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| EDITORIAL
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NÚMERO
14 / MARZO / 2000
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| DEL
CHAMÁN AL LÁSER |
Los
espectaculares avances científicos de los últimos años
están permitiendo un conocimiento del ser humano y el
universo que le rodea tan notables que muchas de las
afirmaciones recogidas en los libros de las dos pasadas
décadas -incluidos los de Medicina- han quedado ya obsoletas
o se han demostrado falsas. El problema es que ese conocimiento
está cada vez más compartimentado por mor de la especialización
y, en todos los ámbitos -¡qué decir en el de la salud-,
comienza a ser absolutamente imprescindible, tanto para
los diagnósticos como para los tratamientos, la cooperación
multidisciplinar. Una cooperación que debería concretarse,
por ejemplo, incorporando psicólogos a todos los equipos
médicos ya que el ser humano no es una máquina que haya
que reparar o a la que cambiar una "pieza" que se estropea
en un momento dado. El ser humano es mucho más. Y eso
lo saben desde hace milenios los chamanes, brujos y
curanderos de todas las civilizaciones para quienes
lo que enferma es siempre el "espíritu" o "alma" de
la persona siendo la enfermedad la mera somatización
de su problema espiritual. Algo similar plantea hoy
la Medicina Holística. Y los propios médicos convencionales
saben ya que el estado de ánimo, la fortaleza psicológica,
es determinante tanto para caer enfermo o no como para
sanar de cualquier dolencia. Sin embargo, la filosofía
de los chamanes -el hombre es un espíritu encarnado
en un mundo en el que todo está interconectado con todo-,
corroborada por los actuales conocimientos de la Física
Cuántica, no es aún de dominio general. Ni entre la
población ni entre los profesionales de la salud, huérfanos
de los conocimientos de otras áreas del saber.
Es hora, pues, de integrar. Es hora de entender que
si importante es saber cómo ayudar a un diabético para
que supere su problema físico puntual no lo es menos
averiguar el origen de su dolencia. Y que éste, como
en el caso del cáncer y otras muchas de las llamadas
enfermedades, suele estar en el propio ser humano, no
fuera. En su interior, no en el exterior. Así que no
reneguemos de los avances de la ciencia y de la tecnología
y aprovechémonos de ella. Pero no nos olvidemos de que
el ser humano no una máquina. Porque nos estaremos equivocando.
José Antonio Campoy
Director
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