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     PATOLOGÍAS CEREBRALES
NÚMERO 183 / JUNIO / 2015

DR. JAVIER ÁLVAREZ: "SE ESTÁN DIAGNOSTICANDO COMO TRASTORNOS MENTALES PROCESOS QUE EN REALIDAD NO SON PATOLÓGICOS"


Quien hace tan contundente afirmación es el Dr. Javier Álvarez, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital de León, quien a fin de acabar con tal sinsentido impulsa la creación de una fundación que ayude a modificar el actual modelo psiquiátrico, evite que se diagnostiquen como trastornos mentales procesos no patológicos -como muchos casos de esquizofrenia y trastorno bipolar- y no se medique a gente innecesariamente. De hecho asegura que muchos solo padecen Hiperia, término que propone para definir lo que llama "automatismos mentales hipersincrónicos", algo que según él sufrieron personalidades como Platón, Arquímedes, San Agustín, Nietzsche, Dostoiewski, Van Gogh, Dalí, Pascal, Newton y muchos otros a los que nadie consideró por ello "enfermos mentales".

Jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial Universitario de León el doctor Javier Álvarez lleva 39 años de práctica profesional, miles de pacientes tratados e incontables horas dedicadas al estudio de la mente y su relación con el cerebro. Es posible sin embargo que en los últimos meses, tras conocer sus últimos escritos y charlas, algunos compañeros hayan inferido que "está mayor", sería mejor que se retirase e incluso haya quien piense que “ha perdido la cabeza”. La razón es simple: se ha propuesto nada menos que ¡cambiar el actual modelo de atención psiquiátrica! Para lo cual está constituyendo una fundación denominada Nueva Psiquiatría con un doble objetivo prioritario: disminuir tanto el actual número de diagnósticos como el excesivo uso de psicofármacos; especialmente los recetados en tratamientos crónicos sin justificación real alguna. Solo que por la misma razón sus palabras son escuchadas con simpatía por enfermos y familiares; sobre todo porque postula dejar de estigmatizar a muchas personas a las que se considera sin sentido afectos de una “enfermedad mental”.

El núcleo de esta Nueva Psiquiatría la ha desarrollado hasta el momento en dos artículos publicados en Health, revista del grupo Scientific Research; uno en 2014 titulado Psychic Neuronal Hypersynchronies: A New Psychiatric Paradigm? (Hipersincronías neuronales psíquicas: un nuevo paradigma psiquiátrico) y otro en enero de 2015 titulado Hypersynchronic Mental Automatisms: An Innovative Psychiatric Hypothesis Reaffirming Its Validity for Fifteen Years (Automatismos mentales hipersincrónicos: reafirmando su validez para quince años). Textos que se completan con otras entradas publicadas en la web www.nuevapsiquiatria.es.

Hablamos de una teoría que se apoya en las antiguas culturas, cuando algunas de las vivencias hoy tachadas de patologías mentales se consideraban procesos naturales y fuentes de inspiración y creatividad; como la telepatía, la precognición o la clarividencia que se tenían por fenómenos reales a valorar seriamente y no como alucinaciones mentales.

Hablamos en suma de una nueva disciplina que el Dr. Álvarez ha bautizado como Hiperia -de la palabra griega hyper que significa "excesivo- al constatar que manifestaciones psíquicas que actualmente se etiquetan como patologías mentales no son sino experiencias sufridas durante lo que convencionalmente se conoce como crisis epiléptica parcial simple y que para él no es sino la irrupción repentina en la conciencia de una vivencia no corriente que se vive con gran intensidad, asombro y extrañeza. Vivencias cuyas especiales características pueden dar lugar a diversas manifestaciones emocionales que la Psiquiatría actual suele etiquetar de psicosis agudas si bien para el Dr. Álvarez tienen su origen en un funcionamiento hipersincrónico del cerebro en el que en un momento dado se activa de pronto un área neuronal concreta de forma muy intensa. De forma similar a como acaece con otras funciones mentales vitales como el aprendizaje, la memoria, el sueño o el sexo que son también de naturaleza hipersincrónica.

Es decir, para la Hiperia muchos de los síntomas que hoy se consideran "psiquiátricos" no serían en realidad patológicos sino manifestaciones de una función cognitiva propia de nuestro cerebro que todos poseemos y en la cual, en mayor o menor medida, se producen los llamados "automatismos" mentales y psicológicos etiquetados convencionalmente como síntomas psiquiátricos: los estados alterados de conciencia., las alucinaciones, los ataques de pánico, las ideas delirantes, las crisis depresivas graves endógenas, las fases maníacas y las de exaltación, gozo, bienestar y omnipotencia. Se trataría en todos los casos de hipersincronías neuronales.

Lo singular es que lo que animó al Dr. Álvarez a desarrollar su teoría es el hecho de que en otras culturas -como las de los indios de ambos hemisferios del continente americano, los maoríes y algunas culturas orientales- esas vivencias no solo se respetaban sino que incluso se alentaban. De hecho en nuestra propia tradición cultural las experimentaron sin que por ello fueran considerados enfermos mentales místicos cristianos como San Pablo, Casiano, Santa Hildegarda de Bingen, el maestro Eckhart y sus discípulos Juan Tauler y Enrique Suso, la beata Ángela de Foligno, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Jean Joseph Surin y Simone Weilsin. Y no sólo por ellos; también por filósofos como Platón, San Agustín, Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche, Jean Paul Sartre, Edith Stein o Emil Cioran, científicos como Arquímedes, Pascal y Newton, novelistas como Dostoiewski, Proust y Hesse, poetas como Walt Whitman, Rabindranath Tagore y Juan Ramón Jiménez o pintores como William Blake, Vincent Van Gogh o Salvador Dalí. Todos ellos experimentaron "automatismos" psíquicos hipersincrónicos sin que por ello fueran considerados locos ni condenados al ostracismo.

 

LA HIPERIA, UNA FUNCIÓN CEREBRAL DESCONOCIDA

-Usted ha llegado a la conclusión de que muchas de las vivencias que hoy se consideran mental o cerebralmente patológicas no lo son; que se trata de procesos cerebrales y mentales no habituales pero naturales y por tanto no se justifica medicar ni apartar de la sociedad a quienes las viven.

-En efecto. Y lo inferí tras observar y entender que todos los místicos de la historia presentaban lo que hoy calificamos de síntomas psiquiátricos y sin embargo ni para ellos ni para sus congéneres esas vivencias eran patológicas; como mucho se trababa de mensajes de Dios, de pruebas de su existencia o, al menos, de la existencia de realidades diferentes a la que percibimos con los sentidos. Y cuando amplié mi campo de estudio me di cuenta de que algo similar habían experimentado filósofos, escritores, intelectuales, científicos artistas... Vivencias que supieron canalizar a través de su ejercicio creativo, científico, literario, o filosófico sin que por ello se les considerara enfermos mentales. Algunas las hemos experimentado de hecho todos nosotros. Como el déjà vu, o déjà vecu, expresión francesa que define la sensación de que lo que estamos viendo o viviendo en ese instante ya lo habíamos visto o vivido exactamente igual antes: el mismo lugar, la misma colocación de objetos... Todo exactamente igual aunque la razón y la lógica me digan que es imposible que esa situación idéntica haya podido acaecer antes en el pasado. Y algo parecido ocurre durante los ataques de pánico. Y con la sensación de abandonar el cuerpo. Son vivencias universales. Como lo es la precognición. Y la intuición. Es más, muchas de esas experiencias que van más allá de la conciencia ordinaria pueden lograrse usando determinadas sustancias naturales e, incluso, sintéticas; como el cannabis, el peyote, la ayahuasca, la mescalina y muchas otras. Incluso con estímulos sonoros o visuales. Y luego observé que el comportamiento neuronal en estos casos es similar a los del aprendizaje y la memoria y, por tanto, que nuestro cerebro está preparado fisiológicamente para tener tales vivencias, que forman parte de nuestra naturaleza.

Fue a partir de esos elementos y de algún otro como llegué a la conclusión de que tales vivencias, por sí mismas, no pueden ser consideradas patológicas o síntomas de una enfermedad. Son solo una manifestación más de nuestro cerebro que mucha gente ha tenido y ha sabido llevar bien; es más, las han tenido muchos de nuestros genios. Se trata pues de una función cognitiva natural.

-Y dice que son procesos fisiológicos tan normales como el aprendizaje y la memoria...

-Los mecanismos neurológicos involucrados son los mismos. Al estudiar como enfermedad las vivencias de los místicos, sus diferentes síntomas, vi que la única "enfermedad" -si así se quiere considerar- que podría explicar todos esos síntomas en una misma persona es la crisis epiléptica parcial simple en la que en lugar de encenderse como un árbol de luces todo el cerebro se activa o enciende sólo un grupito de neuronas produciéndose pues una descarga parcial en un área del cerebro fácilmente registrable. Esto me obligó a estudiar bien la epilepsia y eso me permitió observar que el aprendizaje y otras funciones muy importantes para la supervivencia del individuo -como el orgasmo, que en un encefalograma concordante los neurólogos diagnostican como crisis epiléptica parcial simple o el sueño- involucran reacciones neuronales similares. El cerebro es muy sensible a lo que se repite porque lo que se repite es lo que se acaba aprendiendo. La primera vez que experimentamos algo se produce una pequeña descarga neuronal pasajera pero si esa experiencia se vuelve a repetir la descarga es más duradera; y si se sigue repitiendo llega un momento en el que esa descarga se constituye en un circuito permanente y el recuerdo queda ahí para siempre. En definitiva, la función de la que estamos hablando es una variante del aprendizaje que probablemente nos esté llevando a otro modo de conocimiento distinto al racional, al conocimiento intuitivo, que podría explicar vivencias como la precognición o la telepatía. Cuando tengo un "déjá vu" por ejemplo, ¿estoy realmente "recordando"? Y si se trata de un "recuerdo", ¿es realmente mío? ¿Viví de verdad esa experiencia o la vivió otra persona y yo la he captado mentalmente? De hecho muchos casos de déjà vu podrían ser en realidad visualizaciones mentales de hechos que están sucediendo a distancia. En el espacio.... pero también en el tiempo. Eso explicaría de hecho las visiones precognitivas de muchos escritores que fueron capaces de plasmar en sus obras acontecimientos que tendrían lugar en el futuro y no parecen fáciles de explicar de otra forma teniendo en cuenta los conocimientos de su época. Es decir, quizás Aldous Huxley, George Orwell o Julio Verne fueran personas que tenían esa función cognitiva especialmente desarrollada, personas marcadamente hipéricas que tuvieron acceso a esos conocimientos en alterados de conciencia.

-La Hiperia asume pues que los psiquiatras pueden estar considerando estados patológicos meros estados alterados de conciencia...

-Sí. De hecho la crisis epiléptica parcial simple se caracteriza por un cambio cualitativo de la conciencia. Es fácil de entender con lo que he comentado sobre el déjà vu, ejemplo prototípico de experiencia hipérica. De hecho todas las demás vivencias similares pueden comprenderse a través de ella. En el déjà vu la conciencia cambia de pronto y deja de estar en estado de alerta para concentrarse brusca e involuntariamente en la vivencia que se está viviendo... con la fuerte sensación de que ya se ha vivido antes. Es una vivencia automática, pasiva, sin posibilidad de intervención de la voluntad. Una vivencia muy intensa acompañada de extrañeza porque desafía a la lógica y a la razón. Y tales son las características de toda crisis epiléptica parcial simple; es automática, pasiva y produce extrañeza. Todas las vivencias que yo incluyo en la Hiperia tienen las mismas características que el déjà vu: la alucinación visual o auditiva, la intuición delirante, la crisis melancólica...; porque así denomina la Psiquiatría a lo que los místicos llamaron iluminación espiritual o iluminación cognitiva.

En pocas palabras, todas esas experiencias se producen mediante pequeñas descargas neuronales en el cerebro pero, ¿por qué se consideran patológicas? Porque si se admite así todos somos epilépticos; por ejemplo cuando experimentamos un déjà vu. Así que, ¿no será más lógico considerarlo una función normal del cerebro poco conocida, poco estudiada?

-¿Y una vivencia de este tipo, tan poco corriente, puede en algún momento considerarse patológica?

-Sí, cuando produce tanta angustia, ansiedad, malestar interno e incluso depresión que llega a afectarle tanto a nivel personal como profesional y social; cuando el sujeto no aguanta más la experiencia y se ve abocado a buscar ayuda. En ese punto sí podríamos hablar de enfermedad. Antiguamente se decía de hecho que “está enfermo el que va a pedir ayuda al médico”. Mi criterio es que la enfermedad psiquiátrica es un continuo que va desde la normalidad hasta la psicosis más grave y todos podemos estar puntualmente afectados, en mayor o menor medida, en alguna ocasión. Concepción de la enfermedad como un continuo que defendemos ya muchos psiquiatras que nos oponemos por ello a la categorización de las enfermedades psiquiátricas impuesta por el Manual de diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, el conocido DSM del que en el 2013 se publicó su quinta versión. Ese manual es una auténtica aberración (lea al respecto en nuestra web -www.dsalud.com- el artículo que con el título Profesionales sanitarios se plantan ante “la biblia de los trastornos mentales” apareció en el nº 140).

 

ENSEÑAR PARA NO TRATAR

-¿Pueden activarse a voluntad las vivencias que se agrupan en la Hiperia?

-Claro. Mediante las numerosas técnicas que utilizaron los místicos de todos los tiempos en todas las culturas: la meditación, la repetición de mantras o jaculatorias, la música, los estímulos repetitivos sonoros, las velas, las luces parpadeantes... El impacto de esos estímulos repetitivos es evidente; por cierto, hace unos años hubo que retirar en Japón una serie de dibujos animados en las que aparecían muchas luces y colores destellantes porque produjo una pandemia de crisis epilépticas parciales en muchos niños. Esos estados alterados de conciencia pueden asimismo obtenerse mediante sustancias naturales y drogas psicotrópicas; los chamanes llevan siglos utilizándolas para ello.

-Lo singular es que las vivencias hipéricas sean más comunes en la juventud...

-Porque como las demás funciones cognitivas es durante la infancia cuando se desarrollan alcanzando su máximo rendimiento en la adolescencia. De hecho la inteligencia y la memoria son funciones que comienzan a decaer a partir de los 16 años. Es pues lógico que pase lo mismo con las vivencias que se agrupan en la Hiperia y explica por qué la mayoría de las psicosis agudas comienzan principalmente al final de la adolescencia.

-Su propuesta modifica entonces el actual abordaje psiquiátrico de este tipo de experiencias que es básicamente farmacológico...

-Obviamente. Mire, si un niño sufre una manifestación de tipo hipérico lo que sus padres, profesores y pedagogos deben hacer es ¡hablar con él y no enviarle al psiquiatra! Y en vez de decirle que sufre un "trastorno mental" y traumatizarle explicarle que tiene mucha suerte porque posee facultades mentales poco habituales; lo mismo que otros niños tienen una facilidad inusual para la música, para el baile o para las matemáticas. Evidentemente hay que explicarle que su capacidad puede llevarle a tener vivencias especiales muy intensas: intuiciones, alucinaciones, una enorme sensación de tristeza... que debe aprender a manejar sin carga de culpa o miedo porque pueden ser enriquecedoras.

El otro día, conversando sobre el tema, me hablaron de la cultura maorí y me explicaron que en ella todos los chavales tienen lo que nosotros llamamos "alucinaciones"; auditivas -sus antepasados fallecidos les hablan- y visuales -los ven mentalmente- pero como culturalmente eso es normal ningún niño se asusta por ello.

Lo que propongo evitaría el actual sufrimiento de millones de niños a los que estamos considerando patológicamente enfermos a nivel psiquiátrico y por ello se les medica innecesariamente. Hay que explicarles que son simplemente hipéricos y no esquizofrénicos, maníaco-depresivos o bipolares que requieren ser tratados.

Mire, hay muchos niños y adolescentes con alucinaciones auditivas o visuales que cuando los sufren se callan, no se atreven a decírselo a nadie hasta que pasan uno, dos o tres años y al no aguantar más se lo confiesan a sus padres o profesores que inmediatamente les llevan al psiquiatra. Y a partir de ese momento se psiquiatriza al chaval dándole fármacos, a menudo de por vida. Porque según la psiquiatría "moderna" y la industria farmacológica deben ser medicados de por vida, planteamiento con el que discrepo radicalmente.

-Para usted entonces no tiene sentido hablar de esquizofrénicos, maniaco-depresivos, bipolares o depresivos sino solo de "hipéricos".

-En el actual paradigma médico -y por tanto en el psiquiátrico- uno está sano o enfermo; sin términos medios. Y no hay enfermos sino enfermedades que han sido clasificadas y categorizadas. El modelo psiquiátrico del siglo XX en cambio era dimensional, es decir, la enfermedad mental y la normalidad estaban en la misma categoría y lo que diferenciaba a una de otra era la dimensión de las manifestaciones. Mire, se calcula que un 30% de la población tiene "alucinaciones" espontáneas, es decir, que ven u oyen cosas que "no existen"; pero como son manifestaciones esporádicas no se les da mayor importancia. Solo se considera "enfermedad mental" cuando las vivencias son muy intensas y repetidas. Pero como el modelo médico actual impone que hay que categorizar las manifestaciones consideradas "anómalas" basta con que aparezcan, sea cual sea su intensidad, para que se las etiquete como "enfermedad". Y como esas manifestaciones pueden ser diferentes en cada momento ocurre que una misma persona a lo largo de su peregrinar por los consultorios psiquiátricos se encuentra con diagnósticos distintos según el momento en que sea evaluado. De hecho a un gran número de enfermos a los que primero se les dice que son bipolares luego se les diagnostica como esquizofrénicos y finalmente como esquizoafectivos, es decir, que padecen esquizofrenia y trastorno bipolar. Esa comorbilidad de tantas enfermedades en una misma persona es lo que afortunadamente está acabando con el actual modelo de la Psiquiatría. Porque lo que está pasando empieza a parecer un cachondeo; hay gente que acude al psiquiatra alegando estar deprimido y al cabo de unos años termina teniendo 10 diagnósticos con 10 tratamientos diferentes. ¡Y le aseguro que los pacientes saben bien de lo que estoy hablando!

 

UN MODELO AGOTADO Y ERRÓNEO

-En la revista llevamos años denunciando que se abusa de los "diagnósticos psiquiátricos"...

-Sí, se diagnostica mucho y muy pronto. Cuando hablamos entre nosotros coincidimos en que no habría que diagnosticar tan pronto... pero nadie da el primer paso. Si nos viene un paciente con una serie de síntomas que permiten catalogarle de "esquizofrénico" y así lo hacemos, ¿qué ganamos con ello? Lo profesional e inteligente sería seguir su proceso durante uno o dos años pero hoy se le medica y punto. Y así se lo explico a mis colegas más jóvenes pero no me hacen mucho caso porque piensan que si actúo así es porque soy "mayor" y estoy "fuera de onda". Sin embargo a mí no me parece ni razonable ni aceptable dar a alguien un diagnóstico de esquizofrenia sin valorar su caso durante varios años.

El propio Emil Kraepelin, el psiquiatra que creó la entidad clínica de la esquizofrenia, aunque él todavía la denominaba dementia praecox, afirmaba que ésta solo puede diagnosticarse al cabo de los años y tras comprobar que el enfermo está gravemente deteriorado. Y no me canso de repetírselo a mis colegas más jóvenes: ¡no diagnostiques nunca de entrada a nadie esquizofrenia! Hay chavales que tienen un brote psicótico aparentemente espontáneo que le dura más de seis meses -por la razón que sea- y como cumple con los criterios del manual se le diagnostica sin más de esquizofrenia. ¿Y sabe lo que se logra con eso? Que nada más salir de la consulta le dejará la novia en caso de tenerla, perderá el trabajo y los amigos y la familia comenzarán a relacionarse con él de forma muy diferente y distante. El diagnóstico le convierte en algo mucho peor que un leproso. Así que, ¿qué adelantamos poniéndole a un joven la etiqueta de esquizofrénico? Nada. Lo suyo es esperar, no medicarle, ver si las fases psicóticas se repiten a menudo y si las mismas le van deteriorando. Y entonces sí se podrá decir que se trata de una esquizofrenia, algo que en realidad acaece en poquísimos casos. Yo dudo mucho que la mayor parte de las personas diagnosticadas como esquizofrénicas realmente lo sean.

-¿A su juicio cuántas personas diagnosticadas como esquizofrénicos pueden en realidad no serlo?

-¡Mas del 80%!

-¿Tantos?

-Sí. Un buen número de chavales a los que los psiquiatras diagnosticamos de esquizofrénicos son simplemente jóvenes que habían ingerido drogas que "explicaban" su conducta pero lo habían negado. Y solo se descubre al hacerles una evaluación más exhaustiva tras un segundo o tercer ingreso. ¿Y qué se hace entonces? Pues que al anterior diagnóstico de esquizofrenia se le añade el de trastorno límite de la personalidad. Mire, todos los psiquiatras sabemos que muchos de ellos acuden a las urgencias de un hospital en cuanto provocan algún problema alegando que son esquizofrénicos, han tenido un brote y necesitan ser tratados porque así eluden legalmente su responsabilidad. Y eso implica no sólo que estamos contribuyendo a burlar la ley sino que estamos haciendo sufrir injustamente a muchísima gente. Insisto: es frecuentísimo encontrarse a chavales a los que se ingresa por problemas mentales, que niegan haber consumido sustancias tóxicas y que en ese momento no se le detectan en la orina a los que se diagnostica de esquizofrenia y al cabo de los años te enteras de que simplemente consumían porros. Y es que los jóvenes ignoran que el cannabis o marihuana es un neurotóxico que favorece la idea delirante de referencia de que tu mente la están leyendo, la están controlando o está en contacto con otra. ¡Algo que hasta hace muy poco era por sí solo síntoma suficiente para que se diagnosticase a la persona de esquizofrenia! En pocas palabras: basta que alguien le diga a un médico que tiene la impresión de que su novia le lee el pensamiento para que se le pueda diagnosticar de esquizofrénico. Es realmente criminal porque una vez que alguien queda marcado con ese diagnóstico y por tanto convertido en consumidor crónico de fármacos es muy difícil que se libre del estigma.

-Pues últimamente hay muchísimos jóvenes a los que se está diagnosticando trastorno bipolar...

-Lo del trastorno bipolar y sus innumerables variantes empieza a ser ya un cachondeo pero es que hay gente que vive muy bien de ello. Hace años se le llamaba psicosis maníaco-depresiva y para padecerla había que sufrir depresiones melancólicas endógenas sin causa aparente, con síntomas muy graves y fases de lo contrario, de exaltación, hiperactividad, euforia excesiva y omnipotencia ("Yo puedo con todo”). Cuando en la década de los ochenta pasó a llamarse trastorno bipolar los criterios de diagnóstico eran parecidos pero poco a poco esos criterios fueron haciéndose más flexibles de tal modo que hoy cualquier altibajo en el estado de ánimo pude ser diagnosticado de trastorno bipolar, independientemente de que ese cambio en el humor sea de causa desconocida, debido a una alteración de los niveles de hormonas o al empleo de cualquier fármaco. El resultado es que el parecido final del trastorno bipolar con la psicosis maníaco-depresiva es pura coincidencia. Por ejemplo, muchas mujeres en los días previos a la menstruación tienen cambios de humor que los actuales criterios psiquiátricos permiten diagnosticar como trastorno bipolar.

Es una verdadera perversión porque a los estudiantes de Psiquiatría se les sigue enseñando que el trastorno bipolar es una enfermedad de causa desconocida y probable naturaleza hereditaria que como se repite por fases hay que tratar con medicamentos durante toda la vida con lo que hoy hay miles de personas con simples reacciones emocionales por ingerir medicamentos, por estrés o por cambios hormonales ¡que llevan tomando litio 20 años!

Un factor muy importante para comprender este desorbitado aumento de los diagnósticos de trastorno bipolar es la aparición en los últimos quince años de los denominados "reguladores del humor" que, en realidad, no regulan nada. Me refiero los antiepilépticos que se dan para que el sujeto no tenga recaídas, ni maníacas ni depresivas. Los bipolares -y lo saben todos los psiquiatras del mundo- siguen teniendo recaídas con o sin reguladores; a pesar de lo cual se les hace tomar ineficaces antiepilépticos de por vida. Esta perversa evolución desde la psicosis maniacodepresiva de hace cuarenta años al actual trastorno bipolar me parece un auténtico despropósito, un auténtico cachondeo que solo se explica porque detrás de él hay un fabuloso negocio.

 

UNA NUEVA PSIQUIATRÍA

-¿Qué busca con la Fundación Nueva Psiquiatría que está tratando de poner en marcha?

-Cambiar el modelo actual. Con respecto a la Hiperia quiero explicarle a la gente -sobre todo a la que está en edad escolar- que todos somos hipéricos, que todos tenemos en mayor o menor medida vivencias hipéricas y por tenerlas -por fuertes que sean -no hay que psiquiatrizar ni medicalizar a nadie. Quiero hablar con los centros de educación y con los profesores y psicopedagogos para introducir entre todos esta idea en el ámbito de la enseñanza. Se haría con ello una labor fantástica de prevención primaria. Y hay que involucrar a los padres para que nunca falte el apoyo y el control familiar. Si los niños aprenden a convivir con estas vivencias no serán considerados y tratados como enfermos mentales y disminuirán al mínimo los casos de psicosis, tanto las esquizofrenias como los trastornos bipolares. En suma, estoy en contra de los diagnósticos injustificados y del abuso de los fármacos a los que debería recurrirse exclusivamente cuando realmente hay una urgencia psíquica de clara naturaleza bioquímica que pone en peligro la vida del sujeto.

-¿Y a quienes ya están diagnosticados y se les medica su enfoque puede aún ayudarles?

-Sí. Llevo algún tiempo viajando por toda España para dar a conocer el proyecto de la fundación y de hecho he comprobado que la gente prefiere que le hable de la Hiperia. He constatado que tanto a los pacientes como a los familiares les convence mi teoría y es natural porque les permiten integrar sus propias vivencias de otra manera mucho más aceptable. Algunos de los que llevan solo unos años arrastrando su diagnóstico están aprendiendo poco a poco a reducir la medicación y a manejar esas vivencias por sí mismos. Obviamente con un enfermo crónico de 30 años eso es imposible -entre otras cosas porque está deteriorado por la medicación- pero con chavales que llevan cinco o seis años diagnosticados se puede lograr.

-¿Cree de verdad que sus colegas estarán dispuestos a contemplar opciones terapéuticas no farmacológicas?

-Algunos psiquiatras coinciden ya conmigo; quizás porque por formación se apoyan mucho en las terapias psicológicas, en la Programación Neurolingüística y en técnicas orientales como el yoga, el Tai-chi o la meditación. En cualquier caso no debemos perder de vista tampoco la importancia de los nutrientes cerebrales; la Medicina Ortomolecular tiene mucho que aportar.

-Permítame una pregunta incómoda: ¿se justifican los centros de atención psiquiátrica -los antiguos manicomios- para atender a los enfermos mentales? Quienes los conocen bien hablan muy mal de ellos.

-No soy partidario ni de los antiguos centros psiquiátricos ni de los dispositivos psiquiátricos que tenemos hoy en día en la mal llamada psiquiatría comunitaria española. Creo que deberíamos ir hacia un dispositivo único; por ejemplo un hospital de día que funcione 24 horas de forma que la persona que tenga una urgencia psíquica y se encuentre muy mal pueda ir a cualquier hora a pedir ayuda, donde se le atienda y tranquilice para que luego pueda volver a su casa. Y si al día siguiente vuelve a tener otra crisis pueda volver de nuevo al centro. Se evitarían así las hospitalizaciones en las unidades de agudos que si bien son cortas -de 10 a 15 días- son muy traumáticas. En muchas ocasiones se ata a la persona con correas y se le medica a la fuerza con inyecciones con lo que se muestra aun más hostil porque entiende que está allí contra su voluntad y cree que realmente no le están ayudando sino perjudicando. Son estancias muy traumáticas que con el sistema de un centro de 24 horas podrían evitarse. Lo que pasa es que hoy el sistema asistencial está pervertido. Los psiquiatras no tienen tiempo para seguir a sus pacientes.

-Pues se ha embarcado usted en una operación difícil y compleja. ¿Cuenta con apoyo financiero para la fundación?

-No. El capital inicial lo voy a poner de mi bolsillo y de momento estoy estructurando una web (www.facebook.com/nuevapsiquiatria) en la que ya hay un foro gracias al cual organizamos las reuniones que mantengo y las conferencias que imparto en distintas ciudades de España a las que están acudiendo afectados, familiares, amigos y algunos psicólogos.

-Pues le deseamos suerte porque no es fácil desmontar un paradigma fuertemente instalado.

-Gracias. Y asumo el reto sabiendo que, como decía Khun en La estructura de las revoluciones científicas, cada vez que alguien propone algo que implica un cambio importante del modelo imperante se le mira como si estuviera loco. Pero no me preocupa en absoluto. El criterio que diferencia al loco del genio es puramente social; como decía Salvador Dalí “la única diferencia entre un loco y yo es que el loco es un loco y yo soy Salvador Dalí”. Sinceramente, me importa muy poco que mi entorno social me tenga por loco. ¡Me importa más el sufrimiento estéril de millones de personas!

 

Antonio F. Muro
 



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