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| EDITORIAL
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NÚMERO
18 / JULIO / 2000
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| SOBERBIOS
Y PREPOTENTES |
Los
seres humanos tenemos tendencia a ocultar nuestra ignorancia
y nuestros miedos con actitudes defensivas que en muchas
ocasiones terminan haciéndonos adoptar posiciones de
prepotencia cuando no de soberbia. Ocurre en todos los
ámbitos de la vida y es humanamente comprensible. Pero
se trata de algo mucho menos disculpable cuando quienes
así actúan tienen -o se les supone- una formación superior
a la de la mayoría en uno o varios ámbitos de conocimiento.
Y desde luego es ya reprensible cuando ello tiene lugar
entre aquellos cuyas decisiones afectan a otros seres
humanos. Porque en esos casos la prepotencia y la soberbia
son sólo indicadores claros del escaso nivel evolutivo
espiritual de quienes así se comportan. Y eso es así
aunque ocupen posiciones destacadas en el organigrama
social. Pues bien, tal es el caso de la mayoría de quienes
desde hace dos décadas vienen marcando las pautas oficiales
sobre el SIDA. Porque es absolutamente inadmisible que
ante las dudas, discrepancias o disensiones científicas
de quienes no comparten las explicaciones ofrecidas
y los tratamientos que se postulan oficialmente, la
respuesta casi unánime de éstos -con el apoyo cómplice
de los gobiernos de medio mundo y muchos medios de comunicación-
sea intentar amordazarles, descalificarles o insultarles.
Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica -lugar donde se
va a celebrar en julio la XIII Conferencia Internacional
sobre SIDA- lo ha denunciado valientemente en la
carta que ha dirigido a los principales líderes políticos
del mundo: "¡En épocas anteriores de la historia
humana -dice refiriéndose a los científicos que
disienten de la línea oficial- los considerarían
herejes a los que habría que quemar en la hoguera!"
Y añade: "No hace mucho, en nuestro propio país, las
personas eran asesinadas, torturadas, encarceladas y
prohibida su mención tanto en privado como en público
porque la autoridad establecida creía que sus puntos
de vista eran peligrosos y estaban desacreditados. Ahora
se nos pide que hagamos exactamente lo mismo que hizo
la tiranía racista del apartheid porque existe una visión
científica apoyada mayoritariamente contra la que está
prohibido disentir. Sin embargo, ¡entre los científicos
a los que se supone que hemos de poner en cuarentena
hay premios Nobel, miembros de Academias de Ciencias
y profesores eméritos de varias disciplinas de Medicina!"
Tiene razón. Si los científicos que postulan la
explicación oficial sobre el virus del SIDA y los tratamientos
más adecuados a seguir están tan seguros de lo que afirman
que se reúnan públicamente y convenzan a sus compañeros
de que están equivocados argumentando y probando por
qué. Lo contrario es actuar con una soberbia y una prepotencia
impropias de seres evolucionados. Incluso aunque sus
planteamientos sean correctos.
José Antonio Campoy
Director
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