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lo largo de los últimos años Discovery DSALUD ha venido publicando algunas de
las cartas que los lectores de la revista nos han enviado sobre el libro "La
Dieta Definitiva". Y como quiera que se trata de testimonios reales que pueden
ser ilustrativos para otras personas hemos decidido recopilarlas. |
Nº
99 (Noviembre del 2007)
Estimado
Sr. Campoy: soy suscriptora y lectora de la revista que Ud. dirige y asimismo
seguidora de La Dieta Definitiva. Compré el libro, llevé a cabo la cura depurativa
con el sirope de savia y a continuación comencé la dieta que sigo al pie de la
letra desde el 19 de septiembre. Y estoy encantada porque puedo comer mejor que
nunca y no tengo ansiedad. Pero tengo alguna duda como la siguiente: en la página
173 del libro aparece entre los alimentos permitidos el boniato y la yuca pero
en la 76 -Raíces y tubérculos- el boniato queda claramente excluido. Por
mi parte, el boniato había quedado fuera de mis recetas pero sentía curiosidad
por conocer la yuca y decidí probar por mi cuenta qué se podía hacer con ella.
La herví en agua con sal y luego la añadí, bien escurrida, a un poco de cebolleta
pochada a cuya mezcla incorporé huevo batido y resultó una apetitosa y falsa "tortilla
de patata". Tan rica me pareció que creo que debe ser pecado contra la dieta.
Mi pregunta es : ¿puedo tomar yuca? Y otra pregunta más: ¿es normal recuperar
el peso perdido tras la cura con el sirope? Tras 7 días más los 2 de transición
perdí 4 kg. Pero ahora, y pese a seguir La Dieta Definitiva, peso kilo y medio
más. No pierdo el ánimo porque tengo muchísima ilusión en asumir su forma de alimentación
y espero que mi decisión de abandonar mis anteriores hábitos dé resultados no
tardando mucho. Sr. Campoy, le agradezco mucho lo que hace por los demás. A mí
me está sirviendo y también a mi familia. Le deseo lo mejor y que pueda seguir
así muchos años más. Le saluda cariñosamente
Maria
Jose Morán (Zaragoza)
Tiene usted
razón. La contradicción en el caso del boniato es evidente. Ignoramos por qué
se coló en la lista de los Alimentos Permitidos porque -como usted bien
explica- al hablar de ese vegetal en el texto dedicado a las raíces y tubérculos
se deja bien claro que debe excluirse de la dieta. De hecho, el boniato es en
realidad una variedad de la batata aunque mucha gente los considera tubérculos
distintos y de ahí que se traten en el libro como si lo fueran. Y la batata no
figura entre esos alimentos permitidos. Lo curioso es que ese error ha pasado
desapercibido no sólo para nosotros sino para las miles de personas que han leído
el libro ya que hasta usted nadie había advertido la contradicción. Se lo agradecemos
pues sinceramente y arreglaremos el error en próximas ediciones aunque también
debemos decirle que a la hora de seguir la dieta probablemente haya influido poco
ya que se trata de un alimento poco consumido en nuestro país y si se ingiere
se hace de forma muy ocasional. En cuanto a la yuca efectivamente contiene hidratos
de carbono pero puede ingerirse sin abusar. Piense que en realidad todos los vegetales
permitidos contienen básicamente hidratos de carbono y, sin embargo, se permiten
en la dieta porque se trata de carbohidratos complejos, no simples; y, por tanto,
de asimilación lenta. Y La Dieta Definitiva no es propiamente una dieta
disociada. Por lo que respecta a la recuperación inicial de peso al dejar el ayuno
con sirope de savia no se preocupe. Recuerde que al principio lo que usted elimina
es agua, líquido. Y al volver a comer incorpora alimentos con sodio y, por consiguiente,
es normal que retenga algo más de agua. Pero se trata de un proceso momentáneo,
temporal. Lo importante, como se explica en el libro, es que pierda usted grasa
y volumen. El peso es siempre engañoso. Nº
72 (Mayo del 2005)
Sr. Campoy: me
enteré de que existía La Dieta Definitiva a través de la revista y, entusiasmado,
compré el libro hace una semana. He empezado haciendo primero la desintoxicación
con el sirope de savia como en él se sugiere y me está resultando increíblemente
efectivo. No sólo por la reducción de hinchazón y volumen sino también por el
hecho de que, efectivamente, ¡no paso hambre! Y me deja hacer una vida normal
sin ansiedad por lo cual, desde ya, le estoy muy agradecido. Pero tengo un pequeño
problema con la dieta y es que en mi familia -mi pareja, mis dos hijos y yo- somos
ovo-lacto-vegetarianos. Por tanto, reemplazamos las proteínas de la carne y el
pescado por las de la soja y el gluten de trigo pero, según usted indica, son
lipido-glúcidicos y no deben tomarse. Eso hace, teniendo en cuenta la lista de
alimentos permitidos, que nos quede muy poco margen de acción para preparar comidas.
¿Qué podemos hacer? Porque suponemos que debe tener alguna solución para ello
aunque no lo haya incorporado en el libro (además puede ser buena idea para futuras
ediciones). Sin más, le saludo afectuosamente a la espera de una pronta respuesta
y aprovecho para felicitarle por el excelente trabajo de divulgación que ofrece
la revista que no me canso de recomendar. Daniel
D'Aviri (Santiago de Compostela) Todos
los alimentos -y eso incluye por tanto las frutas y verduras- contienen proteínas.
Otra cosa es que la asimilación de las proteínas vegetales sea más dificultosa
que las de la carne, el pescado y el marisco. En cualquier caso, el huevo -y usted
lo toma- es una excelente fuente proteica. Lo mismo que los lácteos. Y en La
Dieta Definitiva están permitidos el queso fresco tipo Burgos y tipo Quarck,
el requesón bajo en grasas, el yogur natural, el flan de huevo, el petit-suisse
ligero, el kéfir de leche pasteurizada y la nata montada ligera -sin azúcar-.
Y si no es usted demasiado estricto podría tomar gelatina, producto proteico por
excelencia. Por otra parte, también puede tomar complejos de aminoácidos. Hay
muchas marcas en el mercado. A fin de cuentas, los aminoácidos son los "ladrillos"
de los que están compuestos las proteínas.
Nº
70 (Marzo del 2005)
Sr. Campoy: a primeros de mayo del pasado año, hace nueve
meses ahora, acudí al endocrino porque mi médico de cabecera me dijo que tenía
que adelgazar urgentemente 30 kilos al menos. Así que fui, pidió que me hiciera
varios análisis y me puso un régimen estricto. Un mes después, tras pasar auténtica
hambre, no había perdido prácticamente peso a pesar de que lo seguí a conciencia.
Volví a su consulta, se lo dije, me modificó la dieta y me animó a intentarlo
de nuevo tras darme en esta ocasión un ansiolítico suave al ver mi estado de nerviosismo,
un diurético para perder líquido, unas cápsulas de fibra sintética y unas hierbas
para mejorar la digestión. Pasó otro mes en el que la sensación de hambre fue
en esta ocasión casi insoportable, tomé puntualmente todo lo que me dijo, seguí
el régimen sin saltármelo para nada consciente de que mi vida podía estar en juego
como me dijo mi médico de cabecera y dejar solos a mis dos hijos pequeños, y un
mes después fui de nuevo a su consulta como me había pedido. Y lo hice sin pesarme
porque me lo sugirió para evitar que me obsesionara además de explicarme que muchas
básculas no eran fiables y que el seguimiento de los resultados había que valorarlos
con el mismo aparato. Reconozco que a pesar de todo iba mosqueada porque no tenía
la impresión de haber adelgazado nada. Y, en efecto, al pesarme resultó que no
sólo no había adelgazado un gramo sino que ¡había engordado dos kilos! Cuando
vi el peso me eché a llorar. ¡Dos meses muriéndome de hambre y había engordado!
El endocrino reaccionó entonces diciéndome que era imposible que hubiera seguido
sus indicaciones exactamente y que no me hubiera saltado la dieta. Me indignó
tanto su actitud que si mi marido, que había ido conmigo, no me sujeta le hubiera
dado una torta allí mismo. Con rabia contenida salí de su consulta llamándole
algunas cosas que no voy a repetir y me largué soltando todo tipo de improperios.
Hoy lamento algunos de aquellos insultos porque soy doctora en Lingüistica y sé
que las palabras pueden herir profundamente aunque la verdad es que, sobre todo,
me avergonzó perder el control de esa manera. Al día siguiente le conté lo sucedido
a mi médico y me dijo que quizás se debiera a que mi tiroides no funcionaba correctamente.
Así que me pidió que siguiera unos días más la dieta -me dejé convencer de ello
tras media hora de discusión- pero que añadiera unas cápsulas de yodo y un complejo
vitamínico porque me sentía débil. Le hice caso, me pesé a los quince días y no
había perdido más que medio kilo. Y encima me encontraba todo el día cansada,
empezaba a tener calambres y me costaba conciliar el sueño por las noches. Me
volví a poner a llorar. No sabía qué hacer. Para calmarme me fui a la peluquería,
habitual recurso femenino cuando una está deprimida, y entonces vi en la mesita
un ejemplar de su revista mientras esperaba mi turno. Era antiguo -de hace más
de año y medio- pero me llamó la atención la portada y como no soporto las revistas
del corazón me puse a leerla. Y fue entonces cuando me enteré de que existía el
libro que usted ha escrito con el nombre de "La Dieta Definitiva". Le confieso
que, dado mi estado de ánimo, pensé que alguien que había osado sacar un libro
con un título como ese era un sinvergüenza. Decírselo me provoca sonrojo pero
no podía evitar pensar que tenía que tratarse de otro farsante que sólo quería
sacar dinero con un problema grave que agobia a mucha gente. Sin embargo, luego
leí varios artículos -tuve que esperar casi tres cuartos de hora- y el contenido
de la revista me impactó tanto que quise saber quién la dirigía encontrándome
con la sorpresa de que era el mismo autor del libro. Sentí un cúmulo de sensaciones
extrañas. No se por qué, decidí creerle a usted y compré el libro nada más salir
de la peluquería en una librería cercana. Al llegar a casa me puse a leerlo y
le diré algo: no paré hasta terminarlo ¡a las cinco de la madrugada! Al día siguiente,
siete de agosto -no voy a olvidar nunca esa fecha-, decidí seguir su dieta -creo
que se ha equivocado llamándola así porque no es propiamente una dieta sino una
forma de comer- y me hice la promesa de que tanto si funcionaba como si no le
escribiría para felicitarle o para decirle sin tapujos lo que pensaba. Pues bien,
el día en que escribo estas líneas se han cumplido exactamente seis meses desde
que empecé su "dieta".¿Sabe el resultado? Peso 58 kilos -mido un metro sesenta
y siete- y cuando empecé mi peso era de 85. Es decir, he perdido 27 kilos en seis
meses. Y eso que he tomado cuanto me ha apetecido, no he tenido nunca que preocuparme
de saber si ingería mucha o poca comida con lo que no he pasado nunca hambre,
no he tomado una sola pastilla, me he sentido siempre con energía, he dormido
como cuando era niña y el único ejercicio que he hecho es pasear una hora diaria.
Quiero darle mi más sinceras gracias. Tenga la certeza de que estará siempre en
mi corazón y en el de mi familia. Y le ruego encarecidamente que publique esta
carta tal cual a pesar de su extensión porque me parece importante que otras personas
conozcan mi testimonio. Aunque hacerlo le provoque reparo porque sé -me he informado-
de que lleva mal los halagos. Se lo ruego aunque me veo obligada a pedirle que
no publique mi primer apellido porque podría perjudicarme. Sólo una cosa más:
voy a pasarme por la consulta de mi endocrino... con una foto del año pasado.
Porque dudo que me reconozca. Y esta vez, con calma pero con claridad, voy a decirle
lo que pienso. Un fuerte abrazo. Marisa
G. Gómez (Valladolid) Hemos
decidido complacerla. Por lo demás, sólo podemos darla las gracias por sus amables
palabras. Nº
67 (Diciembre del 2004)
Sr. Director: cada año me pasa lo mismo. A medida que se
acercan las fiestas navideñas me empiezo a sentir cada vez más triste hasta el
punto de que a mediados de diciembre entro ya en una especie de pre-depresión.
Me pone enfermo ver tanta luz navideña en las calles. Y no sólo porque en realidad
no se ponen para recordar la fecha de Navidad sino para atraer a la gente a las
tiendas y consumir de forma desaforada sino porque me entra una angustia interna
que resuelvo estúpidamente... comiendo. Y si a ello añadimos que todo el mundo
se empeña esos días en organizar comidas y cenas de celebración, ya ni le cuento.
En mi casa, por ejemplo, se celebra cena familiar la noche del 24 de diciembre,
la comida del 25, la noche del 31 y la comida de Año Nuevo. Además acudo a la
de la empresa -si no vas eres un antipático o un aguafiestas- y a la que celebra
mi grupo de amigos de la infancia, la que dan los padres de mi mujer y la que
se empeñan en organizar los vecinos de mi urbanización porque hay que crear "buen
rollito" entre nosotros. Bueno, supongo que a mucha gente le pasa algo similar
pero a mi lo que me pone enfermo de verdad es que las mesas están siempre a rebosar
y en lugar de una comida normal hay dos decenas de aperitivos -la mayor parte
salados- y cuarenta tipos distintos de postres dulces y secos -mantecados, polvorones,
turrones etc.- que encima incitan a beber. Con lo que si ya deprimido me harto
a comer y beber... esos días la cosa se vuelve indescriptible. Lo confieso: cada
año engordo en diciembre entre 7 y 10 kilos. Y me paso todo el año para perderlo...
lo que logro allá por el verano. ¿Será posible que año tras año haga el imbécil
de esa manera y no consiga evitarlo aunque me lo proponga? ¿Qué me aconseja? Ya
no sé qué hacer para salir de ese círculo vicioso. Y, por otra parte, ¿en mi caso
sería útil seguir la Dieta Definitiva? Tengo 42 años, no hago ejercicio
de ningún tipo, prácticamente ni camino porque trabajo en una oficina a la que
acudo en coche y estoy sentado todo el día de 9 a 2 y de 4 a 7. Y cuando llego
a casa a las 8 sólo me apetece tumbarme en el sofá a ver un rato la tele. Con
lo que tras cenar, me tumbo otra vez a ver una película y luego me voy a la cama.
Vamos, que no quemo precisamente muchas calorías... Espero ávidamente su
respuesta. César
Higuero (Cáceres) ¿Qué
es realmente lo que nos pides, César? ¿Un milagro? ¿Quizás un método para comer
y beber en exceso, no hacer ejercicio alguno... y a pesar de todo no engordar?
¿O quizás unas pastillas que te hagan adelgazar sin esfuerzo... como sueña tanta
gente? Porque no existen aunque haya quien engorde año tras año su cuenta corriente
vendiendo ilusiones a gente dispuesta a hacer adelgazar la suya. Obviamente, hay
aparatos de gimnasia pasiva que pueden ayudarte (electroestimuladores, hipertermia,
aparatos de masaje, saunas...). Pero sólo ayudarte. Mira, tu problema -como el
de cientos de millones de personas- se reduce a una cuestión mental. Créelo: si
quieres, ¡puedes! Sin la menor duda. Pero tienes que querer. Y querer no
es desear: implica voluntad. Sabiendo además que, como dice un refrán popular
-compendio de la sabiduría milenaria- el que algo quiere... algo le cuesta. Y
te aseguramos que hay numerosos métodos diseñados por muy diversas escuelas de
pensamiento y crecimiento personal. Si no eres capaz de hacerlo tú sólo... prueba
en alguna de ellas y aprende a encontrarte. Aprende a crecer. Aprende a ser independiente...
y no dependiente del entorno, de los demás o de la comida. Aprende a ser feliz.
Preguntas además si te vendría bien La Dieta Definitiva. Hombre,
por supuesto que sí. Especialmente porque el libro enseña a comer sin engordar;
no solo a adelgazar. Sin apenas esfuerzo ni pasar hambre. Sin tomar pastillas,
laxantes o diuréticos. Y sin contar calorías o pesar la comida. ¿Qué más quieres?
Es verdad que tiene sus "condiciones" pero ese es el precio a "pagar" y es muy
pequeño teniendo en cuenta el resultado y la rapidez con que se obtiene el éxito.
Y una de esas condiciones es la de tener voluntad, paso previo-siempre- para poder
obtener lo que uno quiere. Y es que -insistimos- querer es poder.
Nº
61 (Mayo del 2004)
Me llamo Héctor V. A., soy suscriptor de la revista desde
el primer número y el motivo de mi carta es el siguiente: casi desde niño vengo
padeciendo obesidad de origen hipotiroideo que en los últimos años se fue agravando
y a pesar de probar dietas, pastillas y productos "milagrosos" nunca conseguía
bajar más de diez kilos. Con La Dieta Definitiva lo estoy consiguiendo
sin pasar nada de hambre pero ahora tengo un problema: tengo la piel colgando
en las zonas con más acúmulos de grasa (cintura, brazos, zona genital y piernas)
y ello me provoca roces en la piel hasta el enrojecimiento -particularmente en
la zona genital- que no consigo evitar ni lavando frecuentemente con jabones neutros,
ni con cremas hidratantes o, incluso, polvos de talco. Por tanto, me gustaría
saber si existe algún tipo de producto o incluso intervención quirúrgica que me
elimine la piel sobrante por las molestias antes indicadas. Y en caso de intervención
quirúrgica desearía me facilitaran el nombre de algunos médicos que sean de su
confianza, a ser posible cerca de León; si no, tampoco importa. Muchas gracias
de antemano por la respuesta y mi enhorabuena por su trabajo. Héctor
V.A. (León) Nos
congratula su carta para comunicarnos que también en su caso, con hipotiroidismo,
La Dieta Definitiva está funcionando. A pesar de que la inmensa mayoría
de los endocrinos y especialistas en Nutrición lo consideran imposible. Ya en
otros números de la revista otros lectores con obesidad mórbida han dejado en
evidencia a sus médicos tras seguirla. En cuanto a sus preguntas, le sugerimos
que pruebe con dos cremas: Allegernics -de la empresa Evicro-Madalbal-
o Blue-Cap -de Laboratorios Catálysis-. En cuanto a la posibilidad de una
operación quirúrgica mejor espere hasta adelgazar lo que desea y luego plantéeselo.
En la revista se anuncian varias clínicas de estética y todas son de confianza.
Nº
59 (Marzo del 2004)
Sr. Director: a mis cincuenta y dos años casi he nacido de
nuevo porque he perdido cuarenta kilos en siete meses y medio siguiendo la
Dieta Definitiva sin pasar hambre y con sorprendente facilidad por lo que
le estoy sumamente agradecida. Sin embargo, ahora tengo un problema: me sobra
piel por todas partes. ¿Hay algún método natural para resolver el problema? No
ahora pero sí cuando termine de perder los diez o doce kilos que aún quiero quitarme
de encima. Reciba mi más cariñoso agradecimiento. Lupe
Gómez (Caracas) La
sugerimos que consulte con un médico especializado en cirugía estética. Cuando
se adelgaza a un ritmo normal y se es joven la piel se ajusta poco a poco de forma
natural pero en su caso quizás haya que recurrir a la cirugía. Es imposible saberlo
desde este otro lado del océano. Lamentamos no poder darla otra indicación sin
más datos. Nº
57 (Enero del 2004)
Hace aproximadamente año y medio que estoy tomando medicación
homeopática -3 gránulos diarios en ayunas de Gelsemiun Sempervivens y otros
3 de Aurum Metallicum- porque mi trabajo como asesor me produce estrés,
me sobran unos 15 kilos y ambas cuestiones me producen hipertensión. Empecé a
tomar Homeopatía para dejar las pastillas que me recetaba el médico de cabecera
porque comprobé que tenían muchas contraindicaciones. En la actualidad estoy perdiendo
kilos, si bien muy lentamente, gracias a los consejos del libro La Dieta Definitiva
que me está replanteando la forma de comer y comprendiendo el valor y función
de los alimentos. Y mis preguntas son: ¿puede ser perjudicial tomar cada día pastillas
homeopáticas?. ¿Me aconsejan hacer descansos? Tengo que decirles también que practico
deporte tres días a la semana. Agradeciéndoles su respuesta, les saluda muy
atentamente. Vicente
(Gandía) No hay ningún
peligro en la toma de productos homeopáticos. Puedes estar tranquilo. En cuanto
a la hipertensión, permítenos dos sugerencias: bebe mucha agua cada día -entre
dos litros y medio y tres- e ingiere algo de fruta todas las mañanas (especialmente
las ricas en potasio). Nº
54 (Octubre del 2003)
Estimados amigos: me gustaría compartir con vosotros una
anécdota bien simpática. Soy mujer, tengo 35 años y cuatro hijos preciosos. Me
encantan y los adoro pero fueron los responsables indirectos de que en diez años
pasara de 47 kilos a 62. Bueno, a lo mejor eso no es exactamente verdad pero es
la excusa que siempre he puesto para justificar mi aumento de peso ante mi marido,
mi familia y mis amigos. En fin, el caso es que en diciembre pasado decidí adelgazar
porque a mi esposo se le empezaban a ir los ojos detrás de toda jovencita que
se le cruzaba en el camino, cada vez me hacía menos caso y yo no andaba por la
labor de perderlo. Hablé con mi ginecólogo, le pedí consejo y me respondió que
no perdiera el tiempo, que él también había intentado perder peso durante años
y no le había funcionado nada. Le hablé entonces del libro que ya mencionaban
ustedes de La dieta definitiva y me respondió que él también compraba la
revista pero que a pesar de que le parecía una publicación seria estaba claro
que en eso no decían ustedes la verdad. Vamos, que no se lo creía. Y como se trata
de una persona que me merece mucho crédito decidí no comprar el libro. Pudo más
mi fe en él que en ustedes. Bueno, pues mira por dónde he vuelto a verle a primeros
de septiembre con motivo de una pequeña infección y me encontré con alguien irreconocible:
había perdido tanto volumen y peso que parecía otro. Cuando le hice partícipe
de mi asombro se sonrojó y me dijo que había perdido veinticinco kilos en siete
meses, sin pasar hambre y sin esfuerzo, y que tenía que pedirme perdón porque
recordaba lo que me había dicho antes de Navidad. Luego le eché en cara que no
me hubiera llamado siquiera para decírmelo. Volvió a pedirme perdón. Pero lo "mejor"
fue que cuando le pregunté cómo lo había conseguido reconoció que había comprado
el libro del Sr. Campoy, lo había leído y se había puesto sin más a hacer lo que
en él se sugiere. ¿Qué les parece? Por mi parte, lamento haber sido tan tonta
por haber perdido el tiempo y no haberles creído. Y si les mando esta carta es
para que mi testimonio sirva al menos para que otros no hagan como yo. En cuanto
a mí, ya lo he encargado y voy a empezar a leerlo. Bueno, eso es todo... salvo
pedirles que no publiquen mi apellido; no quiero que se rían de mí mis amigos.
Besos. Ángela
C. P. (Valencia) Nº
53 (Septiembre del 2003)
Sr. Director:
a los 30 años decidí dejar de fumar y no porque empezara a costarme subir las
escaleras, me pasara el día tosiendo y fuera incapaz de estar sin un cigarrillo
en la mano hasta el punto de que cuando de noche me quedaba sin tabaco y no había
cerca dónde comprarlo miraba en el cubo de la basura para aprovechar las colillas....
sino porque conocí en el trabajo a una nueva compañera que me gustaba mucho y
cuando intenté acercarme a ella me rechazó porque no soportaba ni el olor a tabaco.
¡Y yo fumaba entre dos y tres cajetillas diarias! Me gustaba tanto que dejé el
tabaco sin otra ayuda que la fuerza de voluntad. Y un mes después empecé a salir
con ella. El problema es que mi enamoramiento me producía una tremenda ansiedad
que se juntó con la ansiedad que tenía por dejar el tabaco -el síndrome de abstinencia
le llaman- y lo combatí con comida, caramelos y pastillas de regaliz. Un año después
pesaba siete kilos más. Y a los dos años eran ya quince los kilos que me sobraban.
Fui a un endocrino, me puso a régimen hipocalórico y después de pasar mucha hambre
y hacer ejercicio programado me encontré seis meses después con una pérdida de
sólo cinco kilos. Dejé el régimen, completamente harto, y recuperé lo perdido
en dos semanas. Mi novia se enfadó, me dijo que tenía que adelgazar y me volví
un "experto". Hoy puedo decir que he seguido todo tipo de tratamientos, de regímenes
y de sistemas. Durante seis años probé todo lo imaginable: vendas frías, cremas,
pastillas, batidos, barritas dietéticas de chocolate, diuréticos, tranquilizantes...
¿El resultado? Que en lugar de quince me sobraban 25. Tal era la situación en
diciembre del año pasado. Y excuso decir que mi novia me dejó mucho antes. Fue
entonces cuando vi por primera vez su revista en un kiosco y la compré para informarme
del vergonzoso asunto del Bio-Bac. Y ¡mira por dónde! me topo con el anuncio del
libro de "La Dieta Definitiva". La verdad es que al principio me dio mucha
risa teniendo en cuenta mi experiencia pero luego, leyendo la revista, viendo
su seriedad y con qué valentía dicen ustedes las cosas, pensé: ¿y cómo se explica
que gente tan seria anuncie algo así que sea falso? Así que decidí darles un margen
de confianza, pedí el libro, me empapé de él -me encantó- y me puse a hacer la
dieta. Eso fue -ironías de la vida- un 14 de febrero, día de San Valentín. Hoy,
1 de agosto, quiero compartir con usted y con los lectores mi asombro y mi agradecimiento
porque salgo esta tarde de vacaciones. ¡¡¡Y he perdido 20 kilos en estos cinco
meses y medio!!! Sin hacer ejercicio ni pasar hambre, como decían ustedes. Bueno,
la verdad es que voy a empezar a hacerlo porque estoy algo flácido. Es realmente
sorprendente. Gracias de corazón. Tienen ustedes en mí un amigo de por vida. Un
fuerte abrazo. Carlos
Velasco (Barcelona) Nº
57 (Enero del 2004)
Hace aproximadamente año y medio que estoy tomando medicación
homeopática -3 gránulos diarios en ayunas de Gelsemiun Sempervivens y otros 3
de Aurum Metallicum- porque mi trabajo como asesor me produce estrés, me sobran
unos 15 kilos y ambas cuestiones me producen hipertensión. Empecé a tomar Homeopatía
para dejar las pastillas que me recetaba el médico de cabecera porque comprobé
que tenían muchas contraindicaciones. En la actualidad estoy perdiendo kilos,
si bien muy lentamente, gracias a los consejos del libro La Dieta Definitiva
que me está replanteando la forma de comer y comprendiendo el valor y función
de los alimentos. Y mis preguntas son: ¿puede ser perjudicial tomar cada día pastillas
homeopáticas?. ¿Me aconsejan hacer descansos? Tengo que decirles también que practico
deporte tres días a la semana. Agradeciéndoles su respuesta, les saluda muy
atentamente. Vicente
(Gandía) No
hay ningún peligro en la toma de productos homeopáticos. Puedes estar tranquilo.
En cuanto a la hipertensión, permítenos dos sugerencias: bebe mucha agua cada
día -entre dos litros y medio y tres- e ingiere algo de fruta todas las mañanas
(especialmente las ricas en potasio).
Nº
53 (Septiembre del 2003)
Sr. Director: a los 30 años decidí dejar de fumar y no porque
empezara a costarme subir las escaleras, me pasara el día tosiendo y fuera incapaz
de estar sin un cigarrillo en la mano hasta el punto de que cuando de noche me
quedaba sin tabaco y no había cerca dónde comprarlo miraba en el cubo de la basura
para aprovechar las colillas.... sino porque conocí en el trabajo a una nueva
compañera que me gustaba mucho y cuando intenté acercarme a ella me rechazó porque
no soportaba ni el olor a tabaco. ¡Y yo fumaba entre dos y tres cajetillas diarias!
Me gustaba tanto que dejé el tabaco sin otra ayuda que la fuerza de voluntad.
Y un mes después empecé a salir con ella. El problema es que mi enamoramiento
me producía una tremenda ansiedad que se juntó con la ansiedad que tenía por dejar
el tabaco -el síndrome de abstinencia le llaman- y lo combatí con comida, caramelos
y pastillas de regaliz. Un año después pesaba siete kilos más. Y a los dos años
eran ya quince los kilos que me sobraban. Fui a un endocrino, me puso a régimen
hipocalórico y después de pasar mucha hambre y hacer ejercicio programado me encontré
seis meses después con una pérdida de sólo cinco kilos. Dejé el régimen, completamente
harto, y recuperé lo perdido en dos semanas. Mi novia se enfadó, me dijo que tenía
que adelgazar y me volví un "experto". Hoy puedo decir que he seguido todo tipo
de tratamientos, de regímenes y de sistemas. Durante seis años probé todo lo imaginable:
vendas frías, cremas, pastillas, batidos, barritas dietéticas de chocolate, diuréticos,
tranquilizantes... ¿El resultado? Que en lugar de quince me sobraban 25. Tal era
la situación en diciembre del año pasado. Y excuso decir que mi novia me dejó
mucho antes. Fue entonces cuando vi por primera vez su revista en un kiosco y
la compré para informarme del vergonzoso asunto del Bio-Bac. Y ¡mira por dónde!
me topo con el anuncio del libro de "La Dieta Definitiva". La verdad es
que al principio me dio mucha risa teniendo en cuenta mi experiencia pero luego,
leyendo la revista, viendo su seriedad y con qué valentía dicen ustedes las cosas,
pensé: ¿y cómo se explica que gente tan seria anuncie algo así que sea falso?
Así que decidí darles un margen de confianza, pedí el libro, me empapé de él -me
encantó- y me puse a hacer la dieta. Eso fue -ironías de la vida- un 14 de febrero,
día de San Valentín. Hoy, 1 de agosto, quiero compartir con usted y con los lectores
mi asombro y mi agradecimiento porque salgo esta tarde de vacaciones. ¡¡¡Y he
perdido 20 kilos en estos cinco meses y medio!!! Sin hacer ejercicio ni pasar
hambre, como decían ustedes. Bueno, la verdad es que voy a empezar a hacerlo porque
estoy algo flácido. Es realmente sorprendente. Gracias de corazón. Tienen ustedes
en mí un amigo de por vida. Un fuerte abrazo. Carlos
Velasco (Barcelona)
Nº
49 (Abril del 2003)
Sr. Director: permítame felicitarle efusivamente por su libro
"La Dieta Definitiva". La verdad es que lo compré para regalárselo a una
hermana a la que le sobran unos cuantos kilos -bueno, bastantes en realidad- porque
yo estoy delgado. Así que no tenía intención siquiera de echarle un vistazo. Pero
ya ve, me puse a leerlo por curiosidad y he terminado, sin darme cuenta, llenándolo
de marcas de bolígrafo. Así que he tenido que comprarle otro a mi hermana. Porque
¡no es un libro para adelgazar! Bueno, quiero decir que además de hacer adelgazar
a la gente es, ante todo, un auténtico tratado de Nutrición. ¡Qué cantidad de
información útil y actualizada! Y escrita de forma sencilla y entendible. Ha hecho
usted un trabajo admirable. Reciba mi más sincera enhorabuena. Carlos
Garmendia (Barcelona) Gracias,
de corazón, por sus palabras. Es usted muy amable.
Nº
48 (Febrero del 2003)
Sr. Director: soy doctor en Medicina, estoy especializado
en Nutrición, paso consulta desde hace veintisiete años en mi país y hace seis
meses un matrimonio al que trato desde hace poco más de un año me habló de su
revista y, sobre todo, del libro de "La Dieta Definitiva". Le adelantó
que les sonreí con cierto sentimiento de conmiseración. Sé que ambos llevan años
intentando adelgazar y yo mismo había conseguido hasta entonces más bien poco
en esos doce meses de tratamiento. A pesar de que, sabiendo que los fármacos tradicionales
no les habían ayudado anteriormente, les tuve a régimen complementando el tratamiento
con homeopatía, fitoterapia, talasoterapia, ejercicio suave y masajes. Un método
que suele darme buenos resultados pero que no tuvo éxito en su caso, es la verdad.
Pues bien, me hablaron, como digo, de su libro en agosto. Y no volví a verles
hasta el 20 de enero y eso porque me los encontré en un parque de la ciudad. Me
quedé asombrado. Habían adelgazado tanto que si no me saludan ellos no los hubiera
reconocido. Les pregunté cómo era posible aquel cambio y me dijeron que habían
seguido ¡durante sólo cuatro meses! lo que se dice en el libro. Me pareció tan
increíble que al día siguiente lo pedí por e-mail a la editorial de su revista
para leerlo. Me llegó hace tres días y hoy, 14 de febrero, lo he terminado. Bueno,
pues sólo puedo decirle algo y de corazón: le felicito. Es una obra excelente.
Me ha hecho comprender muchas cosas y vislumbrar por qué en algunos casos mi trabajo
no funcionaba. Voy a seguir sus indicaciones y en los próximos meses valoraré
si es necesario complementar la Dieta Definitiva con métodos alternativos
como los que he venido usando. Y voy a sugerir a todos mis pacientes que la sigan.
Le reitero por ello mi felicitación pública. Aunque la lectura masiva del libro
podría obligarme a tener que buscarme otro trabajo. En fin... Con afecto.
Carlos
G. Rejas Santiago (Chile) Gracias
por tan amables palabras. Pero, sobre todo, por su honestidad profesional e intelectual.
Eso sí que es de agradecer, especialmente hoy día en un médico.
Nº
45 (Noviembre del 2002)
Sr. Director: he tardado varios meses en leerme su libro
de La Dieta Definitiva porque si bien soy lectora de la revista -la verdad
es que le sigo desde que escribía usted aquellos magníficos reportajes en las
páginas centrales de ABC- no creí que sus conocimientos en alimentación y dietética
fueran a aportarme algo nuevo. Sin embargo, el hecho de que varios de mis pacientes
-soy experta en Nutrición y paso consulta hace años- me hablaran tan bien de él
me animó a comprarlo a finales de septiembre. Y tengo que reconocer tras leerlo
que había cometido el error de juzgar sin siquiera informarme: es un libro espléndido
en todos los sentidos. No volveré a juzgar nada tan alegremente. Mi más sincera
enhorabuena. Ana
Álvarez (Valencia) La
agradecemos muy sinceramente su cortesía y amabilidad. No es tan habitual como
sería de desear.
Nº
44 (Octubre del 2002)
Estimado Sr. Campoy: soy suscriptora de la revista y además
he comprado el libro de la Dieta Definitiva. Pues bien, llevo siguiéndola
durante tres meses y hasta ahora estaba bastante contenta porque he adelgazado
13 kilos (peso ahora 65, mido 1,57 y tengo 51 años) pero me gustaría adelgazar
más y llevo como un mes en que me he estancado y tengo mucha ansiedad por lo que
me paso comiendo queso y algún yogur no recomendado, con lo cual entramos en el
círculo vicioso de que como para quitarme la ansiedad y tengo ansiedad porque
no adelgazo. Me gustaría que me diera algunos consejos para salir de este atolladero
en el que me encuentro. También le diré que desde que empecé la dieta tengo un
estreñimiento muy grande y muchísimos gases que se me van quitando con hinojo
y unas cápsulas de "carbón vegetal" pero que no desaparecen y son súper desagradables.
Muchas gracias y un saludo. Julia
Vara Nada más lejos
de nuestra intención que parecer impertinentes, de verdad, pero lo que debe hacer
es leer bien el libro porque sus preguntas están contestadas en él. Ya se explica
en sus páginas que existe la posibilidad de que en un momento determinado se deje
de perder peso durante un tiempo porque el metabolismo tiene que ir readaptándose.
Y también se explica que lo que debe hacer para saber si está adelgazando -aunque
la báscula indique lo contrario- no es pesarse sino usar una tira de Interacetona
mojándola en la orina. Y se cuenta por qué. Como se explica lo que se puede hacer
en caso de estreñimiento y de ansiedad. Por favor, lea los capítulos comentados.
Y no se obsesione porque no tiene sentido: usted va a conseguir su objetivo si
tiene algo de paciencia (y ni siquiera mucha). Sin ningún género de duda.
Nº
42 (Julio-Agosto de 2002)
Sr. Director: no sé cómo darle las gracias. De verdad. Hace
sólo mes y medio no sabía ni que usted ni la revista existían pero puede contarme
ya entre sus fans. Tengo 43 años, a primeros de julio pesaba 145 kilos y sólo
mes y medio después, tras seguir la Dieta Definitiva, estoy en 128.
¡Diecisiete kilos en mes y medio... y sin pasar hambre! No sólo me siento físicamente
mucho mejor y deshinchado sino también más alegre. Me ha cambiado hasta el carácter.
Ni mi mujer, ni mis hijos, ni mis amigos se lo pueden casi creer. Para mí es como
un milagro porque ya he seguido más de una docena de dietas sin éxito. Es más,
mi médico está igual de perplejo que yo. No lo entiende. Había pensado no escribirle
hasta ver a dónde llego pero hoy estoy tan contento ya que es 19 de septiembre
y por primera vez en mucho tiempo puedo decir que de veras "celebro" años que
no me he resistido a mandarle este e-mail. Gracias, gracias, gracias. Su desde
hoy amigo... Carlos
Valbuena (Sevilla) Agradecemos
muy sinceramente sus palabras y nos alegra que la dieta le funcione aunque no
podemos decir que nos sorprenda. En todo caso, es importante que entienda que
la mayor parte de esos kilos perdidos corresponde a líquido, no a grasa. No se
engañe. Lo logrado está bien y es importante pero lo "difícil" empieza ahora.
No espere más bajadas de ese calibre. Es posible que la pérdida pueda llegar a
ser aún de 8 o 9 kilos el siguiente mes pero a partir de entonces adelgazará más
lentamente: entre 5 y 7 kilos al mes. Y luego aún será algo más lento. La razón
es simple: estará ya perdiendo básicamente grasa, no líquido. Téngalo en cuenta
y no ceje pues en el empeño. Puede ser el principio de una nueva vida. Debemos
advertir al lector, en todo caso, que tal pérdida no es habitual (aunque tampoco
lo es pesar 145 kilos). No espere el lector pérdidas de ese tipo. Lo razonable
-aunque ello depende del peso inicial- es bajar entre 4 y 7 kilos al mes.
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