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| DULCES
NAVIDEÑOS: NO SE PRIVE PERO TÓMELOS CON MODERACIÓN |
En Navidad
nuestras casas se llenan de aquellos alimentos -sobre
todo, apetitosos postres- que el resto del año intentamos
evitar. Pero sepa que se puede salir airoso de ese reto.
La clave está en ser comedido y saber elegir. Si además
su dieta es equilibrada y hace ejercicio no tiene por
qué privarse de disfrutar de nuestra exquisita repostería
navideña.
Realmente, una Navidad
sin turrón, mazapán, polvorones, pasteles de gloria,
almendras rellenas, frutas glaseadas, garrapiñadas o
peladillas es como un jardín sin flores. ¿Y cómo privarse
del postre con tantas tentaciones? Si está siguiendo
una dieta de adelgazamiento es mejor que se relaje estos
días y no se amargue por intentar mantenerla a toda
costa. Tarde o temprano acabará "probando" alguno de
los deliciosos dulces navideños. La regla de oro es
evitar los excesos y consolarse pensando que es sólo
una vez al año. Además, muchas de estas exquisiteces
aportan a nuestro organismo nutrientes esenciales -como
vitaminas, proteínas y minerales- y la energía necesaria
para afrontar esos ajetreados días.
COMA CON CABEZA
Eso sí, coma la cantidad que coma sepa que los dulces
son carbohidratos, es decir, alimentos muy energéticos
que, por sí mismos, le van a hacer engordar. Por tanto,
si cree que no va a poder evitar la tentación de "probar"
un trocito de turrón, un mazapán o unas peladillas lo
más aconsejable es que ingiera la menor cantidad posible
de alimentos grasos durante la comida o la cena.
Y es que la mayoría de los dulces navideños -básicamente,
azúcares, frutos secos y grasas- son muy calóricos.
Por ejemplo, los frutos secos -ya sea como ingrediente
de algún dulce o ingeridos tal cual- son alimentos lipido-glucídicos
y, por tanto, engordan por sí mismos, se combinen con
otros alimentos o no. También tienen fibra, proteínas,
azúcares, féculas y lípidos incluyendo fosfolípidos
y aceites con una alta proporción de ácidos grasos esenciales.
Por otro lado, poseen un alto contenido de vitaminas
(en especial la A, la E y varias del complejo B) y minerales
(calcio, cobre, hierro, magnesio, fósforo, potasio,
sodio y zinc).
En cuanto al azúcar empleado para confeccionar turrones,
mazapán, polvorones, etc., lo común es que lleven sacarosa,
es decir, el azúcar blanco de mesa, un glúcido de asimilación
rápida que no aporta ningún nutriente a nuestro organismo
y nos hace engordar.
En cuanto a las grasas, muchas -de tipo vegetal- las
aportan los propios frutos secos que componen los distintos
dulces pero otras son de origen animal como la manteca
de cerdo utilizada para elaborar mantecados y polvorones.
Por tanto, no se deje engañar por los productos navideños
que se anuncian como "bajos en calorías" o "sin azúcar".
Le engordarán igual si abusa de ellos. La única diferencia
es que en lugar de llevar sacarosa están endulzados
con fructosa o lactosa, glúcidos igualmente calóricos
aunque al menos, a diferencia del azúcar blanco, aportan
nutrientes al organismo.
EL GRAN CLÁSICO, EL TURRÓN
Año tras año el turrón llega a nuestras casas por Navidad.
Antiguamente elegíamos entre el de Jijona -el blando-
y el de Alicante -el duro-, ambos a base de almendra,
azúcar y miel. Hoy, en cambio, podemos optar por múltiples
variedades de turrón que incorporan todo tipo de frutos
secos, frutas, yema de huevo, chocolate, vainilla, coco,
etc. Y precisamente estos componentes son los que confieren
a cada tableta de turrón unas cualidades nutritivas
específicas. Eso sí, no nos engañemos: contenga lo que
contenga el turrón, es un alimento muy energético y
calórico que podemos degustar pero con moderación.
En cuanto a sus cualidades nutritivas, el Consejo Regulador
de las Denominaciones Específicas Jijona y Turrón de
Alicante establece que "las grasas del turrón proceden
principalmente de la almendra y se trata de una grasa
vegetal con una composición en ácidos grasos semejante
a la del aceite de oliva. El porcentaje de ácidos grasos
saturados es sólo del 8%, el de monoinsaturados (principalmente,
oléico) de un 74% y los poliinsaturados (linoléico)
el 18%". También es importante la presencia de proteínas
en el turrón. En concreto, el Consejo establece una
cifra en torno al 13-16% y añade que en la composición
de estas proteínas hay siete de los nueve aminoácidos
esenciales para el ser humano.
Por último, el turrón es también rico en vitaminas A,
E y parte del complejo B y contiene además minerales
como el potasio y el fósforo gracias a las almendras
y la miel.
Cabe añadir que 100 gramos de turrón aportan unas 500
kilocalorías. Por nuestra parte, sólo nos resta decir
que a la hora de elegir es mejor decidirse por el turrón
de toda la vida -el de almendras, miel y azúcar, blando
o duro- ya que las distintas variedades de sabores diferentes
contienen más colorantes, aditivos y conservantes. Por
poner un ejemplo, sepa que el de sabor a vainilla se
elabora con azúcar, almendras, grasa vegetal, manteca
de cacao, leche en polvo, sólidos lácteos, emulgentes,
aromas y colorantes.
EL MAZAPÁN
Su origen se atribuye a dos vocablos árabes. Por un
lado, "mantha-ban" que quiere decir "rey sentado"
-las primeras figuritas de mazapán llevaban impresas
esa figura- y, por otro, el término "mayaban",
que designa el dulce hecho a base de almendras y otros
frutos secos y azúcar.
Por tanto, el mazapán es también un dulce muy calórico
y energético, motivo por el cual en tiempos de la Reconquista
se utilizaba como reconstituyente para alimentar a los
combatientes malheridos y enfermos.
El proceso de elaboración se ha mantenido inalterado
durante siglos. Aún hoy, almendras y azúcar se trituran
hasta conseguir una masa fina y compacta que se moldea
manualmente en formas y figuras diversas antes de su
cocción.
En cuanto a su composición, el 49% son azúcares, el
25% grasas, el 9% proteínas y el resto son fibras, minerales
y vitaminas.
MANTECADOS Y POLVORONES
Cuentan con menos propiedades vitamínicas que el turrón
o el mazapán pero comparten con ellos su alto poder
energético. Bajo el nombre de mantecado se agrupan distintas
especialidades navideñas elaboradas a partir de manteca
de cerdo. Por tanto, mantecados son desde los tradicionales
roscos de vino hasta los populares polvorones, que reciben
este nombre porque al comerlos se deshacen en polvo.
Básicamente, estos dulces son manteca de cerdo, harina
resecada y azúcar aunque también se les puede incorporar
almendras, canela, limón, chocolate, coco, etc., que
les aportan vitaminas, minerales y otros nutrientes.
Se empezaron a elaborar hace poco más de un siglo en
las ciudades andaluzas de Antequera y Estepa para darle
uso a la gran cantidad de manteca de cerdo que se producía
en la época de la matanza. Cuando la mezclaron con harina,
azúcar y canela y la dejaron cocer el resultado fue
un dulce agradable al paladar que, por añadidura, les
ayudaba a afrontar los rigores del frío invierno.
MÁS POSTRES TÍPICOS
Junto a los turrones, mazapanes y polvorones suelen
encontrarse las peladillas que no son más que almendras
revestidas por numerosas capas de jarabe de azúcar puro.
Aunque las de almendra son las más comunes también se
pueden encontrar de avellana, pistacho u otros frutos
secos y hasta de chocolate.
Tampoco faltan a la mesa los pasteles de gloria que
son dulces elaborados con masa de mazapán cocido y relleno
de boniato o batata y moldeados con clara de huevo y
azúcar.
En fin, como la lista de dulces navideños sería inacabable
-cada región aporta varios productos a cada cual más
apetitoso- lo único que podemos recomendarle es que
se resigne. Va a sufrir más si se priva de comer alguno
de ellos. Eso sí, "peque" con moderación y trate de
no abandonar los buenos hábitos alimenticios. Su cuerpo
y su espejo se lo agradecerán.
Varda
Galán
Los
frutos secos
Los frutos secos, es decir, las almendras, altramuces,
anacardos, avellanas, cacahuetes, maíz, castañas, cañamones,
chufas, nueces, nueces de Brasil, nueces de Betel, pistachos,
piñones, etc., se consumen mucho de forma habitual en
Navidad, al menos en el hemisferio Norte. Probablemente
porque son muy energéticos -se trata de alimentos lipido-glucídicos-
y en esa zona del planeta el frío del invierno cala
a veces hasta los huesos.
Además, los frutos secos tienen fibra, proteínas, azúcares,
féculas y lípidos o grasas -salvo la castaña que tiene
poca grasa y pocas proteínas-, incluyendo fosfolípidos
y aceites con una alta proporción de ácidos grasos esenciales.
Asimismo, poseen un alto contenido de vitaminas (en
especial la A, la E y varias del complejo B) y minerales
(calcio, cobre, hierro, magnesio, fósforo, potasio,
sodio y zinc). Se trata, pues, de alimentos muy completos
aunque algo difíciles de digerir si no están tostados.
Cabe añadir que la Universidad de Harvard elaboró a
lo largo de 14 años un estudio sobre las propiedades
de los frutos secos con 86.000 mujeres de entre 34 y
59 años -ninguna de las cuales tenía antecedentes de
enfermedad coronaria, trombosis o cáncer- que dio a
conocer el British Medical Journal, tiempo durante
el cual 1.255 tuvieron problemas coronarios de las que
861 no acabaron en muerte y 394 sí.
Los científicos dividieron a las mujeres en cuatro categorías
según su consumo semanal de frutos secos. El primer
grupo casi nunca los tomaba, el segundo de 1 a 3 veces
al mes, el tercero de 2 a 4 veces por semana y el cuarto
más de 5 veces semanales. Asimismo, tuvieron en cuenta
otros aspectos como el ejercicio físico, la dieta, el
consumo de alcohol, el de cigarrillos y la ingesta de
aspirinas. Pues bien, una vez ajustadas las variables
observaron que las mujeres que consumían más frutos
secos a la semana tenían menos problemas coronarios,
con menor tasa de infartos de miocardio. Concretamente,
las que consumían frutos secos más de 5 veces por semana
tenían un 35% menos de riesgo de sufrir un problema
cardiovascular que las que tomaban menos cantidad.
El estudio confirmaba así otro anterior -efectuado en
1992 y publicado en Archives of Internal Medicine-
que se elaboró con de más 27.000 personas y según el
cual quienes tomaban frutos secos casi a diario tenían
un 53% menor de riesgo de sufrir problemas de corazón.
Los investigadores entendieron que la causa podía estar
en que los frutos secos son ricos en ácidos grasos monoinsaturados
aunque barajaron otras hipótesis como la de que mantienen
las coronarias limpias por sus grandes cantidades de
arginina, un aminoácido precursor del óxido nítrico
fundamental en la vasodilatación y que inhibe la agregación
plaquetaria.
Las
nueces protegen el corazón
Diversos estudios indican
que el consumo frecuente y moderado de nueces disminuye
el riesgo de enfermedades coronarias. Se cree que se
debe a que son muy ricas en ácido alfa linoleico, ácido
graso asociado a la reducción del riesgo coronario por
sus efectos antitrombóticos y antiarrítmicos. Otra explicación
podría estar en su alto contenido en ácido fólico, magnesio,
cobre, proteínas, fibra y vitamina E.
Una reciente investigación efectuada por la Universidad
de Loma Linda (California) en colaboración con el
Hospital Clínico y Provincial de Barcelona -publicado
en Annals of Internal Medicine- concluyó que
consumir 40 gramos de nueces en grano al día ayuda a
reducir los niveles de colesterol en sangre y a prevenir
hasta un 11% el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Los expertos creen que se debe a la alta cantidad de
ácidos grasos poliinsaturados presentes en la nuez -más
del 40%-, lo que impediría la agregación plaquetaria
que origina la arteriosclerosis. Trabajos anteriores
ya habían demostrado que uno de ellos -el ácido alfalinoléico
(del tipo omega 3)- previene la oxidación de grasas
en las arterias y la formación de trombos.
Ya un grupo de investigadores franceses dirigido por
Florence Lavedrine publicó en la revista Preventive
Medicine un estudio con 793 personas de entre 18
y 65 años según el cual quienes consumen de forma frecuente
tanto nueces como el aceite que puede obtenerse de él
poseen niveles más elevados de colesterol "bueno" así
como de apo A 1, otro lípido que se encuentra en la
sangre y que resulta beneficioso cuando se posee en
grandes cantidades.
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