¡Escuelas sin Wifi!


Tal es el lema que encabeza la campaña social que acaba de ponerse en marcha en España para lograr que se retire el WiFi de las escuelas de forma inmediata, antes de que termine el actual curso escolar. Porque no es admisible esperar ni un momento más. Está en juego la salud de millones de niños -además de la de sus profesores y demás trabajadores de esos centros- porque las radiaciones que esos y otros dispositivos emiten son potencialmente cancerígenas. La de los adultos –sobre todo en el caso de las embarazadas, los ancianos y los enfermos- pero especialmente la de los niños ya que sus cerebros están más desprotegidos. Y no se trata de “afirmaciones sin fundamento” o “no avaladas científicamente” como llevan años repitiendo machaconamente en un discurso que se antoja ya nauseabundo los testaferros y corifeos que las empresas de telefonía tienen en los grandes medios de comunicación porque quienes han reconocido que es así hace escasas semanas son los responsables de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) que han decidido clasificar las radiaciones electromagnéticas emitidas por los WiFi, los teléfonos móviles, los teléfonos inalámbricos, los bluetooth, las antenas de telefonía y otros dispositivos de uso común de “posiblemente cancerígenos” reconociendo que su uso conlleva un mayor riesgo de tumores cerebrales malignos. De ahí que instaran a las autoridades públicas a tomar medidas para reducir al máximo su exposición. Lo mismo que pidió la Asamblea del Consejo de Europa en una resolución aprobada el pasado 27 de mayo en la que se instó a todos los gobiernos europeos a “adoptar de inmediato las medidas necesarias y oportunas para reducir la exposición de los ciudadanos a todo tipo de radiaciones electromagnéticas”. El tiempo sin embargo ha pasado sin que la inmensa mayoría de nuestros representantes políticos -en un claro indicio de que sus cerebros deben estar ya muy afectados por esas radiaciones- hayan tomado iniciativa alguna. Una inacción intolerable dada la gravedad e importancia del asunto que llevó a numerosos colectivos sociales a tomar ellos la iniciativa para acabar con tan escandalosa situación. Por eso el pasado 24 de junio varios centenares de colectivos sociales firmaron en España un Manifiesto contra la contaminación electromagnética- en el que se exigía a los gobiernos central, autonómicos y locales, a los diputados y senadores, y a la clase política en general “medidas urgentes y concretas para proteger la salud de los ciudadanos ante la brutal contaminación electromagnética que sufre ya nuestra sociedad” así como “la aplicación del Principio de Precaución y el inmediato establecimiento de nuevos límites de máximos para las emisiones de baja y alta frecuencia”exigiendo que se atendiesen las numerosas peticiones hechas en ese sentido por instituciones –políticas y científicas- de todo tipo, incluida la Comisión Europea. Porque esas radiaciones han desencadenado ya la aparición de una patología hasta hace poco inexistente como la electrosensibilidad, reconocida ya como enfermedad en otros países (aunque no en el nuestro). Pues bien, aquella iniciativa social no tuvo suficiente eco porque los grandes medios de comunicación no son hoy independientes ni en España ni en ningún país del mundo. Y de ahí que de nuevo buena parte de esos colectivos, coordinados por laConfederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental haya puesto en marcha una nueva iniciativa a la que de inmediato se han sumado muchos otros colectivos –entre ellos la World Association for Cancer Research (WACR)- que pretende la ejecución de algo muy concreto: la retirada inmediata -este mismo curso- de los WiFi de las escuelas y centros públicos de enseñanza. Iniciativa que obviamente apoyamos al 100% y para la que pedimos de forma expresa el apoyo de nuestros lectores. Las personas interesadas que necesiten más información y quieran colaborar pueden entrar en www.escuelasinwifi.org. Es necesario que la movilización social sea masiva. Sepa el lector que el WiFi está siendo ya retirado de escuelas, hospitales, bibliotecas y otras instituciones públicas en países como Inglaterra, Francia, Alemania, Canadá, Austria o Suiza. No consintamos pues que en España se siga dañando de forma impune nuestros cerebros –y sobre todo el de nuestros hijos- porque aquí la ley sitúa los límites máximos 4.500 veces por encima de los que los científicos independientes consideran “seguros”. A fin de cuentas hoy es posible conectarse a Internet sin dispositivos emisores de peligrosas radiaciones logrando encima una conectividad mucho más rápida, segura y eficaz. De ahí que paralelamente tales colectivos se estén ya planteando exigir también su retirada de las clínicas y hospitales, guarderías, centros comerciales y de ocio, hoteles, restaurantes, bibliotecas, tiendas, autobuses, metros, kioscos de prensa, calles, plazas o jardines. Y es que se está irradiando a la población de una forma tan masiva como peligrosa e irresponsable. Ha llegado la hora de que la ciudadanía se niegue a ser irradiada impunemente sólo porque hacerlo así y no de forma segura proporciona enormes beneficios a quienes promueven este acto criminal.

 

José Antonio Campoy
Director