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| EDITORIAL
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NÚMERO
59 / MARZO / 2004
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| EL
MIEDO HACE ESCLAVOS |
Las personas que viven con miedo no son dueñas de sí
mismas (y las empresas tampoco). Están sometidas a aquello
o a aquellos a los que temen. Y, en consecuencia, no
son libres. Es obvio que hay miedos sin aparente explicación
o sentido -los que llamamos irracionales aunque tal
definición no se corresponda en puridad con la verdad-
y miedos racionales -aquellos que sabemos qué lo provocan,
de los que somos conscientes-. En todo caso, lo cierto
es que sean irracionales e inconscientes o racionales
y conscientes nos limitan enormemente. Y no sólo eso:
nos hacen esclavos de ellos. Y de quienes los provocan
o generan. De hecho, ese es uno de los grandes retos
que nos plantea la vida y sólo superándolos podemos
evolucionar como seres humanos. Obviamente, la manera
de superar un miedo es conocer su origen, ser plenamente
consciente de lo que lo provoca, asumirlo y afrontarlo.
Con valentía y con todas sus consecuencias. La otra
posibilidad es vivir con él. Y permitir que coarte nuestra
libertad. Permitir que nos esclavice. Lo saben muy bien
quienes controlan el poder. El económico, el político,
el religioso, el militar, el informativo, el educativo,
el cultural... Y usan ese conocimiento. Lo han hecho
siempre. Promueven miedos para controlar a las personas
y a las colectividades y agrupaciones de todo tipo.
Y van creando esclavos de esos miedos para dominarlos.
Expandiendo la creencia además de que no se puede hacer
nada para evitarlo. Incorporando en más y más personas
el convencimiento de que las cosas son sencillamente
así y nadie puede ya cambiarlas. Convirtiendo a las
personas y a las colectividades en esclavos de sus múltiples
miedos. En personas dóciles que ante la frustración
que les produce esa situación -porque a nivel inconsciente
saben lo que pasa aunque prefieran no hablar de ello
a nivel consciente- descargan la ira que termina acumulándose
en su interior en los demás. En el hogar, en el trabajo,
en la calle... Cuando lo que debieran hacer es, simplemente,
afrontar sus miedos... y así superarlos. Y eso no se
producirá nunca a nivel social si antes no lo conseguimos
a nivel personal. No se puede cambiar la sociedad sin
que cambien las personas. Por tanto, empecemos por nosotros
mismos. Superemos nuestros miedos. No es fácil pero
es imprescindible para ser realmente libres. No permitamos
que nos sigan esclavizando. En ningún ámbito de la vida.
Afrontémoslos de una vez por todas con valentía. Y digamos
bien alto a quienes están detrás de ellos, a quienes
nos manipulan: "Nunca más". Defendamos luego
nuestras convicciones guiados por la voz de la conciencia.
Con claridad, mesura, respeto y ecuanimidad. Con la
fuerza de la razón (jamás con la razón de la fuerza).
Incluso con contundencia si es preciso. Porque llamar
sinvergüenza al sinvergüenza no implica perder la razón
aunque muchos sinvergüenzas intenten hacer creer lo
contrario. Las injusticias deben ser siempre denunciadas
contundentemente. En voz alta y con la mano en el corazón
pero sin tapujos. Sólo así dejaremos de ser esclavos
de nuestros miedos... y de todos quienes los generan
y explotan.
José Antonio Campoy
Director
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