El menos común de los sentidos


Lo asevera un dicho popular con un inteligente juego de palabras: el sentido común es el menos común de los sentidos. Y esa afirmación es especialmente válida en el ámbito de la salud. Y no digo de la Medicina porque esta palabra no es en absoluto sinónima; es latina y procede de la palabra mederi que significa remedio y no curar o medicar como afirman quienes la ejercen. Es más, la Medicina actual tiene poco que ver con la que han practicado los médicos a lo largo de los milenios. De hecho si los médicos convencionales que ejercieron entre los siglos I y XIX volvieran a la vida e intentaran ejercer hoy se les consideraría unos ignorantes peligrosos para los que incluso se pediría cárcel. Y sin embargo sus aberrantes prácticas médicas contaron en sus respectivas épocas con el beneplácito y apoyo de las autoridades que protegieron a sus "doctos" ejercientes. Lo patético es que la situación ha cambiado poco. En pleno siglo XXI se siguen defendiendo y apoyando teorías y postulados considerados "científicos" que se apoyan solo en estudios sesgados basados en meros datos estadísticos. Una absoluta memez como hemos denunciado hasta la saciedad. Hoy los médicos siguen ignorando las causas de las miles de "enfermedades" que aseguran existen -son de origen desconocido o "idiopáticas", palabra que queda más "técnica" a la hora de confesar la ignorancia- y por tanto no saben ni prevenirlas ni curarlas. Son igual de ignorantes que hace veinte siglos aunque la sociedad no lo entienda. Eso sí, cuentan con sofisticadísimos aparatos que han aportado los expertos de otras disciplinas que sí han avanzado en sus conocimientos -la Matemática, la Física, la Química, la Ingeniería, la Informática, la Óptica, la Biología…- permitiéndoles disponer de análisis de laboratorio de todo tipo, microscopios de campo oscuro, aparatos de rayos X, modernos dispositivos de ultrasonidos, ecógrafos, láseres, aparatos de resonancia magnética, dispositivos quirúrgicos asistidos con monitores…. y además miles de fármacos. La lista es interminable. Todo lo cual da una apariencia de modernidad y conocimiento científico que apabulla a cualquier persona lega no inmersa en la realidad. Que mucho de ello es de obvia utilidad nadie lo pone en duda pero lo cierto es que ni aun habiendo descifrado el genoma humano y estando en condiciones de saber si alguien tiene genes "alterados" son capaces los médicos de saber qué lleva a una persona a manifestar unos u otros síntomas teniendo que limitarse a etiquetar a los enfermos como afectos de tal o cual patología y recetarles fármacos paliativos. En pocas palabras, siguen sin saber en el 99% de los casos por qué los pacientes enferman y cómo impedirlo o curarles. De hecho la inmensa mayoría sigue creyendo que gran parte de las enfermedades son de origen infeccioso y por eso postulan impedir que se manifiesten usando antimicrobianos; especialmente antibióticos ya que los antivíricos y antifúngicos siguen siendo casi inexistentes e ineficaces. ¡Antibióticos cuando en nuestros organismos hay diez veces más bacterias que células!  O vacunas, que ya se sabe que para los médicos previenen las enfermedades… aunque tal cosa no se haya demostrado jamás. En fin, lo cierto es que lo hemos explicado muchas veces y nos reiteramos: no existen las enfermedades. Lo que existen son enfermos, es decir, personas cuyos organismos han perdido su equilibrio natural… existiendo ¡una sola forma de afrontar la situación! En TODAS las llamadas "enfermedades". Y es tan simple que nadie lo acepta a pesar de estar constatado que los genes los pueden modificar -o hacer que se expresen o no- nuestros pensamientos y emociones así como lo que respiramos, comemos y bebemos además del entorno ambiental (toxinas, fármacos, radiaciones, etc.). Lo vamos a repetir de nuevo: lo que debe hacer un enfermo, sea cual sea su patología, es ayunar unos días bebiendo solo agua de calidad e ingerir luego solo abundantes alimentos vegetales de temporada crudos -preferiblemente ecológicos- de todos los colores, hacer ejercicio aeróbico suave, cuidar las posturas del cuerpo para no forzarlo, relajarse física y mentalmente y dormir bien y suficientemente. Eso permite desintoxicar y oxigenar el organismo, equilibrar su pH y el microbioma, modular las funciones fisiológicas y metabólicas y potenciar el sistema inmune. Y superar cualquier enfermedad. Todo lo demás -terapias, métodos, complementos, suplementos, etc.- puede ayudar pero no va a resolver ningún problema medianamente serio sin hacer antes lo anterior. Sépase además que el estimulante inmunomodulador más potente que existe es ¡la risa! Así es y así lo cuento.

 

Jose Antonio Campoy 
Director