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| LAS
PLANTAS MEDICINALES |
LA
FITOTERAPIA
La Fitoterapia es la utilización de
plantas o partes de ellas con fines terapéuticos y viene
siendo utilizada por los animales y el propio hombre desde
la Prehistoria. De hecho, la mayor parte de los fármacos
actuales están basados en los principios activos de las
plantas. Vamos pues a introducir a los lectores en este
apasionante mundo en el convencimiento de que les será realmente
útil. Y lo haremos de la mano de nuestra compañera María
José Valcárcel, licenciada en Farmacia y naturópata.
Se
denomina PRINCIPIO
ACTIVO
a
toda sustancia dotada de actividad farmacológica. Los principios
activos suelen ser metabolitos secundarios de la planta, es
decir, que no son fundamentales para ella (suele tratarse
de sustancias de reserva, productos para repeler o para atraer
a los insectos para la polinización, etc.).
PLANTA
MEDICINAL
es
todo vegetal provisto de principios activos con una actividad
farmacológica que puede ser aprovechada desde el punto de
vista terapéutico.
DROGA
es
la parte o partes utilizadas de la planta que contienen la
mayoría de los principios activos, y/o que los contienen en
la proporción adecuada. (No debe confundirse con las "drogas"
que son objeto de narcotráfico). Por ejemplo, la droga de
la frángula es la corteza envejecida, de la gayuba lo son
las hojas, de la biznaga los frutos, de la genciana la raíz,
etc. Hay que destacar que, en ocasiones, diferentes partes
de una planta tienen principios activos distintos por lo que
tendrán acciones farmacológicas también distintas (podemos
tener varias drogas de la misma planta).
LAS PLANTAS MEDICINALES
La Fitoterapia es el uso de
plantas -o partes de ella- con fines curativos y es tan
antigua como el hombre mismo. Ya en la Prehistoria, cuando
la Tierra estaba plagada de plantas, flores y hierbas,
nuestros antepasados acudieron a ellas -probablemente
tras observar las costumbres de los animales y decidir
imitarles- a fin de aliviar sus dolencias. Y así, gracias
a la experiencia acumulada al presenciar tanto intoxicaciones
como curaciones provocadas por la ingestión -en ocasiones
accidental- de distintas especies vegetales, el hombre
fue aprendiendo las virtudes curativas de algunas de ellas
y las acciones tóxicas de otras. El hombre llegó así a
poseer una gran intuición y capacidad de selección -que
nosotros hemos perdido- para escoger justamente aquella
planta para neutralizar el veneno de una serpiente, aquella
flor para detener la hemorragia de una herida o aquella
raíz que al masticarla calma los dolores cólicos...
Cuando el hombre pasó a convivir en sociedades gregarias,
este conocimiento pasaría a convertirse en un elemento
de poder y quedó restringido a los hechiceros y sacerdotes
de la tribu, en quienes sus congéneres pasaron a depositar
la responsabilidad de cuidar de la salud del conjunto.
De ahí a que el uso de esos conocimientos se hiciera en
rituales mágicos o de cariz religioso sólo hubo un paso.
Muchas veces se asociaba la presunta actividad curativa
de una planta a la similitud que ésta poseía, en cuanto
a forma y aspecto, con el órgano sobre el que se pretendía
actuar. Consecuentemente, se le daba un nombre alegórico.
Así, la raíz de la mandrágora -planta muy tóxica- tiene
una forma que asemeja la figura de un cuerpo humano por
lo que nuestros antepasados entendían que debía ser adecuada
para promover la fecundidad. Y de la misma manera, la
pulmonaria (se creía que sus hojas manchadas representaban
la superficie de un pulmón enfermo con nódulos tuberculosos)
sería adecuada para tratar las afecciones pulmonares,
los frutos del nogal (las nueces) serían buenos para mejorar
la actividad cerebral, etc.
En suma, el saber popular sobre las propiedades curativas
de las plantas forma parte de la herencia cultural de
los pueblos. Denominándose Etnobotánica a la parte de
la Botánica que se ocupa del estudio de esta información
acumulada a lo largo de tantos años.
Más modernamente, a partir de estos conocimientos, la
ciencia comenzaría a investigar las virtudes curativas
o terapéuticamente aprovechables reales de las plantas,
averiguar su composición química y separar sus distintos
principios activos.
¿Por qué y para qué? Pues porque la actividad de una droga
depende, en primer lugar, del principio o principios activos
mayoritarios que contiene pero éstos suelen ir acompañados
de otros principios que potencian -o mejor, modulan- la
acción de los primeros. La proporción en la que se encuentran
unos y otros es muy variable. También es enorme la variabilidad
que existe en cuanto a la fórmula química de cada principio
aislado. Y teniendo en cuenta que sólo cambiando un grupo
químico de posición la actividad farmacológica puede ser
completamente opuesta y que unos principios son a veces
sustancias simples pero otras son mezclas complejas (como
los aceites esenciales) es evidente que lo más práctico
es no partir de cero y fijarse en lo que ya existe y,
además, funciona. Y para eso lo mejor es observar la Naturaleza.
Luego, una vez separados los principios activos y realizadas
con éxito las pruebas pertinentes, los científicos aceptan
que esa planta pueda ser empleada con finalidad curativa.
Las industrias farmacéuticas, para sintetizar en el laboratorio
un medicamento nuevo, suelen pues partir de estos principios
activos y posteriormente proceden a "mejorar" su
actividad, modificando su fórmula química o acompañándolos
de otros principios sinérgicos (que potencian la acción),
reguladores o correctores así como otras sustancias -naturales
o no- cuyas características ya dependen de la forma de
dosificación a utilizar (la llamada forma farmacéutica).
En general, la tendencia actual hoy de las industrias
es fabricar los denominados fitofármacos, que pueden
llegar a ser mezclas muy complejas de principios activos
de fuentes naturales (plantas) de similar o diferente
acción farmacológica destinados al tratamiento de determinadas
patologías. En algunos casos corrigiendo las características
indeseables -como pueden ser el olor o el sabor desagradables
(corrección organoléptica)-, en otros añadiendo drogas
o principios demulcentes (suavizantes) a aquellos que
son irritantes, etc. Unas veces se emplea la droga completa
(hojas, flores, raíces...), otras se utiliza solamente
un principio activo y algunas más se mezclan varios principios
activos de la misma o diferentes plantas.
Y es esperanzador que actualmente, ante el mal uso y abuso
de los fármacos de síntesis, de sus efectos adversos y
de las contraindicaciones e interacciones con otros medicamentos
(aunque también muchas plantas poseen estos inconvenientes
no son tan frecuentes a las dosis terapéuticas) se opte
cada vez más por una medicina que utiliza los agentes
naturales basándose en el principio hipocrático "Primum
non nocere" (ante todo, no hacer daño) y por estimular
la fuerza vital del individuo, la Vis Medicatrix Naturae.
María
José Valcárcel
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