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| EDITORIAL
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NÚMERO
56 / DICIEMBRE / 2003
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| EL
NEGOCIO DE LAS PLANTAS... PARA LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA
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La ministra de Sanidad y Consumo Ana Pastor está
preparando un decreto para prohibir la comercialización
de otras 16 plantas a fin de añadirlas a la lista negra
inicial prevista de 151. Las ventas de productos fitoterapéuticos
siguen aumentando en todo el mundo -incluida España-
y la industria -que está nerviosa porque los fármacos
empiezan a rechazarse por la población mejor informada-
quiere que con la excusa de su "toxicidad" se restrinja
el uso de las mismas a la elaboración de fármacos, cepas
homeopáticas e investigación. Es decir, para dejar prácticamente
en manos de las multinacionales el negocio de las plantas
con mayores propiedades curativas. Aunque se alegue
que se hace para proteger a la población de su consumo
debido a sus posibles efectos y al creciente desarrollo
del comercio de plantas "con fines lúdicos y recreativos"
(para fabricar drogas estimulantes, vamos).
Con el nuevo decreto serán ya ¡más de 160! las
plantas "prohibidas". Para que el lector se haga una
idea de hasta dónde llega la maniobra sepa que entre
las nuevas plantas que se incorporan a la "lista negra"
están la angélica, la artemisa, el agrecillo, el romero
silvestre, la rubia o la ruda.
La inclusión de la angélica, por ejemplo, cuya toxicidad
es prácticamente nula, ha llevado al propio Bernat
Vanaclocha, director del Vademecum de Fitoterapia,
a afirmar públicamente que "no tiene sentido porque
se ha utilizado desde siempre como digestiva". ¿Y
qué decir del agrecillo -usada inmemorialmente como
diurético sin efectos secundarios- y muchas otras?
La credibilidad de las razones sobre lo que se está
haciendo es nula. Sirva como demostración que hace unos
meses se incluyeron en la lista plantas como la acacia,
la agripalma, el ajenjo, el eléboro blanco, la hiedra
arbórea, el podofilo, la phalaris aquatica, el ricino,
la saussurea y el tejo... y ahora se ha decidido sacarlas
de la lista. A pesar de que algunas, como el tejo, el
podofilo y la podofilotoxina son claramente venenosas
y pueden llegar a ser mortales o dejar secuelas neurológicas.
Y el eléboro blanco provoca efectos alucinógenos. Y
el ricino, purgante tradicional en forma de aceite,
puede provocar reacciones de tipo anafiláctico. ¿Para
qué seguir? Es evidente que las razones de toda esta
"normativa" que se intenta imponer a los europeos para
"protegerles" tiene razones mucho más oscuras que las
confesadas. Y lo malo es que va a terminar imponiéndose
porque nuestros representantes políticos -es un decir-
están en babia.
Bueno, pues nosotros -estén seguros- no vamos a callarnos.
Al menos quedará constancia de que algunos no estábamos
dormidos y luchamos para evitar que se impida a los
ciudadanos el acceso a plantas que inmemorialmente han
sido usadas para tratar múltiples enfermedades, lo que
ahora quiere impedirse para obligarnos a comprarlas
en fármacos a precios abusivos que enriquezcan a quienes
van a quedarse con la exclusiva de su comercialización.
Como en el caso del arsénico, usado durante un siglo
para combatir el cáncer y por cuyo tratamiento completo
un paciente podía llegara a pagar unos 12 euros y que
ahora, en su forma de trióxido de arsénico, pasa el
litro diluido a costar ¡tres millones y medio de euros!
(más de seiscientos millones de las antiguas pesetas
el litro). El asunto es tan escandaloso que vamos a
desmenuzarlo en breve.
José Antonio Campoy
Director
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