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| EDITORIAL
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NÚMERO
47 / FEBRERO / 2003
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| VULNERACIÓN
DEL DERECHO A LA VIDA |
El drama que en estos momentos están viviendo varios
centenares de españoles que gritan que ellos o sus familiares
pueden perder la vida si no se les proporciona Bio-Bac
no parece importar en absoluto a la Ministra de Sanidad
y Consumo, Ana Pastor, al resto del Gobierno -que está
informado de lo que pasa porque todos sus miembros reciben
esta revista-, a la oposición -porque también su gente
está muy involucrada en este caso- y a muchos medios
de comunicación -en este caso, unos para no arriesgarse
a perder la publicidad de la industria farmacéutica
y otros porque los topos infiltrados de las multinacionales
controlan en ellos desde hace años la información sanitaria-.
A todos ellos -empieza a haber notables excepciones-
les da igual que por primera vez en la historia
de España un amplio grupo de pacientes se haya
unido para manifestarse en la calle -lo han hecho ya
ante el Ministerio de Sanidad y Consumo dos veces y
otra ante el juzgado de El Escorial que lleva el caso-
y acudir juntos a los tribunales para exigir que se
les proporcione el medicamento que les han quitado por
entender que su salud e, incluso, su vida corre peligro.
Es más, les da igual que varios consumidores de Bio-Bac
hayan muerto ya por ello. Como les da igual que entre
quienes han exigido que se levante de inmediato el embargo
de ese producto esté un ex Ministro de Sanidad de la
categoría de Enrique de Sánchez de León -quien tras
conocer el asunto a fondo incluso ha asumido la defensa
de Chacón Farmacéutica y de su máximo responsable, Rafael
Chacón-, un ex Secretario de Estado de Sanidad y cardiólogo
de prestigio como Luis Sánchez Harguindey, la Defensora
del Paciente de la Comunidad de Madrid y ex Defensora
del Pueblo, Margarita Retuerto, o el -hasta hace unos
meses- magistrado del Tribunal Constitucional y prestigioso
jurista Fernando Garrido Falla. Y todo ello a pesar
de saber que el producto es completamente inocuo -es
decir, que no puede hacer daño a nadie- como en su día
reconoció la propia ministra de Sanidad. Porque lo importante,
como se les ha dejado bien claro a los periodistas,
no es eso: lo importante es que no ha sido "autorizado";
bueno, eso hasta hace unas semanas. Lo importante ahora
según el Ministerio de Sanidad es que no puede liberarse
porque está deficientemente fabricado. Y además porque
Fernando García Alonso, director de la Agencia del Medicamento,
asegura que el Bio-Bac "carece de eficacia terapéutica".
Unas afirmaciones que avala -dicen- un informe que ha
realizado la agencia. Bueno, pues resulta que vuelven
a mentir. El citado informe -que obra en nuestro
poder- no dice nada de eso. Lo que dice es que se han
encontrado hongos -y está por constatar con contraanálisis
independientes- en unos viales inyectables (de los que
se fabricaron 180 unidades) pero nada en las decenas
de miles de frascos de Bio-Bac oral incautados.
Y también se dice que no se han valorado los ensayos
preclínicos y clínicos -que demuestran la inocuidad
y la eficacia terapéutica- que obran en su poder porque
el actual producto que contienen los frascos de Bio-Bac
es distinto al de aquel con el que se hicieron los ensayos.
Una afirmación que basan en que "el proceso de fabricación"
varió. Lo que resulta que, según sus fabricantes, también
es pura mentira. La verdad es que Bio-Bac, SÍ TIENE
PROPIEDADES TERAPÉUTICAS DEMOSTRADAS. Lo certifican
mas allá de toda duda los documentos entregados en el
Ministerio de Sanidad y en los juzgados así como los
incautados por la Guardia Civil. Por eso el Ministerio
de Sanidad se niega a dar una valoración de ellos: porque
DEMUESTRAN CIENTÍFICAMENTE, DE FORMA FEHACIENTE E
IRREFUTABLE, QUE EL BIO-BAC, ADEMÁS DE SER INOCUO, DE
CARECER DE TOXICIDAD, ACTÚA POSITIVAMENTE EN CASOS DE
CÁNCER, SIDA, HEPATITIS C Y ARTROSIS. Documentos
que cuentan con todas las garantías y exigencias
científicas tanto de la normativa española como europea.
¿Como es posible que se silencie todo esto? ¿Cómo puede
haber una ministra tan incompetente en un cargo de tamaña
responsabilidad? ¿Y cómo no se ha procesado ya a quienes
están jugando impunemente con la salud y la vida de
decenas de millones de personas? Porque son millones
en todo el planeta quienes padecen las enfermedades
mencionadas. Y entre ellas podemos estar todos en el
futuro. Estamos hablando ya de un posible delito de
lesa humanidad.
José Antonio Campoy
Director
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