuenta.
Y así, los guisos de invierno con legumbres y embutidos
van dejando su lugar a las verduras frescas y los gazpachos
mientras las pesadas carnes rojas invernales ceden su
puesto en la mesa a los pescados blancos y las carnes
magras.
Y así debe ser.
LA ALIMENTACIÓN EN VERANO
Ahora bien, nuestro clima templado a veces no lo es
tanto. Las temperaturas veraniegas pueden llegar incluso
a cuadruplicar las del invierno y eso requiere, por
un lado, una gran capacidad de adaptación por parte
de nuestro organismo y, por otro, una serie de medidas
de carácter dietético.
Para empezar, los dos litros diarios de agua que nuestro
cuerpo necesita al menos para funcionar correctamente
pueden tener que duplicarse a fin de compensar las pérdidas
producidas debido a las altas temperaturas y la sequedad
de la atmósfera por lo que la dieta de verano debe ser
abundante en líquidos.
Por otro lado, las altas temperaturas hacen que el organismo
tenga que "trabajar menos" para moverse y operar ya
que no es preciso un gasto calórico importante para
mantener la temperatura interna de 37º a la que funcionamos.
De ahí que la alimentación de verano deba ser menos
rica en grasas y mayor en hidratos de carbono. Eso,
por supuesto, no quiere decir que se deba prescindir
de manera absoluta de las grasas sino solamente que
deben tener menor presencia en nuestra mesa.
Asimismo, es importante que se tienda a hacer menos
pesado el trabajo digestivo por lo que es conveniente
hacer comidas relativamente frecuentes y de poca cantidad.
El verano es, de hecho, la época de los entremeses,
aperitivos, pequeñas meriendas y comidas y cenas ligeras.
Y no sólo para facilitar el buen funcionamiento orgánico
sino para prevenir el golpe de calor o el temido corte
de digestión que coinciden con las difíciles digestiones
de las comidas copiosas y que todos los años se cobran
muchas más victimas de lo que sería deseable.
LAS COMIDAS
No es de extrañar, en suma, que en un país como el nuestro,
de clima continental extremo, con grandes diferencias
entre el invierno y el verano, hayan ido surgiendo formas
de alimentación relacionadas con esos mismos cambios
estacionales.
Los zumos, granizados, batidos, gazpachos, refrescos,
pipirranas, horchatas, ensaladas de verano, el pescadito
frito, los pistos de verduras, los arroces y las frutas,
en sus variadas preparaciones, vienen a ser las estrellas
de la alimentación veraniega.
Y también el yogur, un poco lejano en nuestras tradiciones
pero plenamente incorporado a la alimentación ya que
se ha ido abriendo camino a lo largo de las últimas
generaciones como un alimento de fácil digestión, rico
en principios inmediatos y oligoelementos.
LOS LÍQUIDOS DEL VERANO
En verano la comida debe contener gran cantidad de líquido
para equilibrar nuestro organismo por lo que tan importante
como el resto de la alimentación es la bebida que, en
lo posible, debe complementar la alimentación y sobrecargar
lo menos posible los procesos digestivos, tan comprometidos
ya en la época de calor.
GAZPACHOS Y PIPIRRANAS
El gazpacho andaluz y la paella han traspasado nuestras
fronteras y son hoy las principales insignias de nuestra
amplia y variada cocina mediterránea. Y como casi cada
familia hace su propio gazpacho, las variantes son casi
infinitas. Pero el gazpacho, de origen árabe como gran
parte de nuestra gastronomía, tiene una serie de variantes
como las pipirranas andaluzas que incorporan no solo
tomate, cebolla y pepino sino también otras verduras
frescas como la lechuga, el apio, el puerro o, incluso,
la zanahoria, todas ellas cortadas muy finas y aderezadas
con aceite, vinagre, agua y hasta hierbabuena. No habría,
por cierto, más que añadir a ella un poco de sémola
cocida al vapor y cilantro (como se hace en algunos
sitios de Almería) sustituyendo el vinagre por zumo
de limón y tendríamos una taboula libanesa.
LOS OTROS GAZPACHOS
Las sopas vegetales frías son también perfectas como
complemento de la comida veraniega e, incluso, como
plato único. Como los gazpachos tradicionales, contienen
fundamentalmente agua y todas ellas -desde la clásica
vichissoise hasta las cremas de calabaza o melón- pueden
enriquecerse con las proteínas que la fantasía o el
buen hacer quieran aportar: una crema de puerros con
gambas o langostinos, una crema de melón con taquitos
de jamón o una crema de calabaza con huevos duros constituyen
un toque de alta cocina y equilibrio hídrico muy de
agradecer en los rigores de la canícula.
LA ALIMENTACIÓN EN VERANO
Ahora bien, nuestro clima templado a veces no lo es
tanto. Las temperaturas veraniegas pueden llegar incluso
a cuadruplicar las del invierno y eso requiere, por
un lado, una gran capacidad de adaptación por parte
de nuestro organismo y, por otro, una serie de medidas
de carácter dietético. Para empezar, los dos litros
diarios de agua que nuestro cuerpo necesita al menos
para funcionar correctamente pueden tener que duplicarse
a fin de compensar las pérdidas producidas debido a
las altas temperaturas y la sequedad de la atmósfera
por lo que la dieta de verano debe ser abundante en
líquidos. Por otro lado, las altas temperaturas hacen
que el organismo tenga que "trabajar menos" para moverse
y operar ya que no es preciso un gasto calórico importante
para mantener la temperatura interna de 37º a la que
funcionamos. De ahí que la alimentación de verano deba
ser menos rica en grasas y mayor en hidratos de carbono.
Eso, por supuesto, no quiere decir que se deba prescindir
de manera absoluta de las grasas sino solamente que
deben tener menor presencia en nuestra mesa. Asimismo,
es importante que se tienda a hacer menos pesado el
trabajo digestivo por lo que es conveniente hacer comidas
relativamente frecuentes y de poca cantidad. El verano
es, de hecho, la época de los entremeses, aperitivos,
pequeñas meriendas y comidas y cenas ligeras. Y no sólo
para facilitar el buen funcionamiento orgánico sino
para prevenir el golpe de calor o el temido corte de
digestión que coinciden con las difíciles digestiones
de las comidas copiosas y que todos los años se cobran
muchas más victimas de lo que sería deseable.
LAS HORCHATAS
Otra de las referencias veraniegas es la horchata de
chufa que se consume en enormes cantidades porque además
de refrescar aporta hidratos de carbono y grasas vegetales
así como numerosos fermentos que ayudan a la digestión.
Sin olvidar que es un diurético suave.
Las horchatas se hacen machacando o pasando por la batidora
los frutos secos con agua y luego exprimiendo la pasta
resultante a través de un trapo para añadir agua y azúcar
al gusto de cada uno. Uno de sus problemas es que deben
consumirse al poco tiempo -menos de 24 horas- porque
fermentan y pierden su sabor característico. Pero además
de la chufa se pueden hacer deliciosas horchatas de
almendra, pipas de melón, arroz, calabaza, coco tropical
y hasta con cebada, maíz o trigo previamente remojados
en agua para facilitar su extracción.
El coco seco tropical, por ejemplo, permite mediante
el mismo sistema que la horchata -es decir, rallado
y mezclado con agua para después exprimirlo- conseguir
una deliciosa horchata -la leche de coco tropical- que
puede consumirse con algo de azúcar o bien mezclada
a partes iguales con zumo de piña (mejor si se hace
natural, exprimiendo la pulpa del fruto), que es lo
que se llama piña colada, realmente sencilla de hacer
y exquisita.
DERIVADOS LÁCTEOS
Entre los derivados lácteos de mayor consumo en verano
se encuentran los batidos y la leche merengada. Tanto
si se elaboran con leche natural, en polvo o, incluso,
con leche de soja o de otros vegetales, el resultado
suele ser delicioso, nutritivo y refrescante. Además,
hoy día a los batidos -como a los zumos- muchas empresas
les añaden vitaminas, fibra, miel o jalea dándoles un
toque de sabor singular y apetecible. Una bebida que,
en función de su composición, puede ser tanto ligera
como energética. Una elección que depende sólo del gusto
y de las necesidades personales.
Cada vez más presentes en nuestra gastronomía de verano,
también los yogures y las cuajadas aportan proteínas,
hidratos de carbono y más o menos grasas de acuerdo
a sin son desnatados o no. Los yogures líquidos, mezclados
a veces con zumos de frutas, llevan además vitamina
C y aligeran el contenido graso de los lácteos. Y, por
supuesto, los podemos encontrar en forma de leche fermentada
que cuentan con distintos tipos de lactobacilos que
renuevan la flora intestinal, tan necesaria especialmente
en verano cuando más expuesta está a las agresiones
de los gérmenes exteriores.
Por otra parte, además de como bebida y alimento complementario
el yogur puede utilizarse como sabroso condimento en
ensaladas de verano acompañando verduras y frutas.
Una ensalada de pepino y lechuga aderezada con yogur
natural, una pizca de vinagre y un chorrito de buen
aceite de oliva es una auténtica delicia y casi una
comida equilibrada en sí misma. Y no digamos un buen
plato de ensalada de frutas de verano con yogur, frutas
y un poco de miel.
LAS INFUSIONES
Útiles en toda época para equilibrar nuestro organismo,
durante el verano las infusiones frías son excelentes.
Además de las propiedades de cada planta o flor, el
aporte de líquidos las hace doblemente útiles.
Eso lo han entendido bien las empresas del sector que
comercializan con notable éxito las infusiones de té
con distintos aromas frutales o el guaraná brasileño
(una de las bebidas energéticas más populares en América).
Además, las infusiones habituales de manzanilla, tila,
poleo-menta, hierbabuena, tomillo o hinojo, con o sin
azúcar o miel pero con unos trozos de hielo, adquieren
en verano una dimensión más refrescante y ayudan al
necesario aporte de líquidos de forma agradable y cómoda.
LOS ZUMOS
Los zumos son otro de los puntos fuertes del verano.
No sólo aportan vitamina C -especialmente los cítricos-
sino también elementos minerales como el potasio, fundamental
para la buena regulación del organismo cuando pierde
líquido y iones a causa de la transpiración. Entonan
el organismo y la fructosa que contienen ayuda a abrir
el apetito, lo que los hace ideales para antes de comer
y cenar como auténtico aperitivo.
Actualmente pueden conseguirse además con facilidad
frutas tropicales como la papaya, la maracuyá o la piña
que son ricas en fermentos digestivos, especialmente
en papaína, con lo que ayudan a una buena digestión.
Su alto contenido en agua -que puede llegar hasta el
90%- es en su totalidad "orgánica" y, por ello, resulta
más fácil de asimilar. El agua de manantial, con ser
pura y recomendable, no tiene esa virtud. Tenga en cuenta
también que, al tomar zumos variados se beneficia del
efecto sinérgico de todos los nutrientes que colaboran
unos con otros para nutrirnos y mejorar la salud. Y
es que los zumos tienen propiedades diuréticas, alcalinizantes,
antioxidantes, remineralizantes y tonificantes. Además,
la fruta posee cualidades desintoxicantes, previene
el cáncer, regula el tracto intestinal y evita las enfermedades
cardiovasculares.
En resumen, dos o tres vasos diarios de buen zumo natural
elaborado con frutas o verduras de temporada es una
excelente fuente de salud. Y si además lo tomamos en
forma de granizado, es decir, con hielo finamente picado
en vaso o copa, será una bebida ciertamente refrescante
además de sana.
SIROPE DE SAVIA
Mención especial merece el sirope de savia que se obtiene
de la combinación de dos árboles diferentes: la palmera
y el arce. Se trata de una mezcla que contiene la mayor
parte de las vitaminas, minerales (potasio, sodio, calcio,
zinc, magnesio, manganeso y hierro), enzimas y demás
oligoelementos que el cuerpo necesita. En cuanto a los
hidratos de carbono del sirope de savia -fructosa y
glucosa- son naturales y no contienen azúcar.
Una forma refrescante y agradable de tomarlo -y que
además nos permitirá desintoxicar nuestro cuerpo y perder
peso- es mezclado con zumo de limón y agua a la que
se añade un poco de canela y una pizca de cayena picante.
La mezcla del sirope con estos productos supone un aporte
adicional de nutrientes. Por ejemplo, el limón -también
fuente de minerales y vitaminas, especialmente la C-
es un antioxidante natural que ayuda en la eliminación
de los depósitos grasos y mejora la actividad del metabolismo
además de ser un buen diurético. En cuanto a la cayena,
además de contrarrestar el fuerte sabor dulzón del sirope
de savia es una buena fuente de vitaminas del complejo
B, disuelve flemas y regenera la sangre.
Se trata pues de una bebida que puede ser utilizada
como cura depurativa. La duración del tratamiento con
sirope de savia es variable pero en ningún caso debe
exceder de los 10 días (vea el nº 12 de nuestra revista).
Se puede agregar que, además de ayudar a desintoxicar
el organismo, esta bebida aporta nutrientes esenciales,
activa nuestras defensas y mejora el metabolismo global
por su acción depurativa y antioxidante.
Andrés
Rodríguez Alarcón
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© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
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