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LA DIETA DEFINITIVA

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    CURSO DE SALUD INTEGRAL

  LA SALUD EN EL SIGLO XXI

Los conceptos de salud y enfermedad no sólo no han sido los mismos a lo largo de la historia sino que siguen sin serlo en nuestros días. De hecho, siguen estando supeditados a la cultura del lugar y a las creencias. Lo singular es que tales creencias no son ya algo exclusivo del ámbito religioso: han pasado a formar parte del ámbito científico. Llegándose al absurdo de defender simples creencias en nombre de la Ciencia.

Cómo ya vimos en el primer capítulo las concepciones de la salud han ido variando a lo largo de la historia de la humanidad. Y así, primero se atribuyó el estado de salud o enfermedad de los seres humanos a la decisión caprichosa de los espíritus, a la pérdida del alma o a los designios y veleidades de las fuerzas de la Naturaleza. Es decir, la causa -y, por tanto, la posibilidad de sanar- estaba siempre fuera del ser humano. Creencias todas que vinculaban la salud y la enfermedad a los designios de fuerzas ajenas al hombre. Posteriormente, sin embargo, la capacidad de recuperar la salud pasó al hechicero, especie de intermediario entre tales fuerzas -independientemente del nombre que se las diera- y los hombres. Nacía así la dependencia religiosa -vinculada a la cuestión de la salud-, hecho que daría lugar a todo tipo de creencias que mediatizaron a los hombres durante decenas de milenios. Al punto de que en muchas culturas la enfermedad llegó a ser considerada un castigo por "pecar" y la salud un "premio" por el buen hacer. Pensamiento que, sorprendentemente, sigue hoy día arraigado en el subconsciente de muchas mentes.
Afortunadamente, a partir del siglo XVI la Medicina comenzaría a independizarse de la Iglesia de una forma mucho más clara y comienza a desarrollar el estudio del ser humano atendiendo a distintas facetas: Anatomía, Química, Biología, etc. Pero la revolución científica, con Bacon, Descartes y Newton -primero- así como el desarrollo de la tecnología y la informática -después- fueron conformando todo un panorama de disciplinas cada vez más fragmentadas, más especializadas, hasta llegar al reduccionismo que actualmente manifiesta la Medicina de nuestros días.

¿DÓNDE ESTAMOS?
Actualmente disfrutamos de las ventajas que nos ha proporcionado la especialización de tal manera que hay expertos focalizados en partes pequeñísimas de nuestro organismo que conocen hasta el más ínfimo detalle de su génesis, su funcionamiento y todo aquello que las altera.
Por otra parte, también existe un sentimiento de claro optimismo pues parece que nos acercamos cada vez más al descubrimiento de las causas últimas de la enfermedad merced al conocimiento completo de la cadena genética, lo que da unas posibilidades antes jamás pensadas en cuanto a la manipulación de los genes, tendente a evitar la enfermedad. Sin embargo, son ya muchos los profesionales de la salud que comienzan a intuir que eso no será suficiente, que hay una parte fundamental del ser humano que no puede quedar al margen: su mente. Porque saben que aunque se puedan manipular todas las partes físicas de un organismo, hasta las más pequeñas, hay energías que están afectando a esas células, órganos y sistemas y que si no se atienden los aspectos psíquicos, emocionales e incluso espirituales de la persona la enfermedad no podrá ser erradicada.

¿HACIA DÓNDE VAMOS?
La nueva concepción de la salud pasa necesariamente por considerar al ser humano como un todo, de tal manera que cuando un órgano concreto -su hígado, por ejemplo- tiene una disfunción no se trataría de centrarse en él para que recupere su funcionalidad -como si se tratase de una pieza que ha fallado y es necesario reparar o sustituir- sino que es la persona enferma, en su globalidad, la que necesita atención. Una atención que debe proporcionársele además desde todos los aspectos que conforman al ser multifacético que es el ser humano. Así, será necesario atender a su funcionamiento físico y químico pero también habrá que prestar atención a sus fluidos vitales, al estado no sólo del órgano sino de la persona... Asimismo, es fundamental que se consideren los aspectos psicológicos, mentales y emocionales de ese ser e incluso se debería intentar descubrir su proyección espiritual o trascendente.
Eso no quiere decir que los profesionales de la salud de mañana tengan que ser médicos, psicólogos, expertos en energías, consejeros, sacerdotes, etc., sino que probablemente incorporarán que su "especialidad" no cubre todos los planos en los que se desenvuelve la persona y que lo que él sabe debería ser complementado con otras "especialidades". Ahora bien, es posible que en las próximas décadas las cosas cambien aún más deprisa de lo que ya sucede hoy y entonces se incorporen en las distintas carreras universitarias enseñanzas más globales que se adapten a esta nueva concepción del ser humano. Desgraciadamente, las enseñanzas universitarias siempre van por detrás del progreso y los textos y los programas de estudios tienen años de retraso con respecto los nuevos descubrimientos. No obstante, el cambio será necesario porque la demanda del público así lo exigirá. Son cada vez más los enfermos a los que no les convence una entrevista de cinco minutos y una receta en el bolsillo, y que salen de la consulta igual de defraudados que quienes van a un curandero que, sin relacionarse tampoco con ellos, realiza un extraño ritual y les dice que ya está todo resuelto. Hay aspectos psicológicos y emocionales que deben ser atendidos para averiguar no sólo los síntomas de una enfermedad -que esos pueden estar perfectamente claros y tipificados- sino como se siente la persona en sus otros cuerpos (energético, emocional, mental y espiritual).

¿QUÉ PAPEL JUGARÁ EL TERAPEUTA?
Hasta ahora, el médico especialista era alguien ajeno al enfermo y al que éste recurría para que "arreglasen" una disfunción que se manifestaba mediante unos síntomas que le impedían desarrollar su vida con normalidad. En definitiva, como si se tratase de una máquina que debía ser reparada por el ingeniero o el mecánico de turno.
Sin embargo, la nueva concepción del ser humano nos obliga también a redibujar sus ámbitos de influencia, que no se limitan sólo a lo físico sino también a sus procesos mentales que además, en muchas ocasiones, son inconscientes; a sus proyectos, sus deseos, sus expectativas, su capacidad de resistencia a la frustración, su actitud ante la vida... y un sinfín de factores que están influyendo permanentemente en el estado de salud de la persona.
La función del terapeuta pasará a ser la de "acompañar" -verdadera etimología de la palabra terapeuta- al enfermo en su proceso. El médico del futuro creará un espacio y un tiempo terapéutico en el que se producirá la acción curativa. Él asignará un tratamiento pero será el propio sujeto el que -desde el interior- comience a desencadenar los mecanismos que equilibrarán su mente, armonizarán sus energías y regenerarán sus tejidos para recuperar la salud.
Cualquier terapeuta -ya sea médico, psicólogo, chamán o sanador-, además de proporcionar los remedios necesarios en cada caso se constituirá en el futuro en un mediador que facilitará que fluyan las energías de autocuración de la persona.

¿QUÉ PAPEL JUGARÁ LA ENFERMEDAD?
La enfermedad supone una señal de alarma, el aviso de que algo no va bien. Por tanto, se impone de inmediato una reacción que no debe ser la de eliminar el síntoma y olvidarnos de que algo va mal sino solucionar el problema para que no vuelva a repetirse. Y eso pasa, necesariamente, por una reflexión personal a fin de intentar identificar qué está sucediendo y por qué. Porque así, mediante el análisis de la situación física y emocional, llegará la comprensión y la aceptación de la experiencia como una lección a aprender, encontrando sentido al cambio, a la transformación que supone todo proceso de enfermedad, al incorporar el aprendizaje que conlleva.
En todo este proceso es fundamental que la persona se implique en su curación y haga surgir de su interior las energías sanadoras que tiene dentro, esas energías de altísimo poder que forman parte del individuo y que activarán su sistema inmunológico y endocrino de forma que genere las hormonas y substancias químicas que su cuerpo requiere para reencontrar el equilibrio perdido. Energías que en muchas ocasiones producen efectos inexplicables por lo que son catalogados de "milagros".
De todos son conocidos esos casos espectaculares de remisión de enfermedades diagnosticadas como incurables que se han resistido a los tratamientos tradicionales y que, sin embargo, mediante factores emocionales y afectivos como el amor, la confianza en el fluir de la vida o la creencia de estar inmersos en una especie de Orden Superior, ponen en marcha mecanismos sutiles que aportan armonía (salud) en lo que antes era caos (enfermedad).
Cuando durante un proceso de enfermedad la persona logra desencadenar estas energías se observa no solamente la recuperación de la salud sino que sufre una transformación interior que le hace plantearse una nueva escala de valores, un nuevo espíritu de integración, una mayor autorresponsabilidad, un sentimiento de libertad e independencia, de trascendencia en definitiva, que le lleva a relativizar mucho más los aconteceres de su vida cotidiana y crece, en su lugar, un deseo de que el amor y la armonía formen parte de su vida.

Viejo paradigma: La enfermedad es tan sólo una alteración molecular.
Nuevo paradigma: La enfermedad es un lenguaje del cuerpo.

En la vieja concepción newtoniana, la enfermedad era algo que provenía de causas externas, ajenas a la persona, algo dañino que afectaba al cuerpo, una disfunción del patrón ideal de funcionamiento de la máquina orgánica. La idea que predominaba era que había una separación entre el "conductor y el coche" de tal manera que cualquier avería de éste era sólo un problema a "reparar" para seguir adelante sin más consciencia de cambios ni transformaciones globales.
Actualmente sabemos que la inteligencia de la vida actúa a través de sus mil y un caminos, a veces sinuosos, hacia el propósito fundamental de la misma. El ser -en todos sus planos- es inteligencia. El cuerpo es inteligencia y la inteligencia está animada por un sentido de la vida, por un propósito último que inspira de manera creativa y sin fronteras movimientos de ajuste y adaptación de la evolución personal en consonancia con la evolución integral del Universo.
El cuerpo habla a través de los síntomas, se expresa, sugiere, inspira altos en el camino y señala focos a observar. El cuerpo, como una parte más de la expresión multidimensional del ser humano, es capaz de somatizar aspectos de los campos energéticos de mayor vibración que todavía no afloran al consciente. En este sentido, el programa espiritual tenderá a manifestarse a través de las sutiles vibraciones de la mente, de sus emociones y sentimientos vitales, de los corpúsculos del cuerpo energético, hasta llegar a las moléculas físicas.
Hay que tener en cuenta que del conjunto de niveles vibratorios que componen el ser humano integral, el cuerpo físico es el de más baja frecuencia y que por encima de él existen todos esos campos vibratorios que están en continua interacción, siendo la enfermedad la consecuencia de las desarmonías entre las distintas frecuencias.
En las antigüas concepciones se consideraba que sólo enfermaba el individuo. Hoy, con una visión más amplia en la que todos los elementos están interrelacionados, se considera que una persona enferma es el exponente de una sociedad enferma.

Viejo paradigma: El cuerpo es un objeto aislado integrado por átomos y moléculas.
Nuevo paradigma: El cuerpo no es un objeto ni está aislado y es uno con la mente.

Fue Descartes quien planteó la dualidad materia-espíritu como dos mundos claramente diferenciados. Más tarde, el concepto cuerpo-mente se impuso en la ciencia y se consideró que era cuerpo todo aquello que estaba encerrado dentro de nuestra piel. La mente, en cambio, quedaba relegada a un serie de funciones bioeléctricas que tenían lugar en el cerebro.
Estas concepciones sirvieron para investigar y desarrollar caminos que posibilitaron los avances de la Medicina hasta el punto de sustituir órganos o manipular el código genético pero nos hizo olvidar que un trato agresivo hacia el medio ambiente -tanto "exterior" como "interior"- desequilibraba la ecología cósmica ya que la unidad global de todo lo que existe está regido por las mismas leyes e interactúa afectando a todo lo creado por igual.
Los avances de la inteligencia para dominar y controlar la naturaleza llevaron al ser humano a olvidarse de que ésta tiene también su propia inteligencia como soporte y medio de la manifestación de la vida.
La nueva conciencia comienza a vislumbrar que el cuerpo ya no es tan sólo un conjunto de células, tejidos, órganos y aparatos o sistemas sino que se trata de una banda de seis mil billones de células que, como pequeños elementos vivos, participan del Plan de Consciencia manifestando una interdependencia que les hace participar de la evolución global.
Según la teoría de la Relatividad, la materia es energía, la energía es consciencia y, por tanto, los millones de micromundos que danzan en el espacio infinito de cada centímetro de cuerpo nos remiten a la mente, verdadero arquitecto que proyecta y planifica el mundo energético y material.
La dimensión interior del ser humano no puede ser obviada por el simple hecho de no ser todavía medible y cuantificable en laboratorio. Porque, además, aunque pudiese hacerse nos encontraríamos con que cada ser humano es absolutamente único e irrepetible y que las infinitas permutaciones y combinaciones que realiza la mente de una persona nunca podrán ser reproducidas de la misma forma por otra. No podemos ser tan simplistas de traducir niveles de serotonina por alegría o de dopamina por compasión. La mente tiene la facultad de inducir cualquier mecanismo emocional que desencadene de inmediato todo un torrente de reacciones químicas imposibles de extrapolar por nuestra ciencia y que están respondiendo a una llamada de niveles de consciencia muy superiores.

Viejo paradigma: Enfermedad y salud son dos conceptos contrapuestos, entendiéndose enfermedad como algo puramente negativo.
Nuevo paradigma: Enfermedad y salud se ven como procesos de la vida, como estados mentales que hablan de la evolución de la consciencia.


La tradicional forma de concebir la enfermedad como algo negativo que nos invadía y contra lo que había que luchar, está dejando paso a una observación más amplia. Así, la salud y la enfermedad son parte de un mismo proceso, estados del ser, al igual que lo son el nacimiento y la muerte. La salud ha dejado de ser considerada como el perfecto funcionamiento molecular para pasar a ser el resultado del equilibrio interior. De tal manera que la persona encara la enfermedad de un modo distinto, con una actitud de apertura, flexibilidad y aceptación que nace de la comprensión del proceso que está viviendo. No busca culpables fuera de sí a quien responsabilizar de lo que le sucede. No trata de aplicar resistencias sino de escuchar el mensaje y dejar que fluyan las soluciones buscando los remedios más adecuados para cada problema pero teniendo siempre en cuenta todos los aspectos.
Ya no se trata tanto de analizar el cuerpo sino de analizar los niveles más sutiles pues el cuerpo, simplemente, es la expresión de los desajustes que al final se podrán traducir en saltos de consciencia, en apertura de la mente a realidades más amplias, en una potenciación de los sentimientos que dejan hablar al corazón que muchas veces se encuentra blindado por bloqueos emocionales desde el nacimiento.
Al aceptar la enfermedad como un suceso más en el camino de la vida se trasciende del plano biológico y se llega al reconocimiento del impulso evolutivo que anida en todo ser. Es entonces cuando la enfermedad se convierte en un acicate para el cambio, para la ruptura de hábitos, para la búsqueda de soluciones diferentes a los problemas que siempre nos ocupaban. Se adquiere, en definitiva, una dimensión transcendente en la que el espíritu va acumulando un amplio bagaje de experiencias a lo largo de su trayectoria de reencuentro con el origen del que partió. La enfermedad pasa de ser el mal funcionamiento de una parte del cuerpo para convertirse en algo integrante del desarrollo personal, una oportunidad de crecimiento y transformación.

¿ES AMABLE EL UNIVERSO?
Según dicen sus biógrafos ésa fue una pregunta que formuló Einstein antes de su muerte. Si esa cuestión tuviera una respuesta afirmativa significaría que, a menor escala, todos los acontecimientos de la vida tendrían sentido, y tal como dice el Dr. Frank Lawlis -psicólogo especializado en Medicina y Rehabilitación- en su último libro Medicina Transpersonal, "desde esa perspectiva, algo que normalmente calificaríamos como 'malo', como por ejemplo la enfermedad, podría ser visto como la causa motivadora para el cambio y la transformación, es decir, algo 'bueno'. Si la respuesta a la pregunta de Einstein es afirmativa la salud de cada cual constituye una experiencia sagrada y personal de crecimiento. Si, por el contrario, todo es aleatorio, la enfermedad no es más que uno de los muchos inconvenientes de la vida con el que hay que tratar del modo más impersonal y expeditivo posible".

HABILIDADES DEL TERAPEUTA DEL MAÑANA
· Toma de consciencia de que la curación es el resultado de la armonización y equilibrio de los distintos planos vibratorios del ser humano (físico, energético, emocional, mental y espiritual).
·
Asunción de que el amor y la resonancia energética son importantes catalizadores del cambio y pueden representar una ayuda externa inmejorable para el paciente.
·
Reconocimiento del poder de la compasión y la intención positiva como cruciales para la curación, tanto o más que los medicamentos.
·
Potenciar en el paciente el compañerismo, la comunidad, el sentirse integrado en un círculo afectivo pues es uno de los acicates más poderosos para la transformación personal.
·
Utilización de nuevas herramientas: inducción a estados de consciencia alterados, habilidades del terapeuta (aconsejar, cuidar, acompañar), la capacidad de expresar y recibir amor, abrirse a la influencia del entorno y ser capaz de llevar a la persona ante el replanteamiento de sus esquemas mentales (trampas cognitivas).
·
Apoyar la idea de que la dificultad física puede convertirse en un camino para el autodescubrimiento.

EL PROGRESO TECNOLÓGICO AL SERVICIO DE LA SALUD
Ya hemos señalado -en capítulos anteriores- que la Medicina actual tiene sus bases en el modelo newtoniano donde las terapias se basan en el desarrollo biomolecular/mecanicista siendo la cirugía el aspecto más crudo de ese modelo. La Medicina Vibracional o Vibratoria, por el contrario, está basada en el modelo einsteniano puesto que es la equivalencia entre energía/masa la que da la clave de que energía y materia son lo mismo.
Es, por tanto, una Medicina dirigida al conocimiento de la energía y la vibración y de cómo éstas interaccionan con la estructura molecular y el equilibrio orgánico.
En este sentido, en los próximos años esa nueva Medicina se desarrollará apoyándose en las investigaciones que ya hoy se están llevando a cabo. Para su aplicación nos encontraremos con toda una serie de tecnologías que podríamos englobar en tres grandes áreas:

· Área,diagnóstico
, que está en relación con el electromagnetismo y la detección de las alteraciones de los campos bioenergéticos.

· Área reparadora, que se relaciona con la identificación de los campos energéticos asociados a los diferentes tejidos del organismo, regulados por sus correspondientes hojas blastodérmicas (endodermo, ectodermo y mesodermo) y su reparación basada en aplicación de corrientes o campos electromagnéticos controlados.

· Área reestructuradora bioenergética
, que se centra en los órganos concretos y permitirá microcirugía al mismo nivel que se trabajan por ordenador, por ejemplo, las fotografías en un programa de retoque fotográfico; es decir, pixel a pixel.

TECNOLOGÍA PARA LA SALUD
Los rayox X. El primer paso fue el descubrimiento de los rayos X, que permitió observar el interior del organismo al tiempo que abría las puertas de la experimentación con los campos electromagnéticos. Los efectos nocivos de las radiaciones fueron puestos de manifiesto cuando su propia descubridora, la doctora Marie Curie, falleció a causa de la contaminación radiactiva. No obstante, se descubrieron importantísimas aplicaciones terapéuticas donde el uso de determinadas energías podía devolver la salud a los enfermos. Desde la primera máquina de irradiación de cobalto hasta el acelerador lineal se ha avanzado mucho intentando que los efectos secundarios de la aplicación de radiaciones fuesen cada vez menores. El mayor problema siempre ha sido que cuando se ataca a las células cancerígenas, por ejemplo, se daña también a los tejidos sanos adyacentes al tumor.

La electroterapia.
La aplicación terapéutica de la electricidad no es un invento moderno. Existen referencias en antiguos textos de Medicina donde se habla del uso de anguilas y otros peces capaces de producir descargas eléctricas en el enfermo. A partir de la segunda mitad del siglo XX se empieza a utilizar la electricidad como analgésico del dolor. Un ejemplo es el estimulador dorsal inventado por el doctor Normal Shealy, de Wisconsin (EE.UU.), que se implantaba en la columna vertebral en pacientes con dolores rebeldes. O los distintos sistemas basados en el Control de puerta, teoría propuesta por R. Melzack y P. Wall que se basa en la estimulación de un nervio periférico situado por encima del punto doloroso, con lo cual se bloquea la señal impidiendo que ésta llegue al cerebro y produzca la sensación dolorosa.
Más adelante se desarrolló el Estimulador Nervioso Transcutáneo (TNS), dispositivo eléctrico que estimula los nervios cutáneos interfiriendo también el envío de la señal dolorosa al cerebro. El sistema es menos traumático que el anterior puesto que no precisa de intervención quirúrgica. Por otra parte, los investigadores descubrieron que al aplicar los estímulos eléctricos en determinadas zonas se conseguían mejores resultados. Esas zonas fueron identificadas más tarde con los tradicionales puntos de acupuntura que lo que hacen, en definitiva, es liberar una serie de sustancias analgésicas conocidas como endorfinas.
Las endorfinas son de origen endógeno, es decir, las produce el propio cerebro y tienen una composición similar a los opiáceos. Todos estos tratamientos intentan, en definitiva, reactivar los mecanismos del organismo para curarse a sí mismo.
Los descubrimientos más revolucionarios en Electroterapia se deben a los trabajos del doctor Robert O. Becker, cirujano ortopédico de Nueva York que intentaba demostrar cómo las corrientes eléctricas del sistema nervioso influyen en la regeneración de los tejidos. El Dr. Becker trabajó en su laboratorio con salamandras y ranas y observó que cuando una salamandra pierde una de sus patas es capaz de generar una nueva mientras que la rana, en algún momento de su progreso evolutivo, perdió esa facultad. Pues bien, midiendo la carga eléctrica del muñón de la pata amputada a ambos animales se dio cuenta de que había diferencias de potencial durante el proceso de cicatrización. Y basándose en un fenómeno conocido como "corriente de lesión" se preguntó si al administrar artificialmente un potencial negativo -cosa que sucedía de manera natural en la salamandra- al muñón en vías de cicatrización de una rana obtendría algún resultado. Bueno, pues con gran sorpresa por su parte descubrió que a la rana le creció una pata nueva.
Hay dos posibles respuestas: la primera, que el estímulo eléctrico sea capaz de activar la regeneración a nivel celular; la segunda, que el estímulo eléctrico active la plantilla holográfica del campo etérico inherente a todos los seres vivos liberando su potencial energético.
Todavía no se puede asegurar cuál es la respuesta pero no cabe duda de que es un terreno revolucionario en la investigación.
No obstante, mientras se avanza en ese campo, la aplicación más común de la Electroterapia es la estimulación para provocar la curación en fracturas óseas mediante la aplicación de campos electromagnéticos externos. Los resultados experimentales presentados por el doctor Andrew Bassett demuestran que determinadas células son capaces de transmitirse información como si fueran células nerviosas. En un principio, los electrodos se instalaban en los huesos y se conectaban a fuentes de alimentación externas; sin embargo, pronto se descubrió que no era necesaria la intervención quirúrgica y que la aplicación externa de la corriente electromagnética, por encima incluso de la escayola, es suficiente para conseguir la curación de la fractura. El principal problema radica en la frecuencia con la que la energía debe ser aplicada para lograr el éxito ya que una pequeña variación puede suponer que los osteocitos del hueso consoliden o debiliten una soldadura ósea.
La Bioelectrónica y la Electromedicina defienden que es posible la regeneración de los cartílagos mediante la inyección de corrientes magnéticas, el restablecimiento de una regeneración parcial de miembros mediante pequeñas corrientes continuas eléctricas, la estimulación del crecimiento de los huesos por medio de campos electromagnéticos, la inhibición mediante corrientes eléctricas del crecimiento de tumores implantados en mamíferos...
En la lucha contra el cáncer destacan los trabajos del Monte Sinai School of Medicine que indican que la aplicación de las corrientes eléctricas potencian los efectos de la Quimioterapia convencional, observándose una supervivencia de más del doble registrada entre los animales que sólo recibieron Quimioterapia.
Otra mención importante es la del doctor Bjorn Nordenstrom, jefe de Radiología Diagnóstica del Instituto Karolinska de Estocolmo donde su técnica de aplicación de unos electrodos a los tumores pulmonares a los que se aplican cargas eléctricas en diferentes lapsus de tiempo provocan una acidificación de los tejidos que hace que las células cancerosas mueran por falta de oxígeno, lo que produce finalmente la desecación del tumor. El Dr. Nordenstrom considera que la aparición del cáncer y otras enfermedades tiene que ver con alteraciones del sistema bioeléctrico del organismo. El paso siguiente será conseguir activar de forma natural los mecanismos bioeléctricos naturales de defensa y reparación que existen dentro de las células.
Por otra parte, investigaciones recientes llevadas a cabo en Polonia en el Hospital Sniadecki de Wloszczowa confirman que la aplicación de campos magnéticos en el tratamiento de la artritis logró paliar la intensidad del dolor, reducir la inflamación y mejorar la movilidad de las articulaciones.

EL ESCÁNER o TAC (Tomografía Axial Computerizada)
funciona mediante un fino haz de rayos X que se dirige hacia el sujeto girando lentamente -describiendo los 360º alrededor de la persona- y tomando una serie de instantáneas. El ordenador analiza matemáticamente los datos y realiza la reconstrucción de una imagen que se asemeja al aspecto que tendría una sección transversal del cuerpo humano.
Otro escáner más avanzado, el TC (Tomografía Computerizada), genera imágenes que parecen una rodaja delgada de la región del cuerpo que ha explorado la máquina pero incluyendo los tejidos blandos que eran invisibles con los rayos X. Este invento ha revolucionado los diagnósticos en Neurología pues antes era necesario recurrir a la intervención quirúrgica para ver los tejidos del cerebro. Los avances de la informática han permitido que se pueda realizar la reconstrucción tridimensional de cualquier parte del cuerpo.
El TEP (Tomografía por Emisión Positrónica) permite ver las funciones celulares básicas del cerebro. Se trata de usar sustancias radiactivas de corto periodo de actividad que permiten obtener una imagen plana de dos dimensiones (gammagrafía) que muestra la silueta del órgano, su tamaño, su localización, la presencia de posibles obstrucciones, etc. El TEP se emplea también en Psiquiatría y ha permitido observar el comportamiento celular del cerebro en enfermedades como la esquizofrenia o el mal de Parkinson. En definitiva, es un camino hacia la comprensión de cómo funciona el cerebro y la posibilidad de sondear las cualidades que integran la conciencia humana.
Por último, hace tiempo que se está empleando en hospitales la RMN (Resonancia Magnética Nuclear). Este escáner -a diferencia de los anteriores- no necesita de rayos X ni de la inyección de sustancias radiactivas sino que funciona sintetizando las imágenes por resonancia magnética y ha permitido observar el cuerpo y la estructura de sus órganos sin invadirlos con una precisión que antes sólo disponían el cirujano y el patólogo.
No obstante, a pesar de lo innovador de todas estas técnicas seguimos recorriendo el terreno del nivel físico molecular y para considerar al organismo desde su perspectiva auténticamente energética debemos dar un paso adelante. Es posible que los principios básicos de la resonancia magnética, en combinación con la Electrofotografía Kirlian, puedan llevarnos a una gran revolución para la obtención de imágenes de la anatomía energética sutil del ser humano con fines diagnósticos.
En este sentido, el próximo paso será descubrir un aparato capaz de sintetizar imágenes que permitan a los médicos conocer las causas energéticas -y, por tanto, previas a las celulares- de la enfermedad, no limitándose a detectar las anomalías bioquímicas que se producen ante la dolencia ya manifiesta; pero para ello es necesario admitir que el ser humano es algo más que carne, sangre, huesos, membranas y nervios.
Es suma, la Electrografía Kirlian permitiría desarrollar una medicina verdaderamente preventiva. De hecho, sobre esta base se han construido los denominados sistemas REM (Resonancia Electromagnética), actualmente objeto de investigación y experimentación por Harry Oldfiel en el Hospital de Charing Cross de Londres, quien ha obtenido diagnósticos precisos sobre la localización de los tumores cancerosos en el cuerpo al calcular matemáticamente la profundidad del tumor en los tejidos, su dimensión exacta y su volumen.
Si los resultados terminan siendo satisfactorios es posible que en el futuro estos sistemas REM permitan lograr imágenes tridimensionales del cuerpo energético, lo que permitirá estudiarlo en su conjunto y examinarlo en detalle para detectar los cambios energéticos que se producen y que semanas o meses después desembocan en enfermedades del cuerpo físico. Luego, una vez hecho el diagnóstico energético, se podría recurrir a terapias energéticas sutiles y se podría hacer el seguimiento de los efectos que estas terapias alternativas conllevan.

OTRAS TÉCNICAS ENERGÉTICAS
La Acupuntura, técnica milenaria cuyas primeras referencias se remontan al Libro de Medicina del Emperador Amarillo (2697 y 2596 a.C.), no se extendió de forma generalizada hasta 1934-1935 cuando Mao Tse-Tung, durante la Larga Marcha del Ejército Rojo, redescubrió su utilidad para tratar a las tropas de las enfermedades y epidemias que les aquejaban debido a las difíciles condiciones en que vivían. El doctor Hiroshi Motoyama, investigador japonés, inventó un aparato para localizar los chakras y también otro capaz de medir los potenciales eléctricos de los meridianos de acupuntura. La máquina se llama AMI y puede diagnosticar desequilibrios fisiológicos de la persona en pocos minutos. Consta de 28 electrodos que se conectan a los puntos terminales de acupuntura de cada meridiano localizados en las puntas de los dedos de manos y pies. Las agujas colocadas en los puntos de acupuntura transmiten información a un ordenador especial que interpreta la información. Las investigaciones de Motoyama y otros demuestran, una vez más, las correlaciones entre el desequilibrio eléctrico de los pares de meridianos y las enfermedades en los sistemas orgánicos asociados a ellos.
La Electroacupuntura se basa en los mismos principios que la Acupuntura y actúa sobre los meridianos aplicando corrientes eléctricas de alta o baja frecuencia por medio de electrodos superficiales que se apoyan sobre la piel en los lugares correspondientes a los puntos prefijados.
En California el doctor Irving Oyle ha obtenido buenos resultados en el tratamiento de una serie de dolencias con lo que el llama Sonopuntura, que consiste en estimular los puntos clásicos de acupuntura por medio de ultrasonidos. Su aparato -el Sonicator- emplea un cristal especial capaz de enfocar las ondas sonoras de alta frecuencia en una región muy pequeña de la piel correspondientes a puntos concretos. No cabe duda de que es una modalidad menos invasora que la acupuntura mediante agujas.
Sin embargo, la técnica más futurista en cuanto al estímulo de los puntos de acupuntura está desarrollada por los rusos; se trata de la llamada Laserpuntura, que consiste en dirigir haces láser de baja intensidad sobre los puntos de acupuntura pero con la particularidad de que esos haces no penetran físicamente bajo la piel. Los investigadores rusos aplican está técnica en hipertensión, enfermedades intestinales, procesos inflamatorios, dolores articulares o trastornos del metabolismo; incluso parece que logran superar las convulsiones epilépticas apuntando el haz láser a un punto situado sobre el labio superior, apenas comienzan los primeros indicios del ataque. En este sentido, el doctor ruso Víctor Inyushin utiliza un escáner corporal kirlian antes y después de la estimulación con el láser para comprobar los niveles energéticos de los puntos de acupuntura del paciente antes y después del tratamiento.
Otro de los sistemas que empieza a ser considerado por algunos médicos y odontólogos es un aparato llamado Dermatron o aparato de Voll, que fue desarrollado por el médico alemán Reinhard Voll, aunque también se conoce como EAV (Electroacupunture According to Voll, "Electroacupuntura según Voll"). Mientras la máquina AMI analiza los meridianos, este aparato se usa para analizar de uno en uno los diferentes puntos de acupuntura de tal manera que los desequilibrios detectados pueden reflejar desarreglos a diferentes niveles del sistema orgánico alimentado por ese meridiano. Sirve también para diagnosticar las causas de las dolencias y para testar remedios específicos para cada paciente. Todo ello se realiza mediante un fenómeno vibracional conocido como reacción de resonancia que marca desviaciones en el aparato medidor cuando se localiza un punto en el órgano dañado y el otro en el remedio a aplicar.
La Radiónica es otra técnica que también se basa en la lectura del campo electromagnético pero con la particularidad de que el péndulo o el aparato de medición es utilizado por el operador, quien es el que refleja la reacción de resonancia que se produce cuando se testa al paciente. Los aparatos radiónicos tienen una serie de escalas numéricas que sirven para facilitar al terapeuta la sintonización con la frecuencia de la enfermedad. Una vez descubierta es posible transmitir al paciente la frecuencia curativa apropiada y necesaria.
Capítulo aparte merecen los remedios vibracionales como las esencias florales, los elixires de gemas, los remedios homeopáticos, los cristales y todos aquellos procedentes de fuentes biológicas y minerales que tienen la propiedad de almacenar energía específica del agua para proporcionar al paciente una carga de energía sutil, de información "personalizada" o de una frecuencia específica para promover su curación. Estos remedios actúan como reequilibradores de las energías mentales y emocionales del individuo para afectar desde esas energías de mayor nivel vibratorio a los campos más densos que constituyen la biología molecular.

EPÍLOGO
Como hemos podido ver, el futuro de la salud está empezando a perfilarse como un cambio notable en la forma de percibir lo que es la enfermedad, que pasa a ser más un proceso global de la persona que el resultado de alteraciones meramente fisiológicas.
Los médicos del futuro deberán abrir su campo de exploración y diagnóstico incorporando que el ser humano ya no debe ser percibido como una máquina compleja formada por diferentes clases de tejidos que pueden sufrir alteraciones sino como "un conjunto de cuerpos vibrando en diferentes niveles y que están en constante interacción". El cambio de paradigma nos llevará a una forma de Medicina menos cruenta, más humana y, por consiguiente, más cerca del concepto de ser humano integral
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