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| CÓMO
AFRONTAR LOS DRAMAS FAMILIARES QUE MARCARON NUESTRAS VIDAS |
Pocos terapeutas suscitan en la
actualidad tanto asombro e interés como Bert Hellinger.
Cuando quisimos inscribirnos en uno de sus cursos, dos
meses antes de que comenzara, no sólo no quedaban plazas
sino que había una lista de espera de varios cientos
de personas.
Y eso que está a punto de retirarse y una de sus últimas
intervenciones públicas será precisamente en España
a finales de año.
Pero, ¿quién es Bert Hellinger? Pues se trata de alguien
que nació en 1925, estudió Filosofía, Teología y Pedagogía,
trabajó durante 16 años como misionero de una orden
católica entre los zulúes de Sudáfrica -donde terminaría
dirigiendo varias escuelas- y más tarde se haría psicoanalista.
Un campo que le llevaría a interesarse en la Dinámica
de Grupo, la Terapia Primaria, el Análisis Transaccional
y diversos métodos de Hipnoterapia hasta que llegó a
desarrollar su propia terapia sistémica y familiar.
Algo que tendría lugar cuando en los años 80 desarrollaría
las "leyes" por las que, a su juicio, se desarrollan
las identificaciones e implicaciones trágicas entre
los miembros de una familia. De hecho, su trabajo con
lo que denominaría constelaciones familiares
constituye actualmente uno de los instrumentos terapéuticos
más eficaces que se conocen para reorientar y sanar
las relaciones deterioradas de cualquier familia. Y
sus métodos gozan de amplio reconocimiento tanto en
el ámbito germanohablante -donde sus libros y vídeos
son verdaderos best-sellers- como en el resto
de Europa y Estados Unidos.
¿Y qué propone, se preguntará el lector? Pues hay que
decir que lo esencial de su mensaje es que la buena
voluntad es insuficiente para que el amor pueda expresarse
entre los humanos, que el amor necesita que se respeten
determinadas leyes no tan evidentes.
Así, Hellinger nos habla de los órdenes del amor.
"La idea de que el amor puede superar todo -dice-
lo contradice la experiencia. Muchos padres ven cómo
sus hijos caen en la enfermedad o en la adicción, o
que se suicidan a pesar de haberles dado todo su amor.
Por tanto, es obvio que se necesita algo más para que
ese amor se logre: el conocimiento y reconocimiento
de un 'orden del amor' que actúa en las profundidades
del alma. Mucho de ese 'orden' es secreto, obra en lo
hondo del alma y lo tapamos frecuentemente con nuestras
ideas, objeciones, deseos o miedos. Hay que tocar las
profundidades del alma, pues, para experimentar los
órdenes del amor. "
Y añade: "Para un hijo, uno de los 'órdenes del
amor' es que tome la vida tal como los padres se la
dan. Ese tomar es una realización muy profunda que engloba
el asentimiento a la vida y al destino con los límites
y las posibilidades dados por los padres. Es un desprendimiento,
una renuncia a exigencias que sobrepasan aquello que
le llegó a través de los padres y que va mucho más allá
de ellos, inclinándose ante el misterio del origen de
la vida y abandonándose en él. Cuando eso se logra el
corazón se abre de par en par y la paz y la completitud
se alcanzan. Tomando a los padres tal como son se toma
a la plenitud de la vida tal como es. Claro que cada
uno experimenta también que tiene algo único, personal
e irrepetible que no podemos juzgar. Todo forma parte
de un destino e, independientemente de lo que uno haga
o deje de hacer, de las ideas que defienda o rechace,
lo hace cumpliendo un servicio que no comprende."
Estos son algunos de los "órdenes del amor" entre
padres e hijos pero existen otros en las familias. Hellinger
explica también que existe un sistema familiar con una
conciencia común que en su mayor parte es inconsciente.
Y esa conciencia lleva a que se respeten ciertas leyes
implícitas u ordenes del amor o a que, en caso contrario,
existan compensaciones que pueden afectar a las siguientes
generaciones. Por eso Hellinger, en las "constelaciones"
que hace en sus cursos, da prioridad a las familias
que tienen hijos.
Aclararé que la constelación familiar es un tipo
de psicoterapia familiar. Junto al -o los interesados-
se encuentran el terapeuta y otros participantes que
también esperan a que se realice su propia constelación.
Lo explico : en una sala las personas que acuden al
curso se sientan en círculo y uno expone brevemente
la historia familiar y su problema, lo que le gustaría
sanar. Después elige de entre los participantes a aquellos
que van a representar a los miembros de su familia y
a él mismo. Luego los ubica de pie en distintos lugares
de la sala y en determinadas posiciones -por ejemplo,
el padre dando la espalda a la madre, etc.- y a continuación,
en absoluto silencio, éstos comienzan la escenificación.
Generalmente, los improvisados actores, informados de
las características de los familiares, terminan canalizando
-guiados por sus impulsos internos- las sensaciones,
emociones y actitudes de las personas que representan.
Se les ve así interactuar, acercarse o alejarse unos
de otros, expresar con el gesto, el movimiento y la
mirada la situación oculta de la estructura familiar.
Y el terapeuta, merced a su intuición, termina de esa
manera encontrando el entramado de lealtades, dramas
y transgresiones reorientando la situación hacia una
solución, llevando a los actores, a través de conmovedoras
experiencias, a una disposición que permita que vuelva
a fluir el amor y la paz en esa familia. Y el protagonista,
con mirada atónita, observa de manera tan sencilla actuar
a su "familia" recogiendo inconscientemente la información
que necesita para sanar sus heridas internas y volver
al amor.
He visto cómo los procesos que se desarrollan son de
una intensidad tal que no sólo el cliente sino quienes
representan a su familia y los que han quedado sentados
observando son tocados por la escenificación de un drama
que, en algún punto, refleja sus propias vivencias familiares.
Con lo que el efecto sanador termina por alcanzar a
todos los presentes.
Recreando la estructura familiar con la constelación,
los conflictos no resueltos pueden aclararse y los participantes
ven cómo estas situaciones les han estado afectando
desde la niñez. Y cómo reconociendo esas tendencias
inconscientes el proceso sanador puede comenzar.
Las herramientas que se utilizan se apoyan pues en las
soluciones, no en los conflictos. Y son sencillas y
poderosas. Se parte de sacar a la luz el conflicto principal
que se repite en nuestras vidas, se observa el equilibrio
entre el dar y el recibir, se procura que cada uno ocupe
el orden que le corresponde con toda dignidad (por ejemplo,
que la hija no haga de madre), se honra a los padres,
se expresa el orgullo que se siente por los hijos y
se hacen duelos por las pérdidas.
Debo confesar que mi profesión y mi espíritu inquieto
me han conducido a experimentar muy diversos tipos de
terapias pero ninguna me ha impresionado tanto como
ésta de la Constelación Familiar. Cuando ésta alcanza
su plenitud, invade un respeto reverente. Algo sucede
que se siente profundamente, difícil de expresar con
palabras y la sala se llena de silencios y de miradas
fugaces plenas de significado. Las escenas se suceden
a un ritmo pausado cargadas del dramatismo de la vida
misma, ayudando a liberar el alma del participante:
la madre que llora al hijo no nacido o el hombre inclinado
ante su madre que yace sin vida en el suelo son ejemplos
de cómo esta escenificación ayuda a sanar heridas que
ni los años ni las palabras pudieron cicatrizar. Puedo
asegurar que quien vive la experiencia de una Constelación
Familiar entiende perfectamente lo que sucede porque
el único lenguaje es el de los sentimientos. Para darle
una explicación racional habría que recurrir a la teoría
de los campos morfogenéticos propugnada hace
años por Rupert Sheldrake o a la Bioinformación
y entender que esta terapia establece una conexión con
el alma familiar que se manifiesta en ese momento entre
los presentes. Uno a uno, los amores, odios y dolores
de los miembros de la familia se manifiestan ante los
ojos atónitos del protagonista que comprende de una
nueva manera liberadora la historia familiar y la suya
propia.
Escuchado desde fuera es difícil de comprender pero
vivido desde dentro causa una profunda impresión. Es
una terapia digna de respeto y altamente recomendable
para aquellos que vivieron o viven algún drama familiar
que dejó marcadas sus vidas. La oportunidad de verlo
reflejado ante sus ojos y reconducido con amor les permitirá
"reconocer lo que es" -así se titula precisamente
el libro de Hellinger- y soltar pesadas cargas, arrastradas
durante años.
Fernando Sánchez
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