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| LA
IMPORTANCIA DE LA FIBRA |
La mayor parte
de las personas no ingiere suficiente fibra con la alimentación.
Y ese hecho, junto a la escasez de agua diaria ingerida,
la falta de ejercicio, el abuso de sustancias tóxicas
-como el tabaco, el alcohol o el café- y las dietas
desequilibradas pueden provocar numerosas enfermedades.
De ahí que la evidente importancia de consumirla con
la comida haya llevado a muchas empresas de alimentación
a incorporarla hoy en muchos de sus productos. Pero,
¿sabe hasta qué punto es importante? Entresacamos de
La Dieta Definitiva -obra de nuestro director,
José Antonio Campoy- lo que éste afirma sobre el asunto.
La fibra alimenticia
es el material no digerible de los alimentos que actúa
como lastre facilitando el tránsito intestinal. Fibra
que, en su mayor parte, corresponde a la celulosa presente
en la mayoría de los alimentos del mundo vegetal. Se
trata, pues, de un glúcido o hidrato de carbono -en
puridad, un polisacárido- que no sólo no se disuelve
en el agua sino que al contacto con ésta se hincha además
de retener cierta cantidad de la misma.
Todos los vegetales tienen celulosa en mayor o menor
cantidad. Las verduras de hoja -como la acelga, la borraja
o la espinaca- son las más ricas en ella. E igualmente
lo son la coliflor y el repollo si bien éstas tienen
el inconveniente de que suelen producir gases. Otros
vegetales, como el berro, los brotes de soja, los canónigos,
la escarola, la lechuga o el trébol dulce, por ejemplo,
además de proporcionar fibra en buena cantidad ayudan
en el proceso digestivo al contener mucha vitamina U,
que es gastroprotectora.
No es la celulosa, en cualquier caso, la única fibra
alimenticia. Existen otros polímeros y polisacáridos
igualmente procedentes de frutas y plantas como las
pectinas, los mucílagos, las gomas, los ácidos algínicos
y las hemicelulosas. Es el caso de las legumbres y de
los cereales integrales. Y, por supuesto, de la fruta.
Algunas de ellas -como el kiwi, las ciruelas o las uvas-
tienen también efecto laxante por lo que pueden ser
usadas además por su efecto acelerador del tránsito
intestinal. La manzana, que cocida es astringente, en
crudo tiene un efecto regulador del ritmo intestinal,
especialmente si se come con piel (bien lavada con agua
clorada), rica en pectina. Y aunque no poseen prácticamente
poder nutritivo alguno son absolutamente esenciales
en la alimentación. Comer sin fibra suficiente es un
camino seguro hacia los más diversos tipos de dolencias
o enfermedades. Y lleva a padecer frecuentes problemas
digestivos, especialmente estreñimiento. Sea consciente
de ello.
Sólo que bastaría comer dos manzanas o naranjas grandes
o cuatro kiwis al día por las mañanas para que ese problema
no tuviera que presentarse nunca.
Ahora bien, sepa que -contrariamente a lo que mucha
gente cree- tampoco es bueno el exceso de fibra. No
sólo puede a veces inhibir la actividad de las enzimas
pancreáticas y dificultar la digestión -depende de los
alimentos- sino disminuir o impedir la absorción de
minerales como el calcio, el hierro o el magnesio por
excesiva presencia de ácido fítico, presente en el salvado
de los cereales, los frutos secos, las legumbres y,
en menor proporción, en algunas frutas, verduras y hortalizas.
Sea pues comedido. Como en todo.
EL ESTREÑIMIENTO
El estreñimiento es un trastorno tan común que se calcula
que la mitad de los hombres y tres cuartas partes de
las mujeres lo sufre ocasional o frecuentemente. Aunque
no es la escasez de fibra su única causa. Puede provocarlo
también la vida sedentaria, un reducido consumo de agua
y -aunque es menos corriente- el uso prolongado de laxantes,
desórdenes endocrinos, la irritación del intestino,
su bloqueo por un tumor o por la presión de un órgano
y la ingesta de algunos medicamentos, entre ellos analgésicos,
somníferos, anticonvulsivos, antidepresivos, anticolinérgicos
y antiácidos. Y, por supuesto, un desequilibrio de la
flora intestinal.
En una situación normal -no patológica- debería bastar
con aumentar la ingesta de fibra, beber suficiente agua
-entre dos litros y medio y tres al día- y caminar media
hora diaria para poner fin al problema. Lo que conviene
hacer sin demora porque aunque la pereza intestinal
no genera de inmediato problemas graves de salud su
prolongación en el tiempo puede contribuir a la aparición
de trastornos diverticulares, enfermedades degenerativas
del intestino, intoxicación generalizada e, incluso,
cáncer.
En cuanto a la cantidad de fibra que deberíamos tomar
diariamente, mientras unos expertos aseguran que lo
ideal es ingerir entre 10 y 20 gramos otros recomiendan
25. Por mi parte, entiendo que una ingesta excesiva
puede ocasionar molestias gástricas, distensión del
abdomen y producción de gases así como un déficit de
micronutrientes. A fin de cuentas, la fibra es la parte
de los elementos vegetales que no se puede digerir y
que está formada de celulosa, hemicelulosa, pectina,
lignina, mucílagos y gomas vegetales que a su paso por
el tracto digestivo absorben líquidos y aumentan de
volumen estimulando así los movimientos musculares peristálticos
del intestino que sirven para expulsar las heces al
exterior.
Sepa, en cualquier caso, que hay algunas acciones que
pueden ayudar mucho a regular el tránsito intestinal
de forma sencilla: aumentar la actividad física, comer
lenta y pausadamente, tomar yogures bio, beber no menos
de diez vasos grandes diarios de agua o zumos de frutas
y tener un horario fijo para defecar. Y recuerde que
la carne debe tomarla siempre acompañada de fibra -una
buena ensalada es lo suyo- porque de lo contrario el
proceso de digestión puede llegar a durar 72 horas en
lugar de 24. Con todas las molestias que eso implica,
posibilidad de putrefacción en el intestino incluida.
Eso sí, procure no tomar laxantes ya que, sintéticos
o naturales, provocan generalmente adicción y si el
organismo se acostumbra tendrá luego problemas cuando
quiera prescindir de ellos. Sin olvidar que muchos provocan
retortijones e irritan notablemente el intestino.
En cambio, si no le es suficiente con la fibra natural
recuerde que existen algunas preparaciones de fibra
en cápsulas que no tienen efectos secundarios ni crean
hábito por lo que son una buena ayuda para resolver
puntualmente el problema. Pero no todas. La más conocida
es el chitosán - especialmente útil cuando se toma mezclada
con absorbitol- pero la mejor es probablemente el glucomanano
-derivada de la planta japonesa konjac- ya que absorbe
mucha más agua que las demás. Otra solución es ponerse
un enema...pero no químico, sólo de agua caliente (puede
añadir una cucharada de café al agua).
Ahora bien, si el estreñimiento se prolonga y no se
soluciona modificando la dieta y sus hábitos de vida
acuda al médico. Podría tener usted una obstrucción
intestinal.
José
Antonio Campoy
La
escasez de fibra puede llevarnos a enfermar
La Organización Mundial de la Salud (OMS) publica informes
cada vez más frecuentes sobre la necesidad de aumentar
el consumo de cereales, frutas, verduras y hortalizas
-es decir, de fibra dietética- así como de realizar
ejercicio y llevar una vida saludable eliminando o reduciendo
notablemente el consumo de alcohol y tabaco. Y es un
consejo que debería seguirse porque bastaría con ello
para prevenir un buen número de dolencias. Entre ellas,
muchos de los problemas digestivos e intestinales, incluidos
el estreñimiento, la colitis o el cáncer. Sin olvidar
además que comer sin fibra es una de las causas del
sobrepeso y la obesidad lo que, a su vez, es frecuentemente
la antesala de patologías circulatorias y, por ende,
coronarias y degenerativas. Algo a tener muy en cuenta
porque según la propia OMS el 79% de las muertes por
enfermedad que se producen en el mundo son ya atribuibles
a las patologías cardiovasculares y vasculocerebrales,
la diabetes tipo II y ciertos cánceres.
Pues bien, esta campaña de sensibilización ha calado
afortunadamente en algunas empresas de alimentos que
hoy incorporan ya fibra dietética en muchos de sus productos.
Una iniciativa inteligente.
La
falta de fibra y la enfermedad diverticular
La llamada enfermedad diverticular se caracteriza por
la aparición en las paredes del colon de pequeñas bolsas
llamadas divertículos. Se cree que se desarrollan cuando
se produce una presión excesiva al tratar de expulsar
las heces por causa del estreñimiento o de la debilidad
de la pared del colon. Esta situación, mantenida en
el tiempo, podría degenerar en un cáncer de colon. Por
eso es fundamental ingerir alimentos ricos en fibra
y beber suficiente agua ya que, al suavizar y ayudar
a expulsar las heces, previenen su aparición. A este
respecto, el doctor Burkitt ha logrado establecer
la correlación entre ingesta regular de fibra y baja
incidencia de cáncer de colon. Según este experto, la
fibra puede capturar agentes carcinógenos presentes
en la dieta minimizando su contacto con el colon y facilitando
su eliminación. Además, tiene capacidad antioxidante
y favorece la formación, durante su fermentación, de
sustancias beneficiosas como el ácido butírico.
¿Fibra
soluble o insoluble?
Existen dos tipos de fibra en función de su solubilidad
en agua. Por un lado, las fibras solubles -como
las pectinas, gomas y mucílagos- poseen un doble efecto.
Primero, forman un gel viscoso en el estómago que prolongan
la sensación de saciedad y retrasan la absorción de
lípidos, glúcidos y sales biliares. Después, al fermentar
en el intestino esta fibra promueve el correcto funcionamiento
de las bacterias del colon, estimula la regeneración
de la mucosa que cubre sus paredes, hace aumentar el
volumen de la masa fecal y facilita su evacuación. Además,
los mucílagos poseen una ligera acción laxante por lo
que también son útiles en el tratamiento del sobrepeso,
la hiperglucemia, la hiperlipemia y el estreñimiento.
Por su parte, las fibras insolubles -básicamente,
celulosa, hemicelulosa y lignina- no sólo no se disuelven
en agua sino que al contacto con ella se hinchan y retienen
parte del líquido. Esta acción aumenta el volumen fecal
y reblandece las heces lo que hace disminuir el tiempo
de tránsito de los alimentos y de los excrementos a
través del aparato digestivo y facilita la actividad
del intestino.
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