MILES de españoles
viven estas fiestas navideñas entre
lágrimas de impotencia y con el corazón
atenazado por la angustia al saber que sus
vidas -o la de algún familiar cercano-
se encuentran desde hace unos meses en grave
peligro a causa de la retirada de un producto
de eficacia contrastada en diversas patologías:
el Bio-Bac. Una decisión avsurda y
éticamente aberrante porque ademñas
se sabe de forma fehaciente que se trata de
un producto inocuo, es decir, carente de efectos
secundarios o yatrogénicos. Aunque
la ministra de Sanidad y Consumo, Ana Pastor,
diga lo contrario escudándose en lo
que le dicen sus "técnicos"
de la Agencia del Medicamento. Una ministra
que no ha tenido reparo alguno en afirmar,
sin el más m´nimo conocimiento
de causa, que el Bio-Bac ni previene, ni cura
nada, que se ha atrevido a decir falsamente
que los documentos con los ensayos clínicos
que Rafael Chacón presentó en
el ministerio y en los juzgados son los mismos
de hace 20 años y que asegura que en
los frascos y viales incautados y analizados
por sus técnicos han aparecido hongos
(que explique por qu´w sólo aparecen
en los frascos que analizan sus técnicos
y en ninguno más) alegasndo que por
eso no pueden ponerse al alcance de los enfermos.
Declaraciones todas ellas carentes de fundamento
-por no decir simplemente falsas- como estamos
seguros de que los tribunales terminarán
por demostrar y que, a nuestro juicio, la
inhabilitan para el cargo público que
ocupa. En una sociedad democrática
no puede consentirse que un ministro mienta
con esa impunidad Ana Pastor está de
más en un cargo en el que, por otra
parte, sólo ha destacado en estos meses
por suabusiva utilización de los cuerpos
de seguridad del Estado. Y es que nunca en
la historia de España hemos visto a
tantos empresarios del sector de la salud,
médicos , farmacéuticos, químicos,
terapeutas y hasta pacientes detenidos por
la Guardia Civil acusados de delitos de tan
escasa entidad -en operaciones inmediatamente
comunicadas a los medios de comunicación
a bombo y platillo- y tantos productos inocuos
secuestrados y retirados de forma tan arbitraria
como ahora. Como jamás se han visto
tantos registros injustificados en empresas
de reconocido prestigio, alguna de ellas incluso
pertenecientes a multinacionales del sector.
No, la actuación de la actual ministra
de Sanidad y Consumo ha excedido los límites
de lo toledable. Sigue creyéndose que
está en el Ministerio de Interior persiguiendo
a delincuentes peligrosos y terroristas. Bueno,
pues mucho nos equivocamos o van a terminar
siendo los tribunales los que pongan en su
sitio, al igual que a algunos de sus colaboradores.
En todo caso, lo que de verdad nos solivianta
es el hecho de que miles de españoles,
entre ellos muchos niños, pueden morir
por su prepotencia. Pues bien, si para intentar
impedirlo hay que se políticamente
incorrecto, lo seremos. Ya han muerto tres
personas y la vida de un solo ser humano está
por encima de los intereses económicos
de quienes han orquestado esta conspiración
política y mediática. Y no nos
vamos a callar.
José
Antonio Campoy
Director