La Ministra de Sanidad y Consumo, Elena Salgado, ha sido
por fin plenamente integrada en el sistema. Ha bastado un año para que su independencia
de criterio y buenas intenciones hayan desaparecido. De hecho -como ocurrió con
todas sus predecesoras en el cargo-, ya no manda en el ministerio. Ahora mandan
los técnicos. Los expertos. Los que controlan el negocio, vamos. Es decir, la
patronal farmacéutica y sus acólitos. El sistema ha vuelto a imponerse. En otras
palabras, las cosas han vuelto a su cauce. Los hospitales públicos seguirán siendo
un desastre, los enfermos permanecerán encamados en los pasillos, las urgencias
seguirán atendidas por médicos novatos con escasas semanas de práctica clínica,
los médicos y ATS seguirán explotados y pésimamente pagados, no habrá presupuesto
para adecentar las infraestructuras y mejorar el equipamiento, enfermar en verano
seguirá siendo casi un seguro de muerte para los casos graves porque la inmensa
mayoría de los médicos con experiencia desaparecen en masa de sus puestos de trabajo...
y, por supuesto, la única Medicina que se seguirá dispuesto a sufragar es la alopática,
es decir, la farmacológica, la que no cura nada, la que se .limita a paliativos
y sintomáticos. Claro que, ¿cómo afrontar esa posibilidad si el dinero no llega
ni para costear el tinglado actual sostenido sólo gracias a la complicidad de
los grandes medios de comunicación? El hecho de que mientras son atendidos
en los hospitales mueran 400.000 españoles cada año (100.000 de ellos
de cáncer) se seguirá obviando. Total, nadie lee las frías cifras del Instituto
Nacional de Estadística (INE) que lo demuestran así que, ¿para qué
preocuparse? Mientras la gente permanezca en la ignorancia no hay problema. Tal
es -siempre lo ha sido- la mentalidad de nuestros políticos. Como seguirá ocultándose,
en esta criminal huida hacia delante, que el sistema sanitario puede terminar
llevando a la quiebra al estado. Los responsables de Sanidad de las comunidades
autónomas lo saben pero pertenecen al sistema y callan. Eso sí, como están en
números rojos han venido a Madrid a pedir más dinero. ¡Que les pongan en números
azules sus cuentas a golpe de talonario! El Gobierno, por supuesto, ha tragado
y les ha prometido mil setecientos millones de euros más. Sacándoselos a los ciudadanos
con nuevos impuestos, obviamente. Ha bastado hacer de nuevo demagogia. La nota
del Ministerio de Sanidad y Consumo sobre "algunos ejemplos de la utilización
que las comunidades autónomas podrían dar a los recursos adicionales comprometidos
por el Gobierno" lo demuestra. Porque en ella se tiene la desfachatez de decir
que "con 1.500 millones de euros adicionales sería posible construir 450 nuevos
centros de salud perfectamente equipados, contratar 15.000 médicos más o 20.000
enfermeras, o adaptar y equipar 50.000 habitaciones de hospital para convertirlas
en individuales o dobles. En los programas de reducción de listas de espera se
podrían operar cada mes 33.000 pacientes de cataratas, más de 15.000 pacientes
de hernia inguinal, más de 9.000 de hernia discal, más de 4.500 de patología de
cadera y 4.500 con problemas de rodilla, y se podrían realizar 240.000 visitas
de enfermería o fisioterapia a domicilio, entre otras cosas." Una fantasía
pues destinada a personas con escasa capacidad de raciocinio. Porque esos 1.700
millones de euros están destinados a "tapar agujeros". Es decir, ¡ya están gastados!
Luego absolutamente nada de lo que dice el ministerio que podría hacerse con ese
dinero es posible.