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| EDITORIAL
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NÚMERO
25 / FEBRERO / 2001
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| ¿VACAS
LOCAS O POLÍTICOS INCOMPETENTES? |
El
mal llamado caso de las "vacas locas" es, ante todo,
el mejor ejemplo de la incompetencia política que con
excesiva frecuencia adorna las democracias europeas.
Aunque no menos lamentable es que para los directores
y editores de los medios de comunicación considerados
prestigiosos y "serios" tal incompetencia pueda "arreglarse"
con la dimisión -hoy ni siquiera se exige para nadie
el cese fulminante por flagrante que sea la causa que
así lo exija- de los responsables directos del desaguisado
de turno. ¡Hay que salvaguardar el sistema por encima
de todo! Y en este caso pareciera que la dimisión -forzada
o no- de los ministros afectados -como en Alemania-
sería la "pena suficiente a pagar". Bien, pues ¡NO!
Cuando el asunto es tan grave como éste ni una dimisión
ni un cese son suficientes. Hay que exigir -no pedir-
responsabilidades. Con todas las consecuencias. Y ya
adelantamos que en este caso no es de recibo que en
España la oposición socialista pretenda ir de nuevas.
Este asunto colea desde hace más de 15 años y los dos
grandes partidos tienen responsabilidad en él.
Es indignante que tres lustros después de descubrirse
que el mal de las vacas locas se puede contagiar a los
seres humanos no se sepa con certeza ni cuál es el origen
de la enfermedad, ni se hayan delimitado todas las posibles
maneras de contagio, ni haya seguridad de que además
de las partes de la vaca que se sabe que la transmiten
no haya otras. Por no saber, no se sabe con certeza
ni si la leche y demás productos lácteos pueden transmitir
la enfermedad. Y aún más grave: ningún científico puede
asegurar que el contagio no pueda extenderse por el
aire al incinerar las vacas porque los priones -responsables
del contagio- sobreviven a altísimas temperaturas y
fuertes presiones, incluida la incineración. O que no
se transmita a través del pasto donde han pacido los
animales enfermos ya que sobreviven en el subsuelo.
Por no saberse, no se sabe con rotundidad -a pesar de
lo que se afirma- que los terneros en los que no se
ha manifestado aún la enfermedad no sean igualmente
contagiosos. Es más, el sacrificio de las vacas de más
de tres años clama contra la lógica porque es de ellas,
precisamente, de las que podríamos tener garantía para
consumir su carne si a los 4 años no la han desarrollado
y los tests son negativos. Lo que es imposible de asegurar
es que los terneros no lo hagan porque no hay certeza
de que la enfermedad no se contagie antes de que se
manifieste. Y, sin embargo, se permite consumir estos
y se mata a aquellas. ¿Alguien lo entiende?
Y algo muy importante: el llamado "mal de las vacas
locas" no se justifica en modo alguno sólo por la errónea
alimentación que desde hace varias décadas se da a las
vacas y demás animales herbívoros. ¡Pero si en España
había vacas locas hace ya 50 años! Todo indica que hay
otras causas de las que nadie parece querer hablar y
que comentamos en el artículo que publicamos. Causas
que podrían delimitar la búsqueda y evitar, además,
la absurda matanza actual.
José Antonio Campoy
Director
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