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| EDITORIAL
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NÚMERO
16 / MAYO / 2000
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| LOS
AVANCES EN EL ÁMBITO DE LA SALUD |
No
cabe la menor duda de que el aumento del saber en todos
los ámbitos de la ciencia ha sido espectacular en las
últimas décadas. El conocimiento del ser humano, que
aumentará de forma gigantesca en cuanto se complete
el estudio del Genoma Humano y esos datos se pongan
a disposición de todos, prevé un futuro esplendoroso
para nuestros nietos y -quizá- hijos más pequeños. Porque
el camino es aún largo y habrán de pasar no ya años
sino décadas hasta que se pueda recoger la cosecha de
lo sembrado. Por tanto, no se justifican ni los triunfalismos
infantiles ni los interesados, especialmente por parte
de algunas compañías y laboratorios farmacéuticos que
pretenden muchas veces lucrarse a corto plazo vendiendo
sólo... esperanzas. Ya conocemos la historia. Basta
repasar en cualquier hemeroteca los destacados titulares
dedicados por periódicos, revistas y libros a supuestos
grandes descubrimientos que iban a resolver... lo que
sea y seguimos esperando. Sólo sobre el cáncer o el
sida se han ofrecido tal cantidad de falsas esperanzas,
se han vendido tantas injustificadas expectativas e
ilusiones que lo mismo a quienes postularon esas "noticias"
como a quienes las difundieron la sociedad debería pedirles
responsabilidades por su falta de ética.
Urge un debate científico -abierto a todos los estamentos
sociales- para clarificar el panorama de la salud. Las
contradicciones entre los resultados -a veces completamente
opuestos- de los estudios e investigaciones efectuadas
en todo el mundo sobre muchos temas son de tal calibre
que moverían a risa si no se tratase de un asunto tan
serio. Y el silencio, el ostracismo o la persecución
a los que son sometidos quienes discrepan de las líneas
oficiales que marcan la "verdad científica" del momento
comienza a ser ya una cuestión sonrojante y vergonzosa.
Hay una auténtica mafia en el mundo de la salud y la
gente debe saberlo. Y, sobre todo, existe hoy entre
la clase médica un cúmulo tal de "creencias" tenidas
por verdades científicas irrefutables -cuando muchas
deberían estar al menos en entredicho- que sólo el miedo,
la ignorancia, la soberbia o los intereses creados de
los "gurus" del sistema justifican que no se hayan ya
replanteado en todo el mundo. Claro que los médicos
son también víctimas del sistema: defienden lo que les
han enseñado. Lo que es una pena es que sea sólo una
minoría la que se replantee si lo que han aprendido
es o no verdad. Tal vez sea porque al que discrepa y
piensa por sí mismo en lugar de asentir a todo lo que
dice su superior jerárquico es considerado indeseable
y generalmente termina sin trabajo. O quizá porque el
grado de frustración entre la clase médica y el resto
del personal sanitario va alcanzando cada día proporciones
más preocupantes al ser cada vez más conscientes de
sus carencias y limitaciones. Iremos hablando de ello.
José Antonio Campoy
Director
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