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| LA
TEORÍA DE LA BIOSFERA |
Aunque poca gente
lo sabe, mucho antes de que apareciera la hipótesis
Gaia -teoría que propugna que la Tierra es un ser
vivo-, un biólogo ruso llamado Vladimir Vernadsky
publicó ya en los años 20 su Teoría de la Biosfera
con la misma sugerencia. Pues bien, retomando aquella
idea los actuales biólogos rusos están desarrollando interesantes
teorías y realizando fascinantes experimentos. Es el caso
de Vladimir Voiekov -catedrático y director del
Departamento de Química Bioorgánica de la Facultad de
Biología de la Universidad del Estado de Moscú-, con quien
-aunque lo conocí en un congreso el año pasado- no tuve
la oportunidad de charlar a fondo hasta este pasado verano
cuando volvimos a encontrarnos en Rusia.
Se trata de un hombre fibroso, enjuto y rubicundo, de
pelo muy rizado y gruesas lentes de culo de botella. Alguien
práctico y sencillo que pese a su posición y condición
se prestó a ayudar de forma personal a los investigadores
que llegamos del extranjero resolviendo nuestros problemas
de hotel, organizando los horarios de comida e, incluso,
sirviéndonos ocasionalmente de guía turístico.
He de decir ante todo que Voeikov posee una enorme capacidad
para estructurar pensamientos y facilidad para expresarlos
pero lo que más me llamó la atención es su extraordinaria
lucidez mental. Valga como muestra la presente entrevista,
recogida de una charla informal y que más parecía una
clase preparada por la claridad de sus conceptos y la
coherencia de su desarrollo.
-He leído algunos de los artículos científicos sobre
la moderna Biología que exponen usted y los biólogos rusos
que comparten las mismas líneas de investigación. Desde
su punto de vista, ¿cuál es la diferencia entre la Biología
que postulan y la biología clásica o mecanicista que prevalece
oficialmente en otros países?
-Ha habido una falta de entendimiento durante siglos entre
aquellos que ven en la vida algo muy especial y muy diferente
de los objetos no vivientes y aquellos que consideran
que la vida puede ser fácilmente explicada en términos
de física y química puras. Esto no ha sucedido sólo en
nuestro tiempo: también en los siglos XVIII y XIX. Tengo
la impresión de que el problema se reduce a una especie
de malentendido. Porque cualquier persona puede distinguir
entre un perro vivo y un perro muerto, como comentó irónicamente
el premio Nobel Albert Sczent-Gyorgyi. Un perro
vivo tiene unas propiedades de las que un perro muerto
carece pero es muy difícil formalizar esas propiedades
para expresarlas en lenguaje científico.
Aún así, algunos científicos han tratado de entender la
esencia de los sistemas vivos. Uno de ellos fue el biólogo
germano-ruso Erwing Vower, quien en 1935 publicó
su obra Biología Teórica. Desafortunadamente, el
libro no fue editado más que en ruso y cayó pronto en
el olvido porque Vower fue arrestado por la KGB en el
año 37 y todos sus libros fueron prohibidos. Pero él trató
de construir la Biología sobre un axioma básico. Usted
sabe que cualquier ciencia de la Naturaleza está basada
en axiomas. Por ejemplo, la Física está basada en las
leyes de Newton. Conocemos la Ley de la Gravedad,
establecemos que tenemos dos cuerpos y que éstos son atraídos
el uno por el otro de acuerdo a dicha ley. Pero esto es
un axioma porque nosotros no conocemos de dónde proceden
las fuerzas gravitatorias ni qué es la gravedad. Únicamente
podemos establecer que existe esa Ley de la Gravedad y,
fundamentándonos en ella, extraer consecuencias y construir
todo un sistema de educación a partir de ese axioma.
Bien, pues la Biología ha "sufrido" desde siempre porque
carece de principios axiomáticos, principios que no procedan
de otros más básicos sino que son aceptados por sí mismos.
Que aceptamos sin más porque se sabe que así son. Bueno,
pues Vower fue el primero en crear tales principios axiomáticos
en Biología. Uno de los cuales es muy simple: "¿Qué
distingue un sistema vivo de otro que no lo es? Pues la
única propiedad que lo distingue es que quiere vivir".
Y este principio axiomático, que parece una perogrullada,
cambia sustancialmente el enfoque del estudio de todos
los seres vivos. Para expresarlo en términos más científicos,
un sistema vivo no sólo está enfocado a la vida sino que
tiene recursos para llevar a cabo ese deseo. Posee energía,
información y unas sustancias iniciales para emplearlas
en su propia vida.
El caso es que Vower concluyó que el primer principio
de la vida es "Cualquier ser vivo es un sistema biológico
en no-equilibrio." Esto significa que existen diferencias
entre él y su entorno. Y es diferente del entorno porque
tiene un nivel superior de energía y de organización que
el ambiente que lo rodea.
Por tanto, el principio enuncia que todo ser vivo tiene
recursos para sostener su propia vida y utiliza todos
sus recursos en una sola dirección: soportar y fortalecer
su propia existencia.
Obviamente, a este principio le siguen muchas preguntas:
¿Con qué recursos? ¿Con qué energía? ¿Con qué información?
¿Cómo los usa? ¿Cómo los incrementa? Bien, sabemos que
todas las leyes de la Física y la Química que un sistema
vivo aplica tanto en su interior como en el exterior son
empleadas por este ser para una sola meta: vivir. Por
tanto, los biólogos estudiaremos ahora todas las leyes
físicas y químicas aplicables a un ser vivo desde el punto
de vista de su meta. Porque esa es la diferencia de la
Biología con la Física y la Química: que todo ser vivo
tiene una meta. Y es que tú no puedes preguntar en
Física con qué propósito se desintegra un átomo... Esa
cuestión carece de sentido en ese ámbito.
-¿Está este principio relacionado con el concepto de
homeostasis aparecido dos décadas después?
-Claro, porque, ¿qué es la homeostasis? La homeostasis
es la función por la que un ser vivo trata de permanecer
vivo, de sobrevivir bajo cualquier circunstancia tratando
de mantener sus constantes vitales en unos ciertos valores
porque tan pronto como esas constantes traspasan dichos
valores el ser pasa al estado de muerte, pierde su información,
su energía y sus recursos. La homeostasis son los valores
de las constantes vitales que permiten a un ser vivo sostener
su existencia. Por ejemplo, el ser humano mantiene su
temperatura entre 36 y 37 grados, y si la temperatura
del entorno es muy diferente emplea todos sus recursos
para mantener su temperatura interna. No puede permitir
que baje de 35 o suba de 41 grados.
-¿Qué consecuencias tiene esta forma diferente de
enfocar el estudio de los seres vivos?
-Muy sencillo: establecemos que los seres vivos pueden
vivir únicamente basándose en las leyes de la Física y
la Química si aplicamos el principio de supervivencia.
Y desde ese punto de vista estudiamos la física y la química
de los seres vivos. Para nosotros, la Física y la Química
son instrumentos, el punto de vista opuesto al de los
mecanicistas. Ellos piensan que las leyes de la Física
y la Química son básicas, que a partir de esas leyes se
origina, de alguna manera, la vida. Piensan que somos
una circunstancia, un extraño hecho que sucedió a partir
de que los seres vivos se originaran al azar. Yo no.
-¿Cuál es entonces su opinión acerca de la Teoría
de la Evolución?
-Es evidente que la evolución es real, no hay duda.
Pero yo cambiaría la palabra evolución por desarrollo,
que es muy diferente. Tomemos el desarrollo humano como
ejemplo. Éste comienza a partir de unas no diferenciadas
y enormemente simples células: óvulo y espermatozoide.
A partir de ellas se produce un estado embriológico de
desarrollo, después un niño, un adolescente y un adulto;
y vemos cómo va cambiando de acuerdo a unos determinados
propósitos y leyes. Ese es el modelo de desarrollo de
todo ser vivo.
Pues bien, yo entiendo que existe una unidad que comprende
a todos los microorganismos, plantas y animales, es decir,
a todos los seres, y que se trata de un sistema viviente.
Me refiero a la Biosfera. Aceptado lo cual, hay
que decir que la evolución no sería más que el desarrollo
de la Biosfera que avanzaría de acuerdo a ciertas
leyes, a unos ciertos ciclos en el tiempo y que estaría
afectada por ciertos factores externos y por el desarrollo
de los seres humanos. Porque el desarrollo no se produce
en un espacio aislado. Y del mismo modo que los seres
humanos somos afectados por el entorno obteniendo información,
recibiendo estrés en estrecho contacto con el ambiente,
igual sucede con la Biosfera. En suma, nosotros
consideramos la evolución como el desarrollo natural de
un superorganismo: la Biosfera
. -Pero, ¿cuál es su concepto de superorganismo?
-Un superorganismo es, sobre todo, aquel en el que todas
sus partes se comportan atendiendo básicamente a la supervivencia
del todo. Todas las células de nuestro organismo, por
ejemplo, se comportan de acuerdo con el propósito de la
supervivencia del todo.
Es verdad que en ocasiones se producen violaciones de
ese principio, errores. Es decir, a veces algunas células
que están seriamente dañadas o a las que les ha sucedido
algo extraño intentan sobrevivir por sí misma. Ello da
lugar a lo que llamamos un tumor, algo que se produce
precisamente cuando una parte trata de sobrevivir por
sí misma. Y normalmente eso supone la muerte de ambos,
del tumor y del organismo. Bueno, pues lo mismo sucede
a nuestro juicio en la Biosfera.
-Resumiendo entonces, para usted la Biosfera es el
superorganismo vivo que aglutina a todo el planeta...
-Sí, considero la Biosfera como el sistema viviente
del planeta.
-Luego está de acuerdo con la llamada hipótesis
Gaia.
-Yo iría más lejos. La hipótesis de que Gaia,
nuestro planeta, es un ser vivo no es en realidad sino
una interpretación posterior de la hipótesis de la Biosfera
que propuso Vernasky en los años 20. Gaia
es prácticamente la misma idea, un concepto más moderno
en el tiempo
. -¿Y cuál sería entonces el papel del ser humano en
el desarrollo de la Biosfera?
- Del mismo modo que en el organismo humano existen diferentes
partes y cada parte sirve a una función específica, yo
creo que el papel del ser humano en la Biosfera
es el de cerebro. Lo que ocurre es que, por desgracia,
el cerebro en ocasiones puede funcionar erróneamente.
Y lo grave es que cuando se producen violaciones de las
funciones mentales se perjudica a todas las funciones
del organismo afectando a los riñones, al hígado, a la
piel, etc.
Bueno, pues el problema en nuestros días es que algo le
está sucediendo a ese cerebro de la Biosfera llamado
humanidad. Sólo que a diferencia de un organismo unitario
como el humano, que tiene órganos únicos o dobles, la
Biosfera es un superorganismo y si algo le sucede
a su cerebro puede cambiarlo, lo cual sería muy desafortunado
para la humanidad. No deberíamos hacernos ilusiones de
que nosotros, seres humanos, podemos manipular la Biosfera.
Incluso si cortáramos todos los bosques del Amazonas,
si secáramos todos los ríos de Siberia, seríamos sólo
nosotros quienes pagaríamos las consecuencias porque la
Biosfera, con el tiempo, repararía el desaguisado.
Pero a nosotros nos tocaría recoger en nuestra propia
carne las consecuencias de lo sembrado.
-¿Piensa que el funcionamiento anormal del "cerebro"
de la Biosfera, es decir, la humanidad, tiene relación
con el excesivo uso del hemisferio izquierdo de nuestra
civilización?
-Es una buena pregunta. Y sí, pienso que el extremado
uso del hemisferio izquierdo del cerebro es la causa de
todas las violaciones de las leyes de la Biosfera
que realiza la humanidad. La civilización occidental ha
detenido prácticamente el uso del hemisferio derecho del
cerebro.
Pensamos sólo de una forma lógica y matemática tratando
de crear una realidad artificial, virtual. Intentamos
creer en esa realidad lógico-matemática -funciones del
hemisferio derecho- olvidando que existe una realidad
"real". Pero, a diferencia de nosotros, la Ciencia y Medicina
del Este han desarrollado también el hemisferio derecho.
Las personas hindúes, chinas o japonesas sienten más el
entorno, tienen intuición acerca de él y lo respetan.
Nosotros queremos crear una naturaleza a la medida de
nuestra razón y eso es un grave error.
-¿Cuáles son a su juicio los principales efectos del
abuso del hemisferio izquierdo del cerebro?
-El primero es el exceso de tecnología. Empleamos
constantemente enormes recursos para construir objetos
tecnológicos completamente innecesarios.
-¿Por ejemplo?
-Existen muchos ejemplos porque la mayoría de los
llamados bienes de consumo son innecesarios. Por poner
un caso: ¡tenemos tantas clases de pastas de dientes...!
Es absurdo que necesitemos cientos de marcas de pastas
de dientes.
-¿Podríamos decir que el consumismo y mercantilismo
existentes son un producto del excesivo funcionamiento
del hemisferio izquierdo que daña al planeta entero?
-Sí, es obvio que daña al sistema entero de dos formas:
primero, porque toma recursos naturales que debieran ser
mucho mejor utilizados y más económicos; y segundo -y
más importante- porque producimos enormes cantidades de
basura, de objetos que no pueden ser utilizados, echando
a perder la naturaleza. Esto es aun más peligroso porque
obligamos a la naturaleza a crear nuevos ciclos para destruir
los productos de desecho de nuestra actividad.
-Si le sigo, lo que usted dice vendría a ser como si
la Biosfera tuviera una especie de tumor en el
hemisferio izquierdo de su cerebro... (Ante mi comentario,
el profesor Voeikov se sonroja y sonríe).
-En cierto sentido, sí. En un sentido muy simbólico porque
un tumor absorbe muchos recursos del organismo. Y espero
sinceramente que sea un tumor benigno, no maligno... pero,
¡quién sabe!
Eso sí, si continuamos en esta línea las consecuencias
van a ser muy serias. Claro que -quiero ser optimista-
también estuvimos preocupados durante cincuenta años por
la posibilidad de una guerra nuclear mundial. Tenemos
entre todos tal cantidad de bombas que se podría destruir
cientos de veces el planeta. Pero, de alguna manera que
nadie puede explicar, esa locura se detuvo y hace años
se negocia para irlas disminuyendo. Como si hubiera un
especial mecanismo invisible de autorregulación. Bien,
pues yo creo que ese mecanismo actúa en la Biosfera
y, por tanto, también en nuestros cerebros.
-Ojalá sea así, profesor.
COMENTARIOS A LA TEORÍA DE LA BIOSFERA
El biólogo vienés Ludwig Von Bertalanfy enunció
en su famosa Teoría General de los Sistemas la Ley
de los Isomorfismos. En ella afirmaba que se pueden
trasladar leyes de la ciencia de unos campos a otros que
tienen similitudes estructurales.
Pues bien, si aplicáramos algunos conceptos sobre tumores
a la Teoría de la Biosfera sería posible quizás
entender algunos de los efectos de la civilización en
el planeta.
Un tumor reúne unas ciertas características básicas:
-Crece desproporcionadamente.
-Consume enormes recursos del organismo.
-Genera una cantidad de toxinas tal que en ocasiones el
organismo sucumbe no por el tumor en sí sino por la incapacidad
de eliminar los residuos tóxicos. Y,
-Trata de sobrevivir al margen del organismo.
Si consideramos la Biosfera como un sistema viviente,
¿cabe afirmar que la sociedad de consumo reúne las cuatro
características antes mencionadas?
La imagen de una gran ciudad es el máximo exponente de
esta sociedad. Vista desde lo alto sugeriría algo parecido
a un desarrollo descontrolado dentro de un espacio natural:
sus múltiples células-casas apiladas unas encima de otras,
sus arterias congestionadas por los glóbulos-coches que
circulan con mucha prisa y poco espacio, su aire escaso
de oxígeno, su excesiva producción y consumo de todo tipo
de bienes-moléculas... En fin, no podríamos decir que
es un modelo de entorno sano.
¿Implicaría esto un sistema de civilización que se dirige
hacia el caos? Personalmente, no lo creo. Como el profesor
Voeikov, pienso de forma positiva. La Biosfera
es un modelo de superorganismo sabio que soporta pacientemente
todos los abusos y transgresiones de una de sus partes
creando mecanismos de compensación y esperando que esa
parte fuera de equilibrio retome sus funciones de una
forma más madura y cercana a la realidad de las leyes
por las que se expresa la Vida.
Y como individuos, ¿qué podemos hacer para alejarnos de
esta realidad virtual y artificial, y acercarnos a la
realidad primigenia del equilibrio natural sin renunciar
al progreso?
Quizás acciones sencillas como crecer más hacia dentro
y menos hacia fuera, no actuar mecánicamente, escapar
de los estímulos publicitarios y ser más conscientes de
lo que producimos y consumimos; y, por supuesto, tener
en cuenta que no somos individuos aislados en competencia
con el entorno sino que formamos parte del prodigioso
equilibrio de un superorganismo en el que todos necesitamos
de todos. Dispongamos pues de tiempo para salir de la
ciudad estando más en contacto con la naturaleza, seamos
más conscientes de las leyes ecológicas y transmitamos
esta enseñanza a los que vienen detrás... Existen muchas
opciones y poniendo la intención en ello nos llegarán
respuestas.
Fernando Sánchez
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