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| ¿ES
USTED UN "POBRE DE MI"? |
En los últimos años este término
se ha popularizado en buena medida gracias a la novela
de James Redfield Las nueve revelaciones
en la que nos hablaba de distintas farsas de control
o roles que puede manifestar la personalidad del individuo.
En realidad el "pobre de mí" es un modelo muy bien identificado
por la Psicología y que corresponde al indefenso, al
desvalido, al sufridor, al arquetipo del huérfano, alguien
que aparenta una gran debilidad, unas veces física y
otras psicológica, pero que generalmente esconde una
personalidad mucho más fuerte.
Hay personas que han desarrollado mecanismos de defensa
para relacionarse con los demás y que basándose en su
experiencia han ido adquiriendo unos patrones mentales
que en algún momento les reportaron beneficios. Cuando
se dan las circunstancias adecuadas vuelven a reproducir
el mismo esquema mental buscando el resultado que obtuvieron
en el pasado. Los actos repetitivos crean el hábito
y éste, al cabo de un tiempo, conforma un rasgo definitivo
de la personalidad.
Aparentemente son personas que buscan la protección
y el apoyo de cuantos les rodean, que empezaron mostrando
debilidad para llamar la atención, pidiendo ayuda para
conseguir el favor ajeno, esgrimiendo su incapacidad
para que los demás actuasen por ellos, amparándose en
su debilidad para obtener la protección y la seguridad
de los otros.
Realmente esta actitud provoca un círculo vicioso del
que resulta complicado salir pues parece que las circunstancias
les dan la razón. Las dificultades se van encadenando,
los problemas se suceden, la "mala suerte" parece cebarse
en ellos, nada fluye en su vida sino que parece que
todo tienen que conseguirlo mediante la lucha y el enfrentamiento.
Muchas veces estas personas parecen estar rodeadas de
un "halo misterioso de infortunio" que utilizan para
seguir representando su papel de "pobre de mí".
Pues bien, buscando en la raíz de esta actitud volvemos
a encontrarnos con una emoción primordial: el miedo.
La persona que se nos presenta como desvalida física
o psicológica en realidad oculta miedo a asumir responsabilidades,
a afrontar por sí misma las riendas de su vida, miedo
a crecer, a alejarse del mundo de la infancia para incorporarse
al mundo de los adultos. Prefieren ser como el pollito
encerrado dentro del cascarón. De hecho, muchas veces
se refugian en posturas de ingenuidad e infantilismo
porque saben que a los niños se les protege, se les
cuida y no se les exige.
Otra de las características que presentan es que culpan
al exterior -ya sea a las circunstancias o a las personas
que les rodean- de todos sus males. En este sentido,
es fundamental desdramatizar el proceso que están viviendo
y entender que a lo largo de la vida siempre hay periodos
de crisis y de bonanza, de tensión y de relax, de lucha
o de quietud; en suma, es bueno recordar que en la naturaleza
también hay montañas y valles y que sin las unas no
podríamos apreciar los otros.
Así pues, es importante vivir esos momentos como fases
del proceso de la vida y ser consciente de que aunque
a veces no pueda cambiar las circunstancias o los condicionantes
sí tiene la facultad de elegir cómo eso le va a afectar,
cómo quiere vivirlo, la actitud que va a mantener.
Se trataría de recuperar la confianza en que dentro
del ser humano reside la fuerza interior necesaria para
superar cualquier situación, que tiene la oportunidad
de enfrentarse a los temores que le impiden vivir y
gozar de todo lo bueno que le sucede.
Si para superar cualquier dificultad la persona recurre
siempre a los demás llegará un momento en que su autoestima
bajará, la imagen que tiene de sí misma se verá perjudicada
y como consecuencia aumentará su sensación de debilidad
e indefensión cayendo en el pesimismo y más tarde en
la depresión.
Es importante reconocer los valores personales, saber
cuáles son los puntos fuertes de nuestra personalidad
y apoyarnos en ellos para superar los momentos difíciles.
En este sentido, resulta curioso comprobar cómo en los
juegos o tests que se hacen en los seminarios y talleres
de crecimiento personal o de autoayuda las personas
tienen siempre más dificultad para identificar sus cinco
virtudes principales que para hacer lo propio con sus
cinco defectos más sobresalientes.
Provocar la implicación ajena mediante la lástima hará
que la persona vaya perdiendo fe en sus posibilidades
y desarrolle dependencias psicológicas con respecto
a los demás. Y así, la comodidad del principio se puede
convertir en abdicracia, en dejar en manos de los demás
las riendas de su vida. Y es que lo mismo que sucede
con el cuerpo, que cuando no se ejercita un órgano se
atrofia, ocurre también con las capacidades innatas
del ser humano para cuidar de sí mismo y poder afrontar
y resolver las problemáticas que la vida ponga en su
camino con una actitud de confianza y optimismo: sí
no se ejercitan se van perdiendo.
Hay que tener en cuenta que el "pobre de mí" puede llegar
a convertirse en un gran manipulador de las personas
de su entorno, algo que terminará volviéndose contra
él y que probablemente le llevará a la soledad que tanto
teme.
Conocer y desarrollar nuestras capacidades para experimentar
en la pista de pruebas que es la vida nos hará ir ganando
en confianza y seguridad. En suma, ir evolucionando
a través de la ampliación de la consciencia.
María
Pinar Merino
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