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CÁNCER QUÉ ES, QUÉ LO CAUSA Y CÓMO TRATARLO

Portada del número actualmente a la ventaDiscovery DSALUD es una publicación de Ediciones MK3La salud es armoníaTarifas de la revista y de la webSuscripción a  la revista

    CURSO DE SALUD INTEGRAL

  LA SALUD Y EL ENTORNO (II)

La única manera de conservar la salud es cuidarse. Y para ello, nada mejor que una alimentación adecuada, ejercicio moderado, dormir lo suficiente, tomarse las cosas con calma y olvidar las ofensas. Ahora bien, no es menos cierto que hay otros factores exógenos que inciden en nuestra salud -de los que ya hablamos en el capítulo anterior- y sobre los que podemos actuar. Y a ello vamos a referirnos.

Hace ya cerca de 2.500 años que Hipócrates -considerado el padre de la Medicina- explicaba la influencia que el entorno tiene sobre la salud del ser humano. Y aunque esa enseñanza fue en buena medida olvidada durante muchos años hoy se empieza a recuperar. Nos referimos, obviamente, a la alimentación, al aire, al agua, al sol, al clima, a las radiaciones telúricas y cósmicas, a las corrientes subterráneas de agua, a la polución ambiental y alimentaria, a los campos electromagnéticos, a los factores psicosociales, etc. Y es que en su desarrollo evolutivo -muy especialmente a raíz de la Revolución Industrial- el hombre se ha visto sometido además de a la influencia de factores naturales a los artificiales, a los generados por él mismo con sus creaciones.
Ciertamente, el avance de la tecnología y el progreso nos ha permitido disfrutar de una mejor calidad de vida pero hemos tenido que pagar un precio por ello y algunos de los pasos que se han dado han tenido luego repercusiones negativas con el tiempo. En cualquier caso, la evolución continúa su marcha ascendente y los errores cometidos en el pasado deben servir para hacer nuevos replanteamientos de futuro que permitan al hombre formar parte de una ecología planetaria equilibrada que favorezca lo que se ha dado en llamar "el desarrollo sostenible" y que, en líneas generales, podríamos resumir como el uso adecuado de los recursos de la naturaleza evitando su explotación indiscriminada porque debemos pensar también en las necesidades de las generaciones futuras.
Hoy sabemos además que el ser humano posee en su interior infinitos recursos que le permiten mejorar su salud y que tan sólo es necesario identificarlos para ponerlos en práctica en la vida cotidiana.
En el capítulo anterior hicimos un exhaustivo repaso de todos aquellos agentes externos que condicionaban nuestro modo de vida; veamos pues ahora qué mecanismos tenemos a nuestro alcance para paliar las circunstancias menos favorables, incluyendo en ellos tanto los avances que la tecnología pone a nuestro alcance como los propios recursos personales, desconocidos para muchas personas.

ADECUARSE AL RITMO NATURAL
Ya hemos explicado anteriormente que el origen de buena parte de nuestros problemas está casi siempre en el desajuste que se produce entre lo que pensamos, lo que queremos y lo que hacemos; en definitiva, en la inadaptación entre nuestras capacidades y las circunstancias que nos rodean. Así, ¿quién no vive hoy por encima de sus posibilidades agotando sus fuerzas tanto físicas como psíquicas? ¿Quién no está inmerso en una loca competición contra todo y contra todos?
En nuestra cultura occidental resulta común tomarse la vida como una continua lucha, como una permanente confrontación entre rivales. La potenciación de actitudes competitivas desde la infancia ha llegado a extremos tales que incluso en los ambientes familiares y de amistad se producen conflictos para acercarse a los modelos que los medios de comunicación nos presentan como triunfadores en la profesión, el amor y la familia.
Tal parece que hemos olvidado aquel proverbio oriental que dice: "Si un problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene, ¿por qué te preocupas?".
Por otra parte, probablemente una de las la claves de la salud, la felicidad o la plenitud en la vida no esté en acumular más cosas sino en disfrutar de las que se tienen. Algo para lo cual no es preciso hacer cambios drásticos ni trazar un nuevo rumbo en nuestra vida sino hacer lo mismo pero mirando con otros ojos, con otro nivel de consciencia. El primer objetivo de una persona a la hora de afrontar la vida debería ser el de concienciarse de sus capacidades, limitaciones y potencialidades para adaptarlas a las circunstancias que está viviendo. Porque si así lo hace no se crearán desajustes que más tarde puedan terminar traduciéndose en desarmonías, sean éstas físicas o psicológicas.

LOS CICLOS Y LOS BIORRITMOS
Sabemos que la actividad de cualquier organismo vivo está sometida a diferentes ciclos: el día y la noche, los ciclos lunares, las estaciones del año, el sueño y la vigilia, etc. Ciclos que condicionan física, emocional y psicológicamente al ser humano.
Los experimentos llevados a cabo en California por el Dr. Félix Strumwasser demuestran, entre otros muchos, que los ritmos biológicos de la persona son mecanismos internos que no se rigen por las condiciones externas aunque puedan ser influidos por ellas. Así ocurre, por ejemplo, en el caso del sueño, donde al parecer las neuronas tienen grabada la orden de ir reduciendo paulatinamente su actividad por la noche, independientemente de los estímulos lumínicos a los que estén sometidas.
Y no son los periodos de vigilia y sueño los únicos que afectan a nuestra vida. Todas las personas tenemos "días buenos" en los que parece que todo nos sonríe y otros en los que parece que todo está en contra, días en que nos sentimos más bajos de tono, más débiles y vulnerables y otros en que estamos más vitales. E, incluso, momentos concretos a lo largo del día en los que se produce un decaimiento o una bajada en la actividad.
Pues bien, parece que esos estados anímicos estarían relacionados con los biorritmos, una especie de relojes internos que afectan a nuestro comportamiento.
Tanto los doctores Wilhelm Fliess (médico) y Herman Swoboda (psicólogo) como el ingeniero Alfred Teltscher demostraron a principios de siglo que la Biología y la Psicología no están disociadas. Comprobando con sus experimentos que determinados cambios hormonales están relacionados con el comportamiento. Asimismo, observaron que las ideas se repetían en la mente a intervalos periódicos así como el tipo de sueños. Llegarían así a identificar una serie de ritmos que empiezan con la propia vida de cada ser humano y que se pueden calcular con saber sólo la fecha del nacimiento. Las investigaciones permitieron identificar tres ciclos principales: físico, emocional e intelectual (ver el recuadro adjunto y el que le permite calcular sus biorritmos personales).
En todo caso, debe quedar claro que si bien los biorritmos pueden permitirnos comprender en parte la razón de nuestras altibajos físicos, emocionales y psicológicos no son en absoluto determinantes. Sólo es una prueba más de la existencia de determinados ciclos naturales que influyen en el ser humano y, por tanto, bien está conocerlos porque así podremos manejar mejor nuestros recursos siendo conscientes de los momentos difíciles y poniéndonos en disposición de superarlos. No olvidando que por encima de las circunstancias se encuentra el poder del propio ser humano.

LOS TRES BIORRITMOS BÁSICOS
El ciclo físico tiene una duración de 23 días e influye sobre la fuerza muscular, la sexualidad, el sistema inmunológico, la capacidad de recuperación en periodos de enfermedad, los niveles energéticos de la persona, la autoconfianza, etc. Durante la primera mitad del ciclo -11 días y medio- la persona se encuentra con mayor vitalidad, más vigorosa. En la segunda mitad se observa, en cambio, un descenso notable de las reservas de fuerza, energía y resistencia.

El ciclo emocional está relacionado con el sistema nervioso y se prolonga por espacio de 28 días regulando los procesos emocionales y creativos, la sensibilidad, la actitud, el estado anímico, las reacciones nerviosas, etc. En la primera parte del ciclo el individuo está más optimista y alegre; en la segunda tiene una tendencia al pesimismo y la irritabilidad.

El ciclo intelectual se cree que se origina en las neuronas aunque también se apunta la posibilidad de reacciones glandulares. Dura 33 días y afecta fundamentalmente al aprendizaje, a la memoria, a la toma de decisiones, a la voluntad, etc. Durante el primer periodo del ciclo hay una mayor capacidad de pensar con rapidez y claridad; en la segunda, el pensamiento se vuelve menos claro y preciso y el aprendizaje más dificultoso.

CÓMO CALCULAR LOS BIORRITMOS
Si bien hoy día existen calculadoras electrónicas de biorritmos y programas de ordenador que facilitan esta tarea, también se pueden obtener siguiendo este sistema:

· Averigüe el número total de días de su vida, es decir, el tiempo transcurrido desde la fecha de su nacimiento hasta el momento actual. Y hágalo de esta manera:
· No tenga inicialmente en cuenta el año de nacimiento ni el año actual. Sume sólo el número de años completos vividos. Divida luego esa cantidad entre 4 para saber los días extra correspondientes a los años bisiestos. Multiplique ahora los años completos por 365 y súmele al resultado los días de los años bisiestos vividos. A esa cantidad hemos de sumarle los días transcurridos durante el primer año y los del actual hasta el día del cálculo. El resultado será el número total de días vividos.
· Divida ahora ese total entre 23 y anote el resto. Ese resto indicará la posición de su ciclo físico el día del cálculo. (Por ejemplo, si divide 11.200 días entre 23 el resultado es 486 dando un resto de 22; y ésta es la cifra que indicará la posición de su ciclo para ese día).
· Divida de nuevo el total entre 28 y anote el resto. Le dará la posición de su ciclo emocional ese día.
· Divida otra vez el total entre 33 y anote el resto para determinar la posición de su ciclo intelectual ese día.
·
Trace ahora sobre un recuadro rectangular una línea horizontal en el centro que representará lo que llamaremos "Línea 0" o de referencia. Luego divida el recuadro verticalmente -una raya por día- a partir de la fecha que quiera calcular sus biorrritmos. Por ejemplo, si hoy es 7 comience con ese día y haga 33 rayas más al menos; una por día (se hace así para que el gráfico refleje al menos el recorrido entero de un ciclo intelectual). Luego, escriba en la parte inferior, debajo de cada raya vertical, los números correspondientes a esos días empezando por el 7 (en este caso).
·
Ahora trace los ciclos describiendo su trayectoria en forma de onda. Para marcar la amplitud de la curva tenga en cuenta que la primera mitad del ciclo (11 días y medio en el caso del físico, por ejemplo) estará sobre la línea 0 y el resto bajo ella (véase el gráfico adjunto).
·
Por último, lleve los valores obtenidos en cada ciclo a la gráfica. Lo idóneo es representar cada uno con un color diferente para distinguir las fluctuaciones, las coincidencias o las variaciones que se producen a lo largo de los meses transcurridos.
·
Interpretarlo es sencillo: cuando una onda -sea la física, la emocional o la intelectual- está por debajo de la línea cero se considera que la persona se encuentra en una fase desfavorable o pasiva. En cambio, si está por encima de ella, se encuentra en una fase favorable o activa. Los momentos más conflictivos se producen cuando una de las líneas cruza la línea cero, es decir, cuando se pasa de una fase activa a otra pasiva y viceversa. Esos días hay que tener precauciones pues se pueden producir accidentes o errores; en cambio, los periodos más favorables se dan cuando se encuentran dos ciclos en fase activa y uno en pasiva.

LA CONTAMINACIÓN ELECTROMAGNÉTICA EN EL HOGAR
El aumento del uso de la electricidad en nuestros hogares ha supuesto un considerable incremento de las radiaciones electromagnéticas. Algo que -como ya explicamos en nuestro capítulo anterior- afecta negativamente al cuerpo si la exposición es continuada y cercana. Y ello ocurre con cualquier aparato eléctrico provisto de motor (secadores de pelo, máquinas de afeitar, cafeteras, radiodespertadores, aspiradoras, batidoras, planchas...), los lavavajillas, los frigoríficos, los hornos microondas, los televisores, etc. Como igualmente preocupantes son el ordenador y la manta eléctrica. Radiaciones que se potencian cuando en nuestras casas hay zonas geopatógenas, es decir, corrientes de agua subterránea en el subsuelo, fracturas geológicas o cruces de líneas geomagnéticas.
Pues bien, tales aparatos afectan a la glándula pineal -o epífisis- que ve alterada su funcionamiento al inhibir la producción nocturna de melatonina, fundamental para el sistema inmunitario. Y no sólo eso: nuestro sistema de defensa se debilita al afectar también al funcionamiento de la glándula timo, encargada de producir los linfocitos T, de vital importancia en nuestro sistema inmunológico como eliminadores de células cancerígenas o degenerativas. De hecho, la insuficiencia de la hormona del timo se relaciona con la aparición de enfermedades como el cáncer, las miocarditis o la artritis reumática.
Además, no sólo generan enfermedades físicas. Algunas disfunciones psíquicas tienen también su origen en la influencia de las zonas geopatógenas, como se ha probado por las investigaciones realizadas al medir las ondas cerebrales de algunas personas en distintos lugares de sus casas. Los resultados fueron significativos: hay una mayor actividad cerebral en las zonas con alteraciones, al punto de que impide mantener un estado de equilibrio y relax. Algo preocupante cuando la zona alterada coincide con el lugar de descanso.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER PARA PALIAR LAS INFLUENCIAS NOCIVAS?
Lo principal es localizar si hay zonas geopatógenas -también llamadas anti-vida- en nuestra vivienda, lo que conviene hacer si alguna de las personas que viven en ella padece insomnio crónico, se levanta cansado por las mañanas habiendo dormido suficientemente, tiene cefaleas de origen desconocido, un permanente estado de ansiedad o sufre una disfunción o dolencia cuyo origen los médicos no consiguen identificar. Para lo cual lo mejor es llamar a un experto que realice las mediciones oportunas.
En todo caso, se pueden realizar algunas pruebas simples, como cambiar la ubicación de la cama -ya hemos explicado la importancia de que la cabecera esté orientada hacia el Norte o hacia el Este-, dormir en otra habitación o quitar de la mesilla el radiodespertador y colocarlo a un par de metros.

¿CÓMO LOCALIZAR LAS ZONAS GEOPATÓGENAS DE NUESTRA CASA?
Lo más seguro es llamar a un experto. Pero hay otras métodos sencillos que pueden ayudarnos. Así, además de los medios tecnológicos -de los que hablamos más adelante-, podemos practicar la radiestesia. Y aunque sabemos que a muchas personas esta técnica les parecerá algo mágico y sin sentido la verdad es que funciona. De hecho, a los habitantes de las zonas rurales de medio mundo les resulta familiar ver a personas manejando una horquilla -normalmente una rama de avellano en forma de Y- para buscar corrientes de agua en el terreno, localizar objetos perdidos o identificar la zona más adecuada para un cultivo.
Según los expertos, la técnica no es sino el resultado de la capacidad mental del ser humano para obtener información a través de su subconsciente y la horquilla el medio a través del cual se amplifican visiblemente los impulsos neurofisiológicos apenas imperceptibles emitidos desde el cerebro.
Claro que se pueden utilizar también otros instrumentos: el péndulo, las varillas en forma de L y el llamado lóbulo antena que se utiliza para la detección de líneas geomagnéticas (Hartmann o Curry). La diferencia está en que si bien la horquilla se mueve hacia abajo cuando se detecta lo que se busca -agua, petróleo o lo que sea-, en el caso del péndulo éste gira en redondo o de un lado al otro al detectar lo buscado. En cambio, las varillas en forma de L, que se sostienen apuntando hacia delante, se cruzan entre sí al encontrar bajo ellas lo buscado. En cuanto al llamado lóbulo antena, se sostiene verticalmente y su giro se produce bien a derecha, bien a izquierda. Claro que la respuesta que el instrumento utilizado ofrezca depende en realidad sólo del "código" que uno mismo quiera establecer. A fin de cuentas, el instrumento utilizado no hará sino reflejar los impulsos musculares que inconscientemente le transmita el cerebro.
Pues bien, si lo que queremos es evaluar las zonas geopatógenas de una vivienda tendremos que ir recorriéndola habitación por habitación y testando en los distintos lugares cuáles son las condiciones geofísicas. Cuando el elemento (varillas, péndulo, horquilla o lóbulo antena) reaccione ante una zona nociva, se marcará y luego se continuarán las mediciones desde distintos ángulos para determinar la extensión de la zona afectada. Ello nos permitirá, en la medida en que sea posible, redistribuir el mobiliario para evitar que los sofás, sillas y, sobre todo, las camas no estén en las zonas alteradas.
También suele utilizarse el biómetro Bovis, una regla graduada que permite determinar las ondas vitales de un determinado lugar.

OBSERVANDO NUESTROS ANIMALES Y PLANTAS
Otro modo sencillo de detectar las zonas problemáticas en nuestra vivienda es observar el comportamiento de los animales domésticos ya que, instintivamente, detectan el tipo de radiación de los lugares. Es el caso de los perros, que no se tumban nunca encima de una zona geopatógena. Por el contrario, especies como los gatos o las hormigas prefieren zonas de fuertes radiaciones o con presencia de corrientes subterráneas. Allí donde prefiera tumbarse un gato para dormir o descansar puede haber una zona geopatógena (obviamente, si su casa no tiene ninguna zona de esas características el gato o el perro se echarán en cualquier parte).
Antiguamente, en Europa, quienes buscaban un asentamiento llevaban consigo perros y gatos que soltaban una vez acampaban a fin de observar durante varios días los lugares en los que decidían aposentarse, descansar o dormir. Y si allí donde permanecían los perros era un lugar adecuado para construir la vivienda o, incluso, una ciudad, estaba claro que ocurría lo contrario donde iban gatos y donde existían hormigueros.
Los romanos, para elegir la ubicación de una ciudad, hacían pastar en la zona un rebaño de ovejas durante un año. Luego hacían la autopsia de algunos de los animales y, dependiendo de los resultados -si estaban o no sanos-, construían ahí o en otro lugar.
Otras especies, como las golondrinas y las cigüeñas, construyen también sus nidos en las zonas sanas para el ser humano. Sin embargo, las colmenas de avispas y abejas silvestres se suelen encontrar en lugares alterados, lo que explica en parte su hiperactividad. Algunos apicultores lo saben y colocan las colmenas en zonas geopatógenas pero, una vez han conseguido la producción deseada, la trasladan a zonas más benéficas para evitar el agotamiento de las abejas.
También si observamos la vegetación podemos apreciar las consecuencias de las alteraciones geofísicas. Las tierras de cultivo, por ejemplo, tienen un menor rendimiento cuando se hallan en zonas patógenas. En cuanto a los árboles y a las plantas, suelen padecer malformaciones a excepción de algunas variedades como las higueras o las acacias que incluso se desarrollan mejor sobre corrientes subterráneas.

ZONAS TELÚRICAS QUE FAVORECEN LA SALUD
Tengamos presente que la energía forma parte intrínseca de todos los procesos vitales y la hallamos incluso en la materia inanimada. De hecho, todo es energía en continuo movimiento. Por ello, al igual que existen zonas nocivas para la salud hay otras altamente benéficas. Algo que era conocido por las civilizaciones más antiguas. Así, la ubicación de un menhir o un dolmen señalan normalmente una fortísima radiación que se empleaba con fines benéficos. Igualmente, las pirámides -en todas las culturas- se construían en zonas telúricamente muy potentes buscando el equilibrio con la radiación cósmica que en ese lugar se recibía. Del mismo modo, la situación y orientación de catedrales, ermitas, basílicas o abadías se establecía atendiendo al conocimiento acumulado por los pueblos antiguos. Así, tanto cátaros como celtas, druidas como templarios, conocían la influencia de los lugares con fuerte carga energética -los llamados "lugares de poder"-, por lo que llevaban a ellos a los enfermos buscando su recuperación o bien los utilizaban para recargarse energéticamente. Es el caso de todos los "altares mayores" de los templos, ubicados por lo general en puntos donde confluyen las más potentes energías del lugar. También las estaciones termales, en tanto zonas de fuerte magnetismo cosmotelúrico, han sido usadas desde tiempos inmemoriales para preservar y recuperar la salud.
Una de las premisas más importantes para mantener una correcta salud es que nuestras energías fluyan correctamente, sin bloqueos o excesos energéticos causados por sobreexposición a fuentes energéticas externas, naturales o artificiales. De ahí lo importante que resulta que cada uno aprenda a hallar los lugares más favorables para el buen descanso, el equilibrio y la salud plena.

UN ÁRBOL MAGNETIZADOR
Los bosques con fuerte carga de vida -frondosos, con árboles sanos, llenos de hojas y rodeados de césped...- son un lugar idóneo para recargarnos, para compensar el cansancio o la depresión. Y es que está comprobado que los árboles tienen la facultad de transferir energías vitales a las personas. Lo que hay que hacer para ello es sencillo:
·
Elija un árbol con un gran tronco.
·
Descálcese si el lugar lo permite.
·
Abrácese al tronco -si está sucio o le da reparo ponga sólo las palmas de las manos a unos centímetros de la corteza- para permitir el intercambio energético entre ambos. Si lo prefiere, puede apoyar la columna vertebral sobre el tronco.
·
Es suficiente hacerlo entre 5 y 10 minutos.

LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA SALUD
Como comentábamos antes, existen medios tecnológicos que pueden ayudarnos a conocer los perfiles del entorno. Es el caso, por ejemplo, de los geodinamómetros -que miden la intensidad y la potencia de las radiaciones benéficas o nocivas-, de los termómetros -que miden la temperatura ambiental-, de los contadores geiger -para medir la radiactividad-, los sonómetros -para determinar la contaminación acústica-, los magnetómetros de protones -para medir las modificaciones del campo magnético terrestre-, los medidores de microondas, los ionómetros -que miden la ionización por centímetro cúbico-, los dosímetros de gases -para medir la toxicidad ambiental-, el electroscopio -que mide la conductividad del aire según los iones-... y muchos más instrumentos para detectar si el entorno donde se desenvuelve nuestra vida es saludable.
Aparatos que, por otra parte, están resucitando técnicas antiquísimas que decayeron o no fueron tenidas en cuenta en Occidente durante siglos por creer que no tenían fundamento científico. Es el caso del Feng Shui, conocimiento milenario chino compartido por otras muchas culturas que nació al intentar encontrar los mejores lugares para edificar y que se basaba en la observación del comportamiento de los elementos -en especial el viento y el agua- a fin de aprovechar sus efectos benéficos y no sufrirlos, de la orientación de la casa respecto de los puntos cardinales, de las características geológicas del lugar y del tipo de vegetación y fauna. Aplicación originaria que se ampliaría con el tiempo al estudiar tanto las condiciones idóneas de las ciudades modernas como el interior de sus viviendas, lo mismo en lo que se refiere a la distribución de las distintas dependencias y la forma en que está pensada la circulación entre ellas como a la hora de colocar las puertas y ventanas teniendo en cuenta la luz, las formas (siempre redondeadas, nunca con ángulos rectos), los colores, las texturas y la ubicación del mobiliario.
Todo ello procurando que esté en armonía con la personalidad de quien va a habitarla. Nada puede extrañarnos, en consecuencia, que esté poniéndose de moda en todo Occidente.

EL EJERCICIO FÍSICO
Aunque es sabido, conviene insistir en los efectos positivos de dar paseos por la naturaleza pues es una oportunidad inmejorable para recargarse de energías vitales, especialmente si estamos en el bosque o la montaña ya que el magnetismo terrestre en esas zonas es mayor.
Pero intente hacerse uno con el entorno y aprenda a disfrutar del paisaje, a apreciar la belleza de un árbol, de una flor o de una pradera, a distinguir los distintos olores y fragancias que recibe. Deténgase en el murmullo de las hojas movidas por el viento, escuche el silencio, aprecie los rayos del sol, deléitese con el canto de los pájaros, escuche el discurrir del río entre las piedras... Y créalo: dos horas suelen ser suficientes para recargar las energías perdidas y recuperar el equilibrio, la calma y la relajación de manera mucho más eficaz que con otros sistemas.
Además, si el paseo lo realiza en compañía tendrá la oportunidad de compartir y comunicarse, dos necesidades fundamentales a la hora de sentirse en armonía con uno mismo y con los demás.
El ejercicio físico moderado nos permitirá mantener nuestro cuerpo en buenas condiciones, eliminar toxinas y favorecer la oxigenación y la circulación sanguínea mejorando el funcionamiento de todos nuestros sistemas. Obviamente, si el ejercicio lo hace en la naturaleza los beneficios se multiplican. Los más recomendables son la natación, las marchas por la montaña y las distintas pruebas atléticas.
Otra manera de combatir el estrés y alcanzar estados saludables es recurrir a actividades que nos proporcionen tranquilidad como la lectura, escuchar música o cualquier otra cosa que nos haga romper con nuestra actividad habitual y desconectarnos.

LA RESPIRACIÓN
La respiración influye en los procesos involuntarios del organismo regidos por el sistema nervioso autónomo o vegetativo ya que al cambiar el ritmo de forma voluntaria afectamos a la frecuencia cardiaca, a la presión arterial, al nivel de estrés e, incluso, a los estados de ánimo. Es decir, los ejercicios respiratorios sirven tanto para reducir la tensión muscular e inducir tranquilidad como para cubrir nuestras necesidades fisiológicas vitales.
Recordemos que cuando inhalamos aire limpio se llenan los pulmones y así podemos extraer el oxígeno para distribuirlo en los tejidos del cuerpo vitalizándolos mientras que, al exhalarlo, se eliminan desechos como el bióxido de carbono o el ácido láctico.
El aire es fuente primordial de vida. No puede extrañarnos, pues, que sean muchas las disciplinas tradicionales de Oriente -como el yoga o la meditación- en las que sea fundamental la realización de ejercicios respiratorios para influir en el estado mental.
Nuestra propia Medicina occidental relaciona la respiración con la salud. Basta comprobar cómo las personas nerviosas tienden a respirar de forma más agitada y superficial, hecho que les impide renovar el aire viciado de sus pulmones. Y si esa forma de respirar se convierte en un hábito, el aporte de oxígeno en sangre es menor. Al punto de que se pueden producir problemas de hiperventilación con mareos, sensación de adormecimiento muscular en manos y pies, nerviosismo o cansancio. Es más, algunos experimentos han demostrado que cuando una persona se concentra en su respiración sus ondas cerebrales tienen una mayor coherencia y armonización.
En suma, está claro que para aprovechar al máximo el beneficio de la respiración es necesario aprender a hacerlo correctamente (véase el recuadro).

APRENDER A RESPIRAR
· El ejercicio puede hacerse de pie o cómodamente sentado.
·
Empiece exhalando completamente el aire de sus pulmones.
·
Luego inspire por la nariz intentando enviar primero el aire a la parte baja de los pulmones (distendiendo el abdomen), después a la parte media (costillas) y finalmente a la parte superior (elevando los hombros). Ello le permitirá almacenar la mayor cantidad posible en los pulmones llegando a zonas que habitualmente no utiliza en la respiración normal. Esta técnica se conoce como respiración completa.
·
Retenga el aire durante unos instantes.
·
Exhale más lentamente comenzando por el abdomen y continuando con la zona media y luego con la parte alta.
·
Mantenga durante unos segundos los pulmones vacíos.
·
Inspire nuevamente de forma lenta repitiendo todo el proceso. Y sienta cómo el aire fresco entra por sus fosas nasales para salir de nuevo por las mismas más cálido.
·
Es conveniente seguir el ritmo respiratorio que a cada uno le sea cómodo, adecuando la espiración y la inspiración. Para no perder la concentración en la respiración puede ir contando en cada fase. Por ejemplo: Inspiración (contando de 1 a 3), Retención (1 a 3), Exhalación (1 a 6), Vacío (1 a 3).

LA RELAJACIÓN
La relajación es un estado de alerta mental pero a la vez de consciencia pasiva pues mientras el cuerpo descansa la mente está trabajando. El cuerpo humano, al igual que el de los animales, está preparado para responder al medio de las presiones o amenazas que sufre y lo hace generando respuestas hormonales que normalmente se traducen en tensión o estrés. Curiosamente, en la Naturaleza las situaciones de tensión son breves. Duran sólo mientras se da la respuesta al estímulo, huyendo o enfrentándose al peligro y recuperándose después con un estado generalizado de relax. Sin embargo, el ser humano no elimina tan fácilmente el estrés y la ansiedad se va acumulando por lo que resulta necesario recurrir a técnicas como la respiración y la relajación para influir en el estado físico y mental.
Además, en estado de relajación podemos beneficiarnos del magnetismo inherente de la Tierra mediante una serie de prácticas muy sencillas que nos permitirán aprovechar las energías telúricas. Le recomendamos, pues, que practique la relajación.

EJERCICIO DE RELAJACIÓN
· Colóquese de pie mirando al Norte y con la columna vertebral bien recta.

·
Ahora, junte ambas manos delante de usted, a la altura del pubis, la mano izquierda descansando sobre la derecha y con ambas palmas hacia arriba. A continuación inspire mientras sube ambas manos unidas hasta llegar a la altura de la frente. Entonces gire las manos sin soltarlas y, con las palmas hacia abajo, comience a bajarlas a la vez que espira lentamente el aire. Repita una y otra vez ambos movimientos.

·
También puede elevar ambas manos (la izquierda siempre apoyada sobre la palma de la derecha) frente a usted con los brazos extendidos y subirlas hacia arriba en vertical completamente mientras inspira. Luego, suelte las manos y comience a bajarlas lateralmente (a izquierda y derecha) haciendo un arco mientras espira. Una vez abajo, con los brazos pegados al cuerpo, vuelva a juntar las manos en la posición inicial de partida y repita el ejercicio. Se trata de oxigenar los pulmones al máximo durante la inspiración; por el contrario, al exhalar se relaja la tensión muscular.

·
Para relajar los músculos del cuello haga algunos giros de cabeza muy suaves. Basta inclinar la cabeza hacia el hombro izquierdo y hacia el derecho, hacia delante y hacia atrás, de forma pausada.
·
Terminado el ejercicio de respiración túmbese boca arriba en el suelo -puede usar una manta o una colchoneta si quiere- con la cabeza orientada hacia el norte y los pies hacia el sur.

·
Cierre los ojos, concéntrese en su respiración -lenta y pausada- y mentalmente vaya recorriendo la parte superior de su cabeza y el cuero cabelludo. Si presta atención, se dará cuenta de que un suave cosquilleo recorre los músculos y la piel de su cabeza. Relaje y afloje esos músculos. Preste ahora atención a su frente e imagine que los músculos de la frente se distienden, que el espacio entre las cejas parece agrandarse. Relaje los ojos y los párpados suavemente, sin presión. Afloje luego los músculos de las mandíbulas y sienta cómo caen, cómo se entreabre la boca ligeramente. Relaje ahora los labios y la lengua. Relaje los músculos del cuello. "Suelte" los músculos de la nuca. Aflójelos, diluya la tensión que normalmente acumula en esa zona. Sienta que la tensión de su nuca se deshace como la nieve de las cumbres cuando recibe los rayos del sol.
(En suma, recorra así todo su cuerpo, de la cabeza a los pies, deteniéndose un poco más en aquella zona que pueda estar más tensionada hasta que sienta todos los músculos distendidos y relajados).

·
Un truco que ayuda a llegar a una relajación más profunda es el de imaginar que con cada exhalación los miembros se vuelven más y más pesados y le invade una sensación de somnolencia pero sin llegar a dormirse.

·
Terminada la relajación del físico, intente ahora relajar su mente. Para ello, vaya espaciando sus pensamientos hasta que desaparezcan. Intente crear el vacío en su mente. Sienta la paz. Una gran paz que le inunda y que está tanto dentro como fuera de usted.

·
Siéntase ahora parte integrante del lugar en el que está e intente vibrar armónicamente con el entorno recogiendo el flujo vital que genera y sintiendo cómo se mezcla con sus propias energías, que son recogidas como si fuese usted una esponja. Perciba la energía compensando y recargando todos sus sistemas.

·
Un consejo más: procure mantener la mente en calma durante todo el proceso, sin pensamientos "invasores", quedando en una especie de vacío mental. Y si aparecen los pensamientos no luche con ellos; simplemente, déjelos pasar y se alejarán igual que las nubes arrastradas por el viento.

·
Para terminar el ejercicio y volver a la consciencia objetiva tome varias inspiraciones profundas. Y con cada inspiración vaya tomando consciencia de su mente, de sus pensamientos, de su cuerpo. Comience a mover los dedos, las manos y los pies. Trague saliva y, cuando esté preparado, abra los ojos e incorpórese lentamente.

Debemos explicar que la recarga energética efectuada con este ejercicio no es sólo física sino también mental y que quien practica este ejercicio se encontrará no sólo descansado sino más vital ya que todos sus sistemas funcionarán de forma más armónica. Paralelamente, en el plano mental estará más despejado y activo siendo capaz de generar más ideas creativas y realizables ya que durante el ejercicio se eliminan los pensamientos espurios y se produce un reordenamiento natural de la mente.

Nota: Quienes tienen dificultad para relajarse físicamente, es preferible que utilicen el método de tensión-distensión en cada uno de los músculos del cuerpo. Es decir, debe ir recorriendo los músculos de pies a cabeza pero contrayéndolos durante la inspiración y relajándolos durante la espiración.

EDUCACIÓN DE LOS PENSAMIENTOS
Según la Psicología de vanguardia, la persona que hoy somos es el resultado de las experiencias, vivencias y pensamientos -tanto conscientes como inconscientes- que hemos tenido hasta el presente. Y decimos pensamientos porque es obvio que éstos son siempre el origen de la acción. De ahí que si queremos alcanzar en el futuro determinadas metas sea preciso llevar a cabo una programación mental que nos permita rediseñar el presente de una forma acorde con nuestras expectativas.
Porque es importante comprender la trascendencia que tiene no sólo lo que decimos o hacemos sino lo que pensamos. Y, sobre todo, la manera en que pensamos. Porque el hecho de que nuestros pensamientos sean positivos o negativos tiene una vital importancia.
La gente debe entender que se atrae lo que se teme. Y de ahí la necesidad de erradicar de nuestra mente los pensamientos negativos, derrotistas y pesimistas porque además de llevarnos hacia el fracaso terminarán generando en nosotros sentimientos de odio, rencor, intransigencia o miedo. Por el contrario, las personas que van por la vida con una sonrisa en la boca, siendo amables con los demás y actuando como si todo fuera maravilloso terminan siempre por recibir el mismo trato tanto de la gente -al sentirse a gusto con ellas- como de la vida.
Deberíamos recordar además que cada uno de nosotros forma parte de un Todo mucho mayor y que nuestros pensamientos y actitudes influyen en los demás y en el entorno pero, sobre todo, en nuestro organismo. De ahí que imbuirse de pensamientos positivos repercuta en nuestra salud y gracias a ello nos sintamos bien física y psicológicamente. No olvidemos que la ley de sintonía o atracción de lo semejante funciona en todos los órdenes de la vida.

¿CÓMO FUNCIONA LA PROGRAMACION MENTAL?
Se trata de grabar en el subconsciente las ideas, los objetivos, los proyectos que deseamos llevar a cabo para que desde ahí se concreten más tarde en acciones.
Las técnicas de Programación Neurolingüística nos han enseñado que somos animales lingüísticos y que el lenguaje, nuestra manera de hablar -y, por supuesto, de pensar- determina la estructura neurológica del cerebro y, como consecuencia de ello, nuestra personalidad externa. Por consiguiente, realizar ejercicios de programación mental es un magnífico sistema para conseguir con mucha mayor facilidad lo que deseamos.
Hay dos momentos en los que es más efectivo llevar a cabo el ejercicio: en los quince minutos anteriores a dormirnos y en los primeros quince minutos nada más despertarnos. En esos momentos es cuando la mente subconsciente está más receptiva y abierta y podemos "programar" el cambio de hábito, el objetivo a conseguir, el proyecto de futuro. Basta para ello formular lo que deseamos mentalmente -aunque es más efectivo hacerlo en voz alta- de forma concisa, clara y descriptiva. Y repetir esa frase una y otra vez para grabarla en la mente. Es también bueno ayudarse con imágenes, es decir, visualizar -imaginar- que logramos el objetivo propuesto. Ello hará que se fijen mejor las ideas. Y si a usted le sorprende que algo tan simple funcione, permítanos decirle que en el mundo de lo creado lo superior influye siempre sobre lo inferior. Y que son los pensamientos los que dan forma a la materia. Piense en algo con la suficiente fuerza, actúe luego en consecuencia -tras el pensamiento debe ir siempre la acción- y verá cómo obtiene resultados. Pero cuide sus pensamientos: ya sabe que suelen ser la duda, el miedo y el temor al éxito lo que suele impedir en buena medida la realización de nuestros proyectos.

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS
· Es beneficioso tomar una ducha -preferiblemente fría- al llegar a casa después del trabajo ya que las moquetas, el aire acondicionado, las radiaciones electromagnéticas, la polución, etc., ionizan negativamente el organismo a causa de la electricidad estática que se acumula en él (los zapatos son aislantes e impiden la descarga natural que se produce al estar las plantas de los pies en contacto con el suelo). El agua, al producir iones positivos, lo limpiará.
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Por la misma razón, es positivo al terminar la jornada caminar descalzo por hierba húmeda (lo mejor), tierra, piedra, terrazo o, en su defecto, madera.
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Abrace a un árbol -preferiblemente descalzo- o al menos apoye en su corteza las palmas de las manos situándolas a escasos centímetros. También puede colocarse de espaldas al tronco apoyando la columna vertebral sobre él. Ello le recargará energéticamente. Quince minutos es el tiempo ideal.
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Haga todos los días ejercicios respiratorios para oxigenar bien sus pulmones. Aunque lo mejor es que aprenda a respirar adecuadamente. Vea el recuadro al respecto.
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Use siempre ropa cómoda. A ser posible, de fibras naturales.
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Tómese cada día un tiempo para la quietud, leer, escribir o pensar.
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Procúrese diariamente un rato de conversación y relación afectiva. La amistad es un ingrediente imprescindible para el equilibrio y la salud.
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Rodéese de plantas en sus ambientes habituales y mantenga, siempre que pueda, el contacto con la naturaleza.

EJERCICIO DE RECARGA DE ENERGÍAS VITALES
Haga este ejercicio al aire libre, preferiblemente mirando al Norte o bien de cara al sol, dejando que su energía penetre en el organismo.

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Colóquese de pie, con las piernas entreabiertas, la columna vertebral bien recta y los pies perfectamente apoyados en el suelo para que puedan captar la energía telúrica.
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Levante los brazos a ambos lados de la cabeza en forma de V con las palmas de las manos hacia arriba o uniendo los dedos pulgar, índice y corazón.
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Deje la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. A continuación, respire profundamente por la nariz llenando por completo sus pulmones de aire.
· Visualice las plantas de sus pies como si fuesen dos enchufes que le permiten captar la energía de las fuerzas telúricas provenientes del centro de la tierra y cómo entran en el interior de su cuerpo. Asimismo, visualice también cómo capta a través de las palmas de sus manos las energías procedentes del Cosmos.
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Junte luego ambas manos, con los brazos estirados por encima de su cabeza, para cerrar el circuito energético.
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Baje las manos manteniéndolas juntas sobre su cabeza y frótelas enérgicamente una contra otra. Probablemente tenga una sensación de calor que se extenderá por todo su cuerpo
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