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| EDITORIAL
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NÚMERO 73 / JUNIO
/ 2005 | |
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| EL CÁNCER SÍ SE CURA...
PERO NO CON QUIMIOTERAPIA Y RADIOTERAPIA |
El
"I Congreso Internacional sobre Tratamientos Complementarios y Alternativos
en Cáncer" que acaba de celebrarse en mayo en Madrid constituye sin lugar
a dudas un hito en la historia de la Medicina. No sólo porque en él ha quedado
meridianamente claro que hay que revisar el abordaje tradicional de esta enfermedad
sino porque desde ahora sólo un ignorante indocumentado puede defender que la
Radioterapia y la Quimioterapia sean los tratamientos de referencia en cáncer.
Es más, empiezan a oírse voces que exigen la inmediata retirada de tantos productos
quimioterápicos que no sólo son caros e inútiles para superar la enfermedad sino
que en muchos casos acortan la vida de los enfermos empeorando encima su calidad
de vida. Es más, muchos de ellos, al igual que la Radioterapia, son cancerígenos.
No sólo no curan el cáncer sino que pueden provocarlo o extenderlo. Es indignante
que a millones de personas se les oculte algo tan simple como el hecho de que
ningún laboratorio farmacéutico se atreve a decir que sus productos curan el cáncer...
por la sencilla razón de que no lo hacen. Jamás ningún gran laboratorio farmacéutico
ha afirmado tal cosa por la mera razón de que mentiría: no hay ningún producto
quimioterápico usado por los oncólogos que cure el cáncer. Absolutamente ninguno.
Que algo tan sencillo no les entre en el cabeza a nuestros representantes políticos
y sanitarios, a los médicos y a los periodistas es incomprensible. El lavado de
cerebro al que les han sometido los especialistas en marketing de las grandes
multinacionales farmacéuticas es realmente increíble. Les basta con que sus figurines
adiestrados utilicen un "lenguaje científico" incomprensible para quienes les
oyen -no hay como un lenguaje deliberadamente esotérico para dar apariencia de
profundo conocimiento inaccesible-, hablar de forma disciplente y desde la distancia,
dar apariencia de seriedad y serenidad, presentar como insignes figuras internacionales
de enorme conocimiento y ascendencia a personajes a los que durante años se les
adorna el currículo con cargos rimbombantes en centros de "prestigio" y a los
que se otorgan premios y honores -aunque no hayan logrado una sola curación en
su vida-, presumir de gigantescos laboratorios llenos de sofisticados aparatos,
afirmar que se gastan enormes sumas de dinero en investigación y obtener el apoyo
simbólico de altas figuras del Estado para que semejante puesta en escena, tamaña
representación teatral surta efecto entre las personas más fácilmente impresionables
ante las demostraciones de poder: los políticos, los periodistas y los médicos.
La manipulación de los ensayos -hay muchas maneras de hacerlo-, la inversión en
el alquiler o compra de conciencias y la falta de escrúpulos hacen el resto. Luego
sólo tienen que esperar a que los nuevos conversos evangelicen al resto de la
sociedad... y los estados dediquen ingentes sumas a sus inútiles tratamientos.
Así se enriquecen. Mientras, los estados, poco a poco, ante sus inagotables ansias
de dinero, empiezan a colapsarse. La financiación estatal de fármacos que no curan
nada alcanza ya -y no sólo en cáncer- cifras mareantes. E insistimos: se trata
de fármacos que no curan nada. ¿Hasta cuándo tamaño dislate? ¿Tan profundamente
estúpidos son nuestros representantes? ¿Qué necesitan para despertar del letargo
en el que se hallan? Y no hablemos ya del engaño que se perpetra con los
enfermos de cáncer. A muchos, tras "prepararles" diciéndoles que apenas hay "nada
que hacer" en sus casos se les ofrece la posibilidad de "entrar a formar parte
de un protocolo sobre un nuevo producto anticancerígeno muy esperanzador". Luego
se les jalea: "¡Ha tenido usted suerte, si no estuviera en este hospital no habría
tenido la oportunidad!". Y claro, a ver qué enfermo, tras decirle su oncólogo
que apenas hay esperanza de sobrevivir, se niega a lo que sea. Pero, ¿a cuántos
de ellos se les dice claramente que su aceptación no implica que se les
vaya a dar el nuevo fármaco sino que igual pasan sólo a integrar el "grupo de
control", es decir, de aquellos a los que no se les va a dar el nuevo producto?
Aunque lo más sangrante es que a ellos se les oculta que sí existen
tratamientos alternativos que todos ellos han demostrado su eficacia. Entre
otros muchos, los dados a conocer en el congreso que acaba de terminar. Si está
usted interesado en conocerlos los tendrá a su disposición en un libro en septiembre.
Y, por supuesto, luego decida. Hay quien sigue convencido de que tratamientos
tan caros como los oncológicos que son ofrecidos en hospitales públicos, los sufraga
el estado, los avalan las grandes multinacionales, los bendicen nuestros representantes
públicos y los alaban periodistas de "prestigio" tienen que ser eficaces.
Aunque no sea verdad.
José Antonio Campoy
Director
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