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     REPORTAJES
NÚMERO 16 / MAYO / 2000

COLESTEROL: CONTROL Y EQUILIBRIO


En los últimos años han sido muchas las teorías que sobre el colesterol se han difundido tanto desde los medios científicos como de comunicación. Presentado en su día como el enemigo número uno de la salud hoy sabemos que el colesterol también es necesario. Pero en su justa medida y proporción.

Las grasas son una parte esencial de nuestro organismo, fuente principal de combustible de los procesos metabólicos del cuerpo. Están presentes en casi todos los alimentos y difícilmente pueden ser suprimidas de forma radical de la dieta. El colesterol es una de ellas y, a pesar de todo lo que sobre él se ha dicho, es un compuesto fundamental y necesario hasta tal punto de que si no lo consumimos a través de la alimentación nuestro hígado lo sintetiza a partir de otros elementos siempre abundantes, como son los ácidos grasos. Por el contrario, cuando la cantidad de colesterol que aporta nuestra dieta al organismo es elevada la síntesis que realiza el hígado se reduce automáticamente e, incluso, se elimina parte de él a través de la bilis. De esa forma el cuerpo trata siempre de que exista un equilibrio entre lo que ingerimos y lo que él mismo es capaz de producir.

Ahora bien, el colesterol es un lípido insoluble en agua por lo que para poder ser transportado en el medio acuoso de la sangre se asocia con fosfolípidos y proteínas creando lipoproteínas. Otro tanto ocurre con los triglicéridos -moléculas formadas por glicerina y tres ácidos grasos (éteres)-, que son las principales sustancias energéticas del organismo y se almacenan en el tejido adiposo.

Pues bien, la unión del colesterol y los triglicéridos con los fosfolípidos y las proteínas es lo que da lugar a las lipoproteínas, de las que las más importantes son 4: quilomicrones, VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad), LDL (lipoproteínas de baja densidad) y HDL (lipoproteínas de alta densidad).

Por tanto, el colesterol y los triglicéridos están presentes en esas 4 lipoproteínas sólo que en dos de ellas –en los quilomicrones y en las VDLD- es mayor el porcentaje de triglicéridos y en las otras dos –LDL y HDL- lo que abunda es el colesterol. Pues bien, es a las lipoproteínas de baja densidad o LDL a las que se ha dado por llamar “colesterol malo” y a las de alta densidad o LDL “colesterol bueno”. 

COLESTEROL “BUENO”-COLESTEROL “MALO” 

El llamado “colesterol malo” –lipoproteínas LDL- es el más abundante en nuestro organismo hasta el punto de que prácticamente suele doblar en cantidad al “bueno” –lipoproteínas HDL-. La misión de esas lipoproteínas de baja densidad es llevar el colesterol hasta los tejidos periféricos. Y el único peligro que tienen es que el colesterol se deposite en exceso sobre las paredes arteriales cuando están dañadas ya que ello puede llevar a la formación de ateromas y desembocar en enfermedades coronarias o arteriosclerosis. Pero es importante resaltar que cuando nuestras arterias están en buen estado, difícilmente el colesterol se estancará en ellas ya que resbalará. En realidad, son el tabaco y algunas sustancias producidas por el propio organismo -como la homocisteína- las responsables del gran número de casos de deterioro de las paredes arteriales; de ahí que se incida tanto en la importancia de dejar de fumar para evitar los problemas coronarios por formación de ateromas que provocan la arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias).

¿Y qué es un ateroma? Pues una lesión de la pared arterial producida por el depósito de sustancias que, al formar una placa sólida, impiden el correcto discurrir de la sangre. Placa que suele estar constituida aproximadamente por dos terceras partes de colesterol y un tercio de otros elementos: fibrina, grasas y diverso tipo de células (plaquetas, macrófagos, células musculares lisas...). Hay que añadir, en ese sentido, que influye mucho en la formación de un ateroma la oxidación de las lipoproteínas LDL –colesterol “malo”- por la acción de los radicales libres. Por supuesto, este proceso puede durar años. 

UNA CUESTIÓN DE EQUILIBRO 

Por el contrario, las lipoproteínas de alta densidad o HDL –“colesterol bueno”- se encargan de transportar el colesterol sobrante de nuevo al hígado. Es decir, limpian el organismo del exceso de colesterol que éste precisa para funcionar bien impidiendo que se deposite en las arterias.

De ahí que los últimos estudios apunten a que su proporción respecto del colesterol total en sangre deba ser al menos de un 25%.

En suma, no es tan importante el valor absoluto de la tasa de colesterol como el relativo; es decir, la relación existente entre LDL y HDL ha de ser proporcional, equilibrada, por lo que para compensar un exceso de la primera hay que incrementar el nivel de la segunda. Sólo si la cantidad de HDL –colesterol bueno- es muy pequeña en relación a la de LDL –colesterol malo- aumentará el riesgo de padecer enfermedades coronarias y arteriosclerosis.

En definitiva, lo ideal es que no sea muy alta la tasa de colesterol total y se eleve el nivel en sangre del colesterol bueno. 

LA PROPORCIÓN IDEAL 

Resumiendo, cabría decir que el colesterol es una sustancia natural y necesaria para el organismo y tan perjudicial es su déficit como su exceso. No olvidemos que es la materia prima de las hormonas.

En cuanto a la cantidad exacta de colesterol que deberíamos tener es complicado decirlo porque los parámetros varían en función de la edad y del sexo. Además, no todas las personas eliminan las grasas de la misma forma y mientras unas lo hacen a un ritmo muy rápido, en otras existe una mayor propensión a la acumulación. Diferencia que parece estar determinada por la genética así como por la velocidad a la que las lipoproteínas entran y salen de la sangre.

De hecho, la mayor parte de las concentraciones de colesterol son temporales y se deben a una alimentación incorrecta por lo que no suelen ser difíciles de controlar. Es más, en ocasiones puede existir un elevadísimo nivel de colesterol sin que haya riesgo para la salud, si bien no es lo normal. Hoy se establece mayoritariamente –no hay acuerdo unánime al respecto- que el índice máximo de colesterol total debería estar alrededor de 200 mg/dl (en ayunas). Cantidad de la que entre un 25% y un 35% debería serlo de colesterol bueno.

Para lo cual, lo mejor es que siga las pautas que le indicamos en los recuadros adjuntos. Y, sobre todo, haga ejercicio, modere la ingesta de determinados alimentos, aumente el consumo de otros y deje el tabaco si fuma.

 

Raquel González Arias



VALORES NORMALES DE COLESTEROL EN LA SANGRE (en ayunas)

Colesterol total...........................................................menos de 200 mg/dl.
Quimilomicrones............................................................................Ausencia
Lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL)......................1 a 30 mg/dl
Lipoproteínas de baja densidad (LDL)............................60 a 160 mg/dl
Lipoproteínas de alta densidad (HDL)...............................35 a 65 mg/dl
Cociente LDL/HDL...................................................................Menor de 3,5
 



POR QUÉ SE INCREMENTA EL COLESTEROL MALO 

El hígado es el encargado de regular nuestro nivel idóneo de colesterol. Sin embargo, en ocasiones los niveles de “colesterol malo” se elevan por encima de los valores recomendados y es incapaz de hacerlo disminuir por sí mismo. Entre los responsables de ese incremento podemos destacar: 

-El exceso de comida grasa.
-La mala calidad de los alimentos.
-Los alimentos fritos.
-Los alimentos muy dulces (azúcar blanco, caramelos, repostería en general, helados, galletas...).
-La cafeína (presente en el chocolate, el té, el café y las colas).
-Las grasas transformadas (presentes en muchos productos lácteos, margarinas, embutidos, bollería. etc.)
-Las bebidas alcohólicas.
-El estrés.
 



CÓMO REGULAR LA RELACIÓN ENTRE EL COLESTEROL BUENO Y EL MALO 

Está demostrado que determinados alimentos y prácticas contribuyen a equilibrar la proporción entre el colesterol malo y el bueno en la medida en que hacen aumentar las tasas de éste. Los principales son: 

-El aceite de oliva.
-El jamón curado (serrano, ibérico, jabugo, bellota, recebo...).
-El pescado azul.
-Las semillas de lino.
-Los frutos secos, principalmente avellanas y nueces (basta con consumir 2 o 3 al día).
-El ejercicio aeróbico (correr, nadar, caminar, ...) 
 



LA FIBRA Y EL REMEDIO DEL ALPISTE 

Entre las bondades de algunas fibras se encuentra la de impedir que el intestino reabsorba el colesterol excretado con la bilis. Los alimentos que contienen esta propiedad son: 

-Los cereales integrales (especialmente la avena).
-Las legumbres.
-El alpiste: aunque éste nos haga pensar en los pájaros se trata de un remedio popular muy extendido y económico que puede reducir sorprendentemente nuestro nivel de colesterol. Basta con poner en un litro de agua 4 cucharadas de alpiste puro y dejarlas en remojo durante toda la noche. Al día siguiente se cuece la mezcla durante unos 10 minutos, se deja reposar y se cuela. Para que sea efectivo hay que beber un litro de líquido diario.
 



OTROS ELEMENTOS QUE AYUDAN A BAJAR LOS NIVELES DE COLESTEROL 

En el mercado existen complementos orientados a mejorar el nivel de colesterol y prevenir la debilitación de la pared arterial. En el primer grupo se encuentran los comprimidos de lecitina de soja, los ácidos grasos w-3, la vitamina E, el betacaroteno –precursor de la vitamina A-, la  vitamina C y los flavonoides; en el segundo se engloban todas las vitaminas del grupo B, especialmente la B6.
 



LA EFICACIA DEL VINO 

La antigua creencia de que el vino tiene una acción beneficiosa para nuestro organismo se corroboraría hace casi dos décadas gracias a un estudio llevado a cabo en Gran Bretaña que reveló que la mortalidad por infarto de miocardio era más baja en aquellos países donde se consumía habitualmente vino.

La investigación concluyó que ello se debe a una sustancia que lo dota de una acción protectora: las procianidinas.

Las procianidinas se encuentran en el tanino del vino y muchos investigadores sostienen que ejercen al menos estas tres acciones:

-Acelera la depuración del colesterol de la sangre y refuerza la acción de la vitamina C.
-Estabiliza las fibras de colágeno que sirven de sostén a las diversas túnicas arteriales.
-Previene la arteriosclerosis.

Sin duda, un alivio para los amantes del vino. Claro que sería demasiado osado pretender reducir el colesterol confiando tan sólo en las virtudes del tinto. Además, también está demostrado que tomar una o dos copas de vino en la comida es beneficioso. Más, por el contrario, es perjudicial.
 



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