¿La leche y los productos lácteos... perjudiciales para
la salud? ¡Por favor! ¡Eso es imposible! ¡Pero si se trata de un producto de primera
necesidad que se recomienda incluso a los bebés! ¡Todo el mundo sabe que la leche
y los lácteos no sólo son sanos sino imprescindibles para una adecuada nutrición!
Especialmente para proteger los huesos y no sufrir osteoporosis en la vejez. Y
mejoran la digestión. Además si fueran potencialmente dañinos las autoridades
sanitarias se lo habrían comunicado a la población. Así que, ¿cómo van a ser causa
potencial de algunas enfermedades? Quien tal cosa afirma tiene que ser un ignorante
o alguien sensacionalista que genera una alarma social injustificada. ¿O no? Bueno,
pues no. Porque lo cierto es que hay muchos estudios científicos -pero muchos-
que relacionan la leche y los lácteos con numerosas enfermedades como explicamos
en un extenso artículo en este número de la revista. Está constatada por ejemplo
su relación con muy distintos tipos de cáncer: estómago, mama, ovarios, páncreas,
próstata, pulmón, testículos y linfomas. Y también con las enfermedades coronarias,
la anemia ferropénica, la artritis reumatoidea, la osteoartritis, el asma, la
colitis ulcerosa, el colon irritable, la diabetes Mellitus Tipo I, la enfermedad
de Crohn, la esclerosis múltiple, el estreñimiento, la fatiga crónica, las fístulas
y fisuras anales, la incontinencia urinaria, la intolerancia a la lactosa, la
migraña, las infecciones de oídos, garganta y sinusitis, las reacciones alérgicas,
el sangrado gastrointestinal, el síndrome de mala absorción, los trastornos del
sueño, las úlceras pépticas, la acidosis láctica, el aumento del riesgo de preeclampsia,
la dificultad de aprendizaje en niños y algunos casos de infertilidad femenina.
¡Y todo ello está científicamente documentado! Aunque de eso no hable la industria
lechera. Ni el Ministerio de Sanidad y Consumo. Ni el de Agricultura, Pesca y
Alimentación. Ni las organizaciones de consumidores. Ni la inmensa mayoría de
los medios de comunicación. Discovery DSALUD publica en este ejemplar un
mero resumen de los muchos trabajos que relacionan la leche y sus derivados con
todas las patologías mencionadas. Sólo que hay muchos más. Se trata pues de constataciones
científicas, no de opiniones personales más o menos autorizadas. Y el artículo
resulta por tanto demoledor. Obviamente a la revista le interesa conocer la opinión
de la industria lechera, las autoridades sanitarias y las organizaciones de consumidores
y vamos a hacerles llegar este número para que nos transmitan sus pareceres. Pero
para que valoren los ensayos que constatan esas relaciones. Existen y están publicados.
Así que esperamos que los rebatan científicamente -si pueden- y no que "contraataquen"
con otros estudios que digan lo contrario porque sabemos que normalmente están
financiados y/o controlados por la propia industria y su credibilidad debe por
tanto ser puesta en entredicho. Somos muy conscientes de la gravedad de lo que
en el artículo que publicamos se afirma. Sólo que no lo afirmamos nosotros. Ni
siquiera su autor. Él, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular,
se ha limitado -a petición nuestra- a investigar, bucear y recopilar la información
científica que muestra el problema. Nosotros, a darla cabida en estas páginas.
Hace muchos meses prometimos a nuestros lectores que investigaríamos el asunto
y hemos cumplido. Ahora la decisión es suya.