Las medidas adoptadas por el Ministerio
de Sanidad y Consumo español para impedir que los fumadores perjudiquen a los
no fumadores nos parecen loables y la iniciativa adecuada aunque llegue con décadas
de retraso. Está demostrado que el tabaco mata o provoca graves enfermedades.
De hecho lo que no se entiende es que siga siendo legal. A fin de cuentas provoca
en el mundo la muerte de un ser humano cada 6,5 segundos. Sin olvidar que muchas
otras personas sobreviven pero sufriendo numerosas patologías. El tabaco es la
primera causa aislada de mortalidad, morbilidad e invalidez evitable y causa primordial
de al menos 25 patologías. Así, es responsable de uno de cada tres cánceres, del
79% de los casos de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, de un porcentaje
similar en enfisema pulmonar y bronquitis y del 30% de los infartos de miocardio.
La situación ha llegado ya a ser tan grave que el Comité Nacional para la Prevención
del Tabaquismo estimó hace un tiempo que 10 millones de jóvenes españoles
no llegarán a cumplir los 50 años porque morirán de forma prematura por enfermedades
provocadas o agravadas por el tabaco. Por consiguiente quienes protestan contra
las medidas ahora tomadas son unos inconscientes o, sencillamente, personas con
un grado de dependencia atroz a los que dejar el tabaco les parece imposible.
Y que nadie haga más demagogia con esto: a nadie se le ha prohibido fumar. Es
libre de hacerlo... pero sin perjudicar a los demás. Lo que es lamentable es que
quienes quieren dejarlo no saben cómo porque la industria ha añadido al tabaco
con absoluta impunidad todo tipo de sustancias adictivas para enganchar a los
fumadores. Sustancias adictivas... y otras muchas tóxicas. No olvidemos que la
dependencia del tabaco está reconocida como un trastorno mental y del comportamiento
tanto en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) como en el Manual de Diagnóstico y Estadísticas
de la Asociación Americana de Psiquiatría). De ahí pues nuestra indignación
con el Ministerio de Sanidad y el Consumo, con el Gobierno, con los partidos políticos
y con los jueces. De ahí que les acusemos de demagogos. Porque es una verdadera
vergüenza que al tabaco se le estén agregando todo tipo de adictivos y sustancias
tóxicas. Sin que nadie hable de ello. Y no crean que se trata de una información
poco creíble. La facilitó a primeros del año 2000 el entonces Ministro de Salud
británico Alan Milburn durante una reunión del Comité de Salud de los Comunes
agregando que poseía documentos que lo demostraban y que así se lo habían llegado
a reconocer además varias compañías de tabaco. Ingredientes entre los que además
de la nicotina -cinco veces más adictiva que la heroína- y el monóxido de carbono
hay sustancias tan altamente venenosas como el arsénico, el cianuro, el amoníaco,
el metano, el butano, el formaldehído, el cadmio, el plomo, el polonio 210...
Es más, hoy sabemos que en el humo del tabaco se han detectado cerca de ¡4.700
compuestos tóxicos! de los que al menos 53 son cancerígenos. Y por si fuera poco
la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica denunció que cada
bocanada de humo de un cigarrillo contiene dos millones de radicales libres, moléculas
responsables del proceso de oxidación y envejecimiento prematuro de las células
lo que debilita los pulmones y los hace más vulnerables a los microorganismos
causantes de infecciones. Que el Estado permita hacer todo eso a la industria,
que no controle lo que ésta agrega innecesaria e impunemente a los cigarrillos,
que las tabaqueras sigan legalmente vendiendo productos tóxicos y cancerígenos
-especialmente entre los más jóvenes- y que ningún dirigente haya sido aún procesado
por ello es un escándalo. Especialmente desde que España suscribiera el año 2003
el Convenio Marco para el Control del Tabaco, instrumento jurídico internacional
en el que se reconoce -y cito textualmente- que "los cigarrillos y algunos
otros productos que contienen tabaco están diseñados de manera muy sofisticada
con el fin de crear y mantener la dependencia" así como que "muchos de
los compuestos que contienen y el humo que producen son farmacológicamente activos,
tóxicos, mutágenos y cancerígenos". Bueno, pues ni siquiera quienes a pesar
de todo quieren seguir fumando protestan ante tamaño dislate. Porque uno puede
entender que alguien que fuma sólo un par de cigarrillos al día o algún puro de
vez en cuando prefiera correr el riesgo y no quiera dejar el tabaco -¡respetemos
el libre albedrío!- pero me resulta incomprensible que esa persona no exija a
la vez en voz muy alta su derecho a fumar... sin que envenenen el tabaco con productos
tóxicos añadidos. Es más, son los fumadores quienes deberían exigir a las autoridades
sanitarias que les protejan. Es lisa y llanamente deleznable que los controles
de los alimentos y fármacos sean cada vez más rigurosos y los del tabaco inexistentes.
¡Basta de demagogia!.