Kafkianas
declaraciones de Fernando García Alonso al diario "El País
Fernando García Alonso, director
de la Agencia Española del Medicamento y principal responsable
de que el Bio-Bac se haya retirado del mercado -por mucho
que les diga a los representantes de los consumidores con
los que ha hablado que el asunto no está en sus manos sino
en las de la jueza que lleva el caso haciendo creer que
él no tiene nada que ver en una posible solución- efectuó
unas kafkianas declaraciones al diario "El País" que salieron
publicadas el pasado 2 de Marzo, parte de las cuales no
podemos dejar de reproducir porque desvelan claramente su
singular pensamiento y su forma de proceder.
En ellas, por ejemplo, asevera que el actual sistema sanitario
público español es
"buenísimo", "en muchos sentidos,
modélico"; sistema -añade- que es una clara
"herencia
del franquismo" que luego se ha
"mejorado y consolidado".
Algo que debemos especialmente al conocido falangista
Girón
de Velasco y al
Caudillo (hacía años que no oíamos
a un alto cargo llamar así a
Franco).
"Es indiscutible
-comenta-
que el régimen franquista tenía un contenido
social. Y falangismo y socialismo no son dos mundos completamente
distintos." Que la excelencia del sistema sanitario
público español no admite para él dudas lo corroboran otras
dos de sus afirmaciones:
"No conozco ningún país del
mundo que tenga la prestación farmacéutica de España";
aseveración a la que añade que la financiación sanitaria
del Estado español es
"la más generosa del mundo".
Y hay que reconocer que eso es verdad: las multinacionales
están encantadas con tanta generosidad. Por eso están tan
dispuestas también a ser "generosas" con el poder.
A este cúmulo de alabanzas del sistema seguirían otras,
al punto de que al periodista que le entrevista llega un
momento en que no le queda más remedio que decirle:
"La
percepción del público no es esa". Comentario al que
su interlocutor responde:
"Tiene razón. La percepción
que la sociedad tiene de algunas cosas es el mayor escollo
psicológico que tengo en mi trabajo. A mí me molesta mucho
que la Agencia, como muchos otros organismos públicos, no
tenga crédito entre los ciudadanos". Y agrega más adelante:
"A mí me sorprenden percepciones públicas de las cosas que
nada tienen que ver con la realidad". Vamos, que los
ciudadanos somos tan tontos o tan ingratos no sabemos valorar
la fantástica situación de nuestra sanidad, una maravillosa
realidad que en cambio él sí visualiza. Y ya en el colmo
de la irrealidad, echa la culpa de ello a los medios de
comunicación:
"Los medios son los grandes culpables de
esta percepción. Creo que vivimos en un mundo imaginario,
retórico, en que las imágenes de la prensa son sombras chinescas
de la realidad, con muy poca vinculación con lo empírico".
Sin comentarios. Llegados a este punto, el periodista le
pregunta:
"Sobre lo empírico, ¿qué diferencias hay entre
el Bio-Bac y la homeopatía?"
A lo que García Alonso responde:
"Muchas diferencias,
claro está. Pero ambas tienen en común que son terapéuticas
científicamente no validadas". Obviamente, García Alonso
descubre aquí ya su pensamiento cientófilo y cientólatra,
tan común entre muchos fanáticos del llamado "método científico"
(véase nuestro esclarecedor y desmitificador artículo
"¿Existe la Medicina Científica?" publicado en el número
de febrero pasado). Especialmente cuando agrega gratuitamente
que
"medicamento quiere decir algo que cura". Algo
que, a su juicio, sólo puede demostrarse mediante los clásicos
ensayos clínicos lineales. Sólo que ambas afirmaciones son
gratuitas por no decir claramente falsas. La eficacia de
la Homeopatía está fuera de toda duda. Hasta la propia Organización
Mundial de la Salud lo reconoce. Por eso son muchos miles
los médicos convencionales de Occidente que ya la utilizan...
aunque los productos homeopáticos no hayan "demostrado"
su "eficacia terapéutica" mediante ensayos clínicos a doble
ciego. Como no la han demostrado los productos fitoterapéuticos,
ni van a tener que hacerlo en el futuro. La normativa europea
que va a aprobarse en breve así lo determina, decisión que
a García Alonso le parece
"muy sorprendente" y algo
que le molesta profundamente:
"A mí, intelectualmente,
me resulta repugnante admitir un medicamento como tal sin
haber mostrado su eficacia a través de ensayos clínicos".
Una repugnancia que le alivia el saber que los productos
homeopáticos y fitoterapéuticos probablemente llevarán una
leyenda que dirá
: "La eficacia de este medicamento no
se ha probado mediante métodos científicos".
El caso es que este choque entre
su realidad y
la
realidad le ha llevado a tener que "transigir" con muchas
cosas que no admite. Y así, ha tenido que adaptar su lenguaje
para ocultar su contrariedad.
"Yo también practico la
retórica políticamente correcta como única forma de supervivencia",
confiesa en un inesperado arranque de
"sinceridad" De
sinceridad y de aparente asunción del clásico rol del
"pobre de mí", "farsa de control" tan bien descrita
en la conocida obra de
James Redfield "Las nueve
revelaciones". Porque, si no, ¿cómo calificar estas
"confesiones"?:
"No le contaré mi vida que es muy triste..."
"He sufrido el choque entre aquel nirvana de la realidad
de ciencia donde estudié y la realidad de la industria farmacéutica.
El choque me causó grandes problemas. Fui vehemente, fui
inoportuno y fui debidamente castigado. Ahora me he vuelto
más temperado. Mi desmoralización no es completa porque
si yo he cambiado también lo ha hecho la industria farmacéutica."
-Usted decía antes -le diría su entrevistador-
que
la Agencia que dirige, como en general la Administración,
tienen menos crédito que...
-Sí, menos crédito que cualquiera -responde-.
Sí,
que un charlatán, que el máximo defensor del Bio-Bac, por
ejemplo... Un hombre, por cierto, que cree en extraterrestres
y niega la existencia del virus del Sida... ¡El crédito,
ese es el problema!
En fin, no seremos nosotros los que le neguemos a Fernando
García Alonso que no tiene crédito ante la gente. Si él
está convencido de que tiene menos crédito que cualquier
charlatán será verdad. De hecho, su percepción sobre el
estado de la actual "batalla" contra quienes exigen que
se les permita acceder al Bio-Bac es también meridiana:
"Le seré sincero -le dice al periodista-.
No creo
que la estemos ganando. Incluso visto el lado estrictamente
privado. Yo vivo como una agresión intelectual el consumo
en mi entorno de todo tipo de productos mágicos. A mí me
resulta sorprendente. Y especialmente doloroso cuando la
persona que lo hace tiene un estatus intelectual elevado.
Para mí lo importante es tratar de entender cómo la magia
tiene tantos adeptos en nuestra sociedad. ¡Cómo es posible
tanta credulidad! Desde este punto de vista, con la historia
del Bio-Bac yo me siento derrotado. Hemos quedado como los
malos de la película. Los que hemos defendido la razón y
la salud hemos sido derrotados. A mí no me cabe la menor
duda de que la instancia judicial acabará poniendo la razón
en su sitio. Pero mientras tanto ahí está el juicio de la
prensa, de la opinión pública y, lo que es peor, el juicio
de los que me rodean. No digo que la gente me vaya a reclamar...
Pero estoy seguro de que algún familiar mío me defiende
porque es familiar (...) pero no termina de entender mi
postura..." .
¿Cabe mayor confesión de derrota? García Alonso reconoce
que ni siquiera muchas de las personas de su entorno o de
su familia entienden su postura. Sólo que en lugar de plantearse
por qué sucede eso se limita a quejarse de que sea así.
A fin de cuentas, ¡él está en posesión de la verdad!
Obviamente, no tiene razón. Porque en este caso al menos
da la "casualidad" de que el Bio-Bac es un producto de eficacia
científicamente contrastada, con varios ensayos clínicos
impecables efectuados en centros de reconocido prestigio
por profesionales muy cualificados.
Y él lo sabe aunque públicamente lo
niegue. Por eso sus palabras pretendiendo
mezclar el Bio-Bac con algo "mágico" o "esotérico" no sólo
son injustas y falsas sino mezquinas. En lo único en que
tiene razón es que en la Justicia pondrá las cosas en su
sitio. Sólo que entonces sí que va a sufrir probablemente
un choque auténticamente brutal entre el nirvana de sus
fantasías y mentiras y la realidad de los hechos.
Para muestra, un botón más: el periodista de
"El País"
-que sigue acríticamente el juego a su interlocutor durante
toda la entrevista- también le preguntaría si Sanidad no
se planteó financiar los ensayos clínicos para
"acabar
con la expectativa angustiosa de los enfermos". A lo
que García Alonso respondería:
"Hemos pensado en ello.
La dificultad es que el Bio-Bac no es siempre el mismo medicamento.
La composición varía y sería un paripé como de feria hacer
un ensayo clínico con un producto que varía de lote a lote".
Una más de sus mentiras porque muy pocos días después
de aparecer la entrevista con esa declaración ofreció la
posibilidad de hacer los ensayos clínicos a los representantes
de los consumidores de Bio-Bac a los que recibió en el ministerio,
asumiendo además el Estado su coste (unos 750 millones de
pesetas, según se les dijo). Así nos lo aseguraron las personas
a las que recibió. Luego, ¿en qué quedamos? ¿A unas personas
les dice que se puede y a otras que no? Claro que García
Alonso también dijo que el informe sobre el Bio-Bac que
firmó su subordinado
Francisco Salmerón (¿fue o no
cesado a los pocos días?) dejaba clara
"la falta de eficacia
terapéutica" del Bio-Bac cuando en ese texto no se dice
nada parecido en absoluto. Lo que en él se dice es sólo
que
los ensayos clínicos no han sido valorados. ¿Fue
cesado precisamente el Sr. Salmerón por eso, por no decir
lo que García Alonso dice que dice el informe? Pero, hombre,
si García Alonso ha llegado a afirmar en marzo en el programa
de
Luis del Olmo que
"no existen ensayos clínicos
sobre el Bio-Bac". Una aseveración que raya ya en el
delirio teniendo en cuenta que obran en poder de la jueza
y de la propia Agencia del Medicamento. Tan es así que sabemos
que ésta ha pedido a mediados de marzo oficialmente a la
agencia que los valore. Sí, que valore esos ensayos clínicos
que según García Alonso no existen...
Kafkiano. Y vergonzoso. ¿Cuándo va a tener tiempo la ministra
de Sanidad y Consumo,
Ana Pastor, de ocuparse del
lamentable episodio que está protagonizando el director
de la Agencia Española del Medicamento? ¿Cuándo va ser fulminantemente
cesado?.