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NÚMERO 157 / FEBRERO / 2013

DR. JOSÉ LUIS ARRANZ: “EL OSCILADOR DE ONDAS MÚLTIPLES DE LAKHOVSKY SIRVE PARA TRATAR CUALQUIER ENFERMEDAD”


Para muchos de nuestros lectores las teorías sobre la salud del ingeniero bielorruso George Lakhovsky y las posibilidades de su Oscilador de Ondas Múltiples como herramienta terapéutica –lo contamos en el nº 154- han constituido una auténtica sorpresa. Pues bien, aunque su trabajo se desarrolló en la primera mitad del siglo XX aún perduran las pruebas de su eficacia -incluso en patologías tan complejas como el cáncer- y hemos tenido ocasión de charlar de ello con uno de los médicos que mejor conoce su trabajo, el doctor José Luis Arranz, profesional de amplia experiencia que actualmente trabaja en el Hospital Jose Joaquim Fernandes de Beja (Portugal) quien ha estado en el mismísimo laboratorio de Lakhovsky con su hijo Sergei; y no duda en reivindicar su figura y la utilidad terapéutica de los dispositivos que aquel desarrolló.

Georges Lakhovsky afirmaba que cuando la vibración natural de una célula sana se altera –lo que puede deberse a diversas causas- el tejido u órgano afectado enferma; y aseguraba asimismo que esa vibración se puede recuperar y el organismo sanar. Y con tal idea desarrolló diversos dispositivos que terminaron dando lugar a su conocido Oscilador de Ondas Múltiples, aparato que permite tratar eficazmente muy diversas patologías -incluidos casos de cáncer- mediante la emisión de radiofrecuencias sin necesidad siquiera de tocar al paciente. El enfermo solo debe sentarse en una silla de madera situada entre dos singulares emisores de ondas -compuestos de anillos concéntricos de cobre semiabiertos- y recibir las frecuencias durante varios minutos. Sin duda habrá personas carentes de los debidos conocimientos científicos que al escuchar esto sonrían burlonamente y prefieran pensar -antes de confesar su incapacidad para entender- que se trata de otro método más para estafar a incautos pero es ya tal el cúmulo de testimonios, evidencias, artículos y libros que atestiguan la eficacia clínica de este dispositivo terapéutico que tal actitud displicente no merece ya ni respuesta. Funciona hasta en algunos casos de cáncer como bien explicaría el propio Lakhovski en el Congreso Internacional de Ondas celebrado en julio de 1937 en Viena en el que contaría: “Entre las numerosas curaciones obtenidas con este tratamiento destacaría varios casos de cáncer en los que la radiación había fracasado. Hablo de sujetos curados que después de 6 años no han experimentado recidiva y se encuentran perfectamente en la actualidad”.

Invitamos a quien no leyera el artículo antes citado -se publicó en el nº 154 y lo tiene en nuestra web: www.dsalud.com- a que lo haga si quiere conocer en detalle la trayectoria de ese investigador, su trabajo y sus postulados pero digamos de forma resumida que para él todas las células de los seres vivos emiten y reciben frecuencias y que la alteración de su vibración natural –lo que puede deberse a distintas causas- las hace perder vitalidad y funcionar mal llevando a los órganos a enfermar. Y, por el contrario, que la recuperación de la frecuencia original las hace volver al estado de salud; siendo para lo que diseñó el Oscilador de Ondas Múltiples.

La idea en la que se basa es simple: si una célula dañada puede recuperar su estado normal irradiándole la frecuencia natural a la que vibra estando sana –por el fenómeno de biorresonancia- la salud de una persona tiene que poder recuperarse por completo si se la irradia con todas las frecuencias naturales de un organismo vivo. En pocas palabras: lo que el oscilador hace es emitir un auténtico baño de frecuencias que permite a las células dañadas resonar con las que le corresponden y así recuperarse. Lakhovski lo comparaba con el proceso de afinar un piano asumiendo alegóricamente que una célula que pierde su vibración natural “desafina” y lo que hace su oscilador es similar a la intervención de un afinador en el caso de un piano desajustado: las células se reajustan sintonizando las ondas del oscilador de forma similar a como las cuerdas del piano ajustan su vibración a la emitida por el diapasón. 

EL OSCILADOR HOY

Afortunadamente el uso del dispositivo de Lakhovski no se extinguió tras la II Guerra Mundial gracias a que en 1963 un físico, el doctor Bob Beck (1925-2002), encontró un Oscilador de ondas múltiples en el sótano de un hospital de California (EEUU) y ello le llevó a estudiar su funcionamiento, las patentes y la documentación allí acumulada. Eso sí, desde entonces su uso se ha mantenido no ya en hospitales como antes sino en consultas privadas de medicina biológica y en algunos centros de terapias naturales, probablemente porque el Oscilador de ondas múltiples carece de efectos secundarios negativos y su coste es hoy razonable -a nivel profesional- para un dispositivo que permite tratar tantas patologías ya que está en torno a los 3.000 euros. “Hace ahora seis años -nos contaría Julio Alonso, director del Centro de Terapias Naturales Itaka y miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD desde su creación que posee uno de ellos- comencé a trabajar con uno. Usándolo como terapia complementaria en enfermedades degenerativas y cáncer y como terapia principal en el caso de las personas que sienten un estado de desvitalización súbito e importante; combinándolo con enzimas -como la NADH- en los casos de personas con fatiga crónica o gran cansancio físico. El único inconveniente que tiene su aplicación es que en los protocolos se propone someter a los pacientes a sesiones diarias y eso es difícil llevarlo a cabo en una consulta privada así que nosotros lo aplicamos de forma más espaciada por lo que la eficacia puede ser algo menor -de hecho como terapia complementaria lo aplicamos solo una o dos veces por semana- pero aun así hemos obtenido muy buenos resultados”.

“El aparato actúa a distintas distancias –añadiría Julio Alonso-; nosotros, por razones de espacio, trabajamos siempre con distancias cortas pero sé que hay terapeutas que usan distancias más grandes a fin de crear campos más envolventes. Procuramos además neutralizar los campos geopáticos en el interior de la sala de tratamiento y añadimos una toma de tierra permanente para el paciente, una plancha metálica en el suelo. En cuanto al sillón en el que éste se sienta debe estar íntegramente fabricado con materiales orgánicos como madera, piel o cuero; no debe tener metal porque está contraindicado pudiendo ser incluso peligroso. Añadiré que los beneficios se notan desde la primera sesión, que suele ser de 5 a 10 minutos aunque a veces llega a 20-25. Haciendo una pausa de cinco minutos por cada cinco de exposición a fin de dejar que el cuerpo asimile las frecuencias”.
Debemos agregar por nuestra parte que el oscilador instalado en el Centro Itaka permite añadir además las frecuencias de todos los elementos de la tabla periódica; es decir, las del torio, el bario, el praseodimio, el rubidio, el vanadio... 

LA ENFERMEDAD, UN DESEQUILIBRIO OSCILATORIO CELULAR

Son menos en cambio los médicos que en nuestros días avalan el trabajo y los dispositivos de Lakhovsky. Sin duda por desconocimiento. No es sin embargo el caso del doctor José Luis Arranz Gil, especialista en Hidrología Médica que trabaja como médico residente de Medicina Interna en el Hospital Jose Joaquim Fernandes de Beja (Portugal) e igualmente miembro de nuestro Consejo Asesor quien considera que ha llegado el momento de que este dispositivo sea investigado seriamente por la comunidad médica y experimentado clínicamente en hospitales. Hemos hablado con él de ello.

-¿Podemos saber antes de nada cómo conoció usted la obra de Lakhovsky?

-En su libro El secreto de la vida Lakhovsky escribió que “la vida nace de la radiación, crece por la radiación y desaparece por la radiación”. Fue su gran legado. Pues bien, yo fui presidente del Instituto Científico Multidisciplinar Jovellanos y quienes formábamos parte de él compartíamos esa misma idea; de hecho en nuestro anagrama teníamos inscrito Omnia Vibratio Sunt, es decir, “Todo es vibración". Así que quisimos saber quién había creado el paradigma vibracional, quién había sido el primero en formularlo. De esa forma llegamos hasta Lakhovsky, nos interesamos por sus obras y trabajos, y desarrollamos más tarde nuestra propia investigación de campo.

-¿Llegó a contactar con su familia o colaboradores?

-Sí. Indagamos si aún existían familiares suyos -tenga en cuenta que Lakhovsky había fallecido en Estados Unidos en 1942- y finalmente conseguimos contactar con su hijo Sergei que tendría por entonces cerca de 90 años pero una lucidez y una capacidad de trabajo extraordinarias. Y, por fin, en el año 1987 pudimos visitar el laboratorio que Lakhovsky tenía en París. Nos sentimos absolutamente emocionados al poder ver todos los equipos con los que había trabajado en el Hospital de la Pitié Salpêtrière. Y allí aprendimos algunos de sus secretos; por ejemplo, que tuvo que crear una patente para producir sus propias válvulas o que los condensadores los hacía él con cera de abejas, con productos naturales. Sin lugar a dudas Lakhovsky fue un auténtico sabio.

-¿En qué consistió su aportación médica?

-Lakhovsky consideraba que la célula es un emisor y receptor de radiofrecuencias. Su gran aportación fue comparar la célula con un circuito oscilante. Cada una de las organelas que tiene la célula -por ejemplo, las mitocondrias o el retículo endoplasmástico- es un pequeño circuito oscilante y todas juntas forman el circuito oscilante celular. A partir de ese concepto estableció que la enfermedad se producía por un desequilibrio oscilatorio celular y que la curación se podría conseguir al reestablecer el equilibrio oscilatorio fisiológico. Por tanto curar no sería tanto atacar la célula como conseguir que vuelva a oscilar a su frecuencia característica.

-¿Y cómo lo conseguía?

-La célula puede ver alterada su frecuencia propia de resonancia por múltiples causas: problemas emocionales, microorganismos, cuestiones atmosféricas, radiaciones telúricas, tóxicos ambientales, cuestiones psicológicas…; en definitiva, por miles de causas. Pero todas acaban por generar un fenómeno común: la pérdida o variación de la frecuencia de resonancia natural. Y para restaurarla Lakhovsky creó un dispositivo que restablecía la frecuencia de resonancia celular: el Oscilador de ondas múltiples. El paciente se sitúa entre unos circuitos oscilantes -que quedan a un lado y a otro suyo sin que exista contacto físico alguno- y después es sometido a una radiación de alta frecuencia completamente inocua que tiene como objetivo restablecer el comportamiento fisiológico normal celular, su vibración energética natural.

-¿Cada célula, cada tejido y cada órgano tienen su propia vibración?

-Efectivamente. Cada célula y cada tejido tienen una frecuencia de resonancia característica; cada capa embrionaria -ectodermo, endodermo y mesodermo- tiene una frecuencia característica. Lo que él hacía con el Oscilador de ondas múltiples era emitir una frecuencia y, evidentemente, todos los armónicos de esa frecuencia. Es decir, si yo toco la nota La de un piano estoy tocando el La y todas las Laes que existen, a las que se llama armónicos; frecuencias secundarias que acompañan a la frecuencia fundamental. Pues bien, Lakhovsky emitía una frecuencia en la que estaban incluidas todas las frecuencias de resonancia características del ser humano y todos sus armónicos; y fuera la que fuera la que estuviera alterada encontraba allí su frecuencia natural. Por consiguiente no tenía más que generar una frecuencia base y a partir de los armónicos la célula, por resonancia, recuperaba su vibración natural.

-¿Existe alguna obra en la que los más escépticos puedan rastrear sus investigaciones?

-Sí. Lakhovsky escribió más de treinta libros, interesantísimos todos; el principal El Secreto de la Vida. Escribió sobre muchos temas; desde la Cábala a la materia pasando por el uso médico del esperma. Lakhovsky fue un sabio de amplia proyección. Además, por supuesto, están los trabajos que otros médicos e investigadores escribieron sobre su obra y sobre los resultados que ellos mismos obtuvieron en la práctica clínica con el Oscilador de ondas múltiples.

RESULTADOS CLíNICOS

-¿A su juicio el trabajo de Lakhovsky tuvo el suficiente respaldo clínico?

-Lakhovsky fue un hombre eminentemente teórico pero también muy práctico que tuvo un valedor, un miembro de la Academia francesa, el doctor Jacques Arsène D’Arsonval, inventor del galvanómetro y uno de los investigadores más importantes de la época en el estudio de la influencia de la electricidad en los organismos biológicos junto a Nikola Testa. Él fue quien le presentó ante la Academia Nacional de Medicina. A partir de ese momento se le abrieron las puertas de varios hospitales, el principal el Hospital de la Salpêtrière, en el que se utilizó el Oscilador de ondas múltiples en sus servicios de Oncología con excelentes resultados. Muchos otros investigadores y médicos de Francia repitieron el experimento lo que obligó a Lakhovsky a fabricar nuevas máquinas que fueron utilizadas generalmente con éxito en varios sitios del mundo. Hasta en Uruguay hubo trabajos que demostraron los benéficos efectos de su máquina en el tratamiento de diversas enfermedades.

-¿Y por qué a pesar de los buenos resultados clínicos que usted señala se lograron en Francia y otros países desaparece totalmente de la literatura médica y de la práctica clínica la obra de Lakhovsky?

-Supongo que por una suma de factores; como la II Guerra Mundial, el triunfo de los planteamientos de las farmacéuticas y su colonización del concepto de salud. Sin embargo a pesar de los intentos por ocultarla su obra no se llegó a perder del todo. Por ejemplo, entre 1950 y 1970 un sabio francés e ingeniero electrónico, Antoine Prioré, desarrolló un equipo para el tratamiento del cáncer en Burdeos con el apoyo del entonces alcalde de la ciudad y posterior Primer Ministro de Francia Jacques Chaban Delmas; trabajando conjuntamente con un hospital de Burdeos trató con bastante éxito decenas de pacientes con cáncer. Empero, nunca confió a nadie la clave del funcionamiento de su máquina. Si pensamos en la biorresonancia de Morell y Rasche, creadores del dispositivo MORA, veremos que está basada en los criterios planteados -al menos teóricamente- por Lakhovsky. Más modestamente, nosotros, en el Instituto Científico Multidisciplinar Jovellanos, también continuamos con las investigaciones; en personas, en cultivos, en eliminación de plagas... Y, por supuesto, en algunas consultas privadas se ha seguido trabajando con el Oscilador de ondas múltiples.

SE DEBEN REALIZAR NUEVAS INVESTIGACIONES

-¿Qué aplicaciones podría tener hoy la obra y experiencia de Lakhovsky, sobre todo teniendo en cuenta el escepticismo de sus colegas más ortodoxos?

-Su obra podría hoy tener distintas aplicaciones. Una, indudablemente, en el campo de la salud. Y donde más valiosos efectos tendría sería en el tratamiento del cáncer -hay una empresa holandesa por cierto que continúa vendiendo sus equipos, fabricándolos tal y como los concibió-; esa sería pues la principal aplicación: en Oncología. Pero el Oscilador de ondas múltiples de Lakhovsky sirve para tratar cualquier enfermedad porque el criterio base es que todas las enfermedades están producidas por una alteración en el equilibrio oscilatorio celular y al restablecerlo con el aporte adecuado de frecuencias restablecemos la salud. También se han hecho aplicaciones en el área de las plagas del campo. En este momento estamos realizando un trabajo en Guijuelo sobre ácaros del jamón; sépase que España pierde todos los años 4.000 millones de las antiguas pesetas por los ácaros del jamón. Se están desarrollando estas investigaciones con una beca Leonardo -es un proyecto europeo de investigación- ¡y estamos constatando que los ácaros del jamón desaparecen!

-Ha mencionado varias veces la palabra cáncer y usted sabe que es algo muy complicado en la medicina moderna apartarse de la ortodoxia, sobre todo cuando se habla de tratamientos. ¿Está usted como médico convencido de la que la obra de Lakhovsky puede ser aplicada en Oncología?

-Mire, sobre el tema de la Oncología y del cáncer le diré que para mí la teoría más completa sobre esa enfermedad es la que sostiene el oncólogo e investigador español Salvador Harguindey sobre la importancia del pH de la célula y su entorno, de la despolarización de la célula tumoral. Y puesto que con el equipo de Lakhovsky lo que se hace es polarizar de nuevo la célula, dotarla de la vibración natural, hacer que vuelva a su equilibrio fisiológico, creo que merecería la pena investigar las posibilidades que el tratamiento con el Oscilador de ondas múltiples ofrece a los enfermos de cáncer.

-¿Los dispositivos que se fabrican actualmente tienen hoy todas las garantías para ser utilizados frente a distintas patologías?

-Yo tengo la legislación sobre radiaciones electromagnéticas y le puedo asegurar que los equipos de Lakhovsky cumplen todos los requisitos que se exigen para su aplicación en humanos; y de hecho el equipo holandés que se vende tiene el marchamo CE lo que nos garantiza su seguridad y la ausencia de efectos secundarios. A partir de ahí se trataría de comenzar a investigar y trabajar con él. Tenemos la base teórica, su práctica clínica, los testimonios de decenas de médicos de la época, un gran número de enfermos de cáncer en cada centro hospitalario y, frente a todo ello, un sistema barato y sin efectos secundarios por probar. No hay razón alguna para que no se investigue seriamente su uso en alguno de nuestros cientos de hospitales.

-¿Alguna otra aplicación ha sido descubierta con posterioridad a los trabajos de Lakhovsky?

-Precisamente en otras aplicaciones estoy trabajando en la actualidad. Utilizando el Oscilador de ondas múltiples hemos activado molecularmente productos para tratamientos de la piel. Para el tratamiento de la psoriasis hemos desarrollado por ejemplo una crema, Psoria Fim, tratada con el oscilador que tiene unos efectos extraordinarios en la curación de la psoriasis; y quiero remarcar bien el término curación. También tenemos por ejemplo productos para el acné. Y es que hemos encontrado las frecuencias características de estas patologías y siguiendo las enseñanzas de otro de los precursores de la bioenergética, Royal Raymond Rife, invirtiendo las frecuencias eliminamos la frecuencia patógena y volvemos el tejido de la piel a su frecuencia de resonancia natural.

-¿Se puede hablar de frecuencias características para cada patología?

-Sí; por ejemplo en el laboratorio de Prioré, en Burdeos, trabajaba un equipo de histólogos de gran prestigio que estudiaba los tejidos y sus frecuencias características. Pero existen muchos otros métodos biofísicos; como la espectrofotometría raman que nos indica las frecuencias a las que vibran determinados tejidos. Es como tener un mando a distancia para entrar en un garaje. Si el mando está averiado cualquier técnico en electrónica puede saber cuál es la frecuencia que está alterada, tiene los instrumentos adecuados para saberlo; y con las células pasa igual. Es bastante más delicado y complicado pero finalmente se consiguen los mismos efectos.

-¿Los planteamientos de Lakhovsky sirven para explicar los efectos perniciosos de radiaciones electromagnéticas como las de las antenas o los aparatos de telefonía móvil?

-Ya he comentado que la célula tiene su propia vibración característica y si esa frecuencia es alterada se altera su funcionamiento. Por ejemplo, usted y yo estamos hablando, intercambiando información, ondas sonoras a frecuencias determinadas… y si llega otra persona que habla más alto, a una frecuencia diferente a la nuestra, se producirá una interferencia natural y probablemente dejemos de oírnos con la misma nitidez y se pierda información. Bueno, pues eso mismo es lo que hacen los campos electromagnéticos producidos por las antenas: alterar y modificar la célula hasta dañarla.

-¿Cómo cambian las teorías de Lakhovsky la forma de ver la salud?

-Déjeme que le diga una frase de un gran escultor vasco, Jorge Oteiza. El decía que el futuro está en los orígenes… y los orígenes están en la Física. Lo que ocurre es que la industria farmacológica adquirió tras la II Guerra Mundial un enorme poder político y económico -concretamente la Bayern que, no lo olvidemos, apoyó el expansionismo alemán al comienzo de la II Guerra Mundial- y consiguió así desplazar o anular a la Biofísica. Sin embargo el futuro está en volver al origen. Cada vez vemos más iatrogenia farmacológica, cada vez vemos más efectos secundarios provocados por los medicamentos… así que debemos volver a lo natural que es la Biofísica. 

EL TRIÁNGULO DE LA SALUD

-¿El oscilador sería la aportación terapéutica definitiva?

-No, no es la solución definitiva porque ante todo hay que considerar un tema: el estado psicológico, emocional, el estado de nuestra mente. Ahí creo que entender las teorías de Hamer sobre el impacto de las emociones en la salud es fundamental; aunque es cierto que, en ocasiones, cambiando la biofísica ayudamos a cambiar la mente. Para mí el triángulo de la salud tiene tres vértices: Hamer, el Par Biomagnético y mi maestro Sodi Pallarés. Y el oscilador es un recurso terapéutico de enorme ayuda mientras conseguimos controlar esos tres vértices del triángulo. En el vértice superior pondría a Hamer porque todo parte de una alteración mental. Las personas que tienen la mente equilibrada, sin conflictos o problemas, creo que tienen muchas posibilidades de no enfermar. Eso lo tengo muy claro.

-¿A pesar de estar sometido a influencias externas negativas como radiaciones electromagnéticas, una mala alimentación o consumir tabaco…?

-Conozco personas que viven en zonas geopáticas que no desarrollan enfermedades porque tienen fuerza suficiente y gente que vive más de 90 años fumando dos paquetes diarios de tabaco. Para empezar habría que delimitar qué tipo de comportamientos es efecto y no causa de un estado mental emocional alterado. Si yo quiero pegarte a ti quizás pueda hacerlo pero si tú eres campeón del mundo de kárate no habrá manera de que te agreda porque estas suficientemente preparado para defenderte; y con nuestro organismo pasa igual. Cuando la mente es fuerte el sistema de defensa es fuerte y es muy difícil que haya una alteración que pueda variar la frecuencia de la célula; pero es cierto que estando sometidos a ataques continuos si no cambiamos nuestra forma de enfocarlos es muy posible que no haya sistema defensivo que aguante.

-¿Y qué debemos entender por tener una mente fuerte?

-Significa ser consciente de que uno es el dueño de su propia vida, de que los dueños de nuestra vida no son los médicos, ni los farmacéuticos, que nosotros somos los directores de nuestra propia salud. El gran cambio en la Sanidad se dará cuando empecemos a ocuparnos de nosotros mismos. Y eso significa ser conscientes de lo que comemos, saber dónde vivimos, controlar nuestros hábitos y amarnos a nosotros mismos. Y el ejemplo es muy fácil: si uno tiene una casa debe procurar que esté segura, que no la puedan robar, que las instalaciones eléctricas estén en buen estado, que no se pierda calor... Y si somos responsables de nuestra casa ¿cómo no serlo de nuestra salud?

-El segundo vértice de su triángulo de la salud sería el Par Biomagnético…

-Una forma de alteración de la frecuencia de resonancia es la provocada por los microorganismos; o más bien por sus huellas electromagnéticas que provocan una desestabilización de la frecuencia de resonancia. La aportación de Isaac Goiz ha sido desarrollar un método para detectarlos, primero, y después establecer los puntos donde colocar imanes para corregir esas alteraciones de resonancia. No es necesario que estén físicamente, basta su huella electromagnética. Y a este respecto son muy importantes las últimas investigaciones de Luc Montagnier de las que hablasteis en su momento en la revista sobre las huellas electromagnéticas en el agua.

-Y el tercer vértice los trabajos de Demetrio Sodi Pallarés…

-Así es. El desarrolló la Terapia Metabólica con tres pilares: la solución polarizante -de glucosa, insulina y potasio-, la dieta hiposódica y los campos magnéticos. Sodi Pallarés es fundamental porque con su triple terapia polariza la membrana lo que permitiría llevar a la célula a su vibración característica (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com- los artículos que con los títulos La molécula de la vida, En cardiología se está haciendo terrorismo molecular, La sanación con campos magnéticos pulsantes y Tratamiento metabólico: historia de un hallazgo terapéutico fundamental publicamos en los números 20, 42, 44 y 55 respectivamente).

Y al hablar de Sodi Pallarés es también de justicia mencionar a Henry Laborit, creador y padre de la Hibernoterapia, el padre de la clorpromazina. Su obra es impresionante y es uno de mis modelos científicos. Si a todos esos elementos del triángulo le añadimos herramientas como el Oscilador de ondas múltiples podríamos avanzar mucho en la recuperación de la salud.

-Díganos, ¿cómo se lleva mantener puntos de vista tan heterodoxos con la práctica diaria de la medicina más ortodoxa?

-En mi quehacer diario es una auténtica esquizofrenia. Me debato entre lo que tengo que hacer en Medicina Interna -que está marcado por protocolos de los que es imposible separarse- y mis creencias sobre lo que es la verdadera Medicina. Así que llevo la contradicción como buenamente puedo; unos días mejor y otros peor.

-¿Y por qué les cuesta tanto a sus colegas admitir que existen este otro tipo de posibilidades terapéuticas sabiendo que ya existen respuestas clínicas beneficiosas registradas?

-Porque lo más difícil en este mundo es cambiar la mentalidad y porque -no se olvide que Marx lo dejó bien escrito- ¡todo es economía!
 


Antonio F. Muro
 



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