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| EDITORIAL
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NÚMERO 74 / JULIO
/ AGOSTO / 2005 | |
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| BIO-BAC Y EL ORIGEN
DE LAS ENFERMEDADES |
Para
la Biología y la Medicina existen hoy tres tipos de agentes que pueden provocar
diferentes patologías sin aparente relación entre sí: el de las bacterias y
hongos, el de los virus y el de los priones. El conocimiento
de la existencia de las bacterias y los hongos (incluyendo las levaduras patógenas),
seres unicelulares con vida autónoma y capacidad de autorreproducirse que pueden
infectar organismos superiores como el del hombre, se la debemos a Luis Pasteur.
Gracias a él sabemos que son el origen de numerosas dolencias hasta entonces sin
aparente relación entre sí: la peste, el cólera, la tuberculosis, la brucelosis,
la neumonía, la bronquitis, la sífilis, la meningitis, la peritonitis, la otitis,
etc.-. Lo que dio lugar, merced a Alexander Fleming, al desarrollo de los antibióticos.
Poco después Loefler y Frosch descubrirían que existen otros microorganismos
aún más pequeños que se caracterizan por poseer un ácido nucleico -que puede ser
ADN o ARN- al que rodea una envoltura proteica y que contienen toda la información
necesaria para su ciclo reproductor: los virus. Sólo que para poder reproducirse
necesitan otras células vivas que pueden utilizar de dos formas: introduciéndose
en ellas y aprovechando todo su material interno o uniéndose a su material genético
y produciendo cambios genéticos. En suma, pueden actuar como agentes infecciosos
produciendo enfermedades o como agentes genéticos alterando el material ADN o
ARN de la célula. Los virus son pues causa de enfermedades que igualmente se creían
sin relación entre sí como la rabia, la viruela, la hepatitis, la parálisis infantil,
la glosopeda, el sida, el Ébola, etc. Un descubrimiento que daría lugar a las
vacunas. El tercer agente causante de enfermedades son los priones y fue oficialmente
descubierto en 1982 por el norteamericano Stanley Prusiner quien recibiría
por ello el Premio Nobel de Medicina. Se trata de unas proteínas que tienen
la capacidad de autorreplicarse a pesar de que no tienen código genético, un descubrimiento
que rompió el dogma fundamental de la biología según el cual "la capacidad
de multiplicarse de los seres vivos viene determinada por el código genético".
Se sabe que los priones son los causantes de la Enfermedad de Creuzfeld,
más conocida como "el mal de las vacas locas". Y, por supuesto, ya no se
duda de que pueden ser también origen de otras muchas patologías. Pero lo
que no es ya tan conocido es que ese descubrimiento no es de Prussiner sino del
microbiólogo, farmacéutico y veterinario español Fernando Chacón Mejías quien
bautizó a esas proteínas como pribios o enzimas vivientes. Lo demuestra
de forma contundente la exacta descripción que hizo de ellas "Los pribios son
seres de tamaño molecular que autocatalizan su propia dinámica vital a nivel de
ultraespecialistas y cuya constitución química es la de proteínas termorresistentes,
globulares o cristalinas en cuya secuencia existen aminoácidos dextrógiros. Su
característica fundamental es que son proteínas capaces de multiplicarse como
bacterias o virus cuando reúnen las condiciones adecuadas. Cuando estas proteínas
se acoplan a un gen alterado interfiriendo la actividad del núcleo de una célula
producen neoplasias benignas o malignas (cáncer). Si interfieren la secuencia
metabólica de una célula producen enfermedades degenerativas y crónicas".
Tal es la definición exacta que fue publicada ¡el 20 de enero de 1959! en el "Monitor
de Farmacia". Es decir, Chacón no sólo averiguó hace ya más de 45 años que
las proteínas pueden reproducirse aun no teniendo ADN sino que algunas son las
que dan lugar al cáncer y a las llamadas enfermedades crónicas y degenerativas,
aquellas que se encuentran en el interior de un tipo concreto de bacterias: los
bacilos aerobios esporulados. Años de investigación en solitario le llevarían
luego a descubrir el mecanismo por el que se forman y, más aún, ¡cómo se pueden
anular! Es decir, cómo tratar con éxito el cáncer y las enfermedades crónicas
y degenerativas. De hecho, es eficaz hasta en el Sida. Su investigación daría
finalmente paso a un producto de amplio espectro e ¡inocuo! que permite tratarlas:
el Bio-Bac. Está constatado más allá de toda duda. Hay ensayos y experiencia
clínica más que suficiente que así lo demuestra. Más de 30.000 pacientes tratados
en la Seguridad Social pueden atestigüarlo. Y ahora pregúntese por qué nuestros
representantes sanitarios se niegan a aprobar un producto inocuo como éste -es
decir, carente de efectos secundarios- cuando el 99% de los fármacos actualmente
a la venta tienen efectos yatrogénicos -en muchos casos graves, riesgo de muerte
incluido- y, salvo los antibióticos, ninguno cura nada. La razón es sencilla:
el Estado dedica cada año más de 6.000 millones de euros -un billón
de las antiguas pesetas- al cáncer. Y quienes manejan tan gigantesco "negocio"
no van a permitir sin más que se acabe. Aunque mueran de cáncer en España 100.000
personas al año... sólo en los hospitales. ¿A alguien le puede extrañar que se
empiece hablar ya de genocidio?.
José Antonio Campoy
Director
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