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| ALIMENTOS
CONGELADOS: MÁS SEGUROS, HIGIÉNICOS Y NUTRITIVOS |
El continuo
perfeccionamiento de las técnicas de congelación permite
hoy que todo tipo de productos -verduras, carnes, pescados,
comidas precocinadas, etc.- lleguen al consumidor con
las máximas garantías de higiene, seguridad y calidad.
Con la ventaja de que la congelación preserva el valor
nutricional de los alimentos, detiene su proceso natural
de degradación y evita el crecimiento en ellos de numerosos
microorganismos patógenos. Tales son algunas de sus
ventajas... pero hay más.
El
notable desarrollo de la tecnología permite que hoy
los alimentos congelados no sólo sean tan nutritivos
como los frescos sino además más higiénicos y seguros.
A fin de cuentas, la congelación inmediata de un alimento
tras su recolección o captura impide que empiece siquiera
a degradarse garantizando además la ausencia de parásitos.
La clave está en la conversión en hielo del agua que
contienen en su interior al bajar progresivamente la
temperatura ya que ello paraliza prácticamente toda
la actividad bioquímica interna. El alimento congelado
conserva así toda su calidad, sabor, apariencia y valores
nutritivos hasta el momento de su consumo.
TÉCNICA ANTIMICROBIANA
La principal ventaja que aporta está técnica de conservación
de alimentos -hay otras- es que sin tener que recurrir
a ninguna sustancia química detiene el crecimiento de
numerosos microorganismos, especialmente hongos, bacterias,
levaduras y helmintos que, sin embargo, crecerían en
el alimento a temperatura ambiente. Es más, durante
el tiempo en que el alimento permanece congelado la
carga microbiana continúa disminuyendo. En suma, con
la congelación los alimentos no sólo no se pudren en
poco tiempo sino que además conservan sus cualidades
nutritivas y organolépticas... siempre y cuando no se
rompa la cadena de frío.
Ahora bien, sepa que las actividades enzimáticas de
las bacterias no se detienen durante la congelación,
sólo se ralentizan aunque sea de forma notable; por
tanto, continúa habiendo un lento pero progresivo deterioro
del alimento. De ahí que también los alimentos congelados
tengan fecha de caducidad.
En cuanto al efecto antimicrobiano conviene saber que
la temperatura adoptada internacionalmente como idónea
es de -18º C ya que según los expertos por debajo de
ella no es posible la proliferación de bacterias aunque
sí, como ya hemos dicho, la actividad de las enzimas.
Y se ha consensuado esa temperatura porque se observó
que a temperaturas más bajas la supervivencia de algunas
bacterias es mayor que en temperaturas de congelación
más altas (-2 a -10º C).
En todo caso, la congelación ha de efectuarse rápidamente
-sobre todo hasta alcanzar temperaturas inferiores a
3º C- porque de esa manera el agua se solidifica antes
produciéndose una menor ruptura de las paredes celulares
del alimento con lo que se conserva mejor su apariencia,
textura y valor nutritivo.
CONGELADO... PERO NO ETERNO
Es un error muy común identificar alimentos congelados
con eterna durabilidad. Y eso no es cierto por lo ya
dicho y porque se sabe que el contenido en vitaminas
tiende a disminuir con los meses y las grasas pueden
ponerse rancias. Por tanto, la caducidad depende del
producto congelado de que se trate. De ahí que sea aconsejable
tener una lista con las fechas en las que se han introducido
los alimentos en el congelador.
Además hay que tener en cuenta la capacidad congeladora
del frigorífico, algo que indica su número de estrellas.
Y es que cada estrella significa -6º C. Por tanto, teniendo
en cuenta que la congelación ha de hacerse siempre a
temperaturas de al menos -18º C es necesario que el
congelador sea al menos de tres estrellas para tener
la garantía de que no perderán calidad ni habrá riesgo
a la hora de ingerirlos una vez descongelados.
Eso sí, la recomendación de los expertos es comprar
alimentos congelados antes que adquirirlos frescos y
congelarlos luego en casa ya que la congelación realizada
de modo particular puede resultar deficiente y además
en ningún caso podremos alcanzar las bajas temperaturas
a las que se consigue llegar con un proceso industrial.
Obviamente, se pueden congelar alimentos en casa (vea
recuadro adjunto) pero suele tardarse más tiempo
y ello puede mermar la calidad o el sabor del alimento.
LA CONGELACIÓN Y LOS NUTRIENTES
Siempre que no se rompa la cadena de frío y las materias
primas sean de calidad las pérdidas nutricionales de
los alimentos congelados serán mínimas. El nutriente
más sensible es, sin duda, la vitamina C. Las frutas
rojas -fresa, frambuesa, etc.- y las verduras verdes
pueden perder hasta un 15% del contenido de esta vitamina
en el momento de la descongelación; haciéndolo en mayor
proporción cuanto más dure el proceso. En cambio, las
carnes no pierden prácticamente ni proteínas, ni minerales,
ni vitaminas. También los pescados conservan toda su
carga nutricional, incluidos sus saludables ácidos grasos.
Estos datos probablemente sorprendan a muchos consumidores
convencidos de que los productos congelados son peores
que los refrigerados o frescos. Es, sobre todo, el caso
del pescado y del marisco. El llamado pescado "fresco"
sólo puede considerarse así cuando se ha pescado el
mismo día en que llega al puesto de venta y se compra
y cocina también ese mismo día. De lo contrario, será
realmente más "fresco" -menos deteriorado- el congelado.
Y lo mismo cabe decir del marisco.
Cabe añadir que las cualidades nutritivas de los alimentos
congelados se verán mermadas si durante su almacenamiento
han sufrido variaciones de temperatura ya que esa circunstancia
les hace más vulnerables a la oxidación, amarillamiento,
enranciamiento y otros tipos de pérdida de calidad que,
en el peor de los supuestos, puede propiciar una disminución
de sus cualidades sanitarias.
LA DESCONGELACIÓN
No olvide, por último, que tan importante como la congelación
y almacenamiento de un producto es el proceso de descongelación.
Cuando se trata de carnes o pescados ésta debe efectuarse
lentamente en el interior del frigorífico y no a temperatura
ambiente a fin de evitar su contaminación. Además, una
vez descongelado el alimento debe consumirse inmediatamente
ya que de lo contrario los microorganismos que hubieran
podido sobrevivir a la congelación se reanimarán, a
menudo multiplicándose de forma más rápida que si no
se hubieran congelado. En cuanto a los mariscos, verduras
y hortalizas pueden echarse directamente en agua hirviendo.
Varda Galán
Recomendaciones para comprar alimentos
congelados
Basta revisar los datos epidemiológicos para comprobar
que los congelados constituyen uno de los alimentos
más seguros que se encuentran en el mercado. De hecho,
en la actualidad raramente se relacionan brotes de infección
alimentaria con productos congelados. En todo caso,
es aconsejable que tenga en cuenta las siguientes recomendaciones:
-Compre únicamente paquetes que estén limpios y sin
roturas.
-Rechace los envases con escarcha, los que se muestren
blandos al presionarlos con los dedos o aquellos en
los que el producto se encuentre apelmazado. Ello indica
que en algún momento -almacenamiento, transporte, etc.-
se ha roto la cadena de frío.
-Compruebe que el producto está bien etiquetado y que
reseña peso, fecha de congelación y de caducidad o consumo
preferente así como normas de almacenamiento y preparación.
Ventajas
de los alimentos congelados
-Alta seguridad e higiene.
Los alimentos congelados se encuentran en un estado
en el que su degradación biológica natural es más lenta.
Además, están a salvo de numerosos microorganismos.
-Buen valor nutritivo. Los nutrientes
se preservan sin ningún conservante químico. Es más,
si un alimento ha sido adecuadamente congelado posee
las mismas cualidades nutritivas que uno fresco.
-Frescura. Si
se ha mantenido la cadena de frío estos productos mantienen
al descongelarlos todas sus cualidades en cuanto a color,
sabor, apariencia, textura, etc.
-Universalidad.
La mayoría de los alimentos -crudos o ya cocinados-
se puede congelar.
-Economía.
De los productos congelados se aprovecha todo; y eso
supone a veces una ventaja. Por ejemplo, cuando se compra
pescado fresco se desecha entre el 30 y el 40% de la
cantidad comprada.
-No estacionalidad.
Como los productos se conservan perfectamente en el
congelador podemos disponer de ellos en cualquier momento
lo que nos permite mantener una dieta equilibrada y
variada al poder tomar todo el año alimentos que no
son de temporada.
-Comodidad. Los
alimentos congelados son fáciles de almacenar y vienen
preparados para ser cocinados o calentados directamente
sin que se tengan que lavar o limpiar.
-Para todos.
Son una alternativa para introducir en las comidas de
los niños alimentos que habitualmente rechazan. Por
ejemplo, el pescado congelado les resulta atractivo
porque no tiene espinas, principal causa por la que
los pequeños rechazan este tipo de alimento.
Congele
en casa... sin riesgos
Para evitar deficiencias sanitarias en los alimentos
que congele en casa siga atentamente estos consejos,
recopilados de las aportaciones de distintos expertos
en la materia:
-Pescados. Teniendo
en cuenta que a las tres horas de su captura empiezan
ya a aparecer en el pescado sustancias nocivas que pueden
provocar reacciones alérgicas e intoxicaciones es recomendable
-si no vive en la costa- comprar pescado ultracongelado
en alta mar en el mismo momento de su captura. Si compra
pescado fresco en el mercado consúmalo inmediatamente.
Eso sí, no lo congele de nuevo si ya lo había estado
antes.
-Mariscos.
Deben congelarse crudos, en bandejas y separados unos
de otros. Para descongelarlos es suficiente meterlos
en agua hervida con sal durante tres minutos. Luego
déjelos enfriar en esa misma agua.
-Verduras y hortalizas.
Para congelarlas es necesario que las lave, quite las
partes no comestibles, las escalde y las deje enfriar
antes de introducirlas en el congelador. Con el escaldado
se detiene el proceso natural de deterioro y se eliminan
bacterias. A la hora de descongelar póngalas directamente
a hervir. Las verduras que mejor admiten la congelación
son las espinacas, las alcachofas, los guisantes, las
coliflores, las zanahorias y las judías verdes.
-Carne y aves. Si
va a congelar piezas enteras se aconseja que elimine
de ellas toda la grasa que pueda así como la piel y
los huesos. Si las piezas pesan más de dos kilos conviene
trocearlas. Los profesionales recomiendan que antes
de congelar carne roja la deje reposar en el frigorífico
un par de días. Así resultará más tierna.
-Legumbres y frutas.
Se prestan bien a la congelación siempre que estén maduras,
sean frescas y no tengan picaduras de insectos, moho
o manchas. Las legumbres deben escaldarse y dejarse
secar. En cuanto a las frutas deben pelarse antes o
lavarlas y luego cubrirlas con azúcar o almíbar.
Cabe añadir que las patatas y las pastas no son aptas
para la congelación. Las patatas porque se endurecen
-salvo que estén en forma de puré- y las pastas porque
se ablandan. Tampoco resisten bien la congelación la
lechuga y los champiñones.
Finalizamos diciendo que los expertos recomiendan consumir
inmediatamente los alimentos descongelados porque su
sabor y textura se deterioran antes que en los alimentos
frescos. Y, por supuesto, no vuelva a congelar un alimento
que ya haya sido descongelado.
Anisakis,
un peligroso parásito del pescado
Las larvas de este parásito -un nemátodo, es decir,
un gusano con cuerpo redondo y sin segmentar- se ingieren
al tomar pescado crudo o poco cocinado. De hecho, hoy
es lamentablemente frecuente en España encontrar Anisakis
en muchos pescados, especialmente en la caballa, la
merluza y el bacalao. Y las consecuencias pueden ir
desde úlceras y problemas gastrointestinales serios
hasta -en los casos más graves- la muerte.
Para evitarlo se puede recurrir a la cocción (llevando
el agua a 55º C durante al menos un minuto) o a la congelación
(sometiéndolo a temperaturas inferiores a -20º C durante
al menos 24 horas). Sin embargo, sepa que si bien estas
técnicas eliminan los parásitos vivos no impiden una
posible reacción alérgica al ingerirlos muertos.
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