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| ¿QUÉ
ES LA SALUD?
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concepto de salud
no es hoy el mismo de antaño; ni siquiera del de hace sólo
unas décadas. De hecho, ha ido variando a lo largo del tiempo
adaptándose a los nuevos conocimientos a los que el ser
humano ha ido accediendo en su devenir evolutivo y que,
inevitablemente, suponía romper con los límites del marco
social de referencias que se sustentaba en cada momento
histórico. Es más: la historia del "arte de curar" demuestra
que éste no ha sido en muchas ocasiones sino una sucesión
de agresiones contra el propio cuerpo, como demuestran,
por poner ejemplos simples, tratamientos tan disparatados
como las sangrías, las purgas salvajes o mantener abrigado
y calentito a quien estaba aquejado de fiebre alta.
A fin de cuentas, basta mirar a nuestro alrededor para darnos
cuenta de que la Vida es cambio constante, transformación...
y que lo es merced al impulso evolutivo que se manifiesta
en todo el universo, desde las partículas subatómicas hasta
las estructuras más complejas. Impulso de cambio a consecuencia
del cual el ser humano se ha enfrentado a una revisión constante
de las ideas fundamentales sobre las que se asienta su visión
del cosmos, de la realidad, de sí mismo y de su relación
con el entorno. Nada debe extrañarnos, pues, que a medida
que ha ido avanzando en la conquista de su intelecto, sus
ideas sobre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad,
el mundo físico y el mundo de la mente han ido sufriendo
variaciones para adaptarse a los nuevos descubrimientos.
Es así como han surgido siempre los nuevos patrones o paradigmas
que en cada momento han conformando las convicciones de
las sociedades.
¿QUÉ ES UN PARADIGMA?
Fue Platón, el filósofo griego, el primero en emplear
este término, pero sería Thomas S. Khun en su libro
La estructura de las revoluciones científicas (1975)
quien lo aplicaría por primera vez para definir el modelo
sobre el que se sustentan las formas de ser y pensar de
una sociedad dentro de un marco avalado por la comunidad
científica.
Obviamente, pues, los modelos o paradigmas no son eternos
ya que constantemente surgen corrientes de opinión que ponen
en tela de juicio el patrón científico imperante, tanto
desde el punto de vista de la Cultura como de la Filosofía,
la Tecnología, la Economía o la Ciencia en cualquiera de
sus expresiones. Nuevas ideas que muchas veces surgen como
algo indemostrable, casi metafísico, que rompe los límites
sociales esclerotizados por la comodidad y el miedo y abre
nuevos caminos que se van afianzando paulatinamente como
una nueva fuerza creativa y rompedora.
Los paradigmas, al igual que las culturas, necesitan transformarse
debido a la presión del medio. Siendo cuando esa presión
aumenta hasta un punto crítico cuando el antiguo modelo
empieza a ser cuestionado y, poco a poco, lo innovador va
ganando terreno. Algo que al principio se plantea como una
revolución y provoca el enfrentamiento para, a continuación,
dar paso a la confusión y el desconcierto ya que conviven
y se superponen durante algún tiempo lo viejo y lo nuevo.
De hecho, podemos observar múltiples sucesos en los que
se patentizan las nuevas ideas: las transformaciones sociales,
los replanteamientos políticos tradicionales, la decadencia
de las instituciones religiosas, el auge de nuevos movimientos
espirituales, la toma de consciencia de la ecología planetaria,
los nuevos marcos en los que se desarrollan las relaciones
interpersonales, la caída de las instituciones centenarias
y, cómo no, una nueva forma de entender al ser humano y
asumir conceptos como los de salud o enfermedad. En suma,
es en nuestros días, como nunca, cuando la luz de los nuevos
paradigmas está transformando todo a nuestro alrededor:
la religión, la filosofía, el arte, la cultura, la economía,
la empresa, la educación, la política, las relaciones y,
por supuesto, la salud. Estamos, en definitiva, en el umbral
de un gigantesco cambio social en el que el ser humano tendrá
que realizar un gran esfuerzo para asimilar la transformación
comprendiéndola porque, de no hacerlo así, el tránsito a
la civilización del futuro lo vivirá de forma traumática.
ANTECEDENTES DE LA MEDICINA OCCIDENTAL
Y qué duda cabe de que uno de
los ámbitos donde está teniendo lugar una mayor transformación
es en el de la Salud. Porque la revolución científica actual
iniciada con la formulación de la Teoría de la Relatividad,
primero, y complementada con el desarrollo de la Física
Cuántica, después, ha influido en el mundo de la Medicina
tanto como el descubrimiento de América cambió en su día
la concepción del mundo. Así lo afirma al menos el médico
y profesor de la Universidad de Texas Larry Dossey,
quien ya en su obra Tiempo, Espacio y Medicina (Ed.
Kairós, Barcelona, 1986) reconoció sin ambages que los nuevos
conocimientos científicos afectan profundamente a las estructuras
en las que se asienta la Medicina actual. "La salud
-aseguraba entonces- es algo mucho más complejo de lo
que puede explicar el comportamiento de las moléculas".
Fue Descartes quien planteó que la Naturaleza está
dividida en dos facetas contrapuestas e irreconciliables:
el mundo material y el del espíritu, estando éste último
constituido por todo aquello que no tiene entidad física.
Entendiendo, en consecuencia, que como el hombre forma parte
del mundo material está sólo sometido a las leyes de la
Mecánica. Es decir, que desde entonces se ha percibido al
ser humano como una "máquina" que, en el mejor de los casos,
alberga en su interior una parte inmaterial: el alma. Y
así, basándose en estas ideas, la salud se resumía en el
perfecto funcionamiento del cuerpo, que no vendría a ser
más que algo similar a un complejo mecanismo de relojería
cuyas piezas pueden estropearse o desordenarse provocando
entonces la "enfermedad".
Pues bien, tal concepción del ser humano sigue vigente hasta
hoy en la mayor parte del mundo occidental donde "la lucha
contra la enfermedad" se plantea como una pelea para intentar
que la "máquina" vuelva a funcionar correctamente y donde
las averías son diagnosticadas y tratadas con sustancias
químicas que suplen las deficiencias o alteraciones del
órgano enfermo. Luego, si eso no es suficiente, se recurre
a la cirugía para reparar o sustituir las "piezas dañadas".
Otro de los pilares fundamentales en los que se asentaba
la Ciencia no hace tanto tiempo era el de los criterios
de parcialidad. Como reacción a la época de oscurantismo
de la Edad Media, en la que el ser humano estaba mediatizado
por creencias dogmáticas y concepciones religiosas que le
mantenían atado y sin capacidad de actuar, surgió el método
científico y con él la creencia de que sólo era una fuente
de información válida la que provenía de los sentidos y,
aún en este caso, sólo tenía validez la que pudiera ser
medible, pesable, tocable o pudiera reproducirse en laboratorio.
Luego, a partir de Kepler, Newton, Descartes y Bacon
-padres del movimiento científico- el dominio de la Naturaleza
pasaba por la necesidad de subdividirla en partes cada vez
más pequeñas y controlables, lo que tuvo reflejo en el terreno
de la Medicina al provocar el afán por la especialización.
Y así, se dividió al organismo en sistemas, los sistemas
en órganos, los órganos en células, las células en moléculas
y éstas en partículas. En algunas disciplinas científicas,
como la de la Medicina, el problema era mucho más grave,
pues cada una de las partes era observada, analizada y tratada
independientemente de las demás obviándose su relación o
interacción con el resto. Tendencia que se ha mantenido
hasta nuestros días.
LA
MEDICINA,
HOY
Aún así, apoyándose en el desarrollo de la tecnología y
la informática, la Medicina ha logrado grandes avances,
sobre todo en el terreno de la investigación genética, al
intentar encontrar los orígenes de las enfermedades. Sin
embargo, la Medicina convencional sigue adoleciendo de parcialidad
pues continúa concibiendo al ser humano como un mecanismo
ideal regido por la mente -identificando ésta con el cerebro-,
sin contemplar las emociones, lo transcendente o la influencia
del medio ambiente en el organismo.
Afortunadamente, el nuevo paradigma científico está forzando
a los expertos en cada disciplina a revisar sus fundamentos
y la Medicina de hoy no es una excepción. Y lo primero que
está haciendo es replantearse nuestro concepto del SER HUMANO,
recurriendo a la aportación de disciplinas como la Psicología,
la Psiquiatría o la Antropología, así como a otras que ya
en el mundo griego eran igualmente consideradas "ciencias",
como la Filosofía o la Ética.
Nos acercamos así a uno de los fundamentos en los que se
asientan los nuevos paradigmas: la certeza de que todo está
relacionado, de que el universo es una compleja manifestación
energética donde están permanentemente interactuando todos
y cada uno de sus diferentes planos vibracionales.
MEDICINA
PSICOSOMÁTICA
Hoy, muchos profesionales de la Medicina que se han abierto
a las nuevas ideas buscan métodos más sencillos y menos
agresivos para curar las enfermedades, intentando evitar
los efectos secundarios -altamente tóxicos en ocasiones-
de los fármacos, los riesgos de la cirugía, los inútiles
tratamientos de gran número de dolencias, etc., obligando
a revisar muchas de las concepciones tradicionales. De hecho,
uno de los primeros postulados que ha tenido que asumir
la Medicina de vanguardia es que cuerpo y mente están estrechamente
relacionados. Y así, se habla ya de una nueva disciplina
científica, la Medicina Psicosomática, que se ocupa
de estudiar cómo las actitudes, las emociones y los pensamientos
de las personas tienen un efecto inmediato sobre la fisiología,
comprobando además que los procesos de curación en enfermos
aquejados de una misma dolencia y a los que se les ha aplicado
el mismo tratamiento varían de unos a otros según su estado
anímico. Y, de la misma manera, empieza a entenderse que
la mente no sólo se circunscribe al funcionamiento del cerebro,
sino que hay una repercusión clarísima que se manifiesta
a escala celular.
En suma, al igual que en Economía el nuevo paradigma apunta
hacia la explotación controlada de los recursos de la Naturaleza
y a un profundo conocimiento de ellos para trabajar en su
desarrollo, así el cuerpo humano deja de ser un mero instrumento
orgánico de entidad material para ser considerado como la
expresión más densa de una serie de energías sutiles que
se van concretando en orden descendente hasta llegar al
plano físico. Formulación que asume además el hecho
de que cuando se actúa sobre uno cualquiera de
los niveles vibratorios se influye sobre los otros.
NUEVA
CONCEPCIÓN DEL SER HUMANO
Hay que señalar además que este planteamiento da un sentido
transcendente a la Vida y una visión nueva del ser humano,
que empieza a ser entendido como una unidad de conciencia
en evolución. Conciencia que utilizaría todos los vehículos
a su alcance para manifestarse, entre ellos el cuerpo físico.
Cuerpo que, por ser el de menor vibración y, por ende, el
de mayor densidad, sería el más fácilmente afectado por
los desequilibrios producidos en los niveles de expresión
energética superior, traduciéndose en disfunciones físicas,
psicológicas o emocionales.
Obviamente, esta nueva concepción del ser humano implica
una lectura distinta sobre la enfermedad de la que se venía
haciendo hasta ahora al considerar que en su aparición intervienen
causas endógenas o exógenas, es decir, generadas tanto desde
dentro como desde fuera de nosotros. Paralelamente, los
"síntomas" de la enfermedad pasan a ser identificados como
señales que habría que escuchar pues representarían
un mensaje para que la persona reaccionara y pusiera
en marcha cuantos mecanismos tuviera a su alcance a fin
de producir los cambios necesarios.
La "enfermedad" no sería pues, desde este punto de vista,
sino un dinamizador de la conciencia para el desarrollo
integral de la persona. Y aún más: siendo todo ello
así, es obvio que habrá que buscar las causas de las enfermedades
en los campos de energía sutil que conforman al ser humano.
Aunque posiblemente el cambio de mentalidad más trascendente,
sobre todo desde el punto de vista de la persona, sea
la toma de consciencia de la influencia que ejercen los
pensamientos sobre las enfermedades tanto antes de manifestarse
como una vez que ya lo han hecho. De ahí que se haya
constatado que la concentración de los pensamientos en un
objetivo predeterminado, la intencionalidad, la visualización
creativa empleadas de forma consciente y, sobre todo, el
deseo de la persona de sanar, produzca efectos inmediatos
sobre los órganos dañados, reactivando y potenciando el
sistema inmunológico.
Por otra parte, en el intento de ser cada vez más conscientes
de nuestros procesos de enfermedad, también resulta útil
recurrir a algunos avances tecnológicos que ponen a nuestra
disposición técnicas como el biofeedback. Método éste basado
en la utilización de pequeños artefactos que emiten distintos
sonidos para avisar al enfermo de posibles riesgos. Se utiliza
en personas con antecedentes de ataques cardiacos, jaquecas,
arritmias, diabetes, úlceras, impotencia, problemas de presión
sanguínea, etc. Lo que se pretende es activar la consciencia
de la persona sobre el proceso físico que está viviendo.
Es como una especie de avisador artificial que se
activa cuando detecta una situación de peligro. Sólo que
-¡qué duda cabe!- es nuestro propio cuerpo el que nos puede
proporcionar la mejor respuesta: de hecho se ha comprobado
que los estados emocionales (alegría, satisfacción, entusiasmo,
etc.) producen una serie de sustancias conocidas como neuropéptidos
que activan las defensas del organismo.
LA
CONCEPCIÓN HOLOGRÁFICA
Por otra parte, si se confirma la teoría -cada vez más aceptada-
que presenta al universo como un megaholograma -es decir,
un gigantesco holograma-, nos encontraríamos ante la evidencia
de que nuestra salud está estrechamente relacionada con
la del mundo que nos rodea hasta el punto de que actuando
sobre nosotros estaríamos influyendo en el bienestar del
resto de la humanidad y, por extrapolación, en la de todo
el universo.
Un nuevo paradigma, en suma, que define la salud
como la correcta o armónica interrelación entre los procesos
mentales, etéricos y físicos.
En definitiva, el nuevo paradigma nos habla de Salud Integral
u Holística y no de Medicina. Y si hasta ahora el enfoque
médico ha estado centrado en diagnosticar, localizar y erradicar
la enfermedad de órganos o sistemas que sufrían algún tipo
de alteración -con lo que la "focalización" impedía ver
el aspecto global que presentaba esa enfermedad al centrar
su atención en los síntomas y no en el enfermo-, en el futuro
habrá que centrarse en comprender lo que le sucede al ser
humano que enferma en todas sus facetas, de forma integral,
para descubrir la causa de la dolencia y poder tratarla.
Ya no se dedicará a buscar virus, bacterias o elementos
exógenos a los que achacar una enfermedad sino que tendrá
que saber qué procesos mentales y/o emocionales le han llevado
-o han contribuido- a que la persona esté en ese estado.
LA
CURACIÓN DEPENDE DE NOSOTROS
"La curación -afirma el doctor Leonard Laskow-
se da de un modo natural. Podemos usar nuestros pensamientos,
nuestras manos, el corazón y la conciencia elevada para
inducir la curación. Las energías pueden aprovecharse y
amplificarse para propiciar una transformación encaminada
a la salud y la integridad en nuestra vida y en las vidas
de los demás. En mis veinticinco años ejerciendo la medicina
he desarrollado una idea bastante aproximada de cómo puede
tratarse eficazmente la enfermedad con procedimientos médicos.
No obstante, he visto con claridad meridiana que el médico
se limita a tratar; es la naturaleza la responsable de la
curación propiamente dicha. Con esto quiero decir que el
impulso natural de la vida es curarse, recuperar su integridad.
Cada vez que he recurrido a la cirugía dependía del proceso
curativo del propio paciente para conducirle hasta su pleno
restablecimiento. Impulso curativo natural sin el que hasta
el médico mejor capacitado del mundo se vería impotente
para devolver la salud al enfermo".
Pero si eso es así, si la fuerza de la vida intenta manifestarse
plenamente en todo organismo vivo manteniendo el orden celular,
¿qué sucede para que de pronto se cree el caos y aparezca
la enfermedad? Para el Dr. Laskow la respuesta es
simple: "Las semillas de la enfermedad se siembran cuando,
lo sepamos de un modo consciente o inconsciente, nuestros
actos cotidianos entran en conflicto con nuestro objetivo
espiritual".
Dicho de otro modo: quien no actúa de acuerdo con su propia
conciencia termina somatizando ese conflicto en su cuerpo
físico y enfermando. Usted decide.
CONCEPCIÓN DE LA ENFERMEDAD A
TRAVÉS DE LA HISTORIA
Hoy sabemos que la concepción
de la realidad, del mundo en que vivimos, depende del observador.
Que no se trata de algo objetivo y fijo sino que varía según
el foco de atención de la persona y su capacidad para comprender
y asimilar sus propios procesos y su relación con el entorno
en el que se desenvuelve. Razón por la que para intentar
seguir la pista de los orígenes de la enfermedad es necesario
bucear en el desarrollo de la consciencia del ser humano.
Es muy difícil seguir el hilo conductor de la historia de
la Medicina, sobre todo cuando nos acercamos a los orígenes
de la humanidad ya que no hay testimonios escritos y los
vestigios de los restos arqueológicos no aportan ninguna
información salvo la relativa a determinadas dolencias o
malformaciones óseas. Sin embargo, hay estudios comparativos
de tribus que actualmente viven en condiciones casi prehistóricas,
como algunos grupos batús o apaches, los yanomanis
del alto Orinoco -que no conocen aún los metales-, los mashigangas
de las selvas de Madre de Dios, los amat en Nueva
Guinea, los danis recién salidos del Neolítico y
los caníbales coroways que utilizan una medicina
natural basada en la aplicación de los remedios que
la Naturaleza les proporciona. Estudios que nos permiten
comprender que fue la intuición la que, hace cientos de
miles de años, se fue abriendo paso en el ser humano y le
llevó a experimentar con la aplicación local de barros,
hierbas, cortezas, raíces, etc., a la hora de buscar algo
que supusiera un alivio para el dolor. Y que, probablemente,
también incluyeron la ingestión de determinadas hierbas,
alimentos, jugos, etc. Es más, hoy sabemos que incluso la
simple aplicación de la mano sobre las heridas empezaría
a formar parte del saber popular como remedio para calmar
el dolor. En todo caso, parece que en los comienzos del
Paleolítico se pensaba que la enfermedad tenía que originarse
por la penetración en el cuerpo de un objeto extraño. Luego,
a finales de este periodo, con el nacimiento del pensamiento
simbólico, se atribuyó la enfermedad a una evasión del
alma, algo que aún siguen creyendo algunos grupos humanos
en Siberia. Y a finales del Pleistoceno se cargó con la
responsabilidad de nuestros males a la acción de espíritus
malignos, creencia que aún mantienen algunos pobladores
en Asia Occidental, Sudeste de África y la cuenca del río
Amazonas.
Posteriormente, y como consecuencia de una distribución
de funciones dentro de la tribu, surgiría el papel del intermediario
entre los espíritus y los hombres, es decir, del brujo,
hechicero o chamán, que generalmente encarnaba la máxima
autoridad tanto religiosa como política.
En ese sentido, el chamanismo está considerado como
el sistema de curación mental y física más antiguo de cuantos
se conocen. De hecho, se han descubierto restos de prácticas
chamánicas cuya antigüedad se cifra en más de 30.000 años.
Y, por fin, el último paso antes de que se produjera la
revolución científica es el de los pueblos que consideran
la enfermedad como algo mágico que se ha originado por el
incumplimiento de un tabú. Forma de pensar que aún permanece
vigente en algunas culturas de nuestro tiempo, sobre todo
en el Viejo Mundo, Siberia y Asia Occidental.
En cuanto a la Medicina como ciencia, es obvio que fue de
la mano de la religión hasta que comenzaron a distanciarse
en el siglo XV. De ahí que la mayoría de las culturas antiguas,
Mesopotamia, el pueblo hebreo, Egipto, Grecia, Roma, etc.,
consideraran la enfermedad como un castigo divino,
relacionándola directamente incluso con el pecado (pensamiento
judeo-cristiano) o como pruebas enviadas por los dioses
para ser superadas. En otros casos, serían los demonios
y las fuerzas del mal encarnadas en distintas deidades
los responsables de la enfermedad, del dolor y de la muerte.
No siendo hasta que se produce el divorcio entre Ciencia
e Iglesia cuando comienza en el mundo occidental el desarrollo
de la Medicina alopática, sustentada por dos grandes
pilares: la tecnología y la farmacología. ¿Y por qué se
la denominó alopática? Pues porque se basaba en la aplicación
de "la ley de los contrarios"; es decir, se estudian los
síntomas que refleja la enfermedad y se aplican remedios
para contrarrestar la disfunción. Por eso para la Medicina
alopática las causas que producen una enfermedad se encuentran
en la degeneración del órgano o en la influencia de agentes
externos. Y así sucedió casi en exclusiva hasta que hace
apenas doscientos años se desarrolló la Medicina homeopática,
que aunque tuvo su origen en la Grecia clásica permaneció
durante siglos en el olvido.
Medicina que se basa en la aplicación de "la ley de los
semejantes"; es decir, en el principio de que ciertas enfermedades
se curan con medicamentos que producen los mismos síntomas.
De ese modo, y apoyándose en este principio, los médicos
descubrieron que, cuando diluían las sustancias, éstas seguían
manteniendo el mismo poder curativo... y además no tenían
efectos secundarios.
Hoy, la Medicina convencional centra sus esfuerzos de investigación
apoyándose en la Tecnología y en la Genética, gracias a
lo cual se han producido en los últimos años avances muy
importantes y se empieza ya a desentrañar el mapa genético
del genoma humano, mapa que probablemente quede completo
en los próximos años.
Paralelamente, la consciencia del ser humano continuó ampliándose
y, al hacerlo, pudo comprender que existen otros campos
más sutiles que la materia. Siendo así como comenzó a desarrollarse
la Medicina vibracional o energética. En ese sentido,
ya desde principios de siglo y merced a los avances tecnológicos
pero también a la influencia de Oriente, surgirían una serie
de terapias encaminadas a influir sobre lo que se considera
la energía vital y que en la Medicina china se conoce
como Ch'i, en la hindú como prana y en la
japonesa como ki. A consecuencia de lo cual, se realizaron
por primera vez en Occidente experimentos en hospitales
sobre la transmisión y curación energética mediante la imposición
de manos o la llamada anestesia de guante.
Simultáneamente, al incorporar el conocimiento de que todo
vibra, de que todo es vibración, se experimenta con la aplicación
de cargas de energía electromagnética dirigidas a la cicatrización
de tejidos y a la regeneración celular. Sin olvidar, además,
las nuevas técnicas de microcirugía o la utilización del
bisturí de rayo láser. A todo ello se une la toma de consciencia
de que a nuestro alrededor existen multitud de radiaciones
que nos afectan y que son fuentes de desequilibrio y enfermedad,
como demuestra la aparición en algunos centros hospitalarios
de departamentos dedicados a estudiar la contaminación ambiental
(atmosférica, eléctrica, sonora, electromagnética, etc.).
Paralelamente, los avances en el terreno de la Psicología
han provocado una nueva ampliación de las fronteras y hoy
se explora abiertamente el mundo de la mente, de las emociones
y de los diferentes estados de consciencia. Gracias a lo
cual se empezaría también a tener en cuenta el estado de
ánimo de la persona enferma, la influencia de los pensamientos
-por ejemplo, con el uso de placebos-, el poder de la mente,
la facilidad para somatizar conflictos psicológicos o emocionales,
etc. Surge así la Medicina psicosomática, que, al
comprobar la influencia de los campos más sutiles en los
más densos, inicia la búsqueda de la causa de las enfermedades
en aquellos elementos que están más cerca del origen: en
las emociones y en la mente.
LA MEDICINA DEL SIGLO XXI
En definitiva, el panorama que
se extiende ante nuestros ojos es casi apabullante. Porque
debido a la enorme cantidad de aspectos en los que se ha
fraccionado el estudio de la salud se ha generado un auténtico
maremagnum de terapias en ocasiones difíciles de
reconciliar. Eso sí, empezamos a admitir que no debe hablarse
ya de medicinas alternativas sino complementarias. Porque,
afortunadamente, las nuevas tendencias abogan por la conciliación
de los aparentes opuestos, la unión en lugar del fraccionamiento,
la búsqueda de lo común en detrimento de las particularidades.
Es más, la necesidad de contemplar al hombre como un ser
integral dotado de aspectos físicos, energéticos, emocionales,
mentales e, incluso, transcendentes a la hora de atender
al mantenimiento de su estado de salud se impone merced
a la demanda de las nuevas generaciones.
Ciertamente, el ser humano de final de milenio está cambiando
muchas de sus creencias. Su concepción de la realidad se
ha modificado porque lo ha hecho la idea de sí mismo. Se
origina así un nuevo enfoque de lo que es la enfermedad
y la salud, del porqué de sus experiencias, de la influencia
del entorno, de la satisfacción de sus necesidades, de su
participación en los procesos de los demás y de la consciencia
de sus capacidades, que se amplían a medida que se va liberando
de los miedos y la inseguridad.
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