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| EDITORIAL
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NÚMERO
27 / ABRIL / 2001
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| LA
PÍLDORA DEL AMOR |
Vivimos
en una sociedad tan mediatizada por los intereses comerciales
de las empresas presuntamente dedicadas a ofrecernos
salud y bienestar -especialmente los laboratorios farmacéuticos-
que no sólo las personas de la calle sino los profesionales
de la Medicina -sobre todo ellos- se han llegado a creer
de verdad que la solución para lograr la armonía corporal
y mental está fundamentalmente en las píldoras. Y tan
es así que la inmensa mayoría de los médicos han pasado
de ser terapeutas y/o sanadores a recetadores oficiales
de fármacos. Píldoras para adelgazar y para engordar,
para eliminar los dolores de cabeza, de oídos, de estómago,
de espalda, de dientes, de muelas y de lo que sea, píldoras
para paliar los síntomas con que cursan cualquiera de
las muchísimas enfermedades catalogadas -a pesar de
que quienes las catalogan repiten que no existen las
enfermedades, que sólo existen los enfermos-, píldoras
para no quedarse embarazada, para combatir los síntomas
del resfriado, de la gripe o de esa alergia a vaya usted
a saber qué, píldoras para mejorar la capacidad intelectual,
el rendimiento físico o la potencia sexual, píldoras
para aumentar el tono vital, para que resplandezca nuestra
piel, para que depure mejor el hígado, para ayudar a
la digestión, para hacer de vientre, para evitar la
diarrea, para desintoxicarnos, para no envejecer, para
evitar el hambre, para combatir el mal aliento, para
estimular nuestro sistema inmune o para prevenir y/o
combatir una infección. Píldoras de todas las formas,
tamaños, gustos y colores. Píldoras para todo. Incluso
para combatir nuestra angustia vital, nuestros miedos,
nuestra desesperanza y nuestra soledad. Píldoras hasta
para poder dormir y soñar. Siempre buscando en la píldora
la solución a nuestro problema físico, emocional, mental
o espiritual que es generalmente lo que, a fin de cuentas,
suele provocar en nosotros tanta patología. Y, sin embargo,
la solución nunca está en las píldoras aunque a veces
palie u oculte el problema. Nuestro problema es interno
y suele deberse casi siempre a una desarmonización de
nuestro ser. Por tanto, la respuesta también está en
nosotros. Raramente en el médico y casi nunca en la
píldora. De hecho, la única píldora que lo curaría todo
es la píldora del Amor. Y esa no se vende en farmacias
ni en herbolarios.
José Antonio Campoy
Director
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