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| CÓMO
DISFRUTAR DE UNA NAVIDADES... CONSCIENTES Y ECOLÓGICAS |
Cuando se acercan las fechas navideñas
el hogar vive grandes transformaciones. Cambia la
decoración, se llena todo de luces, colores, guirnaldas,
belenes y arbolitos de Navidad cargados de regalos
al estilo americano, la despensa suele llenarse más
de lo habitual y la sucesión de comidas familiares
y visitas de parientes y amigos crean una dinámica
tan vertiginosa que a menudo raya el agobio, la desesperación
y el agotamiento físico y psíquico.
Y es que las fiestas navideñas han dejado de ser algo
entrañable de marcado carácter espiritual y reencuentro
familiar para convertirse en una época de consumo
desmesurado y despilfarro casi irracional.
Por otra parte, y sin entrar en consideraciones éticas
de lo que representa el excesivo e innecesario consumo
de estas fechas mientras otros grupos sociales pasan
hambre y penurias, deberíamos al menos reflexionar
sobre lo que implican para nuestra salud y la del
planeta en general tales desmesuras y cuestionarnos
si hay posibilidades de vivir unas navidades más conscientes
y ecológicas.
CONSUMO RESPONSABLE Y ECOLÓGICO
En suma, deberíamos valorar las implicaciones
y repercusiones que sobre la salud y el medio ambiente
ejercen nuestras preferencias personales -las decisiones
y preferencias de compra determinan aspectos de producción
y de gestión de los recursos- y tener en cuenta también
lo que hacemos con los residuos de lo consumido. En
las navidades se dispara el consumo de alimentos, de
artículos de regalo y juguetes, de elementos decorativos,
de energía -mayor producción eléctrica para el incremento
de iluminación- y de ofertas de ocio: espectáculos,
fiestas, cine, teatro, esquí o grandes viajes. Pues
bien, en cada uno de los aspectos citados podemos mostrar
actitudes lúcidas y coherentes -con la salud personal
y la salud del entorno- o despreocuparnos del resultado
de nuestros actos y decisiones agravando con ello un
poco más el problema.
ELECCIONES RESPONSABLES
* A la hora de comprar artículos
de regalo, juguetes y elementos decorativos podemos
optar por productos realizados con materiales que no
sean tóxicos ni contaminantes, fácilmente reciclables
tras su uso e incluso realizados con materiales reciclados.
Resulta interesante en ese sentido acudir a las tiendas
solidarias y a las de comercio justo.
* El árbol de navidad puede ser artificial y
plegable, lo cual permite su reutilización en años sucesivos;
también podemos optar por árboles en maceta que pueden
trasplantarse pasada la Navidad. En tal caso procuraremos
colocar el árbol en zonas poco caldeadas y con buena
ventilación y lo regaremos con regularidad ya que de
lo contrario sufrirá deshidratación y aunque sus hojas
tengan apariencia verde terminará secándose y muriendo.
* Los alimentos más aconsejables para tales fechas
quizás no sean los más exóticos y caros. Deberíamos
aprovechar el presupuesto para elegir alimentos tradicionales
y, sobre todo, los producidos con garantías de cultivo
ecológico, sin restos de productos químicos, pesticidas
tóxicos o aditivos de dudosa inocuidad. España es una
gran productora de alimentos ecológicos de calidad -verduras,
frutas, carne, legumbres, cereales, etc.- que, desgraciadamente,
se exportan en más del 90% a países más conscientes
en temas de salud y medio ambiente. En cambio, importamos
toneladas de frutas exóticas y alimentos en cuyos métodos
de cultivo o procesado se emplean grandes dosis de agroquímicos
y aditivos. Si deseamos pues velar por nuestra salud
y potenciar los cultivos respetuosos y la ganadería
ecológica vale la pena hacer el esfuerzo de buscarlos
en las tiendas y mercados donde se hallan y consumirlos
con preferencia a los alimentos convencionales.
* El ocio es el gran negocio de fin de siglo. El
mayor poder adquisitivo permite aprovechar el tiempo
libre para realizar actividades lúdicas con más frecuencia
que en tiempos pasados. Las fiestas navideñas nos dan
la ocasión de acudir a diversidad de espectáculos -cines,
teatros, fiestas, etc.-. Dada la gran variedad en la
oferta, podemos seleccionar tales eventos priorizando
la asistencia a aquéllos que enriquezcan cultural o
socialmente o apoyar los de carácter humanitario o de
ayuda social; en cuanto al cine, puede elegirse las
películas cuyo trasfondo vaya más allá del mero entretenimiento.
* Respecto a los desplazamientos y viajes, sería
positivo ir más allá de las masificaciones ofertadas
por los touroperadores hacia paradisíacas -y poco ecológicas-
playas caribeñas o las aglomeraciones en las estaciones
de esquí con nieve artificial, optando por la cada vez
mayor oferta de lugares con encanto especial o turismo
rural en casas cuyo entorno nos acerca a la naturaleza;
incluso, podemos aprovechar las señaladas fechas para
participar en encuentros o cursos de desarrollo personal,
meditación, etc. Otra opción interesante sería visitar
a familiares y amigos que hace tiempo que no vemos.
Lo importante es tomar conciencia del provecho real
que obtenemos en los viajes que realizamos y del respeto
social y ambiental de los lugares visitados.
RECICLAR TRAS EL USO
Ya que las navidades se caracterizan
por un mayor consumo es conveniente que mantengamos
la cordura y hagamos un pequeño esfuerzo por la buena
gestión de lo consumido eligiendo productos fácilmente
reciclables -envasados preferentemente en papel, cartón
o vidrio, evitando el plástico- y procurando ir separándolos
en recipientes adecuados para su posterior depósito
en los contenedores de reciclaje.
HOGAR, DULCE HOGAR
A menos que necesitemos desahogarnos
del agobio y el estrés cotidiano con orgías catárticas,
resulta más sano, lúcido y coherente aprovechar las
fiestas navideñas para el reencuentro con familiares
y amigos e, incluso, para la reconciliación, dirimir
antiguos conflictos u ofrecer apoyo a quien lo necesite.
Para ello no son necesarias fastuosas cenas ni agobiantes
comidas a base de platos caros o exóticos regados con
abundante alcohol en todas sus versiones.
Un ambiente sencillo que propicie la intimidad, el diálogo
y el compartir puede crearse con elementos tan simples
como una música agradable, la luz de unas velas -de
cera natural- y una comida sana y ligera sin que ello
suponga prescindir del tradicional turrón y de otras
comidas típicas en cada región o familia (siempre con
moderación).
De lo que sí que hay que aprender a prescindir -por
el bien de la relación y la convivencia familiar- es
de la televisión, cuya dinámica de programación (publicidad
y zapping incluidos) aísla y distancia a las personas
dificultando e incluso impidiendo la comunicación verbal.
Si existen problemas y tensiones entre los miembros
de la familia es fácil caer en la tentación de utilizar
la televisión como barrera o escudo protector que dificulte
o impida el diálogo crispante o las agresiones verbales.
Es definitiva, no ayuda a resolver los problemas, sólo
los aplaza.
Mariano
Bueno
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