¿Cuántos niños superan el cáncer con los tratamientos oncológicos?


La pregunta que encabeza este editorial debería ser fácil de responder porque a nadie le entra en la cabeza que pueda estar sometiéndose a niños a tratamientos oncológicos de eficacia y resultados desconocidos pero lo cierto es que es exactamente lo que está pasando. Y es que en realidad se les somete a los mismos tratamientos que a los adultos rebajando simplemente las dosis de quimioterapia y radioterapia. En cuanto a la mera extirpación quirúrgica de los tumores y a los trasplantes de médula sus resultados positivos son los ya conocidos en adultos: prácticamente nulos en la inmensa mayoría de los casos. Luego, ¿cómo es posible que aparezcan cada poco tiempo prebostes de la Oncología afirmando que en muchos casos se cura el 90% de los niños ¿Dicen la verdad o mienten? Y la respuesta es sencilla: MIENTEN. Lo hemos dicho hasta resultar pesados: los tratamientos oncológicos convencionales no funcionan. Ni en adultos…. ni en niños. La credibilidad de las estadísticas oncológicas es NULA. Para empezar los datos se extrapolan –tanto en adultos como en niños- de unos cuantos hospitales seleccionados y controlados por quienes llevan el negocio; y sí, decimos, negocio porque eso es exactamente lo que es. ¿O es que alguien ignora aún las tan astronómicas como injustificadas cantidades de dinero que cuestan los tratamientos oncológicos? Se podrá alegar que una vida no tiene precio pero es que tales tratamientos no han demostrado jamás prevenir o curar el cáncer. Nunca. Lo máximo que afirman lograr –y se reconoce en los propios prospectos de los quimioterápicos- es alargar la vida unas pocas semanas, meses o años. Por eso los oncólogos solo hacen estadísticas de supervivencia a cinco años. A partir de ese momento dejan de hacerlas porque se les hundiría el negocio. Es más, se inventaron con total desfachatez la expresión “curación clínica” para incluir en ella a todo enfermo que sobreviva cinco años y poder así decir que algunos se “curan”. Lo hemos explicado muchas veces: si un enfermo sobrevive cinco años al diagnóstico se le considera “clínicamente curado”. Y así quedará para siempre en los datos de "clínicamente curados" aunque se muera una semana después. Su fallecimiento no cuenta para las adoradas y manipuladas estadísticas oncológicas. Lamentablemente la sociedad se resiste a creer que tanta maldad pueda ser posible. Y sin embargo la verdad es ésa. En el caso de los adultos… y en el de los niños. Lea en este número el reportaje en el que damos cuenta de la creación por un grupo de padres cuyos hijos padecen o han fallecido de cáncer de la Asociación Nacional Voz para la Oncología Infantil (VOI) que nace con el objetivo de derribar el muro de oscurantismo erigido por una oncología pediátrica que presume de porcentajes de curación irreales. Padres que exigen transparencia, tratamientos eficaces, una investigación seria y centrada en el cáncer infantil y la creación de una comisión que analice con rigor la auténtica eficacia de los tratamientos porque tienen la convicción –vivida en carne propia- de que los protocolos oncológicos no funcionan en la mayoría de los casos y quieren que así se constate oficialmente haciendo un seguimiento riguroso, real y personalizado de cada uno de ellos. Es más, sus creadores están convencidos de que la mayoría de los niños tratados de cáncer muere a causa de los tratamientos oncológicos que reciben y no de la enfermedad. "La Sociedad Española de Oncología y Hematología Pediátrica afirma que algunos cánceres pediátricos llegan a curarse hasta en el 98% de los casos pero los que hemos vivido este drama durante años y hemos hablado con muchos otros padres sabemos bien que no es así. ¡Fallecen casi todos!", afirma Eduardo Mejía, uno de los padres que han fundado VOI. Y tiene razón. Deseamos pues de corazón que esta iniciativa –que conocimos hace unos meses, cuando vinieron a contárnosla a la redacción y hemos esperado hasta verla crecer- dé por fin un aldabonazo en la conciencia de la gente, despertando especialmente a los padres a cuyos hijos se diagnostique en el futuro tan dramática enfermedad.
 

José Antonio Campoy
Director