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| EDITORIAL
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NÚMERO 75 / SEPTIEMBRE/
2005 | | |
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| ¡INUNDEMOS LOS JUZGADOS
DE DENUNCIAS! |
Las
compañías tabaqueras se pasaron décadas asegurando -ante la complicidad genocida
de buena parte de la clase científica, política, judicial y periodística- que
no había "evidencias científicas" de la relación directa entre enfermedad alguna
y el consumo de tabaco. Hoy tal falacia hace sonreír a mucha gente que olvida
con facilidad el sufrimiento de los cientos de millones de personas cuya salud
se quebró -en muchos casos llevándoles a una muerte prematura- porque fue vilmente
engañada. Es más, durante décadas los grandes fabricantes de cigarrillos se han
permitido añadir decenas de sustancias adictivas y cancerígenas al tabaco sin
que la Justicia les haya procesado. Han gozado -y siguen gozando- de impunidad
para llevar a la gente a la muerte. Los gobiernos saben que el tabaco "puede
matar" -así se obliga a decirlo ya en las cajetillas- pero siguen permitiendo
no sólo su comercialización sino que se sigan añadiendo a los cigarrillos productos
altamente tóxicos sin hacer nada por impedirlo. Y otro tanto pasa con las radiaciones
y campos electromagnéticos. Que a estas alturas haya aún torres de alta tensión
y centros de transformación cerca de edificios habitados es intolerable. Porque
la manida argumentación de que no hay evidencias científicas de su peligrosidad
ha dejado de ser válida hoy: jurídicamente han de ser las compañías de electricidad
las que demuestren su inocuidad. Deben ser ellas las que demuestren que las radiaciones
y campos electromagnéticos no afectan a la salud. ¡Algo que no han podido hacer
jamás! Y otro tanto ocurre con las operadoras de telefonía. Deben ser ellas las
que demuestren que los teléfonos móviles y las antenas de telefonía no son perjudiciales
para la salud. Lo dice el Parlamento Europeo. Lo dice el Tribunal Europeo de Justicia.
Y lo dicen los jueces que han emitido las más recientes sentencias sobre ello
en nuestro país. En todos los casos mencionados basta que alguien demuestre tener
problemas de salud que no puedan objetivamente achacarse a causa conocida alguna
y estar sometido a una fuente de radiación electromagnética para que deba aplicarse
en su caso el Principio de Precaución. Una decisión inteligente por parte
de los jueces porque son cada vez más los expertos que nos advierten del riesgo
al que estamos sometidos y porque los casos que empiezan a conocerse son contundentes.
En este mismo número contamos cómo en menos de 50 metros alrededor de una antena
de telefonía y un centro de transformación ubicados en Majadahonda han muerto
en los últimos años ¡más de 60 personas! por cáncer y accidentes cardiovasculares.
Cuarenta y cinco de ellas -perfectamente identificadas- en sólo cinco edificios.
Ante la desidia y complicidad de las autoridades locales, provinciales y nacionales,
plenamente informadas y conscientes de lo que está pasando pero decididas a proteger
a toda costa a las empresas del sector en aras de un mal entendido e injustificado
desarrollismo. Es obvio pues que a los ciudadanos no nos han dejado otra opción
que inundar los juzgados de denuncias. Y desde estas líneas animamos a los lectores
a que lo hagan, a que nos ayuden a cambiar el actual estado de cosas. En próximos
números les explicaremos cómo. Ha llegado, en suma, el momento de que nuestras
denuncias periodísticas las traslademos además a los tribunales. En éste y en
otros muchos ámbitos. Y exigiendo no ya responsabilidades políticas sino civiles
y penales. Ayúdennos a acabar con la actual impunidad.
José Antonio Campoy
Director
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