La vacuna contra la gripe puede causar invalidez


La sección cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha condenado al Instituto Catalán de Salud a indemnizar con 468.699 euros a José Juan Sánchez Andreu porque la vacuna de la gripe que se puso voluntariamente en 2002 le provocó el Síndrome de Guillain-Barré, patología que le llevó a sufrir una discapacidad del 85%. La sentencia –dada a conocer en octubre de 2012- rectifica la dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que en septiembre de 2010 había desestimado la reclamación por daños y perjuicios efectuada por el afectado. El fallo considera probado que Sánchez Andreu -camarero que entonces tenía 37 años y estaba sano- empezó a sentir cansancio y dolor en brazos y piernas a los 10 días de ponerse la vacuna agravándose finalmente su estado por lo que tuvo que ser ingresado en el Hospital Joan XXIII de Tarragona donde se le diagnosticó el Síndrome de Guillain-Barré. En junio de 2004, tras una penosa degeneración física y cuando ya sufría una “disminución funcional" del 85%, se le concedería la invalidez absoluta. Cabe agregar que el Tribunal Supremo considera probadoel nexo de causalidad entre la administración de la vacuna y la aparición del citado síndrome” afirmando que, aunque infrecuente, se trata de “un riesgo conocido”. Asume asimismo que como las campañas anuales de vacunación de la gripe son promovidas por la Administración “por sus beneficios para el conjunto de la sociedad” quienes de manera voluntaria deciden inmunizarse “contribuyen a ese bien social consensuado” siendo por ello injusto que no sean amparados por la comunidad cuando al vacunarse sufren efectos adversos. De ahí que entienda que el coste económico que implica una invalidez no la deba soportar sólo el perjudicado sino el conjunto de la sociedad ya que así lo exige “la conciencia social y la justa distribución de los muchos beneficios y los aleatorios perjuicios que dimanan de la programación de las campañas de vacunación dirigidas a toda la población". Tal es la información explicada de forma escueta pero a nuestro juicio requiere ser comentada. En primer lugar debemos decir que nos congratula comprobar que el Tribunal Supremo da por probado  que la vacuna de la gripe puede causar el Síndrome de Guillain-Barré, nombre que se ha dado al hecho de que el sistema inmune ataque al sistema nervioso periférico destruyendo la mielina -capa aislante que recubre los nervios- lo que impide a éstos enviar las señales eficazmente a los músculos que pierden así su capacidad para responder a las órdenes del encéfalo así como que éste reciba menos señales sensoriales del resto del organismo. Lo que lleva a la incapacidad de sentir calor, dolor y otras sensaciones así como a paralizar progresivamente los músculos del cuerpo. De hecho hoy se admite ya por la mayor parte de los biólogos, médicos y especialistas de muy diversos ámbitos que esta patología la puede provocar la vacuna de la gripe -aunque se alegue que sólo pasa en un caso de cada 100.000 vacunaciones, cifra que otros pretenden elevar a una por millón- siendo en realidad la causa los coadyuvantes que se utilizan en ella; como el timerosal, el escualeno y el polisorbitol. Lo que ahora el Tribunal Supremo español asume y nosotros venimos denunciando desde hace tiempo como puede comprobarse releyendo en nuestra web –www.dsalud.com– la información publicada al respecto entre la que destacan los artículos que con los títulos La eficacia de la vacuna de la gripe común en entredicho, Andrew Moulden: “Deberían prohibirse todas las vacunas” y Los peligros del timerosal de las vacunas publicamos en los números 120, 121 y 122 respectivamente así como el Editorial que bajo el epígrafe ¿Deberían prohibirse todas las vacunas? apareció en el nº 121. Debemos sin embargo manifestar, en segundo lugar, que la incidencia real de los efectos negativos de las distintas vacunas de la gripe con las que desde años se inocula masivamente a la población no se ha valorado objetivamente jamás. La afirmación de que afecta negativamente a un porcentaje muy pequeño de las personas vacunadas se ha asumido por los médicos, las autoridades sanitarias y los jueces sin justificación científica alguna asumiendo simplemente lo alegado ¡por quienes las fabrican! Lo que no es de recibo. Y en tercer lugar, la asunción de que las vacunas –la de la gripe y cualquier otra- previenen la aparición de las enfermedades para las que se han diseñado es algo jamás demostrado científicamente aunque desde hace más de un siglo así lo hayan asumido acríticamente los profesionales sanitarios, los periodistas, los jueces, las autoridades, la población en general y las organizaciones internacionales, entre ellas la Organización Mundial de la Salud  (OMS) controlada desde hace décadas por la gran industria farmacéutica. Y siendo así la aseveración de los miembros del Tribunal Supremo de que vacunarse es positivo para la sociedad porque las vacunas son eficaces y los riesgos para la salud que se corren son mínimos es gratuita. Para asumir eso quienes fabrican las vacunas deberían demostrar clínicamente que son realmente eficaces y eso no se ha hecho jamás. Retamos por enésima vez a quienes aseveran que las vacunas son eficaces y sus efectos secundarios negativos mínimos a que nos digan quién y dónde ha demostrado tal cosa mencionando los trabajos publicados. Obviamente no esperamos respuesta. 
 

José Antonio Campoy
Director