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NÚMERO 137 / ABRIL / 2011

EL IGNORADO PELIGRO DE LOS MICROBICIDAS


Microbicidas de uso tan común como el triclosán –presente en casi un millar de productos- no sólo no producen los beneficios que se les atribuye sino que se acumulan en la leche materna, afectan al desarrollo sexual y neurológico y pueden causar –entre otros- graves problemas endocrinos e inmunológicos. Además van a parar a ríos y lagos a través de las aguas residuales afectando a numerosos seres vivos y, en definitiva, poniendo en peligro el ecosistema. Claro que el negocio de los microbicidas no es sino consecuencia de la obsoleta teoría que insiste en contemplar a los microbios como enemigos sin comprender su papel vital en la naturaleza y en la red de la vida.

Están en los jabones, detergentes, geles de baño, desodorantes, pastas de dientes, cepillos para el cabello o maquinillas de afeitar; están en los manteles y servilletas así como en las escobas, cubos y bolsas de basura; están en la ropa interior, el calzado, los vestidos y la ropa deportiva; están en los filtros de aire, en las tarjetas de crédito, en los tapones para los oídos, en el papel moneda, en componentes informáticos, en pañales y juguetes... En suma, ¡están en casi todas partes!

Hablamos de los llamados antisépticos, esterilizantes y desinfectantes, es decir, de los microbicidas: bactericidas, fungicidas y antivíricos. De productos que primero invadieron los hospitales, luego los lugares de trabajo y ahora nuestros hogares. ¿Y por qué? ¿Cuál es su utilidad real? Aún más, ¿por qué la mayoría de los consumidores no sólo los ha aceptado sin rechistar sino que los busca -e incluso exige- como demuestra el hecho de que se hayan convertido ya en reclamo publicitario apareciendo en casi todas las etiquetas de productos de uso cotidiano para el hogar? Y lo más importante: ¿cómo afectan realmente a nuestra salud y al medio ambiente?

Como ya pusimos de manifiesto en reportajes anteriores (lea en nuestra web –www.dsalud.com- los artículos que al respecto aparecieron en los números 129 y 130) la Teoría Microbiana de la Enfermedad consiguió imponer a la sociedad a principios del siglo XIX una visión belicista completamente errónea de nuestra relación con los microbios pues las investigaciones de las últimas décadas en los campos de la Biología, la Microbiología, la Virología y la Ecología han puesto de manifiesto el grave error cometido y nos indica que debemos replantearnos nuestra visión de los microorganismos, especialmente nuestra relación con ellos.

Porque esa visión de los microbios como enemigos mortíferos no sólo ha condicionado la visión de la Medicina y la prevención y tratamiento de las “enfermedades” sino que se ha integrado en la población influyendo decisivamente en aspectos básicos de la vida cotidiana como la limpieza del hogar, el aseo personal o la cosmética. Como consecuencia de lo cual la mayoría de los consumidores no se conforma con asearse sino que quieren “esterilizarse” poseídos por una especie de Síndrome de Howard Hughes que está reportando a la industria suculentos beneficios a la par que enormes perjuicios a la salud y al medio ambiente.

UN POCO DE HISTORIA 

El ser humano ha utilizado técnicas y productos de limpieza desde tiempos remotos. Sabemos que los egipcios fabricaban jabón hace al menos seis mil años hirviendo grasas vegetales y mezclándolas con sustancias alcalinas como la sosa y que durante la antigüedad clásica se utilizaba una receta a base de ceniza y grasas animales. Sin embargo las culturas conocidas de la prehistoria y la antigüedad vinculaban la limpieza de una forma u otra con lo estético, lo religioso, el equilibrio psíquico en un sentido amplio. La irrupción del cristianismo rompería empero la unidad cuerpo-mente y el concepto de pureza se reservaría para el plano espiritual. ¿Consecuencias? Que las ciudades europeas medievales fueron auténticos basureros en los que las medidas higiénicas básicas -como la separación de aguas limpias y negras- brillaron por su ausencia provocando enormes problemas de salud que posteriormente la visión sesgada de los microbiófobos achacó a infecciones y contagio. Las técnicas tradicionales de cosmética y los hábitos de limpieza caerían por ello en el olvido hasta que la Revolución Industrial volvió a recuperarlos a partir de la década de los años veinte del pasado siglo XX con el nacimiento de la industria química y petrolífera… solo que pasaron a ser sintéticos; es decir, productos fabricados por el hombre no existentes en la naturaleza. Surgiendo un mercado de productos de aseo y limpieza fabricados fundamentalmente… ¡a partir de residuos del petróleo! Más baratos, sí, pero enormemente agresivos para la salud y el medio ambiente.
Aunque en realidad es toda la concepción de la higiene la que ha sufrido una transformación radical: ya no tiene nada que ver con aire puro, agua limpia y fresca, sol, ejercicio y alimentos sanos sino con la asepsia de los hospitales, la desinfección, la esterilización... La paradoja de esta concepción “moderna” es que la supuesta “limpieza” es hoy causa de muy diversas patologías ya que para lograrla se utilizan productos que afectan claramente tanto al entorno como a nosotros mismos al alterar la simbiosis con los microorganismos con los que convivimos al agredirlos; lo que tiene un evidente efecto autodestructivo.

Como parte de esa esterilización generalizada una amplia gama de productos de limpieza y aseo comenzarían a incluir sustancias antibacterianas desde que la industria química -liderada por multinacionales norteamericanas y alemanas- se reciclara al finalizar la Segunda Guerra Mundial desplazando su mercado desde el ámbito de la guerra y el exterminio al de los medicamentos, la alimentación, la agricultura y los productos de aseo y limpieza. De ese modo las industrias que contribuyeron a elevar a la categoría de dogma la Teoría Microbiana de la Enfermedad y a fumigar a la población mundial con interminables familias de antibióticos y vacunas -que han acumulado durante generaciones daños aún no suficientemente evaluados- comenzaron a añadir sustancias microbicidas a una infinidad de productos de uso cotidiano: fosfatos, blanqueadores químicos y ópticos, enzimas y otras sustancias que provocaban graves daños.

Y paralelamente se irían imponiendo los tejidos sintéticos a pesar de que se ensucian más y retienen las sustancias tóxicas de los detergentes de modo que aunque los blanqueadores nos hagan creer que están limpias en realidad lo que hemos hecho es sustituir una suciedad por otra que persiste deteriorando las fibras y afectando a la piel.

Sería así cómo los desechos de los detergentes sintéticos comenzaron a afectar gravemente al medio ambiente y la salud. Hoy se sabe que la espuma interfiere en el tratamiento de las aguas residuales dificultando la dilución del oxígeno en el agua y recubriéndola con grasas y lodos. Y si luego se utilizan esas aguas se contaminan los suelos y, en consecuencia, los cultivos (se ha comprobado que algunas plantas pueden ver retrasado su crecimiento hasta en un 70%). Por su parte, las plantas y animales acuáticos también se ven afectados por la toxicidad de esos residuos provocando otro grave problema denominado “eutrificación” que consiste en acelerar el proceso de “envejecimiento” de lagos y estanques al sobrealimentar las plantas acuáticas que cubren la superficie del agua e impedir el necesario intercambio de oxígeno y bióxido de carbono así como degenerando las condiciones del ecosistema y, por ende, de todos los seres vivos que dependen de él.

¿SON REALMENTE EFECTIVOS Y NECESARIOS LOS ANTIBACTERIANOS? 

Debería entenderse que la mayoría de los productos antibacterianos o antibióticos actúan bien como bacteriostáticos -es decir, impidiendo el crecimiento y multiplicación de determinadas bacterias sin matarlas-, bien como bactericidas -es decir destruyendo las bacterias-. Y como casi todos afectan igualmente a virus y hongos pueden considerarse también viricidas y fungicidas. Con un modo de acción similar al de los antibióticos pues bloquean supuestamente proteínas específicas que sólo poseen algunas bacterias y no el ser humano. Y decimos supuestamente ya que la especificidad de esas interacciones y bloqueos en realidad ni está constatada ni es tan previsible como se afirma. De hecho lo cierto es que esas sustancias terminan afectando de modo genérico e incontrolado a incontables reacciones vitales en toda clase de organismos vivos y, por supuesto, a las células humanas.

Lo lamentable es que muchos de los problemas que los microbicidas producen están documentados desde hace tiempo y eso no ha impedido que sean autorizados. Claro que hablamos de un mercado que produce miles de millones de euros de beneficios a los laboratorios y compañías que los fabrican y comercializan a pesar del hecho indiscutible de que no existe evidencia científica alguna de que sean más efectivos que el simple jabón natural con agua de toda la vida.

Por ejemplo, sobre el más utilizado de los bactericidas, el triclosán, existe un estudio de la Asociación Médica Americana del año 2002, otro de la FDA del 2005 y cuarenta más realizados entre 1988 y 2007 por trece universidades e instituciones públicas de todo el mundo y en ninguno de ellos se encontró evidencia de que suponga alguna ventaja sobre ¡el agua y el jabón! A pesar de lo cual la FDA ha aprobado su uso en centenares de productos de consumo.

Según el Environmental Working Group (Grupo de trabajo medioambiental) en el 2008 eran ya 932 los productos con triclosán y de ahí que decidiera pedir a la FDA y a la Agencia de Protección del Medio Ambiente que evaluaran sus efectos reales pero ésta hizo caso omiso. Y eso que previamente, el 25 de octubre de 2005, un amplio grupo de organizaciones ecologistas bajo el lema Beyond Pesticides (Más allá de los pesticidas) había pedido ya formalmente a la FDA que retirase del mercado todos los productos que contuvieran triclosán. Es más, ese mismo año el Panel Asesor de la FDA, tras conocer los informes enviados por Greenpeace y la Fundación Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) alertando de su presencia en cordones umbilicales y leche materna, concluyó que el triclosán tieneriesgos medioambientales y sanitarios inaceptables”. Pues bien, el informe fue completamente ignorado por la FDA. Es más, en una reciente nota informativa –de 8 de abril de 2010- ese organismo tendría la desfachatez de llegar a negar la existencia de pruebas suficientes para recomendar su retirada.

HOGARES ESTERILIZADOS 

Llegados a este punto debemos decir que la mayoría de los bactericidas podrían justificarse utilizados puntualmente en condiciones muy específicas -por ejemplo, en los hospitales-, en el caso de determinadas heridas o en algunas aplicaciones industriales pero lo que no parece razonable en absoluto es su utilización habitual en la vida cotidiana y el riesgo que supone su presencia en una inacabable lista de productos –de marcas tan conocidas como Clearasil, Colgate, Revlon, Gillette o Playskool, por citar algunas- que van desde los jabones y detergentes hasta la ropa interior o el calzado pasando por el equipamiento de cocina y baño, los utensilios de jardinería, los muebles, los filtros de aire, los humidificadores, las alfombras, los materiales de construcción, los tapones para los oídos, los juguetes, los pañales, las maquinillas de afeitar, los cepillos de dientes o los componentes informáticos.

Entre esas sustancias cabe destacar al Timol -presente en los aceites esenciales de tomillo y orégano- de propiedades fungicidas y desinfectantes que se utiliza como materia prima en muchos cosméticos y de cuya toxicidad informa hasta la multinacional Merck que dice esto de él: “Nocivo en caso de ingesta provoca quemaduras graves en la piel y lesiones oculares graves. Tóxico para organismos acuáticos con efectos nocivos duraderos. Principales síntomas y efectos agudos y retardados: irritación y corrosión, tos, insuficiencia respiratoria, efectos sobre el sistema cardiovascular y el sistema nervioso central. Riesgo de ceguera”.

Otro caso es el del Cloxilenol, producto a base de cloro que se utiliza como desinfectante en hospitales y oficinas pero se encuentra igualmente en productos de higiene íntima femenina, productos para la caspa, jabones y cremas que actúa rompiendo la membrana celular al igual que el Cloruro de Benzalconio, otro desinfectante utilizado en piscinas, suelos y limpieza general.

A ellos se suman otros como el Dióxido de azufre, los geles sanitizantes o el Hipoclorito de sodio que si bien podrían tener justificación puntual como antisépticos en casos de emergencia no la tienen en cambio, dada su condición de elementos irritantes cuando son inhalados o en contacto con la piel, como conservantes en zumos, frutos secos, mermeladas, vino y muchos otros comestibles así como producto blanqueador, desinfectante de piscinas o para sustituir –como aconsejan los CDC- el simple lavado con agua y jabón natural. Especialmente cuando hay productos tan o más eficaces –además de inocuos si se utilizan bien- como el limón, el vinagre, el bicarbonato sódico o el peróxido de hidrógeno (agua oxigenada).

EL OMNIPRESENTE TRICLOSÁN 

En todo caso es el triclosán –antiséptico utilizado inicialmente en hospitales para el lavado de pacientes y en cirugía- el más utilizado de los bactericidas y el que tiene mayor presencia en cada una de las dependencias de nuestros hogares así como en multitud de actividades y elementos de nuestra vida cotidiana (véase el recuadro adjunto). Lo curioso es que su modo de acción no se conoce con exactitud lo cual añade otro elemento más de inquietud a lo que ya sabemos. Fue desarrollado en Suiza, patentado en 1964 e introducido en el mercado a finales de esa misma década con diferentes nombres comerciales; entre ellos, Vikos, Tinosan, Microban, Vinyzene, Irgaguard, Microbanish, Invasan eIrgasan. La FDA aprobó su comercialización en 20 fórmulas diferentes registradas por 11 fabricantes a pesar de los informes que sus propios asesores –y otras instituciones- han realizado documentando sus negativos efectos. Hoy se sabe que contamina las aguas de ríos, arroyos, lagos y estanques -las depuradoras no pueden eliminarlo- y se convierte en tóxico para la flora y fauna silvestres. Y que el problema es ya grave lo indica que se calcula en un 60% la cantidad de ríos que en Estados Unidos están contaminados por triclosán. Por lo que respecta a España un estudio del Institut Catalá de Recerca de l´Aigua (ICRA) realizado el pasado 2010 indica que la mayoría de los grandes ríos de nuestra península están igualmente contaminados con triclosán afectando también a las redes de agua potable de las ciudades próximas a ellos; destacando en particular los casos de los ríos Ebro y Llobregat así como las ciudades de Barcelona, Lérida y Tortosa.

Cabe agregar que el triclosán puede formar otros componentes tóxicos como el metiltriclosán y, lo que es más grave, en el medio ambiente puede ser degradado por microorganismos o reaccionar con la luz del sol dando lugar a compuestos como los clorofenoles, las dioxinas y los furanos (unos compuestos químicos similares). Es más, estos tóxicos también se producen en el proceso de fabricación de algunos pesticidas, conservantes, desinfectantes o componentes del papel y cuando se queman a bajas temperaturas algunos productos químicos, gasolina con plomo, plástico, papel o madera.

Pues bien, concretamente las dioxinas (policlorodibenzodioxinas) son una familia de sustancias químicas que están entre los productos químicos más tóxicos que el hombre ha sido capaz de sintetizar y forman parte -junto a los furanos (paradiclorobenzofuranos), asimismo altamente tóxicos- de una familia química más amplia: los organoclorados. Hablamos de sustancias que resultan de la unión de uno o más átomos de cloro a un compuesto orgánico, algo que si bien puede acaecer de forma natural en la inmensa mayoría de los casos se forman artificialmente. Por ejemplo, cuando la industria química combina gas cloro con derivados del petróleo para crear pesticidas (como el DDT o el lindano), plásticos (como el PVC y el PVDC), disolventes (como el percloroetileno o el tetracloruro de carbono), refrigerantes (como los CFC y los HCFC)…. Y así hasta más de 11.000 productos diferentes. Y si bien es verdad que hay cientos de dioxinas y furanos que en su mayoría son escasamente peligrosos una decena están entre las sustancias más toxicas conocidas.

Pues bien, el problema es que son muy estables y pueden permanecer cientos de años en el aire, el agua y los suelos. Y puesto que no se trata de sustancias naturales los seres vivos no pueden metabolizarlos ni detoxificarlos y, por tanto, se acumulan en los tejidos produciendo alteraciones endocrinas e inmunitarias además de afectar al ciclo reproductor.

En suma, existen numerosos estudios que documentan ya ampliamente los graves problemas de salud relacionados con el triclosán y sus derivados habiendo aumentado espectacularmente su presencia en los seres humanos. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos un 50% desde el 2004.

De hecho un reciente estudio de la Universidad de Florida indica que el triclosán puede causar tambièn graves problemas durante el embarazo al provocar alteraciones en el metabolismo de los estrógenos. Y según otro estudio de la Universidad de Michigan realizado entre 2003 y 2006 el triclosán y el bisfenol A pueden provocar alergias y otras alteraciones inmunológicas (lea en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título El enorme peligro de algunos envases de plástico publicamos en el nº 112 alertando de los problemas que causa el bisfenol A). Por su parte, un estudio de la Universidad de California sobre el triclosán y el triclocarbán apunta a daños en los receptores de calcio y, por tanto, al funcionamiento de las interconexiones celulares, especialmente entre cerebro, corazón y músculos. Este mismo estudio también señala la posibilidad de que el triclosán afecte –aunque débilmente- a ciertas proteínas que podrían provocar cambios genéticos. Y otros estudios han observado aumentos del nivel de calcio en las neuronas afectando con ello al desarrollo mental. Aún más: un equipo de la British Columbia University de Canadá afirma que afecta negativamente a la tiroides y al sistema hormonal.

Terminamos señalando que la Decisión de la Comisión de 8 de noviembre de 2010 -publicada en el Diario Oficial número L 291 de fecha 9 de noviembre de 2010- de la Comisión Europea relativa a la “no inclusión de determinadas sustancias” en las listas de biocidas que tienen permiso para su comercialización incluye al triclosán. Es decir, que desde noviembre del año pasado el triclosán no tiene autorización de la Comisión Europea para comercializarse. Luego, ¿a qué esperan las autoridades sanitarias -europeas y nacionales -para exigir a los fabricantes de todos los productos que lo contienen a que dejen inmediatamente de usarlo?

Nosotros, en tanto eso no suceda, le sugerimos que lea los prospectos y deje de usar los que contienen triclosán, dioxinas o furanos hasta que desaparezcan del mercado. Y que mientras busque los productos que necesita fabricados con ingredientes naturales no agresivos.

 Jesús García Blanca



Presencia del triclosán en el medio ambiente y en seres humanos 

Que la contaminación por triclosán es ya intolerable lo demuestra –y son meros ejemplos- que…

…losCentros para el Control y la Prevención de Enfermedades(CDC) de Estados Unidos lo detectaron en el 75% de los 2.517 niños de 6 años que analizaron (DayanAD. 2007. Risk assessment of triclosán in human breast milk.Food Chem Toxicol45(1): 125-129).

…en un estudio se encontró en 60 de 62 muestras de leche materna (Dayan, 2007).

…en los Países Bajos apareció en 8 de 17 muestras de cordón umbilical (TNO. 2005. Man-made chemicals in maternal and cord bloodTNO-B&O-A R 2005/129. Apeldoorn, The Netherlands).

…están contaminados con él el 58% de los 85 ríos testados por el Servicio Geológico de Estados Unidos en 30 estados (Kolpin DW, Furlong ET, Meyer MT, Thurman EM, Zaugg SD, Barber LB, et al. 2002. Pharmaceuticals, hormones, and other organic wastewater contaminants in U.S. streams, 1999-2000: a national reconnaissance. Environmental science & technology36(6): 1202-1211).

…se ha detectado hasta en plantas de tratamiento de aguas y el sedimento persiste durante cuarenta años (Balmer ME, Poiger T, Droz C, Romanin K, Bergqvist PA, Muller MD, et al. 2004. Occurrence of methyl triclosán, a transformation product of the bactericide triclosán, in fish from various lakes in Switzerland.Environmental science & technology 38(2): 390-395. Miller TR, Heidler J, Chillrud SN, DeLaquil A, Ritchie JC, Mihalic JN, et al. 2008. Fate of triclosán and evidence for reductive dechlorination of triclocarban in estuarine sediments. Environmental science & technology42(12): 4570-4576.)

…en España se halla en casi todos los grandes ríos pero especialmente en el Ebro y el Llobregat así como en las redes de agua potable de todas las grandes ciudades próximas a ellos, muy en particular Barcelona, Lérida y Tortosa (Informe del Institut Catalá de recerca de l´Aigua, 2010).
 



Efectos tóxicos del triclosán 

  • -Contaminación de ríos y lagos.
  • -Tóxico para la flora y la fauna.
  • -Forma componentes tóxicos: metiltriclosán y dioxinas.
  • -Afecta a la tiroides y a otros sistemas hormonales.
  • -Altera el metabolismo de los estrógenos afectando al embarazo.
  • -Incrementa en demasía el nivel de calcio en las neuronas afectando al desarrollo mental.
     


¿Dónde se encuentra el triclosán

Casi un millar de productos de uso cotidiano contienen ya triclosán. Puede consultarse una lista detallada en la web de EWG (www.ewg.org/node/26752), organización que tiene también una base de datos con más de 30.000 productos en la que se puede consultar su seguridad y posibles efectos: www.cosmeticsdatabase.com. Asimismo el blog Cuidado con el triclosán aporta un listado de marcas y fabricantes (http://cuidadotriclosán.blogspot.com/2010/11/ojo-lista-de-productos-con-triclosán.html). En todo caso los productos en los que más se utiliza son:

Dormitorio:

  • Edredones.
  • Fundas de colchón y almohadas.
  • Colchones.
  • Mantas. 

Baño:

  • Accesorios de baño.
  • Cortinas de ducha.
  • Tapas y asiento del WC.
  • Alfombras.
  • Antideslizantes de bañera.
  • Azulejos.
  • Cabinas de ducha.
  • Toallas. 

Cocina:

  • Encimeras.
  • Tablas de cortar.
  • Lavavajillas.
  • Servilletas.
  • Esponjas.
  • Manteles.
  • Fiambreras.
  • Bandejas. 

Limpieza:

  • Escobas.
  • Cepillos.
  • Cubos.
  • Ceras de suelo.
  • Suavizantes.
  • Detergentes.
  • Bolsas de basura. 

Construcción:

  • Adhesivos.
  • Celulosas.
  • Materiales de aislamiento.
  • Pinturas.
  • Plomería.
  • Selladores.
  • Polietileno.
  • Poliuretano. 

Aseo e higiene personal:

  • Antitranspirantes.
  • Desodorantes.
  • Peines.
  • Pañales.
  • Cremas hidratantes.
  • Maquinillas de afeitar.
  • Jabones.
  • Pastas de dientes.
  • Gel de afeitar.
  • Cremas hidratantes. 

Ropa y calzado:

  • Camisetas.
  • Ropa deportiva.
  • Ropa interior.
  • Baberos de bebé.
  • Vestidos.
  • Abrigos.
  • Calcetines.
  • Revestimiento de calzado.
  • Zapatos.
  • Pijamas.
  • Uniformes varios. 

Otros elementos:

  • Filtros de aire.
  • Toldos.
  • Juguetes.
  • Cortinas.
  • Revestimiento de muebles.
  • Lonas.
  • Alfombras.
  • Humidificadores.
  • Camas de mascotas.
  • Móviles.
  • Tarjetas de crédito.
  • Carné de conducir.
  • Papel moneda.
  • Tapones para los oídos.
  • Toallitas.
  • Mascarillas.
  • Mangueras.


     


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