Podemos vivir sanos más de un siglo


El cuerpo humano está preparado para vivir en buenas condiciones de salud mucho más de lo que la mayoría de los expertos postula. De hecho hoy se vive de media más que hace un siglo pero no porque la Medicina haya avanzado notablemente como algunos afirman de forma gratuita sino porque se vive con mayor higiene y las muertes tempranas por patologías de origen infeccioso han disminuido de forma drástica (y no precisamente por las vacunas cuya presunta eficacia no ha sido jamás demostrada). Y si no vivimos aún más es porque nuestra industrializada sociedad es manifiestamente tóxica y actualmente está contaminado el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos, la ropa que vestimos, los productos de higiene personal que usamos y los fármacos con los que absurdamente nos envenenamos. Sin olvidar que estamos sometidos a un sinfín de radiaciones electromagnéticas artificiales que alteran el ADN de nuestras células así como a un estrés social y profesional que hace que no nos relacionemos afectivamente con los demás y vivamos en tensión aislados o semiaislados. Sin embargo se sabe que en nuestro planeta hay excepciones y lugares donde la vida media de la gente es muy superior a la del resto, razón suficiente para que distintos investigadores decidieran buscar las causas de esa longevidad en todo tipo de factores como explicamos en el reportaje que aparece en este mismo número, algo que la mayoría hizo centrándose en unas causas -especialmente en la alimentación- pero obviando otras no menos importantes. Porque lo que de verdad caracteriza a todos esos pueblos centenarios es que sus habitantes respiran aire puro, beben agua de manantial, se levantan y acuestan acorde a los ciclos circadianos de la naturaleza, duermen bien y suficientemente, hacen mucho ejercicio físico e ingieren alimentos frescos de temporada libres de pesticidas y transgénicos que no cocinan a altas temperaturas a fin de no desnaturalizarlos. De hecho se alimentan básicamente de frutas, verduras, hortalizas, legumbres, cereales y frutos secos sin tostar pero no descartan el consumo moderado de pescado y carne procedente de animales sanos que, eso sí, no consumen -salvo en ocasiones excepcionales- bebidas alcohólicas industriales, azúcar, carbohidratos y cereales refinados o alimentos envasados, enlatados procesados o precocinados llenos de azúcares y aditivos. Personas que nunca toman fármacos sintéticos y simplemente ayunan y descansan cuando enferman dejando que la naturaleza haga su trabajo de reparación. Aunque no menos importante es el hecho de que se trata de personas que mantienen relaciones familiares y sociales armónicas, están integrados en la comunidad, mantienen una conexión vital con el entorno y la naturaleza y prima en ellos el sentido profundo y espiritual de la vida. Personas longevas que como bien dice el autor del reportaje, Jesús García Blanca, no son felices por tener una larga vida sino que tienen una larga vida porque son felices y viven con ilusión siendo sexualmente activas hasta edades muy avanzadas. Porque tan vital es el cuidado físico como la actitud y la manera de vivir. Hablamos en suma de personas felices que viven en armonía con los demás y la Naturaleza y son centenarias no porque posean una genética distinta excepcional o haya en sus comunidades algo extraordinario que les mantiene sanos y fuertes hasta edades muy avanzadas: su secreto es simplemente fluir en armonía con la vida y no un elixir de la juventud que pueda comprarse con dinero.

 

Jose Antonio Campoy
Director