Un descubrimiento excepcionalmente importante


Los médicos han popularizado en las últimas décadas el concepto de “tratamiento terapéutico” por una sola razón: apenas conocen “tratamientos curativos”. De hecho si usted le pregunta a cualquier especialista médico qué protocolo, método, terapia, fármaco o producto conoce que sirva para “curar” las “enfermedades”, dolencias o patologías de las que se supone que es experto -y por tanto posee conocimientos más amplios que los de sus colegas al tratarse de su especialidad- no sabrá qué responderle. Porque la inmensa mayoría no conoce ninguno. Es más, si les pregunta simplemente qué fármacos de los que usa para “tratar” a sus pacientes es al menos inocuo al carecer de efectos secundarios negativos -es decir, que no tiene efectos ”iatrogénicos”- se pondrá aún más nervioso y la mayoría le responderá que “todos” los fármacos tienen potencialmente “efectos secundarios negativos adversos”. Argumento que le dará porque solo los productos naturales suelen carecer de ellos. Y como los productos naturales no pueden patentarse no se pueden convertir en “fármacos”. Siendo ésa la verdadera razón de que la mayor parte de los fármacos sean tóxicos. No son naturales y el organismo los rechaza porque se intoxica con ellos. Obviamente no se le ocurra preguntarle entonces por qué no receta productos naturales sin efectos secundarios en lugar de fármacos tóxicos ya que le responderá rápidamente y enfadado que él es médico y sólo ofrece a sus pacientes productos que han demostrado su eficacia en ensayos clínicos científicamente controlados. Lo que no le dirá es que la mayoría de esos ensayos no han demostrado jamás que tales fármacos curen las enfermedades para las que se dan. Probablemente añada también que, a diferencia de los fármacos, los productos naturales, fitoterápicos y homeopáticos carecen de estudios científicos que avalen su utilidad y eficacia. Pero si le dice eso o es un mentiroso o un ignorante. Y no sabemos qué es peor. Porque existen miles de estudios científicos. Que él no los conozca o no los haya leído es otra cosa. Evidentemente no se le ocurra tampoco preguntarle qué opina de los tratamientos bioenergéticos o de aquellos que utilizan la luz, el sonido, las frecuencias vibratorias, el magnetismo o, sencillamente, la mente. No sabrá ya ni de qué le está usted hablando. En la mayoría de los casos sus conocimientos se limitan a la aplicación de la fisiología y la bioquímica. Sacarles de ahí es imposible. No saben fuera de eso –en general, siempre hay excepciones- nada de nada. Son doctos ignorantes. Ni siquiera saben que no saben. Ni de nutrición, algo absolutamente básico parar afrontar cualquier patología. De ahí que cuando se rasca un poco en sus conocimientos la mayoría responda con soberbia y prepotencia. A los médicos convencionales les solivianta mucho que se ponga en entredicho lo que saben o hacen. Les saca literalmente de quicio. Pero porque son conscientes de sus limitados conocimientos y, sobre todo, de los exiguos resultados que logran con sus pacientes. Tal es el drama del actual sistema sanitario. A pesar de que en los últimos años muchos de esos médicos, conscientes de todo esto, optaran por aprender fuera de las facultades lo que no les enseñaron en ellas. Cada vez más, afortunadamente. ¿Y a cuento de qué esta diatriba?, se preguntará el lector. Pues es simple: a que no entendemos cómo sólo una decena de médicos –entre los 72 profesionales inscritos- asistió al curso que el Dr. Isaac Goiz acaba de impartir en España y sobre cuyo contenido publicamos un amplio reportaje en este mismo número ampliando el que ya ofrecimos en el nº 76. Porque lo que este médico mexicano ha desarrollado es de una importancia tan extraordinaria que estamos realmente asombrados. Al punto de que estamos persuadidos de que probablemente se trate del descubrimiento más importante en Medicina de las últimas décadas. Hemos hablado con algunos de los médicos y profesionales que ejercen ya con ella y lo que han logrado roza en ocasiones lo milagroso. No se trata por supuesto de una panacea. Ni se puede revertir cualquier deterioro orgánico. Pero no conocemos nada más rápido y eficaz que el método del Par Biomagnético en multitud de dolencias. De todo tipo. Y no vamos esta vez a hablar de los espectaculares casos que conocemos porque difícilmente se nos creería pero lo haremos en el futuro próximo cuando aumenten. Tienen nuestra palabra. Mientras le invitamos a probar con quienes practican hoy esta terapia -tan sorprendentemente sencilla como eficaz- si no ha conseguido resolver su problema de salud de otra forma.


José Antonio Campoy