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| PROS Y CONTRAS DE LOS NITRATOS
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Llegan a nuestra dieta principalmente
a través de las verduras, el agua y la carne curada y aunque
en sí mismos no son nocivos para la salud los nitratos pueden
transformarse en sustancias que sí lo son. Lo singular es que,
al mismo tiempo, son efectivos conservantes que nos protegen,
por ejemplo, de la letal toxina botulínica. De ahí que para
evitar alarmas injustificadas lo más apropiado sea conocer qué
son los nitratos, qué efectos positivos y negativos provocan
sus compuestos y qué los contrarresta.
Desde
hace años existe controversia acerca de la seguridad o inseguridad
sanitaria del uso -o, más bien, abuso- del nitrógeno en las explotaciones
agrícolas no ecológicas como componente de los abonos, fertilizantes
y pesticidas. Pero lo que es indudable es que ese nitrógeno en
forma de nitrato es absorbido por los vegetales que lo emplean
para sintetizar sus proteínas y que se convierten en vehículos
que traen esos nitratos a nuestras mesas. También nos llegan a
través del agua que bebemos ya sea porque los contiene de forma
natural o porque ha sido contaminada por las prácticas agrícolas
o por los vertidos de residuos en las ciudades (el agua que bebemos
supone un 14% de la ingesta total de nitratos que hacemos a diario).
Otra vía por la que los controvertidos nitratos llegan a nosotros
es como conservante de carnes curadas, embutidos, salchichas,
fiambres, bacon, foie-gras, leche, algunos quesos y conservas
de pescados. También la cerveza o el humo del tabaco contienen
grandes cantidades de nitrato.
Pero, ¿está justificada la preocupación acerca de su seguridad?
Miles de estudios así lo certifican ya que se sabe que, convertidos
en nitritos, pueden generar un exceso de metahemoglobina que -según
los casos- podría conducir a la cianosis y a la muerte. Además
se admite que los nitritos pueden convertirse en el organismo
en nitrosaminas, sustancias de conocida actividad carcinógena.
Y sin embargo, por otro lado, está permitido su uso como aditivo
en la elaboración de productos cárnicos ya que se sabe que son
un potentísimo inhibidor del crecimiento de la bacteria Clostridium
botulinum que durante su desarrollo produce una proteína -la
toxina botulínica- extremadamente tóxica que incluso en dosis
de millonésimas de gramo puede causar la muerte de una persona.
Como vemos la controversia tiene base real ya que existen pros
y contras sobre el uso alimentario de los nitratos. Parece oportuno,
pues, saber algo más acerca de estas sustancias en las que se
conjuga como en pocas la relación riesgo/beneficio ya que por
un lado pueden provocar graves enfermedades pero por otra son
el medio más efectivo para evitar el botulismo.
RIESGOS Y BENEFICIOS
Antes de seguir es conveniente aclarar que
no debe cundir la alarma y que, por supuesto, no debe ni pensarse
en eliminar los vegetales de la dieta porque contengan nitratos.
Digamos que es un "mal menor" porque, de hecho, miles de estudios
corroboran que los consumidores habituales de frutas y verduras
son estadísticamente los que menos sufren algunos cánceres porque
las propias sustancias beneficiosas que contienen dichos alimentos
-vitaminas C y E, carotenoides, flavonoides, etc.- les protegen
y contrarrestan eficazmente los efectos negativos de los nitratos
y sus compuestos. Es más, el propio cuerpo produce nitratos (hasta
70 mg/día producen las bacterias intestinales), los contienen
algunos medicamentos (especialmente los vasodilatadores) y se
agregan a los dentífricos para fortalecer los dientes. Un consumo
normal de nitratos es por tanto de hecho inofensivo y los estudios
al respecto afirman que por sí mismos carecen de potencial cancerígeno.
Sin embargo, su peligro reside en su transformación química en
nitritos -mediante un proceso conocido como nitrificación- algo
que bien puede suceder durante la elaboración o almacenaje de
los alimentos, bien en el interior del cuerpo humano por la intervención
de precursores de la nitrificación. Así, por ejemplo, bajo condiciones
específicas -como puede ser una gastritis- los nitratos reaccionan
en el medio ácido del estómago con las aminas producidas por el
metabolismo de los alimentos proteicos originando nitrosaminas
que, como ya hemos dicho, son potentes carcinógenos.
Pero vayamos por partes. ¿Cuál es el origen de los nitritos que
llegan a nuestro organismo? Básicamente, como decimos, existen
dos posibilidades.
Por un lado, que esos nitritos se hayan formado en los alimentos
antes de que los ingiramos, bien por la acción de diferentes microorganismos,
bien por las elevadas temperaturas a las que hayan podido estar
expuestos. A este respecto algunos estudios de la propia Organización
Mundial de la Salud (OMS) muestran que las técnicas que se
emplean para la preparación de productos cárnicos y productos
de pescado (ya sea el ahumado, el secado, el cocido o la fritura
de estos productos) así como el deterioro o mal almacenaje de
las verduras pueden promover la formación de estos compuestos.
Pero también proliferan los nitritos cuando verduras ya hervidas
se recalientan, cuando se seca y tuesta la malta para elaborar
la cerveza o cuando se asan carnes grasas a altas temperaturas
como las que se producen en las barbacoas, parrillas y frituras
donde incluso se llega a la carbonización.
Por el otro, que esos nitritos se generen en el interior del organismo.
De hecho, los nitratos que contiene la propia saliva inducen la
nitrificación. Esos nitritos se transforman después en óxido nítrico
en el estómago a causa de la acidez natural de éste. Y en este
punto pueden ocurrir dos cosas. Una, que los nitritos se oxiden
en el estómago y den lugar, si el pH es muy ácido, a compuestos
como las nocivas nitrosaminas. Y dos, que como afirman los patólogos
de la Universidad de Aberdeen y del St. Bartholomews
Hospital de Londres la combinación de óxido nítrico y ácido
del estómago destruya bacterias perjudiciales como la salmonella
y la shigella.
Por todo ello los expertos coinciden casi unánimemente en señalar
que lo razonable es procurar evitar la formación previa de nitritos
en los alimentos y contrarrestar las efectos negativos que producen
controlando cuidadosamente la ingesta que hacemos de aquellos
que los contienen.
CONTROLAR LAS DOSIS
En cuanto a los cantidades la OMS ha establecido
una Ingesta Diaria Admisible (IDA) no superior a 3,7 mg
diarios por cada kilo de peso. En el caso de los bebés esa IDA
se rebaja hasta los 0,2 mg por peso corporal y día. Pero, ojo,
porque estas cantidades se han establecido sobre la base de lo
que el propio organismo internacional llama Nivel de no observación
de efectos adversos y pueden variar en función del estado
de salud general de quien los ingiere, entre otros factores. En
todo caso, y auque no sean una regla exhaustiva, esos valores
sirven como referencia para saber qué límites no debemos sobrepasar.
Conviene saber que en el caso de hacerlo sin ingerir al mismo
tiempo sustancias inhibidoras de la nitrificación como el hierro
o la vitamina C pueden empezar a aparecer problemas que serán
mucho más graves e inmediatos en el caso de que el afectado sea
un bebé o un niño de corta edad. A corto plazo pueden aparecer
mareos, náuseas, debilidad muscular, dolor de cabeza o pulso irregular.
Sin embargo, el mayor riesgo lo constituye el hecho de que los
nitritos destruyen los glóbulos rojos y transforman la hemoglobina
en metahemoglobina, un compuesto incapaz de transportar el oxígeno
a través de la sangre. La consecuencia es una enfermedad llamada
metahemoglobinemia -o "síndrome del bebé azul" porque ese color
adquieren los labios y el rostro de los afectados- que conduce
a la asfixia y, en casos extremos, a la muerte. En recién nacidos
y lactantes bastarían cantidades mínimas de estos nitritos para
desencadenar estos trastornos tan graves. ¿La razón? Por un lado,
su escasa o nula acidez estomacal que permite la proliferación
de bacterias que reducen los nitratos a nitritos y, por otro,
la existencia de un déficit en su sistema enzimático que impide
que se reduzca la metahemoglobina (grado de acidez y enzimas específicas
de las que sí disponen los adultos sanos). De ahí que se recomiende
encarecidamente no dar determinadas verduras a los niños menores
de seis meses ni utilizar aguas que contengan nitratos -aun cuando
sus niveles sean bajos- en los biberones o para cocer sus comidas;
y, por supuesto, no incluir en sus dietas embutidos y otras carnes
curadas hasta que tengan al menos dos años.
Por otro lado, si hablamos de los efectos negativos a largo plazo
tendremos que referirnos a la más que consabida acción cancerígena
de las nitrosaminas formadas a partir de los nitritos. De hecho,
en las experiencias de laboratorio observadas sobre animales -por
razones obvias no se puede experimentar en humanos una sustancia
tan peligrosa- se ha comprobado que pueden originar cánceres hepáticos
y, con menor frecuencia, también de esófago, pulmón, estómago
y páncreas. También se sabe, esto ya en humanos, que existe una
correlación directa entre el consumo prolongado de alimentos o
aguas con exceso de nitratos y los cánceres gástricos.
Afortunadamente existen formas de reducir considerablemente los
riesgos asociados a la formación de nitritos (vea recuadro
adjunto), muchas de las cuales pasan por manipular, almacenar
y cocinar correctamente los alimentos que contienen nitratos.
REDUCIR LOS RIESGOS
La acción de los nitritos se puede ver afectada
por la presencia en nuestra dieta de determinados nutrientes que,
de hecho, bloquean el mecanismo químico de formación de nitrosaminas.
Estas sustancias son los ascorbatos, especialmente el ácido ascórbico,
y el hierro.
En el caso del ácido ascórbico de los alimentos que contienen
vitamina C -de forma natural o añadida- se sabe que potencia la
acción antimicrobiana de nitratos y nitritos al tiempo que reduce
su concentración y evita la formación de nitrosaminas. De ahí
que, por ejemplo, en Estados Unidos el empleo de este ácido junto
con los nitritos sea obligatorio para las empresas que elaboran
productos cárnicos. Y de ahí también que se recomiende acompañar
la ingesta de alimentos ricos en nitratos con aquellos que contengan
de forma natural cantidades importantes de vitamina C.
En cuanto al hierro se vuelve a manifestar ese delicado equilibrio
que se establece entre los riesgos y los beneficios que genera
un mismo componente. Nos explicamos: se sabe que el hierro forma
unas sales que impiden la acción de los nitritos. Es evidente,
por tanto, su efecto preventivo. Pero, por otro lado, esto implica
que aquellos alimentos en los que haya una elevada concentración
de este mineral -como en los patés, la morcilla, el hígado, etc.-
quedará muy mermada la capacidad de los propios nitritos para
inhibir la formación de la peligrosa toxina botulínica que se
genera a partir de la bacteria Clostridium botulinum. Y
a nadie se le escapa que la carne y todos los productos elaborados
a partir de ella son una excelente caldo de cultivo para el crecimiento
de este tipo de patógenos. Por eso para prevenirlo los expertos
recomiendan la adición de nitritos a los alimentos cárnicos, especialmente
en aquellos perecederos y poco fermentados como el jamón cocido,
los fiambres, las salchichas o el beicon.
Por tanto, aunque la presencia de nitratos y nitritos puede constituir
un riesgo para la salud su eliminación total podría suponer un
peligro aún mayor porque quedaríamos expuestos a la acción de
diferentes patógenos -especialmente al botulismo- que pueden llevarnos
a la muerte en pocos minutos. En suma, nitratos y nitritos resultan
necesarios para garantizar la seguridad de ciertos alimentos.
En cuanto a los riesgos que implican, una vez conocidos podremos
consumirlos de forma que logremos decantar la balanza hacia el
platillo de los efectos positivos frente a los negativos. Le explicamos
cómo en el recuadro adjunto.
Laura Jimeno
Consejos para minimizar los efectos
de los nitratos
Consuma
las verduras y hortalizas lo más frescas posible. Se trata de
evitar así que los nitratos que haya en ellas se conviertan en
nitritos antes de ser consumidas. No las conserve mucho tiempo
y consúmalas lo antes posible, ya sea crudas o cocidas. Evite
las que vengan envasadas en plástico o hayan estado almacenadas
porque pueden ya contener cantidades importantes de nitritos.
Quite
las hojas más externas y verdes de los vegetales más ricos. Aunque
son las que concentran mayor cantidad de vitaminas también en
ellas la concentración de nitratos es elevada.
No
coma las nervaduras ya que son las partes con mayor concentración
de nitratos. De hecho, en el caso de la lechuga con esta práctica
se elimina el 30% del nitrato.
Lave
una a una las hojas de las verduras que vaya a comer crudas. En
cuanto a las frutas, lávelas y frótelas luego ligeramente con
un paño. Los nitratos y nitritos con muy solubles en agua y un
buen lavado puede eliminarlos en parte.
Por
esa misma razón es conveniente cocinar las verduras ricas en nitratos
en agua. De esa forma, por ejemplo, se elimina hasta el 75% de
los nitratos en el caso de la escarola. Eso sí, no aproveche luego
ese agua para elaborar sopas o purés. Y no recaliente las verduras
ya cocidas porque eso hace aumentar la proporción de nitritos.
Si
conoce el origen opte por productos ecológicos y obtenidos al
aire libre, no en invernaderos. Lo decimos porque por la falta
de luz solar directa y por la mayor temperatura los cultivos en
invernadero no metabolizan adecuadamente el abono con nitratos.
En consecuencia, las verduras de invernadero -especialmente en
los meses de invierno- pueden contener el doble y hasta el triple
de nitratos que los cultivados al aire libre. De ahí que nuestra
recomendación sea consumir las verduras y hortalizas propias de
cada estación, a ser posible cultivadas al aire libre. Y sin son
de invernadero escoja las que acumulan menos nitratos (vea el
recuadro).
Para
contrarrestar los efectos de los nitratos y nitritos puede acompañar
su ingesta con algún inhibidor natural de la nitrificación gástrica.
En este sentido, la vitamina C se ha mostrado especialmente eficaz
reduciendo la cantidad de nitritos en el organismo. Además, ante
ello, reacciona más rápidamente que las aminas por lo que la producción
de las cancerígenas nitrosaminas queda muy limitada.
Restringa
la ingesta de salazones de pescado, productos ahumados, quesos
curados, embutidos y fiambres de toda clase.
Si
toma cerveza sepa que las que más nitritos contienen son las oscuras
y muy malteadas.
Evite
el tabaco. Tenga en cuenta que su humo es una de las principales
fuentes de nitritos.
Las verduras y su contenido en nitratos
Las verduras y su contenido en nitratos Los
expertos han consensuado una tabla en la que se recoge la tendencia
de las diferentes verduras a acumular nitratos. Tabla muy útil
si quiere saber con cuáles de ellas deberá ser especialmente cauteloso
para evitar excesos:
Tendencia
elevada: espinacas, lechuga, acelga, repollo, remolacha, rábano
y rabanito y nabo.
Tendencia
media: col, coliflor, apio, calabacín, berenjena, zanahoria y
tomate.
Tendencia
baja: coles de Bruselas, endibias, cebolla, judías verdes, pepino
y pimiento.
Peligrosos
pero necesarios
Los nitratos y los nitritos son aditivos -conservantes,
concretamente- permitidos y recomendados por las autoridades reguladoras
de la producción de alimentos de países de todo el mundo. Y lo
son porque se sabe que impiden el crecimiento de bacterias y hongos
que generan toxinas, algunas de las cuales son muy peligrosas
e, incluso, letales para el ser humano.
Los que se utilizan son el nitrito potásico (E249), el nitrito
sódico (E250), el nitrato sódico (E251) y el nitrato potásico
(E252) y se emplean para conservar carne curada y otros productos
cárnicos, salchichas ahumadas, tocino, jamón, carne enlatada,
embutidos, quesos Gouda y Mimolette, foie-gras, arenques en conserva,
leche y algunos derivados lácteos.
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