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LA DIETA DEFINITIVA

Portada del número actualmente a la ventaDiscovery DSALUD es una publicación de Ediciones MK3La salud es armoníaTarifas de la revista y de la webSuscripción a  la revista

    CURSO DE SALUD INTEGRAL

  ¿QUÉ ES LA SALUD? (II)

Como ya adelantamos en el capítulo anterior, la nueva visión del Universo y de la Realidad que nos ofrece el actual paradigma de la Salud, fundamentado en las concepciones de la Física cuántica y relativista, contempla al ser humano como una conciencia en evolución que utiliza todos los vehículos energéticos a su alcance para manifestarse, lo que tiene lugar en distintos planos de vibración que interactúan constantemente. Concepción que habla de la necesidad de plantearse la salud desde distintas dimensiones: física, energética, mental y espiritual. Descubramos la clara interrelación que existe entre esos niveles y cómo cada uno de ellos influye en los restantes.

Si aceptamos que nuestro ser integral está compuesto por diferentes cuerpos será necesario detenernos someramente en cada uno de ellos para que, una vez identificados, seamos capaces de relacionarlos de forma armónica. Para lo cual podemos utilizar dos caminos: partir de los aspectos más sutiles del ser -el plano espiritual- para descender hasta la manifestación más concreta del mundo de la materia -el cuerpo físico- o bien hacer el recorrido en sentido inverso, es decir, comenzar con lo que nos resulta más familiar porque nos identificamos con ello -nuestro cuerpo físico- y avanzar hasta alcanzar los planos de mayor vibración del mundo espiritual.
Aunque realmente dará igual el camino que elijamos ya que el objetivo será el mismo: identificar para unir, reconocer para integrar, particularizar para globalizar después. Se trata, en definitiva, de identificar las partes para encontrar al Todo. Tarea esta que ha mantenido ocupados, durante milenios, tanto a científicos como a místicos.
Pero como a nosotros posiblemente nos resulte más sencillo empezar a caminar por los terrenos más conocidos para después adentrarnos en los campos más alejados e inexplorados por lo que tienen de intangibles, hagámoslo así.

EL CUERPO FÍSICO
El ser humano, físicamente hablando, es el resultado de múltiples adaptaciones a un medio hostil y aparentemente inadecuado para su supervivencia. Su desarrollo progresivo, desde los primeros homínidos hasta el ser que ahora puebla la Tierra, se debe a un órgano situado dentro de la cavidad craneal que llamamos cerebro. Gracias a él, el soporte material ha ido perfeccionándose a lo largo del tiempo, alejándose paulatinamente del mundo animal, conquistando poco a poco nuevas facultades intelectuales, irguiendo su espalda hasta conseguir que su columna vertebral se enderezara, utilizando sus manos hasta lograr que el dedo pulgar alcanzase la movilidad necesaria para poder aprehender, probando y experimentando con sus miembros hasta dominarlos. En suma, aprendiendo de las experiencias y creando conexiones neuronales que significaban nuevos caminos en las cisuras cerebrales de una corteza cerebral recién estrenada.
Merced a los avances de la ciencia, casi hemos desentrañado hoy las claves de nuestra existencia física y la tecnología nos permite conocer la composición y funcionamiento de nuestras moléculas, células, órganos y sistemas del organismo. Pronto, cuando se logre completar el mapa genético, quedarán al descubierto todas las piezas del juego y estaremos en condiciones de corregir "errores" y solucionar algunas de las disfunciones que nos aquejan. Sin embargo, al abrir esa puerta tan llena de posibilidades también se abrirá otra: la de los riesgos que conlleva la utilización indiscriminada de una herramienta que puede resultar peligrosa si no se desarrolla dentro de un marco de referencias presidido por la ética y el respeto a la vida y a la libertad.
Es decir, dentro de poco estaremos en disposición de conocer al detalle el funcionamiento de cada "pieza" de nuestro cuerpo y sabremos de estímulos y reacciones, de causas y efectos, de agentes exógenos -externos a nosotros- y endógenos -internos-; en suma, conoceremos muy bien los cómos. Sólo que aún tendremos un largo camino por recorrer hasta averiguar los porqués.

EL CUERPO ENERGÉTICO
El orden celular del que hace gala nuestro organismo se debe al parecer a un campo energético de composición electromagnética que rodea a todo ser vivo y que interpenetra todas sus células. Energía que es identificada desde antiguo por las Medicinas orientales como fuerza vital o energía vital. Sin embargo, en Occidente ese hecho no se aceptó hasta que en los años cuarenta el neuroanatomista Harold Burr, de la Universidad de Yale, demostró no sólo la existencia de los campos energéticos que rodean a todos los animales y vegetales vivos sino que, al experimentar con huevos fecundados de salamandra -a los que siguió durante todo el desarrollo- y realizar mediciones de la energía vital, descubrió que la forma y tamaño de esa energía correspondía muy aproximadamente, a pesar de ser un simple embrión, a la misma que posee el animal ya de adulto.
Sorprendente descubrimiento que contradecía todas las teorías convencionales de la Biología y la Genética de su época. Paralelamente, el investigador ruso Semion Kirlian desarrolló una nueva técnica -la fotografía electrográfica- que permitía registrar de forma visual las alteraciones que se producían en la energía vital de organismos enfermos. Con ella, Kirlian fotografió semillas de plantones germinados y observó que la imagen energética correspondía al de la planta totalmente desarrollada.
Hoy día, las últimas investigaciones en medicina energética o vibracional, realizadas dentro del campo de la ciencia más ortodoxa pero también más abierta, como las que expone el doctor Richard Gerber en su libro La curación energética, nos plantean que "todo elemento vivo está rodeado por un patrón holográfico de energía que aporta información codificada para el desarrollo del embrión y posteriormente del feto, así como una plantilla para la reparación celular en caso de daños infligidos al organismo en vías de formación". Es decir, el cuerpo energético rodea al cuerpo físico como si se tratara de una especie de envoltura, más sutil porque su grado vibratorio es mucho mayor que el del cuerpo físico.
El doctor Richard Gerber, pionero de la llamada Medicina Vibracional y que a sus más de once años de investigaciones sobre los métodos de curación alternativa une sus muchos años de práctica hospitalaria, intenta actualmente crear un puente entre lo científico y lo metafísico. Siendo esa, precisamente, la actitud de coherencia que debería presidir los pasos de nuestros profesionales de la salud en cualquier ámbito. Es decir: construir sobre los fundamentos de la ciencia médica contrastada pero incorporando todos aquellos métodos, diagnósticos e instrumentos terapéuticos que impliquen menor invasión física, menor toxicidad y, por supuesto, mayor beneficio para la salud de los pacientes.
Ciertamente, las Medicinas orientales están mucho más familiarizadas que nosotros con estos conocimientos, resultando "nuevos" sólo para Occidente. Así, en la Medicina tradicional hindú hace milenios que se conoce la existencia en el organismo de una red de vórtices energéticos llamados chacras y todo un sistema de conexiones energéticas existente entre ellos -los meridianos- así como una amplísima red de pequeños canales energéticos o nadis que se distribuyen por el cuerpo de manera similar a como lo hacen los vasos sanguíneos del sistema circulatorio. La base de la acupuntura china estriba precisamente en restablecer el flujo energético dentro de ese sistema para que los órganos reciban la energía vital que necesitan para mantenerse activos y sanos.
Pues bien, los experimentos que el Dr. Gerber expone en su libro demuestran que "lo que sucede en la más pequeña parte del patrón energético de interferencia holográfica afecta simultáneamente a toda la estructura; existe una conectividad tremenda, una relación íntima entre todas las partes del universo holográfico".

EL CUERPO EMOCIONAL
Hasta hace muy pocos años este aspecto de nuestra personalidad había permanecido ignorado y su manifestación e influencia se encuadraba dentro de otros aspectos de la mente. Sin embargo, en los últimos tiempos hay indicios suficientes que nos aconsejan estudiarle en un contexto independiente.
Posiblemente fue la revolución científica, al valorar en exceso uno de nuestros aspectos -la mente racional-, el motivo de que se ignorase -e incluso se despreciase en algunos ámbitos- la "mente o inteligencia emocional". Porque la emoción, contra lo que pensaban los antiguos, se capta y se concibe desde nuestra mente, no desde el corazón, el hígado o cualquier otro órgano.
"Cuerpo emocional" que se manifiesta espacialmente como si fuera una envoltura superpuesta sobre el cuerpo energético, de mayor grado vibratorio que éste y por ello aún más sutil, menos denso. De ahí que, al tener una vibración más elevada, sea aún más difícil de percibir por los sentidos físicos e incluso por los actuales aparatos tecnológicos. Sin embargo, hay referencias de su existencia desde la época de las primeras dinastías egipcias.
Y aunque la ciencia moderna no reconoce la existencia de este cuerpo sutil, ya que considera las emociones como resultado de la actividad nerviosa del sistema límbico, no es menos cierto que muchos médicos han empezado ya a relacionar el estrés emocional con las disfunciones físicas así como con la producción de potentes analgésicos naturales generados por el estado anímico del paciente. Tanto es así que hoy la Endocrinología ha identificado ya comportamientos emocionales que tienen repercusión en la actividad glandular, como demuestran los términos personalidad hipertiroidea (para definir a una persona agitada, nerviosa, temblorosa y angustiada), hipercinética (hiperactiva, manifestando tics, espasmos, etc.), asténica (con falta de fuerza ante los estímulos) e hipoadrenal (decaídos, flojos, sin fuerza, sin ánimo para afrontar la vida).
En suma, cualquier alteración que tiene lugar en el "cuerpo emocional", sede de las emociones humanas, afecta al equilibrio de nuestra salud; y no sólo físicamente sino psicológicamente. Como afirma el Dr. Gerber, "el grado en que las personas se ven afectadas por sus deseos y temores determina la extensión y la naturaleza de la expresión de la personalidad del individuo en el plano físico".

EL CUERPO MENTAL
La Psicología ha identificado tres grandes aspectos en los que se manifiesta nuestra mente, si bien a lo largo de su desarrollo histórico se han movido las líneas que delimitan unos de otros e incluso han cambiado las definiciones con las que se les conocían. Estos aspectos son el consciente, el inconsciente y el subconsciente, siendo el cerebro el órgano que posibilita su manifestación. Y aunque esto puede ser comprobado a través del electroencefalograma ya que cada uno de ellos se caracteriza por una banda de frecuencias específica, lo cierto es que lo que más les identifica son sus diferentes funciones.
Así, la parte consciente de nuestra mente es la que se manifiesta cuando estamos en estado de vigilia, es decir, cuando estamos despiertos y realizando actividades normales como hablar, caminar, etc. En ese estado los ritmos cerebrales fluctúan entre los 12 y los 21 ciclos por segundo (ondas Beta), dependiendo del nivel de actividad nerviosa o estrés que tengamos. Parte consciente que se manifiesta fundamentalmente a través de la parte frontal e izquierda de nuestro cerebro, lugar donde residen funciones como el razonamiento, la lógica, las ciencias, el sentido del tiempo, lo lineal, las tres dimensiones, etc.
El inconsciente, por su parte, controla el buen funcionamiento del organismo en todos sus aspectos biológicos y regula además todos los procesos automatizados como la respiración, los latidos del corazón o el sistema de reflejos. Se ubica, a escala funcional, en el cerebelo.
Por último, el subconsciente, el gran desconocido, el núcleo donde residen los sentimientos y se generan las pasiones, se manifiesta en plenitud cuando nuestros ritmos cerebrales, en estado de relajación, bajan desde las ondas Beta o de vigilia a las ondas Alfa (entre 8 y 12 ciclos por segundo) y de éstas hasta las ondas Theta (8 a 4 ciclos por segundos) llegando al límite de las ondas Delta (por debajo de 4 ciclos por segundo). Frontera ésta de los 4 ciclos por segundo donde el consciente cede el protagonismo absoluto al subconsciente.
El subconsciente es donde se ubica la creatividad, la fantasía, el color, la música y todas las actividades artísticas en general. Funciones que se localizan, fundamentalmente, en la parte occipital y derecha de nuestro cerebro.
En el capítulo dedicado expresamente a la mente desarrollaremos con profundidad cada una de estas tres facetas; de momento, nos limitamos a hacer el planteamiento general para identificar los distintos cuerpos o niveles vibratorios que componen el ser integral.

EL PRINCIPIO DE COEXISTENCIA NO DESTRUCTIVA
Tanto los postulados de Albert Einstein como la Física Cuántica vienen a plantear que toda la materia es en realidad energía y que su densidad y forma depende, entre otras fuerzas, de su grado vibratorio. Y es precisamente esa cualidad la que hace posible que todos los "cuerpos" que conforman al ser humano "convivan" en el mismo espacio sin interferirse al igual que lo hacen las ondas de radio y televisión. En Física esta característica de la materia es conocida como el "principio de coexistencia no destructiva" y se resume en la formulación de que "materias de frecuencias diferentes pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo sin destruirse mutuamente."

INTERFERENCIAS EN EL CUERPO FÍSICO
Decía Buda con razón que "somos lo que pensamos", pero no es menos cierta la premisa de que "somos lo que comemos". Y es que el ser humano se manifiesta en función de múltiples variables. Sin embargo, casi todas se pueden encuadrar dentro de dos grandes parcelas: los impulsos internos y los externos. Encontrándose entre estos últimos, por ejemplo, la cultura, la climatología, el hábitat... y uno muy importante que pocas veces tenemos en cuenta: la alimentación.
Ahora bien, lo que queremos destacar es que no sólo nos alimentamos de materia "física". Porque hoy sabemos que los seres vivos en realidad nos nutrimos de energía y que ésta es de distintos tipos. Y así, cuando ingerimos un alimento no sólo recibimos sus nutrientes físicos sino también la energía vital que contienen.
Es más: se han realizado mediciones para comprobar el grado de vitalidad de determinados alimentos descubriéndose que la mayoría de los que ingerimos apenas tienen energía porque ya ha comenzado en ellos el proceso de descomposición de la materia.
La distribución, el almacenamiento, la congelación, la liofilización, la desecación y demás complicados procesos que sufren los alimentos hasta que llegan a nuestra mesa hacen que éstos pierdan gran parte de sus propiedades. Siendo los vegetales y las frutas los que conservan durante más tiempo la energía vital, sobre todo si han sido cultivados según la nueva agricultura biológica o ecológica y han tenido un proceso de maduración natural.
En cualquier caso, antes de ingerir un alimento puede resultar interesante hacer un ejercicio simple y efectivo: se trata de colocar ambas manos con las palmas hacia abajo sobre el alimento a una distancia de varios centímetros y, a continuación, concentrar nuestro pensamiento en la idea de que la energía que estamos aplicando hará que los nutrientes vitales se potencien. Se ha comprobado que este tipo de ejercicios afectan a la estructura molecular del alimento favoreciendo su mejor asimilación. Los experimentos realizados por la doctora Justa Smith, del Rosary Hill College de Nueva York, son una buena prueba de esta afirmación.
Igualmente habría que tener en cuenta la actitud ante la comida, la disposición y el ambiente en el que estamos ya que nuestro nivel de ansiedad o estrés hace que en muchas ocasiones actuemos de forma automatizada sin ser conscientes de la experiencia que supone alimentarnos. Eso sin contar que hay muchas personas que utilizan la comida como compensación de alguna carencia personal.
Igualmente está comprobado que los ambientes hostiles por ruidos o contaminación atmosférica, eléctrica o de cualquier otro tipo, las temperaturas extremas, el grado de humedad, etc., provocan también alteraciones durante la ingesta alimenticia.
Y es que una buena alimentación, un descanso adecuado, unas relaciones personales armónicas, una dedicación laboral satisfactoria y, en definitiva, una actividad física, emocional y mental equilibrada es la mejor garantía para conservar la salud.

INTERFERENCIAS EN EL CUERPO ENERGÉTICO
El ser humano vive inmerso en un mar de radiaciones de todo tipo. Unas, generadas por el planeta, otras procedentes del espacio exterior y algunas más creadas por el ser humano. Pues bien, entre estas últimas una de las más nocivas es la gran contaminación electromagnética derivada del uso incontrolado de la electricidad. Influencia que si es muy grande -como ocurre, por ejemplo, en presencia de transformadores o tendidos de alta tensión- hace que la plantilla holográfica de crecimiento modifique su estructura provocando alteraciones en la conformación física -sobre todo en los tejidos blandos- o en células como los linfocitos, llegando a producir tumoraciones en diferentes partes del cuerpo.
Curiosamente, estas energías no afectan por igual a todas las personas. De hecho, su influencia está directamente relacionada con la estructura de su cuerpo energético. Y es que cuanta mayor armonía haya en los procesos mentales y emocionales de alguien y más cuide su cuerpo físico (alimentación, ejercicio, higiene, etc.) más potente será el cuerpo energético y, por tanto, mayor resistencia ofrecerá a la influencia exterior.
El mundo de las energías sutiles es un mundo complejo por cuanto es un estado de vibración que sólo una actitud positiva, generosa y amorosa puede mantener coherente. A fin de cuentas, el cuerpo energético precisa de la aportación de energía mental para que su estructura sea la adecuada a la hora de vitalizar al físico. Por eso cuando sobreviene la muerte y se produce una desconexión de éste con la energía mental se provoca un caos energético que lleva a la descomposición al físico.

INTERFERENCIAS EN EL CUERPO EMOCIONAL
El mundo de las emociones es el que descoordina la perfecta imbricación de la energía vital en el cuerpo físico. Según la Psicología, pueden identificarse dos emociones primarias: el amor y el miedo, derivándose todas las demás de estas dos. Sólo que mientras el amor y los estados de felicidad afectan positivamente a nuestra fisiología haciendo que en la corriente sanguínea se distribuyan una serie de hormonas y sustancias altamente analgésicas y estimulantes que mejoran nuestro sistema inmunológico, el miedo -en cualquiera de sus manifestaciones- puede llegar a afectar seriamente el normal funcionamiento de nuestro organismo provocando distintos trastornos, especialmente en el aparato respiratorio.
¿Y cuál es el proceso? Bien, cuando el miedo nos invade se bloquean los procesos lógicos y el inconsciente actúa acelerando la circulación sanguínea, contrayendo los músculos, dilatando las pupilas y produciendo sudor frío; en definitiva, llevándonos a un estado de alerta general. Sin embargo, lo más significativo es la alteración del ritmo respiratorio, que puede pasar del simple jadeo al corte de la respiración por un lapso prolongado de tiempo -hasta 30 segundos-, llegando en algunos casos al colapso respiratorio. Si además la persona es asustadiza por naturaleza, insegura o desconfiada estos trastornos repetitivos harán que su aparato respiratorio se vaya debilitando porque el organismo concentrará su energía en aquellos otros sistemas que le permitan defenderse en caso de agresión, como por ejemplo generando más cantidad de adrenalina para poner todos los sentidos en alerta, dando un mayor aporte sanguíneo a los músculos para facilitar la huida en caso necesario, provocando una agudización del sistema de reflejos, etc. La emoción del miedo se produce siempre que nos enfrentamos a algo desconocido que nos puede dañar física o emocionalmente y, como tenemos muy arraigado en nuestro cerebro más primitivo la orden de supervivencia, cualquier cosa que suponga un peligro para la vida provoca una respuesta inmediata. Por eso aunque hoy no nos enfrentemos a las mismas situaciones de peligro que nuestros ancestros y nuestros miedos estén encuadrados más bien en el ámbito de lo psicológico (miedo a la soledad, a no ser aceptado, a perder la imagen, a ser vulnerable, a perder el trabajo, a romper con la pareja, etc.), nuestro cerebro sigue desencadenando los mismos procesos de entonces.
Es obvio, en suma, que las emociones forman parte de nuestra vida y aderezan nuestros procesos mentales y nuestras relaciones personales.

INTERFERENCIAS EN EL CUERPO MENTAL
"Mens sana in corpore sano" dice un antiguo axioma. Ya Hipócrates -el padre de la Medicina- pensaba que nadie enferma si su mente está en armonía. Y hoy día son muchos los profesionales de la Salud que comienzan a entrever que realmente la enfermedad no existe, sólo los enfermos, y que si éstos lo son la causa hay que buscarla en un plano incluso superior al energético como es el plano mental.
Porque hoy ya no cabe duda de que nuestros procesos mentales nos afectan. La prueba es que nuestros pensamientos provocan estados anímicos que están en concordancia con ellos. Lo que significa que si fuéramos conscientes de lo que pensamos y, sobre todo, de la polaridad que nuestros pensamientos tienen, podríamos elegir unos y desechar otros para evitar aquellos que pudieran desequilibrar nuestra psique. Sin embargo, la cruda realidad es que en nuestra vida cotidiana funcionamos el 90% del tiempo de manera automatizada -es decir, inconsciente o semi-inconscientemente-; lo que se debe a la sobrecarga a la que sometemos habitualmente a nuestro cerebro racional.
En este sentido, hemos de señalar que en nuestra cultura occidental hemos sido enseñados a utilizar fundamentalmente nuestro hemisferio izquierdo, aquel que nos lleva a desarrollar ideas ejecutables. Es decir, por educación, desde el comienzo de la era industrial se potenció el desarrollo de la parte racional como respuesta necesaria al imparable progreso tecnológico y eso ha provocado un retraimiento de nuestra parte intuitiva y creativa.
¿Y qué efectos tiene eso? Pues, como ya hemos dicho, la sobrecarga de unas áreas cerebrales determinadas, algo que puede causar tensiones en unos casos y dispersión en otras, provocando a la larga alteraciones emocionales, energéticas y, finalmente, físicas.
Está suficientemente demostrado que la mente necesita intervalos en los que detiene su actividad racional para compensarse, sumergiéndose en el mundo de la fantasía y lo intangible, o momentos en que sólo se realizan funciones inconscientes; de ese modo se produce un reordenamiento natural de las ideas. Hay que tener en cuenta que nuestras neuronas transmiten todo lo que les llega, tanto lo útil como lo inútil, y son necesarios esos "espacios en blanco" para desechar los pensamientos espurios, con lo cual la mente obtiene un mayor grado de coherencia y no pierde tanta energía. En definitiva, sabemos que las ideas más geniales son fruto de periodos de reposo y que una mente no ordenada puede producir ideas brillantes pero absolutamente irrealizables. En cambio, las obsesiones, la focalización, la polarización, la hipocondría, etc., son producto de pensamientos alterados y todos, en definitiva, desembocan en disfunciones emocionales o físicas.

CÓMO SE RELACIONA EL FÍSICO CON EL ENERGÉTICO, EL EMOCIONAL Y EL MENTAL
El cuerpo físico tiene una serie de glándulas que son las encargadas de procesos bioquímicos que permiten al cuerpo físico "decodificar" la información que le llega encapsulada por diferentes vías: unas externas, como la alimentación, y otras internas, que provienen de los procesos mentales. Entre las primeras tenemos el páncreas, el timo y la tiroides; entre las segundas, la pituitaria, la pineal y las suprarrenales.
Estas glándulas son una especie de interfaces entre lo externo y lo interno puesto que, como resultante de los impulsos, estímulos y sustancias ingeridos, se producen una serie de secreciones hormonales y enzimáticas que redundan en beneficio del buen funcionamiento del cuerpo e, incluso, para que la psique pueda dar mejores respuestas al medio. Glándulas que se ven afectadas positiva o negativamente por el cuerpo energético, el cual utiliza como interfaz a los chacras y, subsiguientemente, a los meridianos y nadis.
Los chacras, según la Medicina védica, son receptores, acumuladores y distribuidores de la energía que organiza -y repara en su caso- las estructuras celulares del cuerpo físico. Sin embargo, si los chacras no funcionan correctamente las influencias sobre el físico se ven mermadas, con lo cual éste queda indefenso ante las agresiones del medio. ¿Y por qué pueden funcionar mal los chacras? Pues por procesos mentales incorrectos, ya sean producto de nuestra mente racional o emocional, ya sean conscientes o inconscientes. Y esto nos hace plantearnos algunas cuestiones. Por ejemplo, ¿cuál sería el interfaz entre la mente, o, mejor dicho, los pensamientos o procesos mentales y el chacra? ¿Cómo se realiza esa comunicación? Pues bien, aunque todavía no ha sido demostrado, algunos especialistas en Medicina energética sugieren la hipótesis de que por cada chacra energético existe un centro mental a modo de "chacra psíquico" imbricado en diferentes partes del cerebro. Es decir, el chacra psíquico afectaría al chacra energético y éste a su vez a la glándula correspondiente.
Hay que añadir que aunque todas las glándulas tienen influencia directa de la mente, éstas se pueden dividir en regentes y secundarias o dependientes. Las regentes serían aquellas que tienen funciones endocrinas sobre sistemas -como son los casos de la pineal, la pituitaria y el timo- y las glándulas secundarias las que tienen funciones endocrinas directas sobre órganos -como son los casos del páncreas, las gónadas o las suprarrenales.
Las glándulas pineal y pituitaria, así como el hipotálamo, serían pues las regentes en el cuerpo físico. Y ocurre lo mismo con los chacras asociados a ellas, tanto energéticos como psíquicos. Son, pues, las glándulas que rigen los sistemas generales del ser humano mientras que las dependientes son las que ejecutan órdenes o funciones específicas. Para que todo ello quede más claro podemos recurrir a un ejemplo: la pituitaria -la glándula reina- segrega diversos tipos de hormonas que son captadas por las glándulas dependientes que, a su vez, segregan hormonas en órganos o sistemas para que funcionen correctamente. Además, es el amplificador de los impulsos que le llegan del exterior para que el subconsciente y el inconsciente puedan entenderlos y procesarlos. Por otro lado, la glándula pineal es reductora de los impulsos que provienen del subconsciente y del inconsciente para que puedan ser entendidos y procesados por el consciente. Además, cumple una función endocrina que está relacionada con el sistema inmunitario y la sexualidad, por lo que de alguna manera interactúa sobre las gónadas y las suprarrenales.
En definitiva, cuando se produce un bloqueo energético en un chacra, ya sea debido a causas mentales o emocionales, la energía que distribuye no circula a partir de él, por lo que para restablecer el circuito es necesario que su función la asuma otro u otros creándose lo que en Medicina se conoce como un by-pass o, lo que es lo mismo, un puente o circuito alternativo que rodea al chacra bloqueado. De tal manera que el flujo de energía sufre dos alteraciones: por una parte, el flujo es menor y, por otra, carece del aporte energético del que no está operativo, lo que sin duda produce alteraciones físicas que de no existir el puente o si éste es insuficiente por la estructura del chacra sustituto puede provocar una disfunción grave.
Una prueba más de la interacción entre los diferentes cuerpos es la influencia, altamente demostrada, de que la glándula pituitaria y ciertas zonas del cerebro pueden producir sustancias mucho más potentes que los medicamentos al uso, con la ventaja de que son generados por el propio organismo, lo cual significa que son los más adecuados para uno mismo. En consecuencia, educando la mente se podría, por ejemplo, producir un analgésico que eliminara el "mono" de los drogadictos con la ventaja añadida de que podrían ir desintoxicándose paulatinamente.

¿CÓMO SE PUEDE REESTRUCTURAR EL NIVEL ENERGÉTICO DE UN ÓRGANO DAÑADO?
Hay que añadir, por otra parte, que aunque a algunos les suene a magia la imposición de manos para sanar un órgano enfermo o para aliviar un dolor ha sido históricamente algo consustancial con el ser humano. De hecho, es un gesto instintivo que aún hoy repetimos cada vez que algún dolor nos aqueja, llevándonos la mano hacia la zona dolorida. Incluso grabados muy antiguos de las más diversas culturas muestran que tanto emperadores como sacerdotes o hechiceros practicaban habitualmente la imposición de manos entre los enfermos. Y es que cualquiera de las técnicas y métodos que bajo múltiples nombres hoy se conocen lo único que intentan es desbloquear los centros de recepción y distribución de energía vital.
Además, la captación y transmisión de energías no es algo exclusivo de personas supuestamente "dotadas"; por el contrario, todos los seres vivos están capacitados para recibir y enviar esas energías, siendo el cerebro el gran decantador de las mismas por cuanto sus diferentes funciones determinan los flujos energéticos que afectan a los diferentes órganos. Y es, una vez más, la intención y la motivación la que pone en marcha el mecanismo de trasvase de energías. De hecho, en todos los experimentos realizados en laboratorio con sanadores se pudo comprobar cómo ese trasvase energético funcionaba cuando existía un componente afectivo o emocional hacia el enfermo, es decir, cuando una energía superior como el AMOR ponía en marcha el mecanismo de ayuda hacia el necesitado.

¿HACIA DÓNDE NOS DIRIGIMOS?
Llegados a este punto es indudable que se impone un cambio de pensamiento en cuanto a la salud y la enfermedad se refiere a fin de poder comprender por qué nuestros pensamientos, nuestras emociones o nuestros estados de ánimo afectan a nuestra fisiología así como por qué remedios tan sencillos como las hierbas, las flores o el agua tienen tan poderosos efectos curativos.
El problema es que la Medicina actual está asentada sobre el paradigma newtoniano de la realidad que, básicamente, nos muestra al hombre como una compleja máquina que está regida por el cerebro y el sistema nervioso. Hombre inmerso en un universo igualmente considerado como un gran mecanismo perfectamente estructurado y, por tanto, predecible incluso aunque tuviera origen divino. Sin embargo, con el paso de los años estas teorías entraron en revisión y fueron sustituidas en muchos campos, sobre todo en la Física y otras ciencias asociadas; empero, en áreas como la Medicina las nuevas concepciones no calaron de igual forma y los planteamientos sobre el ser humano y la enfermedad permanecen inamovibles.
Porque el nuevo paradigma de la salud considera al ser humano una unidad de conciencia en evolución que utiliza todos los vehículos energéticos a su alcance para manifestarse, con lo que los conceptos de salud y enfermedad cambian radicalmente. Es decir, desde esta nueva visión la respuesta a las dolencias no está ya tanto en las intervenciones quirúrgicas o farmacológicas sino en el uso de formas especializadas de energía para actuar sobre los sistemas energéticos que han perdido su equilibrio provocando como consecuencia la enfermedad o desarmonía. Es decir, se intenta actuar también directamente sobre el plano celular, sólo que desde un plano vibratorio mucho más alto.
Es pues de prever que la sanación energética será el pilar de nuestra Medicina en el futuro, como en una época más lejana en el tiempo lo será la sanación mental. Claro que para ello el ser humano tendrá que haber desarrollado las capacidades cerebrales de forma notable abriendo nuevas áreas que hoy son consideradas paranormales y que permitirán ampliar nuestros sentidos de captación. Es decir, ocurrirá lo mismo que sucedió con los avances tecnológicos, cuando a medida que se fueron desarrollando nuevos aparatos más sofisticados pudieron ser captadas nuevas radiaciones que si bien ya existían no habían podido registrarse. Es el caso de los rayos-X, por ejemplo, que supusieron un gran avance al permitirnos "echar un vistazo" al interior del cuerpo, lo que llevó a diagnósticos que de otro modo no hubieran podido realizarse. Más adelante se utilizaron estas radiaciones en forma terapéutica contra enfermedades graves como el cáncer. Como igualmente hay que mencionar la utilización de la electricidad como remedio para la supresión del dolor -los llamados electroestimuladores- e incluso para la regeneración de fracturas óseas mediante la aplicación de campos electromagnéticos externos. Y, más recientemente, el desarrollo del escáner, los tomógrafos computerizados y los aparatos de captación de imágenes mediante resonancia magnética nuclear. No cabe duda de que la aportación de la informática al mundo de la Medicina ha supuesto -y supondrá- un gran avance.
En suma, cabe esperar que en el futuro la regeneración del cuerpo energético se pueda llevar a cabo con la tecnología holográfica adecuada que permita sintonizar los patrones energéticos de los pacientes y actuar sobre ellos aportando la energía específica que requieren para compensar las carencias y, como consecuencia, conseguir la regeneración del órgano.
Curiosamente, el hecho de que cada célula del cuerpo humano contenga información suficiente para crear un doble perfecto guarda analogía con el principio holográfico según el cual cada parte contiene la información necesaria para reconstruir la totalidad.

LO TRASCENDENTE
Hemos hablado hasta aquí del cuerpo físico, de las energías, de las emociones y de la mente. Pero no hemos hablado del alma o, lo que es lo mismo, del espíritu, de la conciencia, del yo superior o del ser interno, conceptos todos que pretenden definir la parte trascendente del ser humano. Diferencias de palabras que no son sino el reflejo de nuestras creencias. Por eso cuando hablamos de ellas necesariamente hemos de movernos en terrenos difusos ya que no todos tenemos los mismos puntos de partida ni las mismas experiencias que son, en definitiva, las que moldean la visión personal de cada uno sobre la existencia. Piénsese que nuestra filosofía particular está asentada en un complejo sistema de creencias enraizadas en el substrato de la cultura a la que pertenecemos y que se han instalado en nuestra mente formando una serie de filtros a través de los cuales "vemos" la realidad. Filtros que deforman la percepción que tenemos de las cosas por lo que es necesario tomar consciencia de ellos y revisarlos de vez en cuando.
Porque así como la ciencia en el primer cuarto del siglo XX se vio trastocada por los postulados de Einstein -con su Teoría de la Relatividad-, Eddington, Bohr o Heisenberg -con su Principio de Incertidumbre-, entre otros, y fue necesario rediseñar el mapa científico, en especial cuando se descubrieron los quantos, del mismo modo cada uno de nosotros debe hacer un ejercicio de apertura para adaptarnos a las nuevas concepciones que se van dibujando.
Y es que a pesar de lo que nosotros creamos, la nueva concepción de la Física nos dice que en realidad somos unidades de conciencia inmersas en un mundo de energías en el que sólo la mente es capaz de poner demarcaciones o delimitaciones que nos hacen pensar que estamos separados de lo que nos rodea. De hecho, según las teorías más recientes de la Realidad todo lo manifestado formaría parte de un inmenso megaholograma universal en el que cada uno de los elementos que lo integran vendría a ser como una representación a escala de ese universo total. Algo que supondría además que todo acontecimiento que tuviera lugar en una parte sería sabido por el resto de la misma manera que todas las gotas de agua contenidas en un vaso sabrían de la incorporación de nuevas gotas al tener todas ellas que "reacomodarse" dentro del vaso. Lo que nos ha llevado a comprender la universalidad de la siguiente ley: El universo se halla en constante búsqueda de equilibrio.
Ya David Böhm, el más famoso físico teórico de nuestro tiempo, coincide con otros pensadores a la vanguardia del conocimiento en que el ser humano es un ser multidimensional, es decir, formado por planos energéticos de diferente nivel de vibración, superpuestos e interconectados.
Todo lo cual vendría a confirmar lo postulado desde hace milenios por las filosofías orientales más antiguas así como por los místicos occidentales: que el Todo está en cada una de las partes y que cada parte contiene al Todo. Ello supone que toda la información existente estaría contenida en un único "libro" sólo que cada capítulo se ubicaría en un plano distinto en cada uno de los cuales se hallaría la información correspondiente a su grado de vibración dimensional. De forma que la suma de todos los capítulos juntos formarían el gran libro del conocimiento total. Ahora bien, cada capítulo contendría toda la información necesaria para el desarrollo en ese plano; sólo es necesario ir aprendiéndola, algo que se consigue por medio del mecanismo llamado evolución. Es decir, mediante la acumulación de conocimientos y experiencias a lo largo de la existencia. Podría así entenderse que cada plano tendría su propio holograma en el que estaría contenida toda la información relativa a ese nivel o dimensión, siendo la unión de todos los hologramas lo que formaría el megaholograma universal.
Del mismo modo, podríamos colegir que en el ser humano la creación se manifiesta de forma holográfica y que existe idéntica conexión entre sus diferentes "cuerpos" -físico, energético, emocional y mental-, regidos por la conciencia.
Por otra parte, ese gran holograma cósmico no sería una "foto" fija sino algo que estaría en constante movimiento microsegundo a microsegundo, asemejándose más a una "película" holográfica que está cambiando a cada momento en virtud de los cambios evolutivos que se producen en sus "partes"; por eso cada átomo del universo sería "consciente" de lo que hacen los demás al tener que adaptarse a las nuevas formas que surgen.
Cualquier cosa que pensamos o hacemos, pues, modifica nuestro holograma personal que es, a la vez, parte del holograma cósmico. De hecho, sabemos hoy que la información que se almacena en las células nerviosas del cerebro no se queda ahí sino que se transmite a las demás células del organismo a nivel atómico; y puesto que los átomos, sea cual sea su ubicación en el universo, están siendo "conscientes" de la situación de los demás átomos es lógico pensar que toda la información contenida en una célula sea, al mismo tiempo, accesible para el resto del universo.
De la misma manera, cada parte que compone nuestro cuerpo, es decir, cada célula, contendría -y de hecho contiene en el código genético impreso en su núcleo- una representación a escala del cuerpo completo; por tanto, cualquier alteración que suceda en una de ellas es inmediatamente conocida por el resto de las células del organismo que se aprestan inmediatamente a "compensar" la alteración sufrida. En este principio se basa nuestro sistema inmunológico.
Luego cada uno de los cuerpos que conforman nuestro ser integral tiene una correspondencia holográfica con esa energía superior, espíritu o esencia del que forma parte y que es capaz de determinar la configuración de los campos mentales, energéticos y físicos. En cierto modo, cada plano de manifestación sería una parte del holograma inherente a cada ser humano creado.
En definitiva, se trata de no olvidarnos de que la salud depende en última instancia de nuestra dimensión trascendente, de esa fuerza interior que nos impele a evolucionar. La misma fuerza que da coherencia a todo lo que somos, ya se trate de estructuras genéticas y moleculares, de corpúsculos energéticos o de nodos mentales. Fuerza que, en términos abstractos, muchos identifican con la energía del Amor y que tendría la facultad de dar sentido y coherencia a todo cuanto existe
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