|
|


| HELADOS:VENTAJAS
E INCONVENIENTES |
El helado
es uno de esos alimentos que tiene defensores y detractores
a ultranza. Sus valedores alaban especialmente su aportación
de sustancias nutritivas fácilmente digeribles; sus
críticos hablan de la presunta facilidad con que pueden
convertirse en portadores de enfermedades infecciosas
y provocar cortes de digestión a causa del frío, irritaciones
de garganta o dolores de cabeza además de engordar por
su aporte calórico. ¿Estudiamos el asunto?
Los helados han sido considerados tradicionalmente
como simples golosinas, como una alternativa de postre
o como un refresco de verano. Sin embargo, tienen un
valor nutritivo considerable ya que contienen cantidades
significativas de diversos nutrientes y, por tanto,
su consumo no sólo no desequilibra la dieta ni distorsiona
el equilibrio nutricional -siempre que no se abuse de
él- sino que lo enriquece, especialmente en proteínas
y calcio.
Así lo recuerda un reciente informe del Departamento
de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona
que defiende la inclusión del helado en la dieta habitual
-y no sólo en verano- en la medida en que aporta nutrientes
esenciales de alto valor biológico. Según el doctor
Abel Mariné, responsable del estudio, los helados
constituyen una forma agradable de tomar vitamina B2,
calcio y proteínas lácteas de buena calidad, algo especialmente
importante en niños y personas de edad avanzada que,
por ejemplo, tengan dificultades para tragar. Pero es
que además aportan al organismo grasas lácteas y vegetales,
glúcidos y -en menor proporción- minerales como sodio,
magnesio y fósforo. Aportes que dependen de los elementos
que se utilicen para su elaboración.
Ahora bien, llegados a este punto hay que recordar que
los helados se dividen en dos categorías: los de base
láctea (helados de crema o de leche, de mayor
valor nutritivo) y los sorbetes y helados
de agua, cuyo aporte energético y nutricional es
inferior (vea los recuadros adjuntos).
¿CÓMO SE HACEN LOS HELADOS?
La fabricación de un helado está en la actualidad sometida
a un minucioso y largo proceso para asegurar su calidad.
Un control que comienza por las materias primas, básicamente
leche o agua (según la base del helado), grasas (de
origen animal o vegetal), azúcar y huevo. Porcentajes
que varían según la base: en los helados de crema o
de leche suele haber entre un 8 y 10% de leche (generalmente,
en polvo), entre un 16 y 21% de azúcares y entre un
5 y 12% de grasas (que pueden ser de origen animal o
vegetal). A lo que hay que añadir un porcentaje muy
variable de huevo -cuando se añade-, que proporciona
ovoalbúmina (la proteína de la clara) y además aterciopela
la textura y lo hace más blando. En los sorbetes o helados
de agua, sin embargo, la leche, las grasas y el huevo
son sustituidos por jugos o aromas de frutas conservando,
eso sí, los azúcares que dan aporte calórico y volumen
y las vitaminas propias de las frutas utilizadas.
Luego, a esa base se añaden otros productos como cacao,
vainilla, chocolate, frutos secos, etc., en porcentajes
que varían mucho según los fabricantes. Y, además, aditivos
(para mejorar la elaboración, conservación o presentación),
estabilizantes (para evitar que el producto quede excesivamente
duro), aromas naturales y colorantes.
LA ELABORACIÓN
Una vez se tiene la materia prima los elementos que
vayan a usarse se mezclan mecánicamente y se les somete
a un proceso de pasteurización para destruir todo posible
microorganismo patógeno. A continuación se introduce
la mezcla en los tanques de maduración -donde adquiere
plasticidad y se estabiliza su viscosidad y consistencia-
y se le inyecta aire en forma de burbujas microscópicas
para darle volumen y suavidad (en los helados "industriales"
el aire llega a constituir hasta el 70% del volumen
total mientras en los artesanales llega al 40%). Finalmente,
la mezcla se refrigera.
Hay que recordar, en este punto, que una vez congelado
el helado sólo debe volver a estar a temperatura ambiente
en el momento de ir a consumirlo. Es pues fundamental
que durante el transporte que debe sufrir desde la fábrica
a los lugares de venta se mantenga siempre la temperatura
de congelación para evitar que pierda sus características
o pueda contaminarse por microorganismos ya que estos
no morirían en una posterior recongelación del helado
y pueden ser la causa -y frecuentemente lo son- de enfermedades
infecciosas, especialmente del aparato digestivo y de
la boca.
En resumen, teniendo en cuenta que la legislación española
especifica que los helados deben pesar un mínimo de
430 grs. se puede concluir que, en el caso de los sorbetes,
la mayor parte del peso es agua y que en los helados
de crema y leche la materia sólida no llega al 30%,
es decir, a unos 129 grs. de leche, huevo y grasa por
litro de producto.
No olvidemos que los helados se venden por volumen -litros-
y no por peso y que un litro sólo se corresponde con
un kilo en el caso del agua.
HELADOS Y SALUD
Muchas son las cosas -buenas y malas- que se dicen de
los helados. Algunas de las cuestiones que más preocupan
a quienes los compran y a quienes los consumen son las
que intentamos aclarar a continuación.
Los helados como vehículo de infección
Es cierto es que por su alto contenido en hidratos de
carbono, leche y huevos los helados son una fuente potencial
de infección pues su composición los hace un medio de
cultivo idóneo para determinados tipos de bacterias,
especialmente las causantes de diarreas estivales y
la temida salmonella. Infecciones que pueden deberse
a una contaminación del producto o de alguno de sus
ingredientes durante el proceso de fabricación o a que,
en algún punto de su traslado a los puntos de venta,
se rompa la cadena de frío. En esos casos existe la
posibilidad de una multiplicación de gérmenes y, por
tanto, de intoxicaciones alimentarias por fermentación.
Sin embargo, una posible contaminación microbiana de
este tipo es muy difícil y sólo un desgraciado accidente
podría dar lugar a ello ya que los procesos de fabricación
actuales son seguros y están muy controlados. Ahora
bien, no sucede lo mismo en el Tercer Mundo por lo que
nuestro consejo es que se abstenga en esos países de
consumir helados (y lo mismo cabe decir de cualquier
bebida no embotellada).
El helado, el corte de digestión, los dolores de cabeza
y la irritación de la garganta
Se dice que el helado puede provocar cortes
de digestión y es cierto pero eso sólo puede ocurrir
si se toma gran cantidad y de forma muy rápida en la
primera fase de la digestión ya que puede provocar una
bajada de temperatura brusca en el estómago. Pero eso
se evita comiéndolo despacio a fin de que, camino del
estómago, el helado se vaya calentando.
También es verdad que comer un helado puede provocar
a veces dolor de cabeza. La explicación es que en determinadas
personas sensibles al frío la estimulación de un ganglio
que tenemos en la parte posterior del paladar (el ganglio
esfenopalatino) puede provocar una reacción muy similar
a la de una jaqueca, aunque, eso sí, muy limitada ya
que dura pocos minutos y no tiene repercusiones posteriores.
Pero también esa posible reacción se evita si se introducen
en la boca cantidades pequeñas de helado y no se deja
que entre en contacto con esa zona tan sensible a la
temperatura.
En cuanto a si los helados producen irritaciones de
garganta hay que señalar que no es cierto. Es más, el
frío del helado puede ayudar a aliviar inflamaciones
en la boca o garganta como bien saben los operados de
amígdalas a quienes, tras la intervención, se recomienda
iniciar la alimentación con pequeñas cantidades de este
producto.
¿Engorda el helado?
Si comparamos el helado con alimentos equivalentes -batidos
y postres lácteos- observaremos que su aporte calórico
se mantiene en un nivel medio. No aporta más calorías
que otros alimentos. Ahora bien, el helado es un alimento
lipido-glucídico (es decir, contiene tanto grasas como
azúcares) y, por tanto, si se abusa de él engorda tanto
si se combina con otros alimentos como si se toma sólo.
Es decir, si se consume moderadamente, el resto de lo
que uno ingiere a lo largo del día no contiene grasas
y hace algo de ejercicio no engordará. Si, por el contrario,
lo toma como postre tras una copiosa comida rica en
grasas esté seguro de que aumentará su peso. Claro que
engordará igual si mezcla grasas con cualquier otro
hidrato de carbono o azúcar.
Helados y colesterol
El contenido en colesterol de los helados es moderado
e, incluso, inferior al de la leche, como recoge el
estudio ya mencionado del Departamento de Nutrición
de la Universidad de Barcelona. Luego la trascendencia
de la presencia de colesterol en los helados de base
láctea es mínima. Hay que destacar, además, que los
helados de leche desnatada, de agua o sorbetes no contienen
colesterol.
¿Quita el apetito el helado?
Muchas madres piensan que si sus hijos comen helado
antes de las comidas les quitará el apetito. Sin embargo,
ocurre lo contrario: el frío del helado estimula las
papilas gustativas de la lengua y los azúcares que contiene
producen en pocos minutos la estimulación del páncreas
para segregar insulina aumentando la sensación subjetiva
de hambre. Precisamente por eso algunos restaurantes
ofrecen entre plato y plato pequeñas porciones de sorbete
(sobre todo de limón o de cualquier cítrico ácido) a
fin de estimular el apetito y preparar las terminaciones
gustativas para el plato siguiente.
¿Provocan caries los helados?
Para que se produzca una caries tienen que
concurrir tres factores: que se ingiera azúcar, que
haya un tiempo amplio de contacto entre éste y la placa
dental y que haya o no microflora cariogénica previa
(generadora de caries) en la boca del consumidor. Pues
bien, son los azúcares no lácteos -como la sacarosa,
la fructosa o la glucosa- los más cariogénicos. La lactosa
-el azúcar de la leche presente en los helados- es,
por el contrario, el que menos caries produce. Además,
la salivación a que da lugar la ingesta de helado actúa
como factor protector merced a su acción de drenado
y disminución de la acidez.
Así que ya lo sabe: tome helados si le gustan, tanto
en verano como en invierno. Pero hágalo siempre con
precaución rechazando cualquiera que no esté correctamente
envasado, no lleve la obligatoria composición, carezca
de fecha de caducidad o pueda parecer que en algún momento
ha sufrido una descongelación parcial. Y recuerde: sólo
le engordará si abusa.
TIPOS DE HELADOS
Los helados son, según el Real Decreto 618/1998 de 17
de abril, "preparaciones alimenticias que han sido
llevadas al estado sólido, semisólido o pastoso por
congelación de la mezcla de materias primas utilizadas
y que ha de mantener el grado de plasticidad y congelación
suficiente hasta el momento de su venta al consumidor".
Esta reglamentación clasifica los helados según
su composición, que determina su valor nutritivo y efectos
sobre el organismo. Así, los helados se dividen en:
1. Helados de base láctea:
-Helado de crema: el que contiene un mínimo
de un 8% de grasa y un 2,5% de proteínas, ambas de origen
lácteo.
-Helado de leche: el que contiene al menos
un 2,5% y un 6% de grasas y proteínas lácteas, respectivamente.
-Helado de leche desnatada: el que contiene
como máximo un 0,30% de materia grasa de origen lácteo
y como mínimo un 6% de extracto seco magro lácteo.
-Helado: el que contiene como mínimo un
5% de materia grasa alimenticia y las proteínas son
exclusivamente de origen lácteo.
2. Sorbetes
(los que contienen al menos un 15% de frutas y un 20%
de extracto seco) y helados de agua (los que
contienen sólo al menos un 12% de extracto seco).
VALOR NUTRITIVO DE LOS HELADOS DE
BASE LÁCTEA
Según el estudio realizado en la Universidad de Barcelona
por el doctor Mariné y su equipo, en un helado
podemos encontrar:
Proteínas:
el contenido proteico de los helados de base láctea
oscila entre el 2,7% y el 5,5%. Un consumo de 100 g
de helado de base láctea proporciona entre un 7% y un
10% de la cantidad de proteína que se necesita diariamente.
Calorías: la
aportación de energía de los helados lácteos oscila
-en función de los ingredientes- entre las 110 y las
384 kilocalorías cada 100 gramos por lo que pueden ser
considerados como productos de contenido energético
medio. En el caso de los helados de agua y sorbetes
el valor energético es medio/bajo (entre 68 y 138 kilocalorías
cada 100 gramos).
El consumo de 100 g del helado más calórico (de crema
con cobertura) supondría un aporte máximo de un 15%
del total de las calorías que deben proporcionar diariamente
los alimentos. Por eso el helado puede ser integrado
en la dieta sin que suponga un desequilibrio de la misma.
Calcio: las
recomendaciones de ingesta de calcio son de alrededor
de 800-1000 miligramos al día con variaciones en función
de la edad, el sexo y el estado fisiológico de las personas.
El mayor contenido medio de calcio se encuentra en los
helados de leche (135 mg/100 g), seguido de los helados
crema (97,8 mg/100 g) y de los helados (79 mg/100 g).
El consumo de 100g de helado de base láctea supone entre
un 8 y un 16% de la ingesta diaria recomendada de calcio
(dependiendo del grupo de población considerado).
Glúcidos: el
contenido de glúcidos en los helados oscila entre 20
y 30 gramos/100 gr. En cuanto a la presencia de lactosa
en ellos cabe decir que es beneficiosa para la flora
intestinal además de favorecer la absorción del calcio
(salvo que se sea alérgico a ella).
Grasas: fundamentalmente,
las de la leche o de origen vegetal. La grasa es el
macronutriente que presenta más variabilidad cualitativa
y cuantitativa entre los diferentes tipos de helados
pero las cantidades oscilan entre los 5 y los 20 gramos
por cada 100 de helado.
Minerales: los
helados son pobres en sodio -con niveles inferiores
a 70 mg/100 g- por lo que pueden integrarse sin problemas
en la dieta de personas que deban controlar la ingesta
de este elemento. Además, aportan otros minerales como
magnesio y fósforo.
Vitamina B2: 100
g de helado de base láctea puede cubrir entre el 10%
y el 15% de la cantidad diaria recomendada de esta vitamina.
Decir, por último, que la presencia o no de cobertura
(generalmente, de chocolate) en los helados es un factor
clave para su cualificación ya que modifica cualitativa
y cuantitativamente la valoración nutricional de los
productos que la contienen con respecto a los que no
la incorporan. Por ejemplo, los helados que incorporan
cacao y/o derivados pueden significar una aportación
de polifenoles (componentes funcionales con efectos
antioxidantes).
Laura
Jimeno Muñoz
|
|
|
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
|
|