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     REPORTAJES
NÚMERO 126 / ABRIL / 2010

VEINTIÚN REPETIDORES DE TELEFONÍA ¡JUNTO AL PATIO DE UN COLEGIO!


Desde hace nueve años una antena de telefonía con 21 repetidores se alza junto al patio de un colegio de educación infantil en el municipio sevillano de Brenes sin que la oposición de padres y profesores haya servido de algo. Y a pocos centenares de metros se hallan otras tres antenas. Pues bien, entre padres, profesores y vecinos hay en el entorno ya más de cien casos de cáncer y un número similar de personas con otras enfermedades degenerativas aparecidas en algunos casos a edades inusualmente tempranas. Y nadie hace nada con la burda excusa de que las emisiones son “legales”. ¿Cómo es posible que nuestras autoridades permitan aún esta situación?

Los habitantes de la localidad sevillana de Brenes asisten desde hace años con impotencia a un constante aumento de casos de cáncer y otras enfermedades degenerativas que aparecen a edades muy tempranas. Y allí no hay industrias químicas, centrales nucleares o cementerios radiactivos a los que responsabilizar. De hecho cuando preguntas a los vecinos todos parecen tener claro cuál es la causa de esa epidemia de enfermedades y muerte de la última década. Porque todos miran hacia arriba y señalan con el dedo a las antenas de telefonía que, como esquinas de un polígono, delimitan una zona maldita. Todos culpan a las antenas que enclavadas en medio de la población han ido multiplicando su actividad desde hace nueve años en la misma medida que, sospechosa y sorprendentemente, aumentaban los casos de cáncer –casi un centenar ya- y otras enfermedades.

Y no responsabilizan a ninguna en particular pues intuyen que la causa es la suma de las emisiones de todas ellas aunque la que se levanta no en una azotea sino en el suelo, al lado -justo al lado- del patio de un colegio infantil –el Manuel de Falla- y que exhibe orgullosa sus 21 repetidores es la que consideran más les está afectando a su salud. Y no por capricho sino porque es un hecho que es en sus inmediaciones donde más casos se dan de cáncer. “En las cercanías del centro –explica Caridad Magro, portavoz de la Plataforma de Afectados de Cáncer en las cercanías a las antenas - hay un alto índice de cáncer. Tengo una lista de casi cien vecinos a los que no les importa dar su nombre, su enfermedad y los datos que hagan falta. Muchas inusualmente jóvenes para ciertas patologías. Hay cánceres de tiroides, de mama, de útero, de colon, de páncreas, de huesos, de vejiga, de testículos, leucemias, linfomas, cáncer facial... Y muchísimas enfermedades más degenerativas y crónicas a edades muy tempranas como poliartrosis degenerativa, fibromialgia, cefaleas crónicas, migrañas, insomnio y otras alteraciones nerviosas. En mi calle hay 20 viviendas y en ellas hay 7 enfermos de cáncer. En la acera de enfrente al colegio en casi todas las viviendas hay alguien enfermo. Y lo mismo sucede en casa una de las calles que la rodean. Además hay un diagnóstico que se repite entre los vecinos y profesores: es increíble la cantidad de gente afectada de tiroides. Algunos de ellos llegan a padecer cáncer de tiroides y están intervenidos o en tratamiento”.

Obviamente también hay niños afectados. Al hijo de seis años de Caridadle han diagnosticado cáncer de tiroides. Hay otro niño afectado de cáncer con un sarcoma que le ha provocado la pérdida de visión de un ojo. Y el pasado mes de noviembre falleció un niño de cinco años de muerte súbita; inexplicada por ahora y bajo secreto sumarial.

Lo grotesco de esta situación es que si en el coto de Doñana -por citar un lugar emblemático de la Junta de Andalucía- se produjera una mortalidad tan inusual como ésta entre aves o linces se activarían todos los resortes de la Administración para eliminar cualquier tipo de actividad sospechosa -tan sólo sospechosa- de ser la causa y las organizaciones ecologistas se encargarían de “liarla parda”. Pero claro, en Brenes hablamos “sólo” de personas y los posibles responsables de lo que ocurre están en multinacionales intocables. Y los procedimientos judiciales abiertos denunciando todo esto los supervisan jueces que no viven en Brenes, no se levantan cada día viendo las antenas sobre sus cabezas y no envían a sus hijos al “colegio de la antena” y que, por tanto, no parecen entender la gravedad de la situación.

Aunque obviamente el problema lo genera una legislación permisiva que a veces mantiene atadas las manos de los alcaldes y sirve de coartada legal a las compañías de telecomunicaciones y a las eléctricas para mantener unas emisiones electromagnéticas mucho más elevadas de lo que el Parlamento Europeo recomienda siguiendo el criterio de numerosos científicos. 

CASOS Y MÁS CASOS 

Así que mientras aumentan las evidencias de la incidencia de las radiaciones electromagnéticas en la salud, surgen casi a diario nuevos estudios que recomiendan prudencia por los efectos nocivos detectados a largo plazo y son cada vez más los países que establecen normas restrictivas o advertencias explícitas sobre la cercanía y potencia de las antenas, la utilización  indiscriminada del WiFi y el uso de teléfonos móviles por los niños… en Brenes padres, niños, profesores y vecinos del colegio infantil Manuel de Falla tienen que seguir soportando –y van nueve años- las emisiones de una antena de Telefónica que en la actualidad tiene nada menos que 21 repetidores y se encuentra “separada” del patio del colegio por una valla de dos metros de alto levantada el verano pasado para que los niños no saltaran al interior y jugaran junto a ella como hasta ese momento venían haciendo. Porque los padres y vecinos de la zona llevan reclamando su desmantelamiento desde hace ¡nueve años! durante los cuales Telefónica ha hecho oídos sordos.

Estamos ya tan preocupados –nos diría Caridad- que hemos recogido firmas con el objetivo de que se nos escuche y se retire la antena del patio del colegio. Me parece que no es el lugar más adecuado para soportar las emisiones de una antena. Nuestros hijos pasan allí cinco horas diarias durante cinco días a la semana a lo largo del curso escolar. Y así durante los últimos 9 años, tiempo durante el que se les ha impuesto un nivel de radiaciones que no creo les beneficie precisamente. Hablamos de niños de entre 3 y 12 años de edad pero a nadie parece importarle lo que pueda pasarles”.

Y la del colegio no es la única antena a la que se mira con recelo justificado. Si tomamos la del colegio Manuel de Falla como referencia veremos que a unos 100 metros hay otra, justo donde se está terminando de construir ¡una guardería! subvencionada por la Junta de Andalucía. ¿Es o no de locos? Y otra más a unos 200 metros aproximadamente que cubre la barriada de San Sebastián y La Paz. Y una cuarta a unos 600 metros ¡junto al instituto de la localidad! Todo ello sin contar con el centro de transformación de Sevillana de Electricidad que está instalado a menos de 100 metros del ya citado colegio ni con las emisiones inherentes del tendido eléctrico y los transformadores de la estación de ferrocarril que también está en el interior de Brenes.

¿Que no hay relación entre el cáncer y las radiaciones electromagnéticas? Pues que alguien nos explique por qué el centenar de vecinos que sufre cáncer vive en las cercanías de las antenas. Todos. En algunas casas hay hasta tres casos. Como donde vive Adela, frente al colegio, que tiene una antena a unos 100 metros y otra a unos 150. Adela padece cáncer de mama, su madre falleció el año pasado de cáncer de ovarios y su marido tiene cáncer de colon. Y como esta familia hay más. En otra el matrimonio falleció con una diferencia de cuatro meses, los dos de cáncer; y no eran mayores.

Y es que rara es la casa situada a menos de 200 metros de esa antena de Telefónica en la que alguien no padece cáncer o alguna enfermedad degenerativa. Tal el caso de una familia con la madre diagnosticada de cáncer de mama con 47 años y su hija, de 28, con esclerosis múltiple. Y justo en su calle hay también casos de leucemia y de otros tipos de cáncer. Como el de Agustín, que padece cáncer facial y vive a 50 metros de las antenas. O el de Isabel, hoy con 20 años y que pasó su etapa escolar estudiando en el colegio, a la que hace cuatro se le diagnosticó un cáncer linfático afortunadamente hoy superado.

Desafortunadamente no hay una estadística fiable y quizás sólo se conozca la punta del iceberg. Y es que se ignoran los datos reales de los fallecidos en los últimos años por cáncer o patologías cardiovasculares a pesar de que según nos asegurarían los vecinos se están dando a edades inusualmente tempranas y hay bastantes muertes inesperadas en jóvenes sanos y deportistas. Todo permanece en el misterio porque las gestiones realizadas por la plataforma de afectados no se ha traducido en hechos concretos. Aún cuando se pusieron en contacto con el Defensor del Pueblo Andaluz y éste abrió en dos ocasiones el permitente expediente; la primera en el 2001 que no sirvió para nada y la segunda el pasado año que culminó con la medición de emisiones en la zona por parte de una empresa independiente que se limitó a decir que todo estaba legalmente en orden. También contactaron con el Presidente de la Junta de Andalucía pero desde el gabinete presidencial se les contestó simplemente que abrirían otro expediente y trasladarían la queja a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía. Luego lo intentarían con la Consejería de Educación, con el Defensor del Menor y con el Delegado de Educación al que se le enviaron mil firmas pidiendo el desmantelamiento de la antena. Incluso han impulsado una jornada de huelga escolar. Pero sólo han obtenido buenas palabras. Las antenas siguen allí.

Solo que si éste es el presente el futuro, a la vista de los datos actuales, da miedo. Porque los niños de Brenes, si el ayuntamiento no lo remedia, vivirán su etapa fetal en un entorno cargado de emisiones electromagnéticas, comenzarán su etapa escolar en una guardería irradiada por una antena de telefonía y a continuación irán a un colegio de educación infantil irradiado por otra antena para después acabar en un instituto irradiado por otra más en el que además se quiere imponer la conexión WiFi para trabajar con los ordenadores “regalados” por el Gobierno con motivo del Plan Escuela 2.0 (es decir, por todos nosotros). ¿Alguien puede entender semejante desatino? 

TODOS A UNA 

En la actualidad los vecinos de Brenes cuentan con el apoyo de todas las fuerzas políticas del ayuntamiento –hoy presidido por Marcelino Contreras, de Unión Popular de Andalucía- para terminar con la situación que viven. “No queremos plantear una guerra de vencedores y vencidos –señala el alcalde-, simplemente queremos regularizar la presencia de las antenas en el municipio y acabar con la inquietud de los vecinos”.

¿Regularizar la situación de las antenas? Veremos si finalmente el nuevo alcalde se ocupa de que se trasladen fuera del pueblo a una zona sin habitar -que es la única solución realmente eficaz- porque hasta ahora ni él ni ninguno de los anteriores ha podido resolver el problema de los vecinos. Y eso que las presiones vecinales que comenzaron en el 2001 con el alzamiento de la antena al lado del colegio infantil acabaron consiguiendo que el consistorio aprobara un año después unas ordenanzas municipales que prohibían la instalación y existencia de antenas en las inmediaciones de centros sensibles como centros escolares, centros geriátricos o centros de salud y a menos de 600 metros del suelo calificado como residencial. El problema es que Telefónica argumentó en los juzgados que las ordenanzas debían aplicarse a las nuevas instalaciones pero no podían afectar a las ya instaladas en terrenos de su propiedad. La sentencia sobre el recurso -que retrasó la entrada en vigor de las ordenanzas- acabó anulando algunos de sus artículos. Con lo que Telefónica siguió con sus actividades hasta que el ayuntamiento, ante el aumento de la inquietud vecinal, decidió finalmente el 21 de julio del pasado año en un pleno anular su licencia de actividades acogiéndose al artículo de la ordenanza que prohíbe la cercanía de las antenas a los centros escolares que sí se mantuvo en vigor. Y paralelamente solicitó del Juzgado nº 1 de Sevilla permiso para entrar en la propiedad de Telefónica y proceder a desmantelar la antena. Pero la compañía recurrió la suspensión de la licencia de actividad ante el Juzgado nº 7 de Sevilla que aún no ha fallado. Y de ese fallo depende que se estudie o no la solicitud de entrada en la propiedad de Telefónica. Así que mientras tanto la antena sigue irradiando. La urgencia no casa con la Justicia española aun cuando toda justicia que se demora es ya una injusticia.

Telefónicano lo tiene sin embargo tan fácil esta vez. Porque las protestas de los vecinos han sobrepasado los límites de las calles de Brenes y han acabado convirtiéndose en un problema con repercusiones nacionales que empieza a afectar mucho la imagen de Telefónica. Quizás por eso hace sólo unas semanas representantes provinciales de la compañía se mostraron dispuestos por primera vez a negociar y se reunieron con representantes de la alcaldía. Con una condición impuesta por la empresa. “La compañía –nos diría uno de los miembros del consistorio presentes en la reunión- dejó claro que no estaba dispuesta a sentarse a hablar de temas de salud por considerar que sus emisiones han estado dentro de la legalidad y por tanto nada de lo ocurrido en los últimos años en las viviendas adyacentes tiene que ver con su actividad”. Es decir, Telefónica no quiere que se siente un precedente y se niega a asumir que los problemas de salud y las muertes los hayan podido causar sus antenas porque eso abriría a los afectados la posibilidad de entablar procesos judiciales para exigir indemnizaciones en el pueblo… y en miles de pueblos y ciudades más de España y otros muchos países. El ayuntamiento sabe bien pues que por ese lado poco puede hacer así que se mostró dispuesto a facilitar terrenos no urbanos para que la compañía instale en ellos sus antenas. Pero ninguno de los ofrecidos satisfizo a Telefónica que propuso otros puntos alternativos que a la hora del cierre de este número de la revista estaban siendo valorados por las autoridades municipales.

Telefónica –nos dijo el alcalde, Mariano Contreras- debería haber sido menos reticente a retirar la antena, debería haberse parado a escuchar la inquietud de los vecinos cuyas preocupaciones creo que están fundadas, debería haber accedido mucho antes a dialogar sin necesidad de recurrir a la vía judicial. Sobre todo porque para una multinacional como Telefónica el cambio de la antena con ayuda municipal no supone unas pérdidas extraordinarias, especialmente si se compara con la pérdida de imagen que supone enfrentarse a los vecinos y al ayuntamiento”.

En fin, quizás estemos asistiendo realmente al principio del fin de la antena del colegio Manuel de Falla. Y para la antena situada en las inmediaciones de la guardería el ayuntamiento piensa seguir los mismos pasos. En cuanto a la situada en el barrio de San Sebastián, instalada en terreno municipal, el consistorio va a esperar a que finalice el contrato de arrendamiento en los próximos meses y no lo renovará.

La vía administrativa puede que acabe pues solucionando el problema de los vecinos para el futuro pero también el de las compañías que obtendrán nuevos terrenos y lograrán que el olvido cubra el sufrimiento de muchos vecinos durante años además de las numerosas enfermedades y muertes acaecidas. Que se hubieran evitado si quienes hacen las leyes en el Gobierno de la nación hubieran atendido las advertencias de los científicos independientes en lugar de escuchar sólo las opiniones de los que están a sueldo de las multinacionales. Porque es cierto que los resultados de la medición de las emisiones electromagnéticas realizada a instancias del Defensor del Pueblo Andaluz estaban dentro de la legalidad… española. Pero no lo es menos que esa legalidad -impuesta por unos partidos políticos que ignoran en España lo que han aprobado en Europa- permite unos límites que están obsoletos y habría que revisar de inmediato muy a la baja.

Es además momento de recordar que en toda España se han vivido -y se viven aún- numerosas situaciones similares. Las suficientes para que nuestros representantes políticos adopten medidas cuanto antes. 

EL ESTADO DE LA CIENCIA 

Porque mientras no podrá extrañar leer cosas como las que se dicen en el escrito de respuesta que Pilar Paneque -Jefa del Gabinete de la Consejera de Salud de Andalucía- envió el pasado 11 de febrero a la plataforma de afectados de Brenes: “Por otro lado, informarle que el Comité Científico de Riesgos para la Salud Emergentes y Nuevamente Identificados (SCENIHR), en su plenario de 19 de enero de 2009, señala que es improbable que la exposición a las emisiones radioeléctricas a los niveles de referencia usados en Europa conduzcan a un incremento de la prevalencia de cáncer en seres humanos”. Para empezar lo de “improbable” es un eufemismo porque no significa riesgo cero que, en caso de cáncer, es el único asumible. Pero a la Consejera de Salud, a su jefa de gabinete, a las compañías, científicos afines y algunos médicos, a todos ellos a los que tanto gusta decir que “en el actual estado de la ciencia no hay pruebas de que las emisiones electromagnéticas sean causa de enfermedad”, habría que recordarles que los límites que rigen en nuestro país derivan de una normativa europea del año 1999 absolutamente obsoleta como ha reconocido la misma institución -el Parlamento Europeo- que en su día la aprobó. Luego que las autoridades españolas no quieran hacer nada al respecto no quiere decir que el “estado de la ciencia” sea el que las compañías y organismos satélites defendiendo sus intereses sostienen. Sencillamente, mienten. Y lo hacen a sabiendas de que mienten en todos los juzgados sin que los jueces les digan una palabra por ello.

Porque lo cierto es que en abril del 2009 el Parlamento Europeo instó a la Comisión Europea a revisar para toda la Unión los fundamentos científicos y los límites de los campos electromagnéticos (CEM) fijados en la Recomendación 1999/519/CE. De hecho en su “exposición de motivos” el Parlamento Europeo se muestra especialmente preocupado por los jóvenes - “Considerando que la mayoría de los ciudadanos europeos, en particular los jóvenes de 10 a 20 años, utiliza un teléfono móvil, objeto utilitario, funcional y de moda, y que subsisten dudas sobre los posibles riesgos que éste puede entrañar para la salud, en particular para los jóvenes, cuyo cerebro aún se está desarrollando”- y reconoce el aumento de la controversia en la comunidad científica sobre los posibles riesgos para la salud debidos a los CEM. Por eso entre otros muchos argumentos recurre al ejemplo de países que han aplicado límites más restrictivos sin que sus economías se hayan arruinado: “La ausencia de conclusiones formales de la comunidad científica no ha impedido que algunos gobiernos nacionales o regionales, en al menos nueve estados miembros de la Unión Europea pero también en China, Suiza y Rusia, hayan fijado límites de exposición denominados preventivos y, por tanto, inferiores a los defendidos por la Comisión y su comité científico independiente”.

Por tales razones y algunas más el Parlamento Europeo solicitó un cambio de los límites en la Unión Europea y pidió “que se preste especial atención a los efectos biológicos cuando se evalúe el posible impacto sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas, especialmente si se tiene en cuenta que algunos estudios han detectado que radiaciones de muy bajo nivel ya tienen efectos muy nocivos”.

Y aunque pueda hacer sonreír de impotencia e indignación a los vecinos de Brenes esa recomendación fue aprobada y votada por los representantes de los dos grandes partidos que en España se mantienen sin embargo atornillados a los intereses de las empresas. En ella se invita además al diálogo entre la industria, las autoridades públicas y las asociaciones de vecinos en relación con los criterios para la instalación de nuevas antenas o líneas de alta tensión a fin de “garantizar al menos que las escuelas, guarderías, residencias de ancianos y centros de salud se sitúen a una distancia específica de este tipo de equipos, fijada de acuerdo con criterios científicos”. Evidentemente con los vecinos de Brenes nadie ha dialogado nunca para saber si les parecía bien tener antenas al lado de un colegio, una guardería y un instituto. Brenes, al parecer, no está en Europa. Ni Andalucía. Ni siquiera España. 

CONSECUENCIAS MÉDICAS  

Para llegar a la conclusión de que es necesario y fundamental revisar los límites actuales a la baja el Parlamento Europeo estudió la documentación existente en la actualidad sobre los efectos de los campos electromagnéticos y valoró especialmente el Informe BioInitiative publicado en 2007, el último gran estudio recopilatorio realizado hasta la fecha en el que sus autores hicieron un repaso exhaustivo de las cerca de 1.500 publicaciones existentes para conocer cuál es –esta vez sí, año 2007- el estado real de los conocimientos científicos en materia de campos electromagnéticos y salud. Se trata de un estudio que abarca prácticamente todas las áreas posibles, desde el análisis de la implementación de los límites actuales a las evidencias de los efectos de los campos electromagnéticos en los genes, el estrés que generan, cómo afectan al sistema inmunitario y a las neuronas -se han relacionado con el alzheimer y otras patologías cerebrales-, cómo hay evidencias de que son causa de tumores –especialmente en el cerebro y el pecho-, problemas cardiovasculares… Además de reflexionar sobre políticas de salud públicas y aplicación del Principio de Precaución. Y no olvidemos que Bioinitiative incluye trabajos de investigadores e instituciones científicas de todo el mundo: la Agencia Norteamericanade Medioambiente y su homóloga europea, el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), la Universidad de California´… y así un largo etcétera que incluye a muchos centros internacionales de referencia. Y aunque son muchos los datos que pueden destacarse del apartado de Conclusiones podrían resumirse en dos puntos:

-Con los conocimientos acumulados hasta el 2007 puede afirmarse que el impacto de los campos electromagnéticos en la salud es indiscutible y pueden ser causa de numerosas patologías.

- Es preciso cambiar urgentemente las legislaciones nacionales e internacionales para reducir los límites permitidos en el ámbito de las radiaciones electromagnéticas.

Destacamos a continuación algunas de las afirmaciones que reflejan que en su estado actual la ciencia ha demostrado claramente el daño de los campos electromagnéticos sobre la salud:

(…) Debe aprobarse un límite de precaución de 0,1 μw/cm2 (que es también 0.614 voltios por metro cuadrado) al aire libre de exposición acumulada de RF. Esto refleja el estado actual de la ciencia sobre las RF y una respuesta prudente de salud pública que debería ser impulsada para las exposiciones ambientales de RF donde la gente vive, trabaja y va a la escuela. Este nivel de RF es experimentado como una exposición corporal global y puede ser una exposición crónica donde existe en la actualidad cobertura inalámbrica de transmisión de voz y datos para teléfonos móviles, buscapersonas, PDAs y otras fuentes de radiación de radiofrecuencia. Algunos estudios y muchos informes sobre problemas de salud han sido registrados a niveles inferiores a éste; sin embargo en la actualidad podrían evitarse algunas de las emisiones más desproporcionadas sobre las personas cercanas a estas instalaciones. Aunque este nivel de RF no es contrario a la implantación de nuevas tecnologías WI-FI también recomendamos que alternativas al WI-FI, como la fibra, se apliquen en particular en las escuelas y bibliotecas para que los niños no sean sometidos a elevados niveles de RF hasta que se sepa más acerca de las posibles repercusiones en la salud.

Y hay más. Tomen también buena nota los médicos porque tras examinar los estudios científicos existentes en lo relativo a la relación de las emisiones electromagnéticas y el cáncer puede leerse en el estudio que ha servido de base al Parlamento Europeo lo siguiente: Las pruebas de que hay relación entre la exposición a los campos electromagnéticos y los cánceres en adultos y las enfermedades neurodegenerativas son lo suficientemente claras en la actualidad como para merecer medidas preventivas que reduzcan la exposición a los campos electromagnéticos”¡Que se lo digan a los vecinos de Brenes!

El principal problema con que se encuentran los investigadores -y del que indudablemente se aprovechan las compañías- es que todavía no ha pasado más de una década de la implantación del uso masivo de radiaciones electromagnéticas procedentes de muy distintas fuentes y por tanto es difícil obtener datos concluyentes sobre los perjuicios de una actividad que todos tienen claro es acumulativa y se manifiesta a largo plazo. Solo que los principales perjudicados van a serlo los jóvenes que es probable que estén ya pagando -sin saberlo- un alto precio por su ocio; no sólo en su salud física sino también mental. “La consecuencia de exposiciones prolongadas en los niños –afirma el estudio-dado que su sistema nervioso sigue desarrollándose hasta finales de la adolescencia se desconoce en estos momentos. Esto podría tener graves consecuencias para la salud de los adultos y el funcionamiento de la sociedad en caso de que años de exposición de los jóvenes a ambos tipos de campos electromagnéticos de radiofrecuencia y baja frecuencia den lugar a una disminución de la capacidad de pensamiento, juicio, memoria, aprendizaje y control del comportamiento”.

Y es que después de todo Brenes es sólo un ejemplo, un mal ejemplo de cómo funcionan las cosas en nuestro país. De hecho otros pueblos de la zona –Cantillana, Los Rosales, Tocina…- empiezan también a estar preocupados por la proliferación de antenas y el excesivo número de casos de cáncer. Es hora pues de preguntarse si las administraciones públicas realmente velan por la salud de los ciudadanos. Como cabe preguntarse si Telefónica mantendría la misma actitud si todos sus abonados de Brenes, Cantillana, Tocina, Los Rosales y demás municipios de la zona y del resto de España se cambiaran de compañía y se fueran a otra que instalara sus antenas fuera de los núcleos urbanos.

 

Antonio F. Muro
 



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