En un principio fue la Naturaleza. Y
la Historia era la Naturaleza. Yo, en la Amazonía, he conocido
todavía a esos humanos que, cazadores y recolectores, vivían
mimetizados en su medio selvático. Y su vida era la vida
de los acontecimientos que ocurrían.
Pero un día nuestro cerebro -aprendiendo a prever, que es
aprender a temer, a sentir la soledad de ser uno ante eso
otro o ese otro que nos puede agredir- construyó graneros
y domesticó animales.
Y otro día, o sea ahora, ya no somos Historia, ni sólo nos
prevenimos ante la Historia, ahora queremos que la Historia
sea nosotros. Porque ya no nos creemos Naturaleza, ni intentamos
tan sólo protegernos ante posibles eventos dramáticos naturales,
ahora vamos incluso más allá de intentar modificar la Naturaleza,
ahora queremos generar Naturaleza. Toda vez que la Historia,
la Naturaleza, la Vida, la Inteligencia, Dios, creemos es
ya sólo nosotros.
La petrolera
Shell ideó y empezó a poner en práctica
lo que denominó
"procesos de planificación por panoramas".
Algo, por cierto, que ya no es privativo de la
Shell
como estamos viendo en la actuación de importantes multinacionales
y gobiernos.
Joseph Jaworski, que ha sido director de uno de esos
programas de planificación de la
Shell, nos dice
que
"en esos procesos de planificación se trata de conformar
el futuro tanto dentro como fuera de la compañía". La
metodología consiste en establecer las dos líneas posibles
en que actuar ante los eventos prefijados y elegir y actuar
luego en aquella de las dos líneas de acción que más favorece.
Que en el caso de la
Shell, suponemos es básicamente
lo que más favorece a la compañía.
Así, la
Shell, en una de sus planificaciones por
panoramas, había llegado a la conclusión de que el futuro
de Sudáfrica debía deslizarse por alguno de estos dos caminos:
el camino de
arriba -que consistía en desmantelar
el
apartheid con lo que el país se podría desarrollar
dentro de un sistema político y económico abierto volviendo
en tal caso a entrar en la comunidad mundial- o el camino
de
abajo -manteniendo el
apartheid con lo
que el país experimentaría un mayor aislamiento y estancamiento
económico así como luchas internas.
El camino de actuación que se eligió -se pusiera en práctica
o no y, de haberse puesto en práctica, se lograra o no el
resultado deseado- es ya Historia. Como Historia será pronto
el panorama -sea el de
arriba o el de
abajo-
que Estados Unidos ha elegido ante Irak.
En su proceso de planificación por panoramas la
Shell
partió de la idea de que no describimos el mundo que vemos
sino que vemos el mundo que describimos. O sea, que nosotros
somos el mundo. Y si el sistema en que vivimos -añaden-
es abierto e insustancial entonces podemos crear. ¿Por qué
no?
Si bien es cierto que la
Shell ha basado su planteamiento
de planificación por panoramas de acuerdo con la nueva ciencia
perceptiva que considera moldeable -por no material- la
realidad, y si bien es cierto también que la
Shell
habla de una totalidad -la llamada globalización- sobre
la que se puede no sólo actuar sino que puede también ser
generada como tal totalidad por esa misma razón de su subjetividad,
de su no materialidad, de eso que explica diciendo que no
describimos lo que vemos sino que vemos lo que describimos,
no menos cierto es que la
Shell rompe esa globalidad
con su metodología dual impuesta de un
arriba y un
abajo al considerar sobre todo -por lo menos implícitamente-
que no hay otras leyes en la Naturaleza que aquellas que
nosotros, los humanos, generemos e implantemos. Con lo que
para la
Shell -y otras muchas grandes multinacionales
que son las que gobiernan a los gobiernos-
arriba
y
abajo no son ya la Naturaleza, la Tierra, la Historia
que la propia Naturaleza genera.
Pues bien, yendo a la Medicina, algo muy parecido acaban
de proponer los expertos que integran el Observatorio de
Bioética y de Derecho de nuestro país al decidir que ha
llegado el momento de hablar alto y claro ante la posibilidad
de que los padres seleccionen el sexo de sus hijos. O sea,
que no sea la Naturaleza quien decida sino que nosotros
impongamos nuestra voluntad a la Naturaleza.
Pero, ¿quién es la Inteligencia? ¿Quién regula el equilibrio
y armonía de la Vida? ¿Quién posee el conocimiento de todas
las leyes que comportan ese equilibrio y armonía? Y, en
definitiva, ¿no somos nosotros simple Naturaleza? ¿No hemos
surgido de la Naturaleza como surge un hongo o un virus?
Me explico: si situamos una coneja y un conejo en una pequeña
isla observaremos que cuando la población de conejos es
superior a la que la isla puede alimentar las conejas se
vuelven estériles.
Hay un tipo de lagartos que cuando su población es superior
a la debida -o sea, cuando su número excede el adecuado
para que se mantenga el equilibrio de la Vida- esos lagartos,
en manada, se arrojan al mar desde un acantilado. Y de hecho
éste -de una manera u otra- es el comportamiento de todas
las especies, que todas deben mantener el debido equilibrio
puesto que todas se reciclan con vida ajena en este globo
llamado Tierra y que no es más que una simple isla en el
cosmos.
Pero hay más. Y este más es algo que enlaza directamente
con ese deseo de dejar el sexo de nuestros descendientes
en manos de nuestras caprichosas preferencias. Y este más
es que lo habitual es que nazcan más mujeres que hombres,
lo que no impidió que tras la Primera Guerra Mundial, una
guerra de trincheras que en Europa acabó en gran medida
con la población de varones, entonces, sorprendentemente,
se observó que nacían más hombres que mujeres.
¿Somos nosotros los inteligentes? ¿O somos una simple célula
de la Vida terrestre, una célula que en lugar de buscar
una vida armónica con el medio se empeña en decidir por
su cuenta? ¿Y qué ocurre cuando esto se da?
Una célula cancerosa es eso: algo que intenta imponer su
voluntad en contra del orden natural. Y una célula o una
colonia de células cancerosas dispuestas a imponer su voluntad
sólo puede tener dos finales: ser destruida por el medio
del que surge y forma parte o vencer destruyendo el medio.
Sólo que la victoria implica también su muerte porque, muerto
el medio, el cáncer también muere. O sea, que tomemos el
camino de
arriba o el de
abajo, la Naturaleza
sigue escribiendo las grandes líneas de la Historia. Nosotros
tan sólo podemos interpretar esa escritura, creer que generamos
Naturaleza al creer que estamos fuera y por encima de ella.
Algo así como si una figura de ajedrez intentara imponer
propios y aberrantes movimientos dentro del tablero ignorando
que hay una mano perceptiva que establece las leyes en que
dentro del tablero deben moverse las fichas.
Joaquín Grau