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| ¿CÓMO
CREAR RELACIONES ARMÓNICAS CON LOS QUE NOS RODEAN? |
Casi todo el mundo está hoy de
acuerdo en que las relaciones interpersonales son la
gran prueba a la que se enfrenta el ser humano de nuestros
días. También coinciden en que es importante abrirse
a los nuevos paradigmas, aceptar las nuevas ideas y
descubrimientos que han alterado sustancialmente muchas
de las teorías tenidas como inmutables por la comunidad
científica y una gran parte piensa, además, que aunque
nos preparemos para los cambios externos el cambio fundamental
ha de producirse en el interior: se trata de la apertura
al mundo espiritual y eso conlleva una revolución no
sólo de las estructuras sociales sino de las concepciones
internas que son las más difíciles de superar.
El ser humano necesita hoy, como nunca antes, dar satisfacción
a un impulso espiritual muy fuerte que la mayoría de
las veces ha estado "sujeto" y "conducido" por normas
y reglas, leyes y liturgias de las que se escriben en
los libros pero que en muchas ocasiones están alejadas
de las leyes naturales.
Con estas premisas empieza su andadura buscando respuestas:
hace terapias que "limpien" su biografía personal, practica
rituales de otras culturas que considera más espirituales
que la suya, si está estresado se refugia en retiros
de silencio, si su vida laboral es muy competitiva se
integra en talleres de cooperación, emplea algo de su
tiempo libre en voluntariado social, lee libros de crecimiento
personal, come más sano, practica artes marciales, técnicas
de control mental, relajación, meditación...
Y todos esos cambios producen, lógicamente, alteraciones
en su entorno. Lo que hasta entonces era su mundo empieza
a tambalearse, se desdibuja su futuro laboral, se resiente
la economía, el círculo de amistades se rompe, la familia
entra en crisis, en ocasiones la pareja... y uno se
pregunta ¿Qué está sucediendo? ¿Es este el premio
por todo el esfuerzo que hago por mejorar? ¿Se pone
el mundo en contra? ¿Es el sistema que se rebela? ¿Intentan
demostrarme que estoy equivocado poniéndome las cosas
difíciles?
Yo creo que no sino que, simplemente, en cada uno de
los ámbitos en que nos movemos existen personas, seres
humanos también buscadores como nosotros, que utilizan
otros caminos para reencontrarse con su verdadero Yo
y ahí es donde se producen los choques. Porque no son
las leyes y las normas las que nos causan problemas
sino las personas que las aplican.
Y eso nos coloca de nuevo ante la pregunta que nos hacíamos
al principio: ¿cómo crear relaciones armónicas con los
que nos rodean?
Primero habría que fijar claramente el objetivo fundamental
de nuestra vida que sería algo así como el Norte hacia
el cuál nos dirigimos en este caso: el encuentro con
el verdadero Yo para poder manifestarle plenamente.
La Psicología se ha ocupado de este proceso de crecimiento
durante las últimas décadas dándole diferentes nombres:
autorrealización, el despertar del "self" (uno mismo),
etc. También la filosofía y la religión lo han hecho
a su manera: la búsqueda del tao, el samadi o la iluminación.
Pero para que ese encuentro tenga lugar es preciso actuar
en dos frentes: por un lado, profundizar en uno mismo
identificando esa parte sutil e inmanente que está dentro
de nosotros; y, por otro, atesorar vivencias poniendo
en práctica lo que vamos descubriendo porque sólo el
conocimiento mas la experiencia es lo que produce la
sabiduría.
Y, en este sentido, podríamos hablar de tres grandes
pilares que son fundamentales para poder establecer
esas relaciones armónicas con lo y los que nos rodean:
1) La conciencia.
Se trata de desarrollar un estado de atención que no
tiene nada que ver con la sensación de trabajo, de esfuerzo.
No se trata de planificar las actividades diarias -como
hacemos cada mañana al levantarnos- sino de planificar
la actitud con la que vamos a afrontar esas actividades.
El resultado de la aplicación de esa actitud nos dará
imágenes fieles o distorsionadas de nosotros mismos.
Fernando Savater decía: "Muchas veces no podemos
elegir las cosas que nos pasan pero siempre podemos
decidir con qué actitud vamos a vivirlas". Ser consciente
significa comprender la vida, encontrar sentido a lo
que nos sucede. Y en el terreno de las relaciones interpersonales,
Anthony de Mello lo expresa perfectamente:
"Como no tengo miedo de perderte pues no eres un objeto
propiedad de nadie puedo amarte como eres, sin deseos,
sin apegos, sin condiciones, sin egoísmos y sin querer
poseerte". Esa forma de amar es un gozo sin límites
porque pone el foco de atención en uno mismo al descubrir
que la felicidad siempre está en el interior y que las
exigencias, la cultura, los deseos, los miedos, los
escudos para defendernos la ahuyentan.
2) La libertad.
Es fundamental aprender a expresar los sentimientos,
a romper el patrón de condicionamiento y programación
en el que estamos inmersos. En muchas ocasiones hemos
escuchado consejos como "Piensa antes de hablar",
"No expreses lo que sientes", "Di lo que el otro espera",
"Piensa en lo qué dirán los demás"... Y esas creencias,
arraigadas en nosotros desde la infancia, colocan escudos
que nos separan del resto y suponen un grave hándicap
en la comunicación y la relación con los otros. Libertad
significa andar sin cargas, renunciar a querer tener
razón o a defender tu verdad como la única entendiendo
que la verdad es la suma de las pequeñas verdades de
los que nos rodean. Privamos de libertad a los demás
cuando exigimos que hagan lo que queremos o cuando ellos
lo hacen con nosotros. Y eso no es amor sino egoísmo.
El amor sólo puede expresarse en libertad. El amor a
la vida como actitud interna de apertura nos hace amar
a las personas más libremente.
3) Vivir el presente.
La memoria, que es una excelente herramienta para la
evolución del ser humano puesto que nos permite recordar
lo aprendido y evitar repetir los errores se puede convertir
en un tremendo freno a la hora de relacionarnos con
los demás. Vivir el momento presente sin interferencias
de la memoria significa abrirse a lo que la vida nos
depare en ese instante, aceptar lo nuevo como un reto
y entender que lo que dejamos atrás no puede condicionar
nuestra vida porque eso nos impide avanzar.
San Juan de la Cruz habla de la purificación
de la memoria y se refiere a limpiarla de toda emoción,
a no quedarse anclado en los recuerdos, a superar la
nostalgia liberándonos de las emociones del pasado preparándonos
para recibir lo nuevo.
Cuando conocemos a alguien inmediatamente nos hacemos
una idea sobre él y le fijamos en nuestra memoria creando
un prejuicio. Le colocamos una etiqueta según sus hábitos,
su forma de vestir o de hablar y esa es la imagen con
la que nos relacionamos a partir de ese momento. Pero,
¿nos damos cuenta de los cambios que se producen en
esa persona? ¿Estamos atentos y despiertos para reconocer
que ha modificado su comportamiento? Si admitimos que
nosotros y nuestra percepción de la realidad varía,
¿por qué no pensamos lo mismo de los demás?
Son las expectativas que nos creamos, las exigencias
y los deseos inconscientes los que dificultan las relaciones
humanas produciéndonos estrés y ansiedad. Y cuando hablo
de relaciones me da igual que sean de amistad, amor,
sexo, familiares o profesionales.
¿Cuánto tiempo y energía gastamos en intentar que los
otros vivan de acuerdo con los planes que hemos diseñado
para ellos en algún momento de nuestra relación?
Así pues, consciencia, libertad y vivir el presente
son tres claves fundamentales de la vida para lograr
relaciones armónicas basadas en el amor, el respeto,
el desapego y la ausencia de miedo, culpa o rechazo.
"Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo
pero sé que es mi melodía la que me hace feliz. Cuando
él se va me quedo lleno con su música y no se agotan
las melodías pues con cada persona suena una melodía
distinta que también me hace feliz y enriquece mi armonía.
Puedo tener una melodía o más que me agraden en particular
pero no me agarro a ellas sino que me agradan cuando
están conmigo y también cuando no están pues no tengo
la enfermedad de la nostalgia sino que soy tan feliz
que no añoro nada... No puedo echarte de menos porque
estoy lleno de ti. Si te echase de menos sería reconocer
que al marcharte te quedaste fuera... El amor es una
sensibilidad que te capacita para escuchar todos los
instrumentos precisamente porque uno de ellos despertó
más hondamente esa sensibilidad ¿Os imagináis si al
escuchar una sinfonía prestáramos atención a un sólo
instrumento negándonos la capacidad de escuchar los
demás?", explica Anthony de Mello refiriéndose a
ese modelo de relación.
Es posible que en el futuro seamos capaces de crear
una red de personas independientes pero perfectamente
interconectadas donde fluya la energía y cada uno disponga
de espacio, tiempo y atención para manifestarse tal
cual es. Pero no olvidemos que si queremos que ese futuro
se convierta en una realidad es preciso empezar a plantar
las semillas ahora, en el presente.
María
Pinar Merino
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