|
|


| LA
SALUD EN EL SIGLO XXI
|
Los
conceptos de salud y enfermedad no sólo no han sido los
mismos a lo largo de la historia sino que siguen sin serlo
en nuestros días. De hecho, siguen estando supeditados a
la cultura del lugar y a las creencias. Lo singular es que
tales creencias no son ya algo exclusivo del ámbito religioso:
han pasado a formar parte del ámbito científico. Llegándose
al absurdo de defender simples creencias en nombre de la
Ciencia.
Cómo ya vimos en el primer capítulo las concepciones
de la salud han ido variando a lo largo de la historia de
la humanidad. Y así, primero se atribuyó el estado de salud
o enfermedad de los seres humanos a la decisión caprichosa
de los espíritus, a la pérdida del alma o a los designios
y veleidades de las fuerzas de la Naturaleza. Es decir,
la causa -y, por tanto, la posibilidad de sanar- estaba
siempre fuera del ser humano. Creencias todas que vinculaban
la salud y la enfermedad a los designios de fuerzas ajenas
al hombre. Posteriormente, sin embargo, la capacidad de
recuperar la salud pasó al hechicero, especie de intermediario
entre tales fuerzas -independientemente del nombre que se
las diera- y los hombres. Nacía así la dependencia religiosa
-vinculada a la cuestión de la salud-, hecho que daría lugar
a todo tipo de creencias que mediatizaron a los hombres
durante decenas de milenios. Al punto de que en muchas culturas
la enfermedad llegó a ser considerada un castigo por "pecar"
y la salud un "premio" por el buen hacer. Pensamiento que,
sorprendentemente, sigue hoy día arraigado en el subconsciente
de muchas mentes.
Afortunadamente, a partir del siglo XVI la Medicina comenzaría
a independizarse de la Iglesia de una forma mucho más clara
y comienza a desarrollar el estudio del ser humano atendiendo
a distintas facetas: Anatomía, Química, Biología, etc. Pero
la revolución científica, con Bacon, Descartes
y Newton -primero- así como el desarrollo de
la tecnología y la informática -después- fueron conformando
todo un panorama de disciplinas cada vez más fragmentadas,
más especializadas, hasta llegar al reduccionismo que actualmente
manifiesta la Medicina de nuestros días.
¿DÓNDE ESTAMOS?
Actualmente disfrutamos de las
ventajas que nos ha proporcionado la especialización de
tal manera que hay expertos focalizados en partes pequeñísimas
de nuestro organismo que conocen hasta el más ínfimo detalle
de su génesis, su funcionamiento y todo aquello que las
altera.
Por otra parte, también existe un sentimiento de claro optimismo
pues parece que nos acercamos cada vez más al descubrimiento
de las causas últimas de la enfermedad merced al conocimiento
completo de la cadena genética, lo que da unas posibilidades
antes jamás pensadas en cuanto a la manipulación de los
genes, tendente a evitar la enfermedad. Sin embargo, son
ya muchos los profesionales de la salud que comienzan a
intuir que eso no será suficiente, que hay una parte fundamental
del ser humano que no puede quedar al margen: su mente.
Porque saben que aunque se puedan manipular todas las partes
físicas de un organismo, hasta las más pequeñas, hay energías
que están afectando a esas células, órganos y sistemas y
que si no se atienden los aspectos psíquicos, emocionales
e incluso espirituales de la persona la enfermedad no podrá
ser erradicada.
¿HACIA DÓNDE VAMOS?
La nueva concepción de la salud
pasa necesariamente por considerar al ser humano como un
todo, de tal manera que cuando un órgano concreto -su hígado,
por ejemplo- tiene una disfunción no se trataría de centrarse
en él para que recupere su funcionalidad -como si se tratase
de una pieza que ha fallado y es necesario reparar o sustituir-
sino que es la persona enferma, en su globalidad, la que
necesita atención. Una atención que debe proporcionársele
además desde todos los aspectos que conforman al ser multifacético
que es el ser humano. Así, será necesario atender a su funcionamiento
físico y químico pero también habrá que prestar atención
a sus fluidos vitales, al estado no sólo del órgano sino
de la persona... Asimismo, es fundamental que se consideren
los aspectos psicológicos, mentales y emocionales de ese
ser e incluso se debería intentar descubrir su proyección
espiritual o trascendente.
Eso no quiere decir que los profesionales de la salud de
mañana tengan que ser médicos, psicólogos, expertos en energías,
consejeros, sacerdotes, etc., sino que probablemente incorporarán
que su "especialidad" no cubre todos los planos en los que
se desenvuelve la persona y que lo que él sabe debería ser
complementado con otras "especialidades". Ahora bien, es
posible que en las próximas décadas las cosas cambien aún
más deprisa de lo que ya sucede hoy y entonces se incorporen
en las distintas carreras universitarias enseñanzas más
globales que se adapten a esta nueva concepción del ser
humano. Desgraciadamente, las enseñanzas universitarias
siempre van por detrás del progreso y los textos y los programas
de estudios tienen años de retraso con respecto los nuevos
descubrimientos. No obstante, el cambio será necesario porque
la demanda del público así lo exigirá. Son cada vez más
los enfermos a los que no les convence una entrevista de
cinco minutos y una receta en el bolsillo, y que salen de
la consulta igual de defraudados que quienes van a un curandero
que, sin relacionarse tampoco con ellos, realiza un extraño
ritual y les dice que ya está todo resuelto. Hay aspectos
psicológicos y emocionales que deben ser atendidos para
averiguar no sólo los síntomas de una enfermedad -que esos
pueden estar perfectamente claros y tipificados- sino como
se siente la persona en sus otros cuerpos
(energético, emocional, mental y espiritual).
¿QUÉ PAPEL JUGARÁ EL TERAPEUTA?
Hasta ahora, el médico especialista
era alguien ajeno al enfermo y al que éste recurría para
que "arreglasen" una disfunción que se manifestaba mediante
unos síntomas que le impedían desarrollar su vida con normalidad.
En definitiva, como si se tratase de una máquina que debía
ser reparada por el ingeniero o el mecánico de turno.
Sin embargo, la nueva concepción del ser humano nos obliga
también a redibujar sus ámbitos de influencia, que no se
limitan sólo a lo físico sino también a sus procesos mentales
que además, en muchas ocasiones, son inconscientes; a sus
proyectos, sus deseos, sus expectativas, su capacidad de
resistencia a la frustración, su actitud ante la vida...
y un sinfín de factores que están influyendo permanentemente
en el estado de salud de la persona.
La función del terapeuta pasará a ser la de "acompañar"
-verdadera etimología de la palabra terapeuta- al enfermo
en su proceso. El médico del futuro creará un espacio y
un tiempo terapéutico en el que se producirá la acción curativa.
Él asignará un tratamiento pero será el propio sujeto el
que -desde el interior- comience a desencadenar los mecanismos
que equilibrarán su mente, armonizarán sus energías y regenerarán
sus tejidos para recuperar la salud.
Cualquier terapeuta -ya sea médico, psicólogo, chamán o
sanador-, además de proporcionar los remedios necesarios
en cada caso se constituirá en el futuro en un mediador
que facilitará que fluyan las energías de autocuración de
la persona.
¿QUÉ PAPEL JUGARÁ LA ENFERMEDAD?
La enfermedad supone una señal
de alarma, el aviso de que algo no va bien. Por tanto, se
impone de inmediato una reacción que no debe ser la de eliminar
el síntoma y olvidarnos de que algo va mal sino solucionar
el problema para que no vuelva a repetirse. Y eso pasa,
necesariamente, por una reflexión personal a fin de intentar
identificar qué está sucediendo y por qué. Porque así, mediante
el análisis de la situación física y emocional, llegará
la comprensión y la aceptación de la experiencia como una
lección a aprender, encontrando sentido al cambio, a la
transformación que supone todo proceso de enfermedad, al
incorporar el aprendizaje que conlleva.
En todo este proceso es fundamental que la persona se implique
en su curación y haga surgir de su interior las energías
sanadoras que tiene dentro, esas energías de altísimo poder
que forman parte del individuo y que activarán su sistema
inmunológico y endocrino de forma que genere las hormonas
y substancias químicas que su cuerpo requiere para reencontrar
el equilibrio perdido. Energías que en muchas ocasiones
producen efectos inexplicables por lo que son catalogados
de "milagros".
De todos son conocidos esos casos espectaculares de remisión
de enfermedades diagnosticadas como incurables que se han
resistido a los tratamientos tradicionales y que, sin embargo,
mediante factores emocionales y afectivos como el amor,
la confianza en el fluir de la vida o la creencia de estar
inmersos en una especie de Orden Superior, ponen en marcha
mecanismos sutiles que aportan armonía (salud) en lo que
antes era caos (enfermedad).
Cuando durante un proceso de enfermedad la persona logra
desencadenar estas energías se observa no solamente la recuperación
de la salud sino que sufre una transformación interior que
le hace plantearse una nueva escala de valores, un nuevo
espíritu de integración, una mayor autorresponsabilidad,
un sentimiento de libertad e independencia, de trascendencia
en definitiva, que le lleva a relativizar mucho más los
aconteceres de su vida cotidiana y crece, en su lugar, un
deseo de que el amor y la armonía formen parte de su vida.
Viejo paradigma: La enfermedad es tan sólo una alteración
molecular.
Nuevo paradigma: La enfermedad es un lenguaje del cuerpo.
En la vieja concepción newtoniana, la enfermedad era
algo que provenía de causas externas, ajenas a la persona,
algo dañino que afectaba al cuerpo, una disfunción del patrón
ideal de funcionamiento de la máquina orgánica. La idea
que predominaba era que había una separación entre el "conductor
y el coche" de tal manera que cualquier avería de éste era
sólo un problema a "reparar" para seguir adelante sin más
consciencia de cambios ni transformaciones globales.
Actualmente sabemos que la inteligencia de la vida actúa
a través de sus mil y un caminos, a veces sinuosos, hacia
el propósito fundamental de la misma. El ser -en todos sus
planos- es inteligencia. El cuerpo es inteligencia y la
inteligencia está animada por un sentido de la vida, por
un propósito último que inspira de manera creativa
y sin fronteras movimientos de ajuste y adaptación de la
evolución personal en consonancia con la evolución integral
del Universo.
El cuerpo habla a través de los síntomas, se expresa, sugiere,
inspira altos en el camino y señala focos a observar. El
cuerpo, como una parte más de la expresión multidimensional
del ser humano, es capaz de somatizar aspectos de los campos
energéticos de mayor vibración que todavía no afloran al
consciente. En este sentido, el programa espiritual tenderá
a manifestarse a través de las sutiles vibraciones de la
mente, de sus emociones y sentimientos vitales, de los corpúsculos
del cuerpo energético, hasta llegar a las moléculas físicas.
Hay que tener en cuenta que del conjunto de niveles vibratorios
que componen el ser humano integral, el cuerpo físico es
el de más baja frecuencia y que por encima de él existen
todos esos campos vibratorios que están en continua interacción,
siendo la enfermedad la consecuencia de las desarmonías
entre las distintas frecuencias.
En las antigüas concepciones se consideraba que sólo enfermaba
el individuo. Hoy, con una visión más amplia en la que todos
los elementos están interrelacionados, se considera que
una persona enferma es el exponente de una sociedad enferma.
Viejo paradigma: El cuerpo es un objeto aislado integrado
por átomos y moléculas.
Nuevo paradigma: El cuerpo no es un objeto ni está aislado
y es uno con la mente.
Fue Descartes quien planteó la dualidad materia-espíritu
como dos mundos claramente diferenciados. Más tarde, el
concepto cuerpo-mente se impuso en la ciencia y se consideró
que era cuerpo todo aquello que estaba encerrado dentro
de nuestra piel. La mente, en cambio, quedaba relegada a
un serie de funciones bioeléctricas que tenían lugar en
el cerebro.
Estas concepciones sirvieron para investigar y desarrollar
caminos que posibilitaron los avances de la Medicina hasta
el punto de sustituir órganos o manipular el código genético
pero nos hizo olvidar que un trato agresivo hacia el medio
ambiente -tanto "exterior" como "interior"- desequilibraba
la ecología cósmica ya que la unidad global de todo
lo que existe está regido por las mismas leyes e interactúa
afectando a todo lo creado por igual.
Los avances de la inteligencia para dominar y controlar
la naturaleza llevaron al ser humano a olvidarse de que
ésta tiene también su propia inteligencia como soporte y
medio de la manifestación de la vida.
La nueva conciencia comienza a vislumbrar que el cuerpo
ya no es tan sólo un conjunto de células, tejidos, órganos
y aparatos o sistemas sino que se trata de una banda de
seis mil billones de células que, como pequeños elementos
vivos, participan del Plan de Consciencia manifestando una
interdependencia que les hace participar de la evolución
global.
Según la teoría de la Relatividad, la materia es energía,
la energía es consciencia y, por tanto, los millones de
micromundos que danzan en el espacio infinito de cada centímetro
de cuerpo nos remiten a la mente, verdadero arquitecto
que proyecta y planifica el mundo energético y material.
La dimensión interior del ser humano no puede ser obviada
por el simple hecho de no ser todavía medible y cuantificable
en laboratorio. Porque, además, aunque pudiese hacerse nos
encontraríamos con que cada ser humano es absolutamente
único e irrepetible y que las infinitas permutaciones y
combinaciones que realiza la mente de una persona nunca
podrán ser reproducidas de la misma forma por otra. No podemos
ser tan simplistas de traducir niveles de serotonina por
alegría o de dopamina por compasión. La mente tiene la facultad
de inducir cualquier mecanismo emocional que desencadene
de inmediato todo un torrente de reacciones químicas imposibles
de extrapolar por nuestra ciencia y que están respondiendo
a una llamada de niveles de consciencia muy superiores.
Viejo paradigma: Enfermedad y salud son dos conceptos
contrapuestos, entendiéndose enfermedad como algo puramente
negativo.
Nuevo paradigma: Enfermedad y salud se ven como procesos
de la vida, como estados mentales que hablan de la evolución
de la consciencia.
La tradicional forma de concebir la enfermedad como algo
negativo que nos invadía y contra lo que había que luchar,
está dejando paso a una observación más amplia. Así, la
salud y la enfermedad son parte de un mismo proceso, estados
del ser, al igual que lo son el nacimiento y la muerte.
La salud ha dejado de ser considerada como el perfecto funcionamiento
molecular para pasar a ser el resultado del equilibrio interior.
De tal manera que la persona encara la enfermedad de un
modo distinto, con una actitud de apertura, flexibilidad
y aceptación que nace de la comprensión del proceso que
está viviendo. No busca culpables fuera de sí a quien responsabilizar
de lo que le sucede. No trata de aplicar resistencias sino
de escuchar el mensaje y dejar que fluyan las soluciones
buscando los remedios más adecuados para cada problema pero
teniendo siempre en cuenta todos los aspectos.
Ya no se trata tanto de analizar el cuerpo sino de analizar
los niveles más sutiles pues el cuerpo, simplemente, es
la expresión de los desajustes que al final se podrán traducir
en saltos de consciencia, en apertura de la mente a realidades
más amplias, en una potenciación de los sentimientos que
dejan hablar al corazón que muchas veces se encuentra blindado
por bloqueos emocionales desde el nacimiento.
Al aceptar la enfermedad como un suceso más en el camino
de la vida se trasciende del plano biológico y se llega
al reconocimiento del impulso evolutivo que anida en todo
ser. Es entonces cuando la enfermedad se convierte en un
acicate para el cambio, para la ruptura de hábitos, para
la búsqueda de soluciones diferentes a los problemas que
siempre nos ocupaban. Se adquiere, en definitiva, una dimensión
transcendente en la que el espíritu va acumulando un amplio
bagaje de experiencias a lo largo de su trayectoria de reencuentro
con el origen del que partió. La enfermedad pasa de ser
el mal funcionamiento de una parte del cuerpo para convertirse
en algo integrante del desarrollo personal, una oportunidad
de crecimiento y transformación.
¿ES AMABLE EL UNIVERSO?
Según dicen sus biógrafos ésa
fue una pregunta que formuló Einstein antes de su
muerte. Si esa cuestión tuviera una respuesta afirmativa
significaría que, a menor escala, todos los acontecimientos
de la vida tendrían sentido, y tal como dice el Dr. Frank
Lawlis -psicólogo especializado en Medicina y Rehabilitación-
en su último libro Medicina Transpersonal, "desde
esa perspectiva, algo que normalmente calificaríamos como
'malo', como por ejemplo la enfermedad, podría ser visto
como la causa motivadora para el cambio y la transformación,
es decir, algo 'bueno'. Si la respuesta a la pregunta de
Einstein es afirmativa la salud de cada cual constituye
una experiencia sagrada y personal de crecimiento. Si, por
el contrario, todo es aleatorio, la enfermedad no es más
que uno de los muchos inconvenientes de la vida con el que
hay que tratar del modo más impersonal y expeditivo posible".
HABILIDADES DEL TERAPEUTA DEL
MAÑANA
·
Toma
de consciencia de que la curación es el resultado de la
armonización y equilibrio de los distintos planos vibratorios
del ser humano (físico, energético, emocional, mental y
espiritual).
· Asunción de que el amor y la resonancia energética
son importantes catalizadores del cambio y pueden representar
una ayuda externa inmejorable para el paciente.
· Reconocimiento del poder de la compasión y la intención
positiva como cruciales para la curación, tanto o más que
los medicamentos.
· Potenciar en el paciente el compañerismo, la comunidad,
el sentirse integrado en un círculo afectivo pues es uno
de los acicates más poderosos para la transformación personal.
· Utilización de nuevas herramientas: inducción a estados
de consciencia alterados, habilidades del terapeuta (aconsejar,
cuidar, acompañar), la capacidad de expresar y recibir amor,
abrirse a la influencia del entorno y ser capaz de llevar
a la persona ante el replanteamiento de sus esquemas mentales
(trampas cognitivas).
· Apoyar la idea de que la dificultad física puede convertirse
en un camino para el autodescubrimiento.
EL PROGRESO TECNOLÓGICO AL SERVICIO
DE LA SALUD
Ya hemos señalado -en capítulos
anteriores- que la Medicina actual tiene sus bases en el
modelo newtoniano donde las terapias se basan en el desarrollo
biomolecular/mecanicista siendo la cirugía el aspecto más
crudo de ese modelo. La Medicina Vibracional o Vibratoria,
por el contrario, está basada en el modelo einsteniano puesto
que es la equivalencia entre energía/masa la que da la clave
de que energía y materia son lo mismo.
Es, por tanto, una Medicina dirigida al conocimiento de
la energía y la vibración y de cómo éstas interaccionan
con la estructura molecular y el equilibrio orgánico.
En este sentido, en los próximos años esa nueva Medicina
se desarrollará apoyándose en las investigaciones que ya
hoy se están llevando a cabo. Para su aplicación nos encontraremos
con toda una serie de tecnologías que podríamos englobar
en tres grandes áreas:
·
Área,diagnóstico,
que está en relación con el electromagnetismo y la detección
de las alteraciones de los campos bioenergéticos.
· Área reparadora, que se relaciona con la identificación
de los campos energéticos asociados a los diferentes tejidos
del organismo, regulados por sus correspondientes hojas
blastodérmicas (endodermo, ectodermo y mesodermo) y su reparación
basada en aplicación de corrientes o campos electromagnéticos
controlados.
· Área reestructuradora bioenergética, que se centra
en los órganos concretos y permitirá microcirugía al mismo
nivel que se trabajan por ordenador, por ejemplo, las fotografías
en un programa de retoque fotográfico; es decir, pixel a
pixel.
TECNOLOGÍA PARA LA SALUD
Los rayox X. El primer
paso fue el descubrimiento de los rayos X, que permitió
observar el interior del organismo al tiempo que abría las
puertas de la experimentación con los campos electromagnéticos.
Los efectos nocivos de las radiaciones fueron puestos de
manifiesto cuando su propia descubridora, la doctora Marie
Curie, falleció a causa de la contaminación radiactiva.
No obstante, se descubrieron importantísimas aplicaciones
terapéuticas donde el uso de determinadas energías podía
devolver la salud a los enfermos. Desde la primera máquina
de irradiación de cobalto hasta el acelerador lineal se
ha avanzado mucho intentando que los efectos secundarios
de la aplicación de radiaciones fuesen cada vez menores.
El mayor problema siempre ha sido que cuando se ataca a
las células cancerígenas, por ejemplo, se daña también a
los tejidos sanos adyacentes al tumor.
La electroterapia.
La aplicación terapéutica de la electricidad no es un invento
moderno. Existen referencias en antiguos textos de Medicina
donde se habla del uso de anguilas y otros peces capaces
de producir descargas eléctricas en el enfermo. A partir
de la segunda mitad del siglo XX se empieza a utilizar la
electricidad como analgésico del dolor. Un ejemplo es el
estimulador dorsal inventado por el doctor Normal Shealy,
de Wisconsin (EE.UU.), que se implantaba en la columna vertebral
en pacientes con dolores rebeldes. O los distintos sistemas
basados en el Control de puerta, teoría propuesta
por R. Melzack y P. Wall que se basa en la estimulación
de un nervio periférico situado por encima del punto doloroso,
con lo cual se bloquea la señal impidiendo que ésta llegue
al cerebro y produzca la sensación dolorosa.
Más adelante se desarrolló el Estimulador Nervioso
Transcutáneo (TNS), dispositivo eléctrico que estimula
los nervios cutáneos interfiriendo también el envío de la
señal dolorosa al cerebro. El sistema es menos traumático
que el anterior puesto que no precisa de intervención quirúrgica.
Por otra parte, los investigadores descubrieron que al aplicar
los estímulos eléctricos en determinadas zonas se conseguían
mejores resultados. Esas zonas fueron identificadas más
tarde con los tradicionales puntos de acupuntura que lo
que hacen, en definitiva, es liberar una serie de sustancias
analgésicas conocidas como endorfinas.
Las endorfinas son de origen endógeno, es decir, las produce
el propio cerebro y tienen una composición similar a los
opiáceos. Todos estos tratamientos intentan, en definitiva,
reactivar los mecanismos del organismo para curarse a sí
mismo.
Los descubrimientos más revolucionarios en Electroterapia
se deben a los trabajos del doctor Robert O. Becker,
cirujano ortopédico de Nueva York que intentaba demostrar
cómo las corrientes eléctricas del sistema nervioso influyen
en la regeneración de los tejidos. El Dr. Becker trabajó
en su laboratorio con salamandras y ranas y observó que
cuando una salamandra pierde una de sus patas es capaz de
generar una nueva mientras que la rana, en algún momento
de su progreso evolutivo, perdió esa facultad. Pues bien,
midiendo la carga eléctrica del muñón de la pata amputada
a ambos animales se dio cuenta de que había diferencias
de potencial durante el proceso de cicatrización. Y basándose
en un fenómeno conocido como "corriente de lesión" se preguntó
si al administrar artificialmente un potencial negativo
-cosa que sucedía de manera natural en la salamandra- al
muñón en vías de cicatrización de una rana obtendría algún
resultado. Bueno, pues con gran sorpresa por su parte descubrió
que a la rana le creció una pata nueva.
Hay dos posibles respuestas: la primera, que el estímulo
eléctrico sea capaz de activar la regeneración a nivel celular;
la segunda, que el estímulo eléctrico active la plantilla
holográfica del campo etérico inherente a todos los seres
vivos liberando su potencial energético.
Todavía no se puede asegurar cuál es la respuesta pero no
cabe duda de que es un terreno revolucionario en la investigación.
No obstante, mientras se avanza en ese campo, la aplicación
más común de la Electroterapia es la estimulación para provocar
la curación en fracturas óseas mediante la aplicación de
campos electromagnéticos externos. Los resultados experimentales
presentados por el doctor Andrew Bassett demuestran
que determinadas células son capaces de transmitirse información
como si fueran células nerviosas. En un principio, los electrodos
se instalaban en los huesos y se conectaban a fuentes de
alimentación externas; sin embargo, pronto se descubrió
que no era necesaria la intervención quirúrgica y que la
aplicación externa de la corriente electromagnética, por
encima incluso de la escayola, es suficiente para conseguir
la curación de la fractura. El principal problema radica
en la frecuencia con la que la energía debe ser aplicada
para lograr el éxito ya que una pequeña variación puede
suponer que los osteocitos del hueso consoliden o debiliten
una soldadura ósea.
La Bioelectrónica y la Electromedicina defienden que es
posible la regeneración de los cartílagos mediante la inyección
de corrientes magnéticas, el restablecimiento de una regeneración
parcial de miembros mediante pequeñas corrientes continuas
eléctricas, la estimulación del crecimiento de los huesos
por medio de campos electromagnéticos, la inhibición mediante
corrientes eléctricas del crecimiento de tumores implantados
en mamíferos...
En la lucha contra el cáncer destacan los trabajos del Monte
Sinai School of Medicine que indican que la aplicación
de las corrientes eléctricas potencian los efectos de la
Quimioterapia convencional, observándose una supervivencia
de más del doble registrada entre los animales que sólo
recibieron Quimioterapia.
Otra mención importante es la del doctor Bjorn Nordenstrom,
jefe de Radiología Diagnóstica del Instituto Karolinska
de Estocolmo donde su técnica de aplicación de unos
electrodos a los tumores pulmonares a los que se aplican
cargas eléctricas en diferentes lapsus de tiempo provocan
una acidificación de los tejidos que hace que las células
cancerosas mueran por falta de oxígeno, lo que produce finalmente
la desecación del tumor. El Dr. Nordenstrom considera
que la aparición del cáncer y otras enfermedades tiene que
ver con alteraciones del sistema bioeléctrico del organismo.
El paso siguiente será conseguir activar de forma natural
los mecanismos bioeléctricos naturales de defensa y reparación
que existen dentro de las células.
Por otra parte, investigaciones recientes llevadas a cabo
en Polonia en el Hospital Sniadecki de Wloszczowa confirman
que la aplicación de campos magnéticos en el tratamiento
de la artritis logró paliar la intensidad del dolor, reducir
la inflamación y mejorar la movilidad de las articulaciones.
EL ESCÁNER
o TAC (Tomografía Axial Computerizada)
funciona mediante un fino haz de rayos X que se dirige hacia
el sujeto girando lentamente -describiendo los 360º alrededor
de la persona- y tomando una serie de instantáneas. El ordenador
analiza matemáticamente los datos y realiza la reconstrucción
de una imagen que se asemeja al aspecto que tendría una
sección transversal del cuerpo humano.
Otro escáner más avanzado, el TC (Tomografía Computerizada),
genera imágenes que parecen una rodaja delgada de la región
del cuerpo que ha explorado la máquina pero incluyendo los
tejidos blandos que eran invisibles con los rayos X. Este
invento ha revolucionado los diagnósticos en Neurología
pues antes era necesario recurrir a la intervención quirúrgica
para ver los tejidos del cerebro. Los avances de la informática
han permitido que se pueda realizar la reconstrucción tridimensional
de cualquier parte del cuerpo.
El TEP (Tomografía por Emisión Positrónica) permite
ver las funciones celulares básicas del cerebro. Se trata
de usar sustancias radiactivas de corto periodo de actividad
que permiten obtener una imagen plana de dos dimensiones
(gammagrafía) que muestra la silueta del órgano,
su tamaño, su localización, la presencia de posibles obstrucciones,
etc. El TEP se emplea también en Psiquiatría y ha permitido
observar el comportamiento celular del cerebro en enfermedades
como la esquizofrenia o el mal de Parkinson. En definitiva,
es un camino hacia la comprensión de cómo funciona el cerebro
y la posibilidad de sondear las cualidades que integran
la conciencia humana.
Por último, hace tiempo que se está empleando en hospitales
la RMN (Resonancia Magnética Nuclear). Este escáner
-a diferencia de los anteriores- no necesita de rayos X
ni de la inyección de sustancias radiactivas sino que funciona
sintetizando las imágenes por resonancia magnética y ha
permitido observar el cuerpo y la estructura de sus órganos
sin invadirlos con una precisión que antes sólo disponían
el cirujano y el patólogo.
No obstante, a pesar de lo innovador de todas estas técnicas
seguimos recorriendo el terreno del nivel físico molecular
y para considerar al organismo desde su perspectiva auténticamente
energética debemos dar un paso adelante. Es posible que
los principios básicos de la resonancia magnética, en combinación
con la Electrofotografía Kirlian, puedan llevarnos
a una gran revolución para la obtención de imágenes de la
anatomía energética sutil del ser humano con fines diagnósticos.
En este sentido, el próximo paso será descubrir un aparato
capaz de sintetizar imágenes que permitan a los médicos
conocer las causas energéticas -y, por tanto, previas a
las celulares- de la enfermedad, no limitándose a detectar
las anomalías bioquímicas que se producen ante la dolencia
ya manifiesta; pero para ello es necesario admitir que el
ser humano es algo más que carne, sangre, huesos, membranas
y nervios.
Es suma, la Electrografía Kirlian permitiría desarrollar
una medicina verdaderamente preventiva. De hecho, sobre
esta base se han construido los denominados sistemas REM
(Resonancia Electromagnética), actualmente objeto de
investigación y experimentación por Harry Oldfiel
en el Hospital de Charing Cross de Londres, quien
ha obtenido diagnósticos precisos sobre la localización
de los tumores cancerosos en el cuerpo al calcular matemáticamente
la profundidad del tumor en los tejidos, su dimensión exacta
y su volumen.
Si los resultados terminan siendo satisfactorios es posible
que en el futuro estos sistemas REM permitan lograr imágenes
tridimensionales del cuerpo energético, lo que permitirá
estudiarlo en su conjunto y examinarlo en detalle para detectar
los cambios energéticos que se producen y que semanas o
meses después desembocan en enfermedades del cuerpo físico.
Luego, una vez hecho el diagnóstico energético, se podría
recurrir a terapias energéticas sutiles y se podría hacer
el seguimiento de los efectos que estas terapias alternativas
conllevan.
OTRAS TÉCNICAS ENERGÉTICAS
La Acupuntura, técnica
milenaria cuyas primeras referencias se remontan al Libro
de Medicina del Emperador Amarillo (2697 y 2596
a.C.), no se extendió de forma generalizada hasta 1934-1935
cuando Mao Tse-Tung, durante la Larga Marcha
del Ejército Rojo, redescubrió su utilidad para tratar a
las tropas de las enfermedades y epidemias que les aquejaban
debido a las difíciles condiciones en que vivían. El doctor
Hiroshi Motoyama, investigador japonés, inventó un
aparato para localizar los chakras y también otro capaz
de medir los potenciales eléctricos de los meridianos de
acupuntura. La máquina se llama AMI y puede diagnosticar
desequilibrios fisiológicos de la persona en pocos minutos.
Consta de 28 electrodos que se conectan a los puntos terminales
de acupuntura de cada meridiano localizados en las puntas
de los dedos de manos y pies. Las agujas colocadas en los
puntos de acupuntura transmiten información a un ordenador
especial que interpreta la información. Las investigaciones
de Motoyama y otros demuestran, una vez más, las correlaciones
entre el desequilibrio eléctrico de los pares de meridianos
y las enfermedades en los sistemas orgánicos asociados a
ellos.
La Electroacupuntura se basa en los mismos principios
que la Acupuntura y actúa sobre los meridianos aplicando
corrientes eléctricas de alta o baja frecuencia por medio
de electrodos superficiales que se apoyan sobre la piel
en los lugares correspondientes a los puntos prefijados.
En California el doctor Irving Oyle ha obtenido buenos
resultados en el tratamiento de una serie de dolencias con
lo que el llama Sonopuntura, que consiste en estimular
los puntos clásicos de acupuntura por medio de ultrasonidos.
Su aparato -el Sonicator- emplea un cristal especial
capaz de enfocar las ondas sonoras de alta frecuencia en
una región muy pequeña de la piel correspondientes a puntos
concretos. No cabe duda de que es una modalidad menos invasora
que la acupuntura mediante agujas.
Sin embargo, la técnica más futurista en cuanto al estímulo
de los puntos de acupuntura está desarrollada por los rusos;
se trata de la llamada Laserpuntura, que consiste
en dirigir haces láser de baja intensidad sobre los puntos
de acupuntura pero con la particularidad de que esos haces
no penetran físicamente bajo la piel. Los investigadores
rusos aplican está técnica en hipertensión, enfermedades
intestinales, procesos inflamatorios, dolores articulares
o trastornos del metabolismo; incluso parece que logran
superar las convulsiones epilépticas apuntando el haz láser
a un punto situado sobre el labio superior, apenas comienzan
los primeros indicios del ataque. En este sentido, el doctor
ruso Víctor Inyushin utiliza un escáner corporal
kirlian antes y después de la estimulación con el láser
para comprobar los niveles energéticos de los puntos de
acupuntura del paciente antes y después del tratamiento.
Otro de los sistemas que empieza a ser considerado por algunos
médicos y odontólogos es un aparato llamado Dermatron
o aparato de Voll, que fue desarrollado por el
médico alemán Reinhard Voll, aunque también se conoce
como EAV (Electroacupunture According to Voll,
"Electroacupuntura según Voll"). Mientras la
máquina AMI analiza los meridianos, este aparato se usa
para analizar de uno en uno los diferentes puntos de acupuntura
de tal manera que los desequilibrios detectados pueden reflejar
desarreglos a diferentes niveles del sistema orgánico alimentado
por ese meridiano. Sirve también para diagnosticar las causas
de las dolencias y para testar remedios específicos para
cada paciente. Todo ello se realiza mediante un fenómeno
vibracional conocido como reacción de resonancia que marca
desviaciones en el aparato medidor cuando se localiza un
punto en el órgano dañado y el otro en el remedio a aplicar.
La Radiónica es otra técnica que también se basa
en la lectura del campo electromagnético pero con la particularidad
de que el péndulo o el aparato de medición es utilizado
por el operador, quien es el que refleja la reacción de
resonancia que se produce cuando se testa al paciente. Los
aparatos radiónicos tienen una serie de escalas numéricas
que sirven para facilitar al terapeuta la sintonización
con la frecuencia de la enfermedad. Una vez descubierta
es posible transmitir al paciente la frecuencia curativa
apropiada y necesaria.
Capítulo aparte merecen los remedios vibracionales como
las esencias florales, los elixires de gemas, los remedios
homeopáticos, los cristales y todos aquellos procedentes
de fuentes biológicas y minerales que tienen la propiedad
de almacenar energía específica del agua para proporcionar
al paciente una carga de energía sutil, de información "personalizada"
o de una frecuencia específica para promover su curación.
Estos remedios actúan como reequilibradores de las energías
mentales y emocionales del individuo para afectar desde
esas energías de mayor nivel vibratorio a los campos más
densos que constituyen la biología molecular.
EPÍLOGO
Como hemos podido ver, el futuro
de la salud está empezando a perfilarse como un cambio notable
en la forma de percibir lo que es la enfermedad, que pasa
a ser más un proceso global de la persona que el resultado
de alteraciones meramente fisiológicas.
Los médicos del futuro deberán abrir su campo de exploración
y diagnóstico incorporando que el ser humano ya no debe
ser percibido como una máquina compleja formada por diferentes
clases de tejidos que pueden sufrir alteraciones sino como
"un conjunto de cuerpos vibrando en diferentes niveles
y que están en constante interacción". El cambio de
paradigma nos llevará a una forma de Medicina menos cruenta,
más humana y, por consiguiente, más cerca del concepto de
ser humano integral.
|
|
|
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
|
|