El Par Biomagnético: supuestos teóricos y funcionamiento (I)

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Que el Par Biomagnético desarrollado hace años por el investigador mexicano Isaac Goiz es un método terapéutico de indudable eficacia cuando quien lo maneja está bien y suficientemente formado es indudable. Que la causa de su funcionamiento sea la de que toda enfermedad se manifiesta en dos puntos relacionados en uno de los cuales existe siempre acidificación y en el otro alcalinización haciendo ello que en uno se acumulen los virus y los hongos y en el otro las bacterias y parásitos y una vez localizados mediante una sencilla técnica kinesiológica baste para equilibrar el pH de ese par y lograr que los microorganismos pierdan su capacidad patógena colocar dos simples imanes de una potencia superior a 1.000 gauss sobre ellos es sin embargo discutible.

Puede ser así… o no; porque incluso expertos en esta singular técnica se plantean otros supuestos teóricos. Es el caso de uno de los primeros discípulos de Isaac Goiz en España, Juan Carlos Albendea -miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD-, quien declararía textualmente a la revista: “Sabemos que funciona pero aún no está claro por qué; así que estamos abiertos a toda posible hipótesis. Es evidente que al colocar los imanes magnetizamos el hierro de la hemoglobina de esa zona aumentando la cantidad de oxígeno a nivel celular. Por otra parte, todo microorganismo tiene –como el ser humano mismo- sus propios ejes electromagnéticos y de aquí que cada uno tenga un nivel propio de vibración. Ahí están, entre otros, los estudios de Royal Raymond Rife y Hulda Clark. Pues bien, cuando imponemos un campo magnético por medio de imanes en una zona tisular es posible que lo que provoquemos sea una reorientación del plasma o nube electrónica que recubre todo ser vivo –microorganismos incluidos- eliminando así su defensa electromagnética, permitiendo que se reequilibre la zona y que los diferentes agentes del sistema inmune pueden eliminarlos al haberse quedado indefensos los patógenos”.

Tal es su hipótesis que según explica basa, entre otras cosas, en los trabajos sobre el comportamiento de las bacterias en presencia de magnetita. “En 1975 -cuenta- el microbiólogo Richard Blakemore descubrió de forma casual en los sedimentos pantanosos unas bacterias que al ser colocadas sobre una platina bajo el microscopio se desplazaban hacia el extremo de la gota. Inicialmente pensó que se movían en dirección a la luz pero luego comprobó que pasaba lo mismo en ausencia de estímulo luminoso. Finalmente comprobaría que las bacterias se movían paralelamente a las líneas del campo magnético; es decir, que su desplazamiento era sensible a la presencia de un campo magnético y de ahí que decidiera llamarlas magnetotácticas y al fenómeno magnetotaxis. En suma, demostró que las bacterias nadaban siempre a lo largo de las líneas del campo magnético. Quiso comprobar luego si existía entonces material ferromagnético en ellas y las sometió a un campo magnético de 0,1 teslas haciendo que las bacterias buscaran el Sur en lugar del Norte. Infiriendo que el campo magnético había invertido la polaridad interior. Posteriores análisis con microscopía electrónica y otras técnicas constatarían que en el citoplasma de esas bacterias hay cristales de magnetita llamándose desde entonces magnetosoma a esa parte. Con el tiempo se descubriría que esas estructuras se hallan también en palomas, abejas, peces, pájaros y algunos primates y que los magnetosomas -formados por oxido férrico- se encuentran ubicados en los senos etmoidales, la glándula pineal y las suprarrenales así como en la masa cerebral. Bien, pues en un experimento in vitro realizado en el Laboratorio de Jóvenes por la Investigación del Centro Universitario México A.C. se impactó con imanes a varios estafilococos aureus y a bacterias del género Vibrio cholerae colocados en una placa de Petri y éstos seguían después vivos y conservando su capacidad reproductiva incluso aunque el pH se llevase a un estado de neutralidad cercano al 7. La pregunta era obvia: ¿por qué? ¿Qué hace que los microbios patógenos no mueran si se les coloca unos imanes estando en una placa de Petri? Quizás se deba a que fuera del cuerpo no hay nada que se encargue de eliminarlos”. Y es que a juicio de Juan Carlos Albendea lo que los imanes hacen sería “alterar o destruir el campo electromagnético que envuelve y protege a los microorganismos patógenos siendo eso lo que permite luego a las defensas del sistema inmune destruirlos”. Lo explica en este video.

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Relación de textos publicados en Discovery DSALUD sobre esta temática que puede usted leer y apoyan documentalmente lo que se afirma en el video. Pinche sobre ellos para su lectura.
*Algunos pueden estar accesibles sólo a los suscriptores de la revista.

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